Cuando la montaña recuerda sus reglas

La muerte de una compatriota uruguaya en Ushuaia reabre el debate sobre los riesgos y el sentido del turismo de aventura

La montaña estaba allí mucho antes que nosotros. Inmóvil, inmensa, indiferente a nuestros sueños, fotografías y desafíos personales. En Ushuaia, la ciudad más austral del planeta, basta levantar la vista para verla dominando el horizonte. Forma parte del paisaje cotidiano de quienes viven allí y del imaginario de miles de viajeros que llegan cada año atraídos por la promesa de caminar entre glaciares, bosques y cumbres que parecen marcar el fin del mundo.

El inicio de la montaña  o cerro es accesible para todos, de hecho, recién salía de una fractura  en el tobillo y es un camino de 500 metros que no tiene más dificultad que la subida o la bajada para las personas. Fue en 2015 durante un viaje por la Patagonia. Recuerdo que desde la ciudad las montañas parecían cercanas, casi accesibles. Sin embargo, quienes frecuentan esos senderos saben que la distancia en la montaña nunca se mide solamente en kilómetros. El clima, el viento, la nieve, el terreno y las decisiones humanas forman parte de una ecuación que puede cambiar en cuestión de minutos.

Desde el puerto de Ushuaia, las montañas parecen formar parte del decorado cotidiano. Los montes Martial se levantan detrás de los techos de la ciudad y acompañan cada caminata por sus calles. Esa cercanía visual genera una ilusión frecuente entre los viajeros: creer que la montaña está al alcance de la mano. Sin embargo, basta internarse unos kilómetros en sus valles glaciarios para comprender que el paisaje más fotografiado del fin del mundo también exige respeto, preparación y experiencia. 

Esta semana, una tragedia golpeó a la comunidad de montaña fueguina y también a Uruguay. Emiliano Feidas, guía de montaña, músico y referente del montañismo local, y Abril Melina Marino Pereira, de 25 años  se encontraba de vacaciones en Argentina, fallecieron durante una travesía en el glaciar Vinciguerra, uno de los escenarios naturales más impactantes de Tierra del Fuego.

La noticia generó conmoción porque involucra a dos personas vinculadas a una actividad que precisamente busca conectar al ser humano con la naturaleza en su estado más puro. Feidas había construido su vida profesional alrededor de la montaña, organizando travesías, escaladas y experiencias de trekking. En sus redes sociales compartía paisajes, recorridos y reflexiones sobre el valor humano de la aventura.

En una de ellas escribió: "Vivir una experiencia de este tipo es mucho más que una postal bonita. Hay un valor intrínseco que es muy personal: la voluntad, la paciencia, conocerse un poco más. Pero también hay un valor colectivo, donde el compañerismo y la empatía no se negocian".

Sus palabras resumen buena parte de lo que buscan quienes practican turismo aventura.

Un segmento que sigue creciendo

Lejos de disminuir, el interés por este tipo de experiencias continúa creciendo en todo el mundo.

Datos recientes de la Asociación Argentina de Ecoturismo y Turismo Aventura (AAETAV), Adventure Travel Trade Association (ATTA), Booking.com y el Global Sustainable Tourism Council muestran que las mujeres representan actualmente el 53% del mercado global de viajes de aventura. Además, el 84% de los viajeros considera importante realizar viajes responsables y sostenibles.

La aventura también cambió de significado. Ya no se trata únicamente de adrenalina. El viajero moderno busca experiencias auténticas, contacto con comunidades locales, aprendizaje y conexión con la naturaleza.

Para destinos como la Patagonia argentina, este perfil representa una oportunidad importante porque genera mayor permanencia, gasto turístico y valoración del patrimonio natural.

El riesgo que nunca desaparece

Sin embargo, existe una realidad que ninguna campaña promocional puede ocultar: el riesgo cero no existe.

La presencia de guías profesionales, equipamiento adecuado, planificación y experiencia reducen significativamente los peligros, pero no los eliminan completamente. La montaña, el mar, los ríos o los desiertos conservan un componente impredecible que forma parte de su propia naturaleza.

Por esa razón, los operadores responsables suelen insistir en conceptos que a veces pasan desapercibidos entre la emoción del viaje: preparación física, respeto por las condiciones climáticas, equipamiento adecuado y comprensión de los límites personales.

