Mónica Wiebe: el negocio de transformar leche propia en quesos artesanales premiados

La empresaria nos recibió en Quesos Wiebe, sobre la Ruta 1, kilómetro 96, en San José, apenas dos días después de que su ricotta obtuviera el primer premio en un concurso de quesos. Durante una visita de Camtur Conecta, recorrimos el tambo, la quesería y las instalaciones productivas para conocer un modelo empresarial que combina tradición, calidad, innovación y aprovechamiento de los recursos.

Un tambo también puede ser un lugar de interés turístico. Conocer cómo se produce la leche, descubrir el proceso de elaboración de los quesos y, finalmente, saborearlos constituye una experiencia que combina tradición, gastronomía e identidad local. Con esa mirada participamos de una nueva jornada de Camtur Conecta, que nos llevó hasta Quesos Wiebe, en San José, donde Mónica Wiebe nos abrió las puertas de su establecimiento para descubrir una historia empresarial que demuestra cómo la producción agropecuaria también puede convertirse en un atractivo turístico.

En Quesos Wiebe, el recorrido comienza con los animales, continúa en la sala de ordeñe y termina frente a una variedad de quesos que llegan a consumidores de distintos puntos del Uruguay.

Mónica Wiebe nos recibió con la satisfacción de los premios recientemente obtenidos, pero también con el entusiasmo de mostrar cómo funciona el establecimiento. Su explicación fue mucho más allá de la fabricación de quesos: nos permitió conocer las decisiones productivas, el cuidado de la materia prima y el trabajo necesario para sostener una empresa agroindustrial.

De la leche al queso: agregar valor en el propio establecimiento

—Mónica, ¿qué caracteriza a Quesos Wiebe y cómo se integra la producción del tambo con la quesería?

La empresa cuenta con una quesería artesanal instalada junto al tambo. Esta cercanía permite utilizar leche propia directamente del ordeñe, sin necesidad de trasladarla a otro establecimiento.

Una parte de la producción lechera se destina a elaborar quesos y otra se remite a planta industrial.

Este detalle resulta importante para comprender el negocio: no se trata solamente de producir leche, sino de transformar una parte de esa materia prima en alimentos con mayor valor agregado.

Mónica nos mostró las instalaciones y explicó que la elaboración utiliza leche entera, cuya composición puede variar de un día a otro. A diferencia de otros procesos industriales, no estandarizan la leche, lo que exige especial atención para conseguir resultados consistentes.

Siete variedades y diferentes tiempos de maduración

—¿Qué quesos elaboran y cuáles son las principales diferencias entre ellos?

Actualmente, la quesería produce siete variedades: Colonia, Dambo, Parmesano, Llanero, Ricotta, Parrillero y Cuartirolo.

Cada una responde a características y necesidades de consumo diferentes.

El Llanero es un queso fresco que puede consumirse al día siguiente de su elaboración. Su incorporación surgió a partir de la demanda de la comunidad venezolana, un ejemplo interesante de cómo una empresa puede adaptar su producción a nuevos consumidores.

El Dambo está pronto aproximadamente a los 15 días y se destaca por su capacidad de fundirse, especialmente para pizzas y tartas.

El Colonia requiere unos 25 días y un proceso que incluye cámaras de frío y calor. Conseguir la formación adecuada de sus característicos ojos representa uno de los desafíos técnicos de la elaboración.

El Parrillero necesita alrededor de tres meses de maduración, mientras que el Parmesano requiere un mínimo de seis meses. La empresa también dispone de piezas premium que alcanzan los dos años.

El Cuartirolo es una de las incorporaciones más recientes: un queso fresco, húmedo y cremoso.

El premio a la ricotta: una distinción que fortalece la marca

—Nos encontramos apenas dos días después de un concurso donde su ricotta obtuvo el primer premio. ¿Qué representa este reconocimiento para la empresa?

El resultado constituye una oportunidad para destacar la calidad de una elaboración que muchas veces se asocia exclusivamente con preparaciones de cocina.

La ricotta es un producto versátil, utilizado tanto en platos salados como dulces, y su reconocimiento contribuye a posicionar la marca en un mercado competitivo.

A este primer puesto se sumaron segundos y terceros premios obtenidos por otras variedades de la quesería.

Para una empresa que elabora con leche propia, estos reconocimientos también ponen en valor el trabajo realizado en toda la cadena productiva.

El cuidado de los animales también es una decisión empresarial

Uno de los momentos más interesantes de la visita fue cuando Mónica nos llevó a conocer la crianza de las terneras.

—¿Por qué es tan importante comenzar el recorrido en esta parte del establecimiento?

Mónica explicó que allí comienza el proceso de la lechería.

Los terneros recién nacidos permanecen aproximadamente dos meses en el sector de crianza, conocido como guachera. Durante las primeras semanas, las terneras reciben cuatro litros de leche por la mañana y otros cuatro por la tarde.

La higiene es una prioridad. Las camas se renuevan regularmente para mantenerlas limpias y secas, procurando condiciones adecuadas para su crecimiento.

También conocimos las instalaciones destinadas a las vacas próximas al parto. Mónica explicó que cuentan con un sistema de cama fría incorporado hace aproximadamente tres años, donde los animales reciben una alimentación especial y pueden elegir entre permanecer bajo techo o salir al exterior.

En el establecimiento se producen, en promedio, dos o tres partos diarios.

El bienestar animal aparece así como una parte fundamental de la gestión productiva y no simplemente como una tarea complementaria.

Tecnología, trazabilidad y control de calidad

—¿Cómo aseguran que cada queso mantenga sus características y pueda identificarse durante todo el proceso?

En la quesería, cada lote cuenta con un número de trazabilidad que permite consultar la información de su elaboración: origen de la leche, fermentos utilizados, cuajo, cantidades, fecha y hora de producción.

También observamos los distintos procesos de salado y maduración.

Los tiempos varían considerablemente. Mientras el Dambo permanece unas ocho horas en salmuera, el Colonia requiere aproximadamente 48 horas y el Parmesano puede permanecer siete días, según su tamaño.

Esta información permite comprender que la elaboración artesanal no significa ausencia de tecnología o controles. Por el contrario, exige conocimiento, procedimientos definidos y seguimiento permanente.

Una empresa que busca aprovechar todos sus recursos

—¿Qué hacen con el suero que queda después de elaborar los quesos?

Mónica nos mostró un ejemplo concreto de aprovechamiento productivo.

El suero generado en la quesería se almacena y posteriormente se utiliza para humedecer la alimentación del ganado.

De esta manera, un subproducto de la elaboración vuelve a integrarse al sistema productivo.

Es una práctica que permite reducir desperdicios y mejorar el aprovechamiento de los recursos disponibles.

La empresa también desarrolla actividades agrícolas, lo que amplía su modelo de negocio y complementa la producción lechera y quesera.

Del establecimiento al consumidor

El recorrido terminó en la sala de ventas, donde se comercializan las distintas variedades de quesos.

La posibilidad de comprar directamente en el lugar de producción constituye otro diferencial. El consumidor no solamente adquiere un alimento: puede conocer su origen y comprender el trabajo que existe detrás.

Desde una perspectiva de marketing, este vínculo entre productor, territorio y consumidor representa una oportunidad para fortalecer la identidad de marca.

Camtur Conecta: conocer empresas que también construyen destinos

La visita a Quesos Wiebe dejó una reflexión sobre las oportunidades que ofrece el turismo vinculado a la producción.

San José posee una importante tradición lechera y quesera. Acercar a los operadores turísticos, periodistas y referentes del sector a estos establecimientos permite descubrir experiencias que pueden enriquecer la oferta territorial.

Camtur Conecta facilita ese acercamiento entre quienes producen y quienes tienen la posibilidad de comunicar, promover y comercializar destinos.

Conocer cómo se elabora un queso, recorrer un tambo y conversar con Mónica sobre el funcionamiento de la empresa permite valorar una actividad que forma parte de la identidad económica y cultural del departamento.

Una historia empresarial que sigue creciendo

Quesos Wiebe tiene sus orígenes en 1955, cuando comenzó una actividad lechera que, con el paso del tiempo, incorporó nuevas inversiones y procesos de elaboración.

Hoy, la empresa mantiene la tradición del trabajo y la dedicación, pero también demuestra capacidad para responder a las exigencias de los consumidores, incorporar variedades y mejorar sus procesos.

Los premios recientemente obtenidos representan un reconocimiento a ese camino.

Nos despedimos de Mónica con una conclusión: el verdadero valor agregado de Quesos Wiebe no está solamente en transformar leche en queso, sino en convertir conocimiento, trabajo y calidad en una marca con identidad propia.

Y esa es, posiblemente, una de las mejores definiciones de lo que significa emprender y construir una empresa en el interior del Uruguay.

Por Noticias y Destinos | Visita realizada en el marco de Camtur Conecta.

Pineapple: qué significa ser liberal y cuáles son los códigos de una fiesta diferente

En Buenos Aires conocimos una propuesta que combina música electrónica, libertad y nuevas formas de relacionarse. Conversamos con Vanesa Pato, relaciones públicas y comunicadora de Pineapple, para entender un mundo del que cada vez se habla más, pero que todavía genera preguntas y prejuicios.

El turismo también es de personas, de sus costumbres, de las formas en que se relacionan, de las comunidades que construyen y de las experiencias que dan identidad a una ciudad. Viajar nos permite acercarnos a realidades diferentes, preguntar, comprender y descubrir sin necesidad de juzgar.

Desde esa mirada nace esta nota. Porque a veces una historia aparece donde menos la esperamos. En nuestro recorrido por la FIT de Buenos Aires conocimos a Vanesa Pato, relaciones públicas y comunicadora de Pineapple, y una conversación casual despertó nuestra curiosidad por un universo del que se habla, pero que no siempre se conoce desde adentro.

¿Qué significa realmente ser liberal? ¿Qué códigos existen? ¿Libertad significa que todo vale? ¿Qué papel ocupan el consentimiento, los acuerdos y el respeto?

Decidimos hacer lo que hacemos cuando viajamos y encontramos algo que no conocemos: preguntar, escuchar y descubrir.

Buenos Aires siempre tiene una noche diferente para descubrir. Algunas están a la vista y otras funcionan en circuitos que quizás conocemos de nombre, pero pocas veces nos detenemos a comprender.

En nuestro paso por la FIT, un encuentro casual en el stand de Uruguay nos acercó a Vanesa Pato, relaciones públicas y comunicadora de Pineapple, uno de los eventos de una productora argentina que también organiza todos los viernes Rio Tokio Club.

La conversación despertó nuestra curiosidad.

¿Qué significa ser liberal? ¿Quiénes participan de estos encuentros? ¿Existen códigos? ¿Es lo mismo una pareja abierta que el poliamor? ¿Entrar a una fiesta liberal significa estar dispuesto a todo?

Preguntamos para conocer.

¿Qué significa “liberal”?

Primero hay que despejar una posible confusión. En este contexto, liberal no tiene una connotación política.

Se habla de un estilo de vida que contempla formas de relacionarse diferentes al modelo tradicional de monogamia.

Vanesa lo explica de una manera sencilla: dentro del ambiente existen personas con parejas abiertas, otras que comparten determinadas experiencias y también quienes construyen otras formas de vincularse.

No todos hacen lo mismo.

“Cada uno va a tener sus acuerdos”, señala.

Y esa palabra —acuerdos— aparece varias veces durante nuestra conversación.

Tampoco liberal es necesariamente sinónimo de poliamor. Dentro del ambiente pueden existir personas poliamorosas, parejas abiertas y otras formas de relacionarse. Cada vínculo establece qué comparte, hasta dónde quiere llegar y cuáles son sus límites.

Libertad, pero con códigos

La palabra libertad podría llevar a pensar que todo está permitido.

Es exactamente uno de los mitos que Vanesa busca derribar.

“En este ambiente predomina el respeto. El no es no. Ante cualquier duda, ante cualquier inquietud, uno pregunta”, explica.

Estar en una fiesta liberal no significa estar disponible para los demás.

Mirar no habilita a tocar. Una conversación no obliga a continuar. Una pareja puede tener acuerdos diferentes a los de otra. Y cualquier persona puede decir que no.

Vanesa insiste en que los acuerdos y el respeto están primero.

Quizás allí aparezca una de las claves para comprender este ambiente desde afuera: la libertad comienza por respetar la libertad del otro.

Pineapple: electrónica antes que etiquetas

Pineapple encontró una forma particular de presentar esta cultura.

No se comunica solamente desde el universo swinger. Su propuesta incorpora música electrónica, DJ, baile, estética, producción y una experiencia nocturna pensada para adultos de mente abierta.

Su propia definición es clara: “Pineapple es para personas que no entran en el molde de siempre”.

Parejas que viven su relación a su manera, personas que están comenzando a explorar otras posibilidades o quienes simplemente sienten curiosidad encuentran un espacio donde la propuesta es disfrutar sin sentirse observados o juzgados.

La música electrónica funciona como punto de encuentro.

Eso también permite comprender que alguien puede acercarse por primera vez sin que exista obligación alguna de participar en una experiencia sexual.

Se puede bailar, conversar, conocer personas o simplemente disfrutar de la noche.

El cuidado también forma parte de la experiencia

Otro aspecto que Vanesa destaca es el cuidado.

“Siempre predomina el respeto, el cuidado sobre todo. Con el tema de los cuidados somos muy meticulosos”, señala.

Puede parecer contradictorio para quien observa este ambiente desde afuera y lo asocia con ausencia de límites. Sin embargo, ocurre precisamente lo contrario: para que diferentes formas de relacionarse puedan convivir en un mismo espacio, las reglas deben estar claras.

Consentimiento, comunicación, respeto, cuidado y privacidad forman parte de esos códigos.

¿Swinger, liberal o poliamor?

No son exactamente lo mismo.

El concepto swinger suele relacionarse con el intercambio consensuado entre parejas. Una pareja abierta establece sus propios acuerdos respecto de vínculos o experiencias con otras personas. El poliamor supone la posibilidad consensuada de mantener más de un vínculo afectivo o amoroso.

El universo liberal puede reunir personas con algunas de estas formas de relacionarse, pero no obliga a adoptar ninguna.

Vanesa lo resume desde la práctica: hay personas poliamorosas, parejas abiertas y otras que simplemente comparten determinadas experiencias.

No existe un único modelo.

Los acuerdos empiezan antes de entrar

Hay otro aspecto interesante cuando hablamos de este mundo: muchas de las decisiones comienzan antes de llegar a la fiesta.

¿Qué queremos experimentar? ¿Qué no queremos hacer? ¿Qué sucede si alguno se siente incómodo? ¿Hasta dónde llegan nuestros acuerdos?

Las respuestas pertenecen exclusivamente a cada pareja o persona.

No existe una fórmula correcta.

Precisamente, el concepto liberal parte de la posibilidad de construir reglas propias, siempre que exista consentimiento entre adultos y respeto por las decisiones de los demás.

¿Qué descubre alguien que entra por primera vez?

Quedó entonces una pregunta que quizás resuma buena parte de los interrogantes de quienes nunca estuvieron en un espacio de estas características.

¿Cuál es el mayor prejuicio que tiene alguien que nunca entró a una fiesta liberal y qué descubre cuando finalmente entra?

La pregunta queda planteada para Vanesa porque detrás de su respuesta seguramente aparezca algo más interesante que cualquier definición: la diferencia entre lo que imaginamos desde afuera y lo que sucede cuando se conoce el ambiente desde adentro.

De Buenos Aires a Uruguay

Nuestra conversación tuvo además un giro inesperado.

¿Qué hacía la comunicadora de una fiesta liberal recorriendo una feria internacional de turismo?

Vanesa cuenta que reciben consultas de personas de Uruguay interesadas en viajar a Buenos Aires para participar de sus eventos.

Y la productora también quiere crecer.

“Nos gustaría expandirnos”, explica, tanto hacia otros puntos de Argentina como hacia el exterior.

Uruguay aparece entre esas posibilidades.

Por ahora no existe un anuncio ni una fecha. Hay una intención, contactos y una comunidad que comienza a mirar hacia el otro lado del Río de la Plata.

“Somos una comunidad que busca expandirse, que busca que cada vez seamos más”, cuenta Vanesa.

Incluso el lema de la fiesta invita a “enamorarse de nuestra manera de vivir”.

Una noche también puede hablar de cambios sociales

Desde Noticias y Destinos nos interesa conocer esas propuestas que muestran otras formas de vivir una ciudad.

Pineapple puede mirarse simplemente como una fiesta electrónica diferente. Pero conversar con Vanesa Pato permitió ir bastante más allá.

Detrás de las luces, los DJ, el baile y la estética aparece una conversación sobre relaciones, consentimiento, acuerdos, prejuicios y nuevas maneras de vincularse.

No se trata de promover un modelo ni de cuestionar otro.

Se trata de conocer.

Porque viajar también significa acercarse a culturas, comportamientos y formas de vida diferentes. Buenos Aires, una ciudad que siempre encuentra nuevas maneras de vivir la noche, también ofrece espacios donde esa diversidad llega a las relaciones personales.

Y después de conocer un poco más este mundo, una idea resume buena parte de la conversación:

la libertad puede ampliar los límites de una relación, pero nunca elimina el respeto por los límites del otro.

Director, guionista y músico argentino-uruguayo, Agustín Guzmán Stanoff comparte cómo nació su pasión por el cine, las películas que marcaron su vida, sus primeros cortometrajes y los proyectos que preparan su futuro artístico.

DE LANÚS A DIRIGIR PARA LA PANTALLA GRANDE

Agustín Guzmán Stanoff, es un director de cine, guionista y músico argentino y uruguayo que ha destacado por dos “cortos” muy disímiles entre sí, pero que lo muestran como un artista sensible, capaz de manejar lo simple y lo complejo.

 Entrevistarlo y conocerlo un poco más fue todo un desafío.

 Cuéntanos cuándo y dónde naciste.

 Nací en Lanús, en el conurbano de la provincia de Buenos Aires, Argentina.

 ¿Cómo surge tu amor por el cine?

 Fue algo gradual. Me di cuenta que cada vez miraba más y más películas. Que las películas estaban empezando a tener un lugar muy especial en mi vida, de encuentro, de ir al cine solo o acompañado.

Me compraba DVDs y pasaba noches en casa de mi madre haciendo maratones. Al verlo en retrospectiva, puedo notar cómo algunas personas de mi vida me fueron acercando indirectamente al cine. Por ejemplo, mi padrastro era muy cinéfilo y tenía colecciones y colecciones de películas y así tuve acceso a Rocky, Karate Kid y las películas de Jean-Claude Van Damme.

Mis abuelos maternos disfrutaban mucho del cine “spaghetti western” y las colecciones en fascículos. Mi tía materna me hizo conocer grandes clásicos de fantasía como Laberinto o La historia sin fin. Mi abuela paterna, en salidas al cine me hizo conocer un cine europeo algo diferente que no conocía.

Eso se daba por mi curiosidad de ver cosas nuevas, cuando salía con ella, me gustaba elegir películas diferentes a las que acostumbraba a ver. Comenzó a aparecer en mi una curiosidad muy marcada. Por otro lado, al final de mi adolescencia me encontraba quincenalmente con mi padre y estos encuentros se transformaron en salidas al cine de Temperley o Adrogué para ver películas.

 ¿Cuándo tomaste conciencia de que querías dirigir?

Es curioso porque un día, en una de estas salidas “pochocleras” al salir de la función, me pregunté profundamente cómo funcionaba eso del cine, cómo se hacían las películas realmente. Entonces investigué muchísimo sobre el rol del director. Esa función fue de la película argentina Casi leyendas, que no es la película de mayor virtuosidad de la historia, pero en su momento tuvo una escena puntual que me conmovió. Es algo que aún recuerdo con ternura.

 Comenta alguna película o películas y directores que te hayan marcado especialmente.

 Directores que me han marcado pueden ser Bergman, Gaspar Noé, Lars Von trier, Visconti, Leonardo Favio, Agnes Varda, Campanella, Scorsese, Kurosawa, Aronofsky, Eliseo Subiela, Pasolini, Luis Buñuel…

En una época me fijaba mucho en los directores, pero hoy en día me fijo más en las películas. Hay películas que en sí mismas me han marcado más allá de tener o no tener una devoción absoluta por ese director. Soy más de películas que de directores. Por nombrar 3 películas, podría decirte: El salario del miedo de Henri-Georges Clouzot, Ladrones de bicicletas de Vittorio De Sica, y Las noches blancas de Visconti.

Es curioso que se me hayan venido a la cabeza dos películas de Cine italiano. Tanto el cine italiano como el francés han sido muy importantes en la constitución de mi amor acérrimo hacia el cine. Se me viene a la mente también otro clásico, Cinema Paradiso.

 ¿Cómo fue tu formación académica? 

 Estudié cine en la Universidad del Cine de Argentina.

 Cuéntanos algo de tus cortometrajes.

 Mis dos primeros cortometrajes se llaman “Cien mil pasos” y “Eterna Juventud”. El primero es un poco más experimental, fue en un contexto muy cercano a la pandemia, por lo tanto escribí un guión con una escena larga filmada al aire libre. Y el segundo es hasta ahora mi trabajo más especial, un cortometraje sobre el amor en la tercera edad, una de mis piezas más sensibles.

"Porque, como ocurre con muchos realizadores, los primeros pasos suelen anticipar un camino mucho más largo..."

Entre la experimentación y la emoción: dos cortometrajes que anticipan una voz propia

Todo director deja entrever su manera de entender el cine desde sus primeras obras. En el caso de Agustín Guzmán Stanoff, sus dos cortometrajes muestran búsquedas diferentes, pero comparten una misma sensibilidad: la intención de poner a las personas y sus emociones en el centro de la historia.

"Cien mil pasos" nació en un contexto marcado por la pandemia. Las limitaciones de aquel momento no fueron un obstáculo, sino un desafío creativo. El realizador construyó un relato de tono experimental, con una puesta en escena que aprovecha los espacios abiertos y apuesta a que la imagen y el tiempo narrativo transmitan tanto como los diálogos.

Muy diferente es "Eterna Juventud", una obra que el propio director considera la más especial de su carrera hasta el momento. Allí aborda un tema poco frecuente en el cine contemporáneo: el amor en la tercera edad.

Lejos de los estereotipos, el cortometraje invita a mirar una etapa de la vida donde los sentimientos, los afectos y los sueños continúan teniendo la misma intensidad que en la juventud. Es una historia construida desde la empatía, que encuentra belleza en los pequeños gestos cotidianos y recuerda que nunca es tarde para volver a emocionar o emocionarse.

Más allá de las diferencias entre ambas producciones, existe un hilo conductor que las une: la búsqueda permanente de contar historias con honestidad. Esa mirada también explica por qué Agustín Guzmán Stanoff decidió ampliar su universo creativo hacia la música. Para él, las distintas disciplinas artísticas no compiten entre sí, sino que dialogan y se enriquecen mutuamente.

Con nuevos proyectos audiovisuales y sus primeros lanzamientos musicales en camino, el director transita una etapa de crecimiento que invita a seguir de cerca su evolución. Porque, como ocurre con muchos realizadores, los primeros pasos suelen anticipar un camino mucho más largo, donde cada obra suma una nueva pieza a una identidad artística en construcción.

Si el cine consiste en emocionar, hacer pensar y dejar una huella después de que se apagan las luces de la sala, Agustín Guzmán Stanoff ya comenzó ese recorrido.

 Sabemos que estás incursionando en la música: ¿quieres adelantarnos algo de eso?

 Amo la música, amo el teatro, amo el arte en general. Me di cuenta de que veía el arte como un todo y no como algo estático que no pueda moverse entre diferentes disciplinas. Además, era algo que tenía pendiente, a los quince años ya había rapeado, pero lo había dejado ahí.   Con el tiempo entendí que había algo muy valioso allí y que se relacionaba mucho con el cine y con mi forma de ver la vida, era algo inevitable. 

Actualmente estoy trabajando en mis primeros lanzamientos musicales, estoy muy ansioso y contento de poder compartir todo esto con todos ustedes.

Si te gustó esta entrevista, compartila con quienes disfrutan descubrir nuevos talentos del cine y la cultura. Cada lectura y cada recomendación ayudan a que historias como la de Agustín Guzmán Stanoff lleguen a más personas.

Gracias por leernos.

Jacobo Malowany
Seguime en todas las redes: @jacobomalowany

 

 

 

Cuando mis hijas eran niñas, muchos domingos terminaban en Estancia Renacimiento. Mientras ellas corrían entre animales, tractores y espacios abiertos, los adultos encontrábamos algo cada vez más escaso: tiempo. Años después, al conversar con Mirta Bonilla, comprendí que detrás de aquel lugar que tantas familias hicieron propio existía una historia de creatividad, trabajo y una permanente capacidad para reinventarse.

Disfrutar del campo, los animales, la naturaleza y una propuesta diferente cuando el turismo rural aún era una novedad en Uruguay. 

Antes de convertirse en hotel, restaurante, ecoparque y referencia del turismo rural, Renacimiento fue simplemente una idea para que unos niños tuvieran algo divertido que hacer durante el verano. Treinta años después, aquella ocurrencia familiar sigue creciendo y encontrando nuevas formas de conectar a las personas con el campo, la naturaleza y los sabores auténticos. Detrás de esa historia está Mirta Bonilla, empresaria, madre, abuela y una mujer que ha sabido transformar una idea familiar en uno de los referentes del turismo rural uruguayo.

—Mirta, ¿cómo nació Estancia Renacimiento?

—La historia es bastante particular. Nosotros teníamos el campo y una muy buena sala de ordeñe. Un verano fui a inscribir a mis hijos en el club para que realizaran actividades deportivas y me dijeron que ya no estaban aceptando más niños. Entonces pensamos: "¿Por qué no hacemos algo nosotros?".

Habíamos vivido experiencias en Inglaterra donde las familias visitaban establecimientos rurales para pasar el día. En apenas unas semanas organizamos actividades, juegos y propuestas para los chicos. Ellos mismos hacían pizzas y participaban en todo.

—¿Y cuándo descubrieron que aquello podía transformarse en un proyecto turístico?

—Un día vino Omar Gutiérrez a conocer el lugar y realizó una nota. Al día siguiente llegaron tantos autos que los vecinos prácticamente no podían acceder a sus casas. Ahí entendimos que había algo especial.

Pensamos que sería solo una actividad de verano, pero la gente siguió llegando. Entonces definimos una filosofía: debía ser una experiencia recreativa, pero también educativa; mostrar la producción rural, valorar la naturaleza y acercar a las personas a la vida del campo.

—La educación siempre aparece en el relato de Renacimiento.

—Sí, porque nunca quisimos que fuera solamente un paseo. Queríamos que quienes nos visitaran comprendieran por qué son importantes el suelo, el agua, el sol y la tierra. Sin ellos no existe la vida.

Por eso desarrollamos el Ecoparque, espacios temáticos y actividades que ayudan a entender el origen de los alimentos y el valor del trabajo rural.

—También fueron pioneros en varias áreas productivas.

—Siempre nos gustó innovar. Tuvimos producción lechera, industrialización de lácteos, un laboratorio de transferencia embrionaria y participamos con mucho éxito en exposiciones ganaderas.

Hubo momentos excelentes y otros difíciles. La crisis del sector lechero nos obligó a reinventarnos varias veces. Pero cada desafío fue una oportunidad para aprender y crear algo nuevo.

—Hoy la gastronomía ocupa un lugar central.

—Sin duda. El restaurante siempre fue fundamental para nosotros. Apostamos a la calidad, a los productos frescos y al respeto por las recetas tradicionales.

Hace dos años comenzamos una nueva etapa con Ecofood, una línea de alimentación consciente e inteligente. Son comidas elaboradas con ingredientes seleccionados, sin aditivos químicos innecesarios y pensadas para que las personas puedan disfrutarlas también en sus hogares.

—¿Cómo surge la idea de comercializar platos congelados?

—Veíamos que muchas personas querían llevarse algo más de la experiencia. Entonces desarrollamos una cocina especialmente equipada para producir nuestros platos en formato congelado manteniendo la calidad.

Fue una inversión importante en infraestructura, capacitación y equipamiento. