El cáncer y el Mundial

El Mundial ya empezó.

Ya están rodando las primeras pelotas, aparecieron las primeras sorpresas, los primeros favoritos que no jugaron tan bien como prometían y los primeros equipos pequeños que demostraron que, a veces, el presupuesto no alcanza para explicar un partido.

Mientras medio planeta mira el Mundial, yo estoy por jugar otro encuentro.

Porque la fe humana funciona así.

Uno mira a su selección y piensa: "¿Por qué no?". Aunque sepa que hay equipos más fuertes, presupuestos más grandes y jugadores que ganan en una semana lo que una familia no ganará en toda una vida. Sin embargo, durante un mes entero, un país se convence de que puede llegar hasta el final.

Con el cáncer pasa algo parecido.

Nadie elige jugar este campeonato. Un día te llega la convocatoria sin haberla pedido. No hay conferencia de prensa, ni presentación oficial, ni camiseta nueva. Simplemente alguien te dice que estás adentro y que el torneo acaba de empezar.

También hay favoritos y desfavorecidos. Hay quienes tienen acceso a los mejores tratamientos y quienes deben pelear cada autorización, cada estudio y cada medicamento. Como en el fútbol, el presupuesto importa. Mucho más de lo que nos gustaría admitir.

Esta semana paso a una nueva fase de mi tratamiento. El miércoles me operan. Habrá CTI, habrá días de internación y habrá incertidumbre. He decidido asumir el costo de una opción que me permita una mejor calidad de atención y de recuperación. No todos pueden hacerlo. Y eso me hizo pensar en esos países pequeños que llegan al Mundial con jugadores semiprofesionales para enfrentar a potencias llenas de estrellas.

Leía que algunos futbolistas de Nueva Zelanda mantienen trabajos comunes además de jugar. No viven en una burbuja de millones. Aun así, salen a la cancha. Corren igual. Sueñan igual.

Y eso tiene algo profundamente humano.

Porque el cáncer tampoco distingue demasiado. Le puede tocar al multimillonario, al trabajador, al deportista de élite o al vecino de la esquina. Después, claro, aparecen las diferencias de recursos. Pero el miedo, la incertidumbre y la esperanza son bastante democráticos.

Hay otra similitud.

Ni el cáncer ni el Mundial vienen con resultado garantizado.

Y este Mundial me regaló además una metáfora inesperada.

Durante años discutimos si el VAR era bueno o malo para el fútbol. Algunos dicen que le quitó espontaneidad al juego. Otros sostienen que ayudó a corregir errores que podían cambiar la historia de un partido. Lo cierto es que llegó para observar mejor.

El miércoles entraré a quirófano y, curiosamente, mi operación también tendrá su propio VAR. La cirugía será asistida por video, con cámaras y tecnología que permitirán a los médicos observar detalles imposibles de apreciar de otra manera. Mientras en una cancha se revisa una jugada para decidir si hubo un fuera de juego o un penal, en un quirófano se revisan imágenes para tomar decisiones que pueden cambiar un partido mucho más importante.

Nunca imaginé que terminaría agradeciendo la existencia del VAR.

Los médicos pueden hablar de probabilidades. Los analistas deportivos también. Pero nadie sabe realmente cómo termina la historia. Si lo supiéramos, no habría emoción. Ni en el estadio ni en la sala de espera.

Por eso me gusta pensar que estoy jugando mi propio Mundial.

No porque me sienta un héroe. Los héroes son personajes de películas y normalmente terminan hablando demasiado. Yo me conformo con ser un tipo que intenta pasar de ronda.

A veces se gana jugando bien. A veces se gana jugando mal. A veces un penal cambia todo. A veces una biopsia trae una noticia inesperada. A veces la suerte ayuda. A veces no.

Y sin embargo seguimos.

Seguimos porque la fe es una de las pocas cosas que todavía no lograron reemplazar ni los algoritmos, ni la inteligencia artificial, ni los pronósticos médicos, ni las casas de apuestas.

La fe es eso que hace que un país entero crea que puede ser campeón.

Y también es eso que hace que una persona mire un diagnóstico complicado y piense, simplemente:

"¿Por qué no yo?"

El Niño vuelve a escena: qué significa para Uruguay y cómo puede impactar al turismo

La confirmación del regreso del fenómeno climático El Niño ha encendido nuevamente las alertas y las expectativas en todo el mundo. La Administración Nacional Oceánica y Atmosférica de Estados Unidos (NOAA) confirmó que las condiciones oceánicas ya muestran señales claras del fenómeno, mientras que especialistas uruguayos prevén que sus efectos comenzarán a sentirse con mayor intensidad durante la primavera y el inicio del verano austral.

Para Uruguay, El Niño no es una novedad. Su historia reciente muestra episodios que dejaron lluvias abundantes, crecidas de ríos, inundaciones localizadas, pero también temporadas turísticas con temperaturas agradables y una recuperación hídrica clave para el país.

¿Qué es El Niño?

El Niño es la fase cálida del fenómeno conocido como ENSO (El Niño-Oscilación del Sur). Se produce cuando las aguas superficiales del océano Pacífico ecuatorial se calientan por encima de lo normal, alterando la circulación atmosférica global y modificando los patrones de lluvias y temperaturas en distintas regiones del planeta.

En Uruguay, históricamente está asociado a:

  • Temperaturas superiores a lo normal.
  • Mayor frecuencia de lluvias durante primavera y verano.
  • Incremento de eventos de precipitaciones intensas.
  • Menor probabilidad de sequías severas.

¿Cómo afectó anteriormente a Uruguay?

Los registros climáticos muestran que los eventos fuertes de El Niño suelen generar un aumento significativo de las precipitaciones en el sur de Brasil, Argentina y Uruguay. Durante los grandes episodios de 1997-1998 y 2015-2016 se registraron lluvias por encima de los promedios históricos en gran parte del territorio nacional.

Según INUMET y especialistas de la Universidad de la República, el impacto más evidente aparece entre octubre y diciembre, cuando las lluvias suelen ubicarse por encima de los valores normales, especialmente al norte del Río Negro.

El contraste con La Niña es muy claro. La reciente sequía de 2022-2023, una de las más graves registradas en el país, estuvo vinculada a condiciones de La Niña y provocó pérdidas superiores a los 1.000 millones de dólares, además de la crisis de abastecimiento de agua potable en el área metropolitana.

¿Beneficia o perjudica al turismo?

La respuesta es ambas cosas.

Los beneficios

1. Menor riesgo de sequía en destinos naturales

La recuperación de lagunas, humedales, arroyos y áreas protegidas suele favorecer actividades de naturaleza, observación de aves, turismo rural y ecoturismo.

Destinos como:

  • Esteros de Farrapos
  • Quebrada de los Cuervos
  • Laguna de Rocha
  • Bañados del Este

suelen beneficiarse cuando existe disponibilidad hídrica adecuada.

2. Paisajes más verdes

Los operadores de turismo rural coinciden en que los años húmedos mejoran la calidad paisajística de las estancias turísticas, viñedos y establecimientos de turismo de naturaleza.

3. Veranos menos extremos en algunas zonas

Aunque El Niño eleva las temperaturas medias, también puede generar mayor frecuencia de tormentas que moderan los períodos prolongados de calor extremo.

4. Recuperación de la producción vitivinícola y agropecuaria

Un mejor escenario hídrico favorece indirectamente al turismo enológico y gastronómico, sectores cada vez más relevantes para departamentos como Canelones, Colonia y Maldonado.

Los riesgos para el turismo

1. Inundaciones y afectación de infraestructura

Las lluvias excesivas pueden provocar:

  • Cortes de rutas.
  • Problemas en accesos a balnearios.
  • Suspensión de actividades al aire libre.
  • Daños en infraestructura turística.

Las ciudades ribereñas sobre el Río Uruguay suelen ser especialmente sensibles durante episodios intensos.

2. Menor cantidad de días de playa

Si las precipitaciones se concentran en verano, los principales destinos de sol y playa pueden ver reducida la cantidad de jornadas plenamente aprovechables para turistas.

3. Costos operativos más altos

Hoteles, campings y operadores de actividades náuticas enfrentan mayores costos de mantenimiento cuando aumentan las lluvias y la humedad.

¿Qué ocurrió en los últimos eventos?

Durante el fenómeno 2015-2016, considerado uno de los más fuertes de la historia moderna, Uruguay registró precipitaciones extraordinarias que provocaron inundaciones en varios departamentos y obligaron a evacuar miles de personas. Sin embargo, el sector agropecuario logró recuperarse rápidamente tras años anteriores más secos.

En contrapartida, tras la prolongada sequía asociada a La Niña entre 2020 y 2023, gran parte del sector turístico vinculado a la naturaleza reclamó la recuperación de cursos de agua y paisajes afectados por el déficit hídrico.

Lo que espera Uruguay para 2026-2027

La presidenta de INUMET, Madeleine Renom, y especialistas de la Facultad de Ciencias coinciden en que el mayor impacto del actual episodio de El Niño podría sentirse durante la primavera de 2026 y comienzos del verano 2027, con lluvias superiores a lo normal y temperaturas más elevadas. Algunos modelos incluso sugieren la posibilidad de un evento fuerte o excepcional.

Una oportunidad para el turismo regenerativo

Más allá de las amenazas, El Niño vuelve a recordar una realidad que el turismo uruguayo ya comenzó a asumir: la adaptación climática será una ventaja competitiva.

Los destinos que incorporen infraestructura resiliente, gestión del agua, movilidad sostenible y propuestas vinculadas a la naturaleza estarán mejor preparados para aprovechar los beneficios de los ciclos climáticos y reducir sus impactos negativos.

Porque si algo ha demostrado Uruguay en las últimas décadas es que el clima ya no es únicamente una variable meteorológica: también es un factor económico, social y turístico que condiciona el futuro de los destinos.

Fuentes

  • Instituto Uruguayo de Meteorología (INUMET).
  • NOAA (National Oceanic and Atmospheric Administration). Referenciada por INUMET y especialistas uruguayos.
  • Facultad de Ciencias – Universidad de la República. Declaraciones de Marcelo Barreiro.
  • Mario Bidegain, meteorólogo uruguayo.
  • MetSul y análisis climáticos regionales.

Kimi Antonelli: cuando la juventud deja de esperar permiso

Mientras el desempleo juvenil supera el 50% en algunos países y la edad del primer empleo continúa retrasándose, una pregunta aparece con fuerza en gobiernos, empresas y centros educativos: ¿cómo lograr que los jóvenes ingresen antes al mundo laboral y desarrollen competencias reales para su futuro?

La respuesta no parece estar únicamente en más años de estudio, sino en mejores formas de conectar la educación con la práctica. En ese escenario, la formación dual —que combina aprendizaje académico con experiencia laboral real— surge como una de las herramientas más efectivas para acelerar el desarrollo de los jóvenes y facilitar su inserción profesional.

El acceso al empleo juvenil suele producirse a través de distintas vías: pasantías, programas de formación dual, aprendizajes en empresas, emprendimientos propios, voluntariados, prácticas profesionales y trabajos de medio tiempo. Cada una permite adquirir experiencia, una condición que paradójicamente suele exigirse incluso para los primeros empleos.

Sin embargo, algunos jóvenes demuestran que el talento acompañado por formación, disciplina y oportunidades puede romper cualquier paradigma.

Uno de los ejemplos más impactantes del momento es el italiano Andrea Kimi Antonelli. Con apenas 19 años, se transformó en una de las grandes figuras del deporte mundial. Este fin de semana volvió a sorprender al ganar el Gran Premio de Mónaco, una de las carreras más prestigiosas de la Fórmula 1, logrando además su quinta victoria consecutiva en la temporada. El joven piloto dominó la prueba desde la pole position hasta la bandera a cuadros, consolidándose como líder absoluto del campeonato mundial.

Su historia no comenzó en la Fórmula 1. Nacido en Bolonia, Italia, en 2006, Antonelli inició su carrera deportiva en el karting a los siete años. Integró el programa de jóvenes pilotos de Mercedes desde 2019 y fue acumulando títulos en prácticamente todas las categorías donde compitió. Ganó los campeonatos italiano y alemán de Fórmula 4 en 2022, conquistó los torneos de Fórmula Regional Europea y Medio Oriente en 2023 y continuó ascendiendo hasta llegar a la máxima categoría del automovilismo mundial.

Su recorrido muestra un modelo muy similar al concepto de formación dual. Mientras aprendía, competía. Mientras estudiaba cada detalle técnico, acumulaba experiencia real en la pista. No esperó a cumplir determinada edad para comenzar a desarrollarse profesionalmente. Su formación ocurrió simultáneamente con la práctica.

La enseñanza trasciende al deporte. Los jóvenes de hoy enfrentan un mercado laboral cada vez más competitivo, donde los conocimientos técnicos deben complementarse con habilidades como la adaptabilidad, la comunicación, el trabajo en equipo y la capacidad de aprender de manera continua.

El caso de Antonelli demuestra que la edad no es necesariamente una limitante. Lo determinante suele ser la combinación de talento, oportunidades, acompañamiento y experiencia temprana.

Quizás el gran desafío de nuestras sociedades no sea preguntarse cuándo los jóvenes estarán listos para trabajar, sino cómo crear más caminos para que puedan aprender trabajando.

Porque cuando una generación encuentra oportunidades reales para desarrollarse, deja de ser el futuro y comienza a transformar el presente.

El empleo juvenil hoy

El turismo se ha transformado en una de las principales puertas de entrada al mundo laboral para miles de jóvenes en todo el planeta. Hoteles, restaurantes, agencias de viajes, eventos, transporte, tecnología aplicada al turismo y emprendimientos vinculados a la experiencia del visitante ofrecen oportunidades para adquirir competencias reales desde edades tempranas. En un escenario donde conseguir el primer empleo resulta cada vez más complejo, el sector turístico permite desarrollar habilidades de atención al cliente, comunicación, idiomas, trabajo en equipo y resolución de problemas, capacidades que luego acompañarán a los jóvenes durante toda su trayectoria profesional. Por esa razón, muchos especialistas consideran al turismo una verdadera escuela de formación para las nuevas generaciones.

Durante décadas, los países de América del Sur compitieron entre sí para atraer visitantes. Brasil promovió sus playas, Argentina sus paisajes, Paraguay su cultura y Uruguay su combinación de costa, cultura, naturaleza y calidad de vida.

Sin embargo, una nueva visión comienza a ganar espacio en los organismos internacionales y en los gobiernos de la región: crecer juntos puede ser más efectivo que competir por separado.

Ese fue uno de los ejes de la XXXIV Reunión de Ministros de Turismo del MERCOSUR, realizada en el marco de la Presidencia Pro Tempore de Paraguay, donde el ministro de Turismo de Uruguay, Pablo Menoni, participó junto al director nacional de Turismo, Cristian Pos.

Más allá de las declaraciones formales, la reunión dejó señales sobre los temas que podrían marcar el rumbo del turismo sudamericano hacia 2030: integración regional, turismo regenerativo, inteligencia artificial y el aprovechamiento turístico del Mundial de Fútbol.

Una región que busca posicionarse unida

Uno de los temas centrales fue el fortalecimiento de la marca Visit South America, una estrategia que apunta a promocionar América del Sur como una experiencia integrada.

La lógica es sencilla. Los viajeros que llegan desde mercados lejanos como Asia, Europa o Norteamérica suelen buscar recorridos que incluyan varios países en un mismo viaje. Para esos turistas, la región puede transformarse en un gran producto turístico donde la Patagonia, las Cataratas del Iguazú, el desierto de Atacama, la ruta jesuita, el Amazonas, las playas brasileñas y el patrimonio histórico de Uruguay formen parte de una misma propuesta.

Para Uruguay, esta visión representa una oportunidad de aumentar su visibilidad internacional y captar visitantes que, de otra forma, podrían no incluir al país dentro de sus itinerarios.

El camino hacia el Mundial 2030

Otro de los puntos destacados fue la posibilidad de construir una "Ruta del Fútbol" regional de cara al Mundial 2030.

La idea trasciende los partidos y los estadios. Implica desarrollar experiencias turísticas vinculadas a la historia del fútbol sudamericano, generar contenidos audiovisuales, crear circuitos temáticos y fortalecer la identidad cultural de los países organizadores.

Sudamérica busca venderse como un solo destino y Uruguay quiere influir en esa estrategia.

Uruguay cuenta con una ventaja singular en esta materia. Fue sede del primer Mundial de la historia y conserva un patrimonio deportivo que forma parte de la memoria colectiva del fútbol mundial.

Si la región logra trabajar coordinadamente, el Mundial podría convertirse en una herramienta de promoción turística de largo plazo y no solamente en un evento deportivo puntual.

Turismo regenerativo: la apuesta uruguaya

Durante el encuentro, Uruguay presentó formalmente su proyecto piloto de formación en turismo regenerativo, desarrollado junto a ONU Turismo.

El concepto va más allá de la sostenibilidad tradicional. Mientras la sostenibilidad busca minimizar impactos negativos, el turismo regenerativo propone que la actividad turística contribuya activamente a mejorar los territorios, fortalecer las comunidades y generar beneficios ambientales y económicos duraderos.

La iniciativa contempla espacios de formación, intercambio de experiencias y cooperación entre países del bloque.

La apuesta uruguaya busca posicionar al país como referente regional en una tendencia que gana protagonismo en los principales foros internacionales vinculados al desarrollo sostenible y la acción climática.

La inteligencia artificial entra en la agenda turística

Uno de los temas más novedosos abordados durante la reunión fue la inteligencia artificial aplicada al turismo.

La tecnología ya está transformando la forma en que los viajeros buscan información, comparan destinos, reservan alojamientos y diseñan sus itinerarios.

Al mismo tiempo, las empresas turísticas utilizan herramientas de IA para mejorar la atención al cliente, automatizar procesos y generar contenidos promocionales.

La preocupación compartida por los países del MERCOSUR apunta a encontrar un equilibrio entre innovación tecnológica, protección de datos, transparencia y desarrollo económico.

Las decisiones que se adopten durante los próximos años podrían influir directamente en la competitividad de miles de empresas turísticas de la región.

Una discusión que va más allá del turismo

La reunión también permitió analizar nuevos segmentos con potencial de crecimiento, como el turismo religioso y el turismo de egresados, además de fortalecer la articulación entre el sector público y privado.

Pero quizás la principal conclusión es otra.

América del Sur comienza a debatir cómo posicionarse en un escenario global donde la competencia entre destinos es cada vez más intensa y donde las decisiones estratégicas trascienden las campañas publicitarias.

La integración regional, la innovación tecnológica, la sostenibilidad y el aprovechamiento de grandes eventos internacionales aparecen como piezas de una misma conversación.

En ese contexto, Uruguay intenta ocupar un lugar activo, no solamente como destino turístico, sino como uno de los países que busca aportar ideas y modelos para el desarrollo del turismo sudamericano durante la próxima década.

Cuando se habla de turismo, la mayoría de las personas piensa en playas, hoteles, aeropuertos o campañas de promoción. Sin embargo, detrás de cada destino exitoso existe otro componente menos visible pero cada vez más importante: las reglas que ordenan la actividad y la forma en que un país decide relacionar el turismo con su territorio, sus comunidades y el medio ambiente.

Ese fue uno de los temas centrales que Uruguay llevó a la Comisión Regional para las Américas de ONU Turismo, donde el ministro Pablo Menoni presentó dos iniciativas que podrían tener consecuencias mucho más amplias que una simple participación institucional: el fortalecimiento del Observatorio de Derecho del Turismo para América Latina y el Caribe y el desarrollo de un programa piloto de turismo regenerativo con alcance regional.

La noticia puede parecer técnica, pero encierra una señal estratégica. Uruguay no solo busca atraer visitantes; también aspira a participar en la construcción de las normas, metodologías y modelos que orientarán el turismo latinoamericano durante los próximos años.

El país donde se estudian las reglas del turismo

El Observatorio de Derecho del Turismo para América Latina y el Caribe tiene sede en Montevideo, en la Casa de las Naciones Unidas, y funciona en coordinación con ONU Turismo y el Banco Interamericano de Desarrollo (BID).

Su misión es analizar cómo evolucionan las leyes vinculadas al sector y generar herramientas que permitan a los países adaptarse a desafíos cada vez más complejos.

La actividad turística ya no se limita a hoteles y agencias de viaje. Hoy debe responder a fenómenos como los alquileres temporarios, la accesibilidad universal, los derechos laborales, la protección de datos, la sostenibilidad ambiental y las nuevas plataformas digitales.

Por esa razón, Uruguay trabaja actualmente en directrices para la aplicación de la Ley 20.325 sobre alquileres turísticos, estudios sobre los derechos laborales de las mujeres en el sector y programas de capacitación sobre accesibilidad universal.

La importancia de estas acciones radica en que las conclusiones y metodologías que se generen desde Montevideo podrían transformarse en referencias para otros países de la región.

Del turismo sostenible al turismo regenerativo

La segunda iniciativa presentada por Uruguay apunta a una tendencia que comienza a ganar espacio en los principales foros internacionales: el turismo regenerativo.

Durante décadas el objetivo fue reducir impactos negativos. Más tarde surgió el concepto de turismo sostenible. Ahora aparece un nuevo desafío: que la actividad contribuya activamente a mejorar los territorios donde se desarrolla.

La diferencia es profunda.

Mientras la sostenibilidad busca conservar recursos, el turismo regenerativo procura que la actividad genere beneficios medibles para las comunidades, fortalezca los ecosistemas y contribuya al desarrollo económico local.

En términos prácticos, implica que un destino no solo reciba visitantes, sino que mejore su calidad ambiental, fortalezca su identidad cultural y genere oportunidades para quienes viven allí.

El programa impulsado por Uruguay y aprobado por ONU Turismo contempla capacitación, transferencia de herramientas metodológicas y proyectos piloto que involucrarán gobiernos locales, empresas, instituciones educativas y organizaciones comunitarias.

Lo que puede venir en los próximos años

Si el proyecto obtiene resultados positivos, Uruguay podría transformarse en un laboratorio regional de innovación turística.

Esto tendría varias consecuencias.

Por un lado, permitiría atraer cooperación internacional, financiamiento y nuevos proyectos vinculados a la sostenibilidad y la acción climática.

Por otro, posicionaría al país como exportador de conocimiento turístico, un rol que tradicionalmente ocupan naciones con mayor escala económica.

También podría abrir oportunidades para intendencias, operadores turísticos, bodegas, emprendimientos rurales, áreas protegidas y comunidades locales que busquen desarrollar modelos de turismo con mayor valor agregado.

En un escenario internacional donde los viajeros son cada vez más sensibles a cuestiones ambientales y sociales, los destinos capaces de demostrar impactos positivos reales tendrán una ventaja competitiva creciente.

Una apuesta silenciosa pero estratégica

Las grandes transformaciones del turismo no siempre nacen de una nueva ruta aérea o de una campaña publicitaria. Muchas veces comienzan en espacios técnicos donde se diseñan normas, indicadores y metodologías que luego terminan influyendo en miles de empresas y millones de viajeros.

La presentación realizada por Uruguay ante ONU Turismo apunta precisamente en esa dirección.

Mientras gran parte del mundo discute cómo crecer sin comprometer los recursos del futuro, el país intenta posicionarse en una conversación que definirá cómo será el turismo de América Latina durante las próximas décadas. Y esa puede convertirse en una de las inversiones estratégicas más importantes para el sector turístico nacional.


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