Paradójicamente, cuanto más experiencia posee una persona en ambientes naturales, mayor suele ser su respeto por ellos. Los montañistas experimentados conocen una verdad simple: la cumbre nunca está garantizada.

La diferencia entre conquistar y convivir

Durante años, el turismo utilizó expresiones como "conquistar una montaña", "vencer un glaciar" o "dominar la naturaleza". Hoy esa visión está cambiando.

Cada vez más viajeros entienden que la experiencia no consiste en derrotar al entorno sino en convivir con él durante unas horas o unos días. La montaña permite el paso, pero nunca entrega garantías.

Por eso las tragedias generan una reflexión que va más allá del accidente puntual. Nos recuerdan que detrás de cada fotografía espectacular existe una planificación, una responsabilidad y una cuota inevitable de incertidumbre.

La aventura continúa siendo una de las formas más intensas de viajar porque nos enfrenta a algo que la vida urbana intenta ocultar: no todo está bajo control.

Una lección que trasciende el viaje

La muerte de Emiliano Feidas y de Abril Melina Marino Pereira deja un profundo dolor para familiares, amigos y para toda la comunidad vinculada al turismo aventura.

También deja una enseñanza que probablemente comprenderían quienes aman la montaña. Alcanzar una meta siempre implica asumir riesgos. Lo importante es gestionarlos con profesionalismo, respeto y humildad.

Porque la aventura no consiste únicamente en llegar a la cima.

Muchas veces consiste en comprender que la naturaleza sigue teniendo la última palabra.

A tener en cuenta

En un mundo donde gran parte de la vida cotidiana transcurre entre pantallas y certezas programadas, la aventura continúa convocando a millones de viajeros. Los estudios internacionales muestran que el turismo de naturaleza y aventura mantiene un crecimiento sostenido, impulsado por personas que buscan algo más que un destino: buscan una experiencia capaz de transformarlas. Quizás por eso la montaña, el mar o los glaciares siguen ejerciendo una atracción tan poderosa. Nos recuerdan que todavía existen lugares donde el ser humano no controla todas las variables y donde cada paso exige respeto, preparación y humildad.

Para esta nota en particular, las fuentes más sólidas son ATTA, AAETAV, GSTC y la información oficial de Parques Nacionales de Argentina, ya que combinan estadísticas, sostenibilidad y gestión del riesgo en entornos naturales.

San Cono: la fe que transforma a Florida en un destino de peregrinación y encuentro

La tradición de San Cono en Florida es una devoción popular de raíz italiana que llegó con inmigrantes de Teggiano, en el sur de Italia, y desde 1885 convoca cada 3 de junio a miles de fieles en la capilla del santo. Con el tiempo, esa fe se transformó en una fiesta religiosa y popular que mezcla promesas, agradecimientos, feria callejera y fuerte identidad local.

Origen de la tradición

San Cono nació en Teggiano, Italia, y su culto fue trasladado a Uruguay por la colectividad italiana residente en Florida. En 1882 se encargó una réplica de la imagen del santo, en 1883 comenzó la construcción de la capilla y el 3 de junio de 1885 se realizó la primera procesión, que marcó el inicio de la celebración anual. Desde entonces, la fecha quedó asociada al santo y a la idea de pedir o agradecer favores, algo que forma parte de la religiosidad popular.

Días donde la fe, las promesas, las historias familiares y las creencias populares se mezclan con el movimiento de miles de personas. En Uruguay, una de esas jornadas ocurre cada 3 de junio en la ciudad de Florida. Allí, la celebración de San Cono convierte a la capital departamental en un escenario singular donde religión, tradición, cultura y turismo caminan juntos por las mismas calles.

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La llamada Fiesta de San Cono no es solamente una celebración religiosa. Es uno de los fenómenos de religiosidad popular más importantes del país y una manifestación que forma parte de la identidad de Florida desde hace más de un siglo. Cada año llegan miles de fieles desde distintos puntos de Uruguay y también desde Argentina para agradecer favores recibidos, cumplir promesas o simplemente participar de una tradición que se transmite entre generaciones.

Un santo llegado desde Italia

San Cono nació en Teggiano, en la región italiana de Salerno, y perteneció a la Orden Benedictina. Su figura comenzó a ser venerada por la población mucho antes de su canonización oficial, que llegó en 1871 por decisión del papa Pío IX. Fueron precisamente inmigrantes italianos quienes llevaron su devoción a Uruguay durante el siglo XIX.

La historia cuenta que familias provenientes de Salerno mantuvieron viva esa tradición en Florida y promovieron la construcción de una capilla dedicada al santo. La primera procesión se realizó en 1885 y desde entonces la celebración se repite cada año sin perder vigencia.

El santo de la suerte y los sueños

La figura de San Cono está rodeada de simbolismos que explican parte de su enorme popularidad. En el imaginario popular de Uruguay y Argentina es considerado protector de los sueños y una referencia frecuente para quienes buscan números asociados a la suerte. Esa dimensión mística, que combina tradición religiosa con creencias populares, ayudó a expandir su fama mucho más allá de Florida.

Quizás allí radique parte de su fuerza cultural. Mientras algunos llegan buscando una experiencia espiritual, otros mantienen viva una tradición heredada de padres y abuelos. En ambos casos, la ciudad se transforma durante esos días en un espacio donde las historias personales encuentran un punto de encuentro colectivo.

El impacto turístico de la fe

La celebración genera un movimiento que trasciende el aspecto religioso. Florida recibe cada año una importante afluencia de visitantes que utilizan servicios gastronómicos, alojamiento, transporte y comercio local. La tradicional feria, los espectáculos, las actividades culturales y la presencia de vendedores de distintos puntos del país convierten a la festividad en uno de los principales acontecimientos del calendario departamental.

La magnitud de la convocatoria llevó incluso a que el 3 de junio fuera declarado feriado laborable departamental, una señal de la relevancia social y económica que tiene la fecha para Florida.

Un santuario que cuenta historias

La Capilla de San Cono conserva cientos de ofrendas entregadas por los devotos como agradecimiento. Fotografías, placas, objetos personales y recuerdos forman parte del Museo de Ofrendas, un espacio que permite comprender la dimensión humana detrás de cada promesa cumplida.

Más allá de las creencias, el lugar funciona como un archivo emocional de miles de personas. Cada objeto representa una historia de esperanza, agradecimiento o búsqueda de consuelo.

Florida y el turismo religioso

En los últimos años, Florida fortaleció su posicionamiento como destino de turismo religioso. A la devoción por San Cono se suma el Santuario de la Virgen de los Treinta y Tres, patrona del Uruguay, conformando un circuito espiritual que atrae visitantes durante todo el año.

La Fiesta de San Cono demuestra cómo una tradición nacida con inmigrantes italianos logró integrarse al ADN cultural uruguayo. Es una celebración donde la fe mueve personas, genera actividad económica, preserva la memoria colectiva y proyecta a Florida como un destino diferente dentro del mapa turístico nacional.

Porque mientras algunos llegan buscando una respuesta, otros simplemente regresan para agradecer. Y en esa mezcla de esperanza, ritual y encuentro, San Cono continúa convocando multitudes más de cien años después.

China y el nuevo mapa aéreo: el vuelo que acerca a Uruguay al futuro

Columnista invitado: Gabriel Farias, comunicador y periodista especializado en aviación. 

Durante décadas, viajar a China desde Uruguay parecía una travesía lejana, compleja y reservada para unos pocos. Escalas interminables, conexiones en Europa o Estados Unidos y la sensación de que Asia seguía estando “del otro lado del mundo”. Sin embargo, el nuevo corredor aéreo entre Shanghái y Buenos Aires comienza a modificar silenciosamente esa percepción y abre una puerta que también interpela directamente a Uruguay.

La llegada de China Eastern Airlines a Sudamérica no representa solamente un nuevo vuelo. Representa un cambio profundo en la manera en que el gigante asiático observa esta región y, sobre todo, en cómo América del Sur empieza a integrarse a las nuevas dinámicas económicas globales.

En tiempos donde el aprendizaje sobre inteligencia artificial, innovación, comercio electrónico, tecnología y nuevos modelos de consumo se vuelve imprescindible, China aparece cada vez más como una referencia inevitable para empresarios, estudiantes, emprendedores y gobiernos. El país asiático ya no es únicamente “la fábrica del mundo”. Hoy marca tendencias en movilidad eléctrica, automatización, infraestructura, plataformas digitales y logística internacional.

Y allí aparece Uruguay.

Porque detrás de este nuevo puente aéreo también existe una oportunidad estratégica para el Río de la Plata. Exportar más, importar con mayor facilidad, captar inversiones, generar intercambio académico y fortalecer vínculos turísticos forman parte de un escenario que empieza lentamente a tomar forma.

Desde Noticias y Destinos, esta noticia trasciende lo aeronáutico. Habla de futuro.

Montevideo podría transformarse en un mercado natural conectado a este corredor transpacífico, especialmente considerando la creciente relación comercial entre Uruguay y China. Incluso dentro del sector turístico y empresarial uruguayo comienza a instalarse una expectativa silenciosa: que en algún momento el Aeropuerto Internacional de Carrasco logre incorporarse de manera más directa a esta nueva lógica de conectividad global.

Porque cuando aparecen nuevas rutas, también aparecen nuevas posibilidades.

La ilusión de conocer China ya no parece tan distante para muchos uruguayos. Soñar con caminar por Shanghái, descubrir Beijing, recorrer Shenzhen o entender cómo funciona una de las economías más poderosas del planeta empieza lentamente a sentirse más cercano.

También implica pensar cómo vender mejor Uruguay ante millones de potenciales viajeros chinos que buscan experiencias auténticas, naturaleza, tranquilidad, gastronomía y nuevos destinos fuera de los circuitos tradicionales.

Mientras muchas aerolíneas occidentales reducen operaciones o revisan mercados, China avanza y expande su presencia aérea internacional. El vuelo de China Eastern entre Shanghái y Buenos Aires se transforma así en mucho más que una conexión comercial: es una señal del nuevo equilibrio global que comienza a consolidarse.

Tal vez todavía no dimensionamos completamente lo que significa este movimiento. Pero los grandes cambios suelen comenzar así: de manera silenciosa, casi imperceptible, hasta que un día terminan modificando la forma en que el mundo se conecta.

La importancia del mercado chino

El turismo chino se transformó en uno de los fenómenos más importantes de la industria global de viajes. Antes de la pandemia, los ciudadanos chinos realizaban cerca de 155 millones de viajes internacionales al año y generaban un gasto turístico estimado en US$ 255.000 millones, liderando el ranking mundial de consumo turístico internacional. China no solamente busca conectar mercados, sino facilitar la llegada de visitantes internacionales. Shanghai viene impulsando políticas de apertura, digitalización y servicios pensados para extranjeros, con mejoras en pagos digitales, conectividad, información turística y facilidades migratorias. La ciudad se consolida además como uno de los grandes centros globales de negocios, innovación y turismo receptivo, integrando ferias internacionales, congresos tecnológicos y experiencias culturales que hoy atraen cada vez más visitantes de América Latina. 

Otro dato que entusiasma a los mercados turísticos del mundo es el enorme potencial de crecimiento que todavía posee China: apenas entre el 10% y el 15% de su población tiene pasaporte. Esto significa que cientos de millones de potenciales viajeros todavía no comenzaron a explorar el mundo.

El perfil del nuevo turista chino también cambió. Cada vez más viajeros prefieren experiencias auténticas, gastronomía, naturaleza, turismo cultural y recorridos personalizados, alejándose de los tradicionales viajes grupales. Además, el gasto promedio suele ubicarse entre los más altos del turismo internacional.

Por eso, destinos de Europa, Asia y América Latina comenzaron a competir silenciosamente por captar parte de ese mercado. Uruguay, con estabilidad, seguridad, vinos, tranquilidad, costas y experiencias de turismo slow, podría encontrar allí una oportunidad estratégica de crecimiento para los próximos años.

 

Santa Lucía: la primera ciudad turística del Uruguay que enamoró a familias y veraneantes mucho antes de Punta del Este

Mucho antes de que el este uruguayo concentrara la atención del turismo de verano, existía una ciudad que ya simbolizaba descanso, naturaleza y prestigio social. Santa Lucía construyó, desde fines del siglo XIX y comienzos del XX, una identidad turística singular vinculada al paisaje, las quintas de descanso y una forma de vivir el ocio que marcó época en Uruguay.

Hoy, al celebrarse 92 años de su declaración como ciudad de interés turístico, la memoria colectiva vuelve sobre una etapa donde las familias montevideanas y numerosos argentinos encontraban en Santa Lucía un refugio elegante, tranquilo y verde, lejos del ritmo urbano y del humo de la capital.

La Ley 10.746, aprobada en 1934, reconoció oficialmente a Santa Lucía como la primera ciudad turística de Canelones y también del Uruguay. Aquella declaración no surgió por casualidad. La ciudad ya era, desde décadas anteriores, un punto de encuentro social y de descanso para sectores acomodados que buscaban aire puro, río, jardines y vida social en un entorno natural.

La época dorada de las quintas y los jardines

A comienzos del siglo XX, Santa Lucía vivió una etapa donde las quintas de verano se transformaron en símbolo de prestigio. Las familias competían por mostrar el jardín más cuidado, las especies vegetales más exóticas y las construcciones más refinadas. El paisaje urbano comenzó a mezclarse con grandes terrenos arbolados, galerías, pérgolas y espacios de descanso que daban a la ciudad un perfil muy distinto al de otros destinos de la época.

Entre esos lugares sobresale la histórica Quinta Capurro, convertida en uno de los ejemplos más representativos de aquella arquitectura vinculada al ocio, al contacto con la naturaleza y a la vida social de las familias tradicionales. Más que una residencia, estos espacios funcionaban como centros de encuentro, tertulias y temporadas completas de verano.

En aquellos años, llegar a Santa Lucía era también una demostración de posición social. Las familias pasaban semanas enteras junto al río, organizaban reuniones y disfrutaban de un estilo de vida pausado, asociado a la contemplación y al descanso.

Cuando Santa Lucía era “la Punta del Este de la época”

Durante las décadas de 1940 y 1950, la ciudad alcanzó uno de sus momentos de mayor notoriedad turística. Las playas del río Santa Lucía, los espacios verdes y las residencias de veraneo consolidaron una imagen que todavía permanece viva en el recuerdo de generaciones enteras.

Muchos comenzaron a definirla como “la Punta del Este de la época”, no por el lujo ostentoso que hoy se asocia al principal balneario del país, sino por su capacidad de atraer visitantes, construir vida social y ofrecer una experiencia de descanso diferente.

Argentinos llegaban atraídos por el clima sereno y el encanto natural, mientras que cientos de montevideanos utilizaban el ferrocarril y las rutas de acceso para escapar del ruido urbano y conectar con una vida más tranquila.

El río era protagonista absoluto. Las jornadas se organizaban alrededor del agua, las caminatas y las reuniones familiares. La naturaleza todavía dominaba el paisaje y el turismo estaba profundamente vinculado a la contemplación y al encuentro humano.

Patrimonio, memoria y turismo histórico

Con el paso de los años, Santa Lucía preservó gran parte de esa identidad histórica. Sus calles, construcciones, plazas y relatos continúan formando parte de un patrimonio que hoy vuelve a cobrar valor en tiempos donde el turismo cultural y de cercanía gana espacio.

Actualmente,la Asociación Turística de Canelones, junto a la Dirección de Turismo, trabaja en la recuperación de testimonios, circuitos patrimoniales y acciones destinadas a consolidar el reconocimiento de Santa Lucía como Ciudad Histórica del Turismo.

La ciudad busca rescatar no solo edificios o espacios físicos, sino también una manera de entender el turismo: más humana, contemplativa y conectada con la naturaleza.

Un modelo turístico adelantado a su tiempo

Mirada desde el presente, Santa Lucía aparece como una experiencia adelantada a su tiempo. Mucho antes de que existieran conceptos como turismo slow, bienestar o escapadas de cercanía, la ciudad ya ofrecía exactamente eso: descanso, naturaleza, identidad y calidad de vida.

En una época donde el turismo global vuelve a valorar los destinos auténticos, la historia de Santa Lucía recupera vigencia y recuerda que Uruguay ya contaba, hace más de un siglo, con una ciudad capaz de construir un imaginario turístico propio.

Para muchos uruguayos, Aracaju todavía es un nombre lejano dentro del mapa turístico de Brasil. Mientras destinos como Río de Janeiro, Florianópolis o Bahía concentran gran parte de la atención internacional, la capital del estado de Sergipe aparece casi como un secreto guardado del nordeste brasileño. Y justamente allí reside parte de su atractivo: playas tranquilas, cultura popular viva, gastronomía con identidad y una ciudad que conserva una relación más humana con el visitante. En tiempos donde muchos viajeros buscan experiencias menos masificadas y más auténticas, Aracaju comienza a mostrarse como una puerta diferente para descubrir las bellezas del Nordeste, entre el azul del Atlántico, los manglares, el forró y la hospitalidad de una región que vive la alegría como parte de su paisaje cotidiano.

Aracaju: la capital tranquila del nordeste brasileño que en junio se transforma en una gran fiesta popular

En el II Encuentro de Periodistas y Comunicadores de Turismo de FEBTUR, realizado en Porto Seguro, una conversación dejó abierta una próxima ruta de viaje. Luciene Almeida —“Tia Lu”—, directora de Promociones y Ferias de la Secretaría de Turismo de Aracaju, transmitió con entusiasmo la identidad de una ciudad que apuesta a crecer mostrando cultura, hospitalidad y calidad de vida. Su invitación para conocer Aracaju y difundir sus atractivos abrió una nueva expectativa de cobertura para Noticias & Destinos, especialmente de cara a junio, cuando el nordeste brasileño vive una de sus celebraciones más intensas: el San Juan.

Crónica de una ciudad que no necesita exagerar para enamorar

Aracaju despierta como una capital distinta dentro del Nordeste brasileño. No busca imponerse desde el vértigo ni desde la monumentalidad. Su seducción aparece en los detalles: las avenidas costeras amplias, las playas urbanas de aguas cálidas, los paseos junto al río Sergipe y una sensación permanente de tranquilidad que todavía sobrevive al crecimiento turístico.

Fundada en 1855 y considerada una de las capitales planificadas de Brasil, Aracaju conserva una escala humana poco habitual para una ciudad costera brasileña. El viajero rápidamente percibe que aquí el tiempo parece moverse de otra manera. Las caminatas por la Orla de Atalaia, uno de los espacios urbanos más conocidos de la ciudad, mezclan gastronomía, artesanías, música y vida cotidiana sin la presión de los grandes centros turísticos masivos.

La propia campaña turística de la ciudad resume parte de esa esencia definiendo a Aracaju como “una ciudad acogedora, segura y llena de vida”, donde conviven tranquilidad, modernidad y tradición. Esa sensación aparece una y otra vez en quienes la visitan: un destino donde el descanso todavía parece posible.

 La capital del estado de Sergipe también funciona como puerta de entrada a una geografía natural diversa. Desde allí parten excursiones hacia el río São Francisco, los cañones de Xingó, la Croa do Goré —un banco de arena que aparece en medio del agua durante la marea baja— y distintos manglares y playas cercanas que forman parte de la identidad ambiental de la región.

A eso se suma una gastronomía profundamente ligada al mar y a la cultura nordestina. El cangrejo aparece como uno de los símbolos culinarios de Aracaju, junto a sabores tradicionales como la tapioca, el beiju, la castaña y el maní cocido, considerado patrimonio cultural de Sergipe. También sobresale la mangaba, una fruta típica utilizada en jugos, dulces y helados que forma parte de la identidad gastronómica local.

En Aracaju, comer también es una forma de entender el territorio.

Junio: cuando Aracaju cambia de ritmo

Pero si existe un momento especial para descubrir la ciudad, ese período parece ser junio. Allí emerge con fuerza la cultura popular nordestina a través de los festejos juninos y especialmente del tradicional Forró Caju, uno de los eventos culturales más importantes de Sergipe.

Durante semanas, la ciudad se llena de música forró, cuadrilhas, comidas típicas elaboradas a base de maíz y una atmósfera colectiva difícil de describir desde afuera. No se trata únicamente de espectáculos: es una celebración profundamente vinculada a la identidad cultural del Nordeste brasileño.

La agenda cultural de Aracaju, además, se extiende durante buena parte del año. El aniversario de la ciudad en marzo, la Semana de la Sergipanidad en octubre, el Festival del Cangrejo, el Pré-Caju y las celebraciones navideñas muestran una ciudad acostumbrada a vivir la cultura en el espacio público y a transformar sus calles en puntos de encuentro.

Las plazas, parques y espacios abiertos se convierten en escenarios donde conviven familias, turistas y artistas populares. Incluso el visitante más distante termina participando de una experiencia donde música, gastronomía y comunidad parecen mezclarse naturalmente.

Tia Lu resumió parte de ese espíritu durante el encuentro de FEBTUR al destacar que Aracaju busca posicionarse mostrando “sus atractivos naturales, culturales, gastronómicos y el potencial del turismo como herramienta de desarrollo económico y generación de oportunidades”.

Cooperación con Canelones

Durante el encuentro, la Asociación Turística de Canelones también mantuvo conversaciones con representantes de Aracaju para comenzar a construir una alianza estratégica orientada al intercambio de acciones de promoción turística entre ambos destinos. El presidente de la ATC, Carlos Tabó, destacó la importancia de fortalecer estos vínculos con Brasil y expresó que “es fundamental generar alianzas para que más brasileños conozcan Uruguay durante todo el año”. En ese sentido, subrayó especialmente el potencial del enoturismo y las bodegas canarias como una de las grandes puertas de entrada para el mercado brasileño, cada vez más interesado en experiencias vinculadas al vino, la gastronomía y los paisajes rurales.

Un recuerdo importante

Luciene Almeida también destacó que encuentros como el de FEBTUR trascienden la promoción turística tradicional y se convierten en espacios para valorizar historias, experiencias e identidades culturales de cada región. “Aracaju continúa avanzando y consolidando su presencia en los principales debates y acciones vinculadas al fortalecimiento del turismo brasileño”, señaló durante el evento. La presencia internacional también abrió lugar para compartir experiencias personales vinculadas a la capital sergipana. En ese contexto, le recordé una vivencia ocurrida en 2014, cuando un encuentro casual con una persona de Aracaju terminó generando un vínculo duradero con la ciudad. “Desde ese día, un amigo mío pasó a vivir en Aracaju, compró propiedades y hoy bromeamos diciendo que se transformó en un ‘embajador de Uruguay en Aracaju’”, comentó entre sonrisas. La participación de SETUR en FEBTUR forma parte de una estrategia institucional orientada a fortalecer conexiones con periodistas y comunicadores especializados, posicionando a Aracaju como un destino turístico en crecimiento dentro de Brasil.

Por qué Aracaju merece más de una noche

Aracaju funciona especialmente bien para quienes buscan otro tipo de experiencia dentro de Brasil. No compite con el ruido de las grandes metrópolis ni con el turismo acelerado. Propone algo diferente: descanso, autenticidad y cercanía.

Por eso conviene quedarse varios días. La ciudad permite combinar playa, gastronomía, excursiones naturales y vida cultural sin grandes desplazamientos. Además, Sergipe —el estado más pequeño de Brasil— facilita recorridos relativamente cortos entre distintos atractivos turísticos.

También aparece un elemento cada vez más valorado por muchos viajeros: la sensación de seguridad y tranquilidad urbana. En comparación con otras grandes ciudades costeras brasileñas, Aracaju suele ser mencionada por turistas nacionales e internacionales como un destino más amable para caminar y disfrutar sin apuro.

Una invitación abierta

La presencia de la Secretaría de Turismo de Aracaju en el encuentro de FEBTUR formó parte de una estrategia para fortalecer el posicionamiento de la capital sergipana ante periodistas y comunicadores de distintos países.

En ese intercambio surgió la invitación para conocer la ciudad próximamente y descubrir en primera persona aquello que Tia Lu transmitió con pasión y alegría: una capital donde el Nordeste todavía conserva una relación íntima con su cultura, su gente y sus ritmos.

Aracaju no parece una ciudad que quiera impresionar de inmediato. Primero se deja recorrer. Después, lentamente, se queda en la memoria.

 

 
 
 
 

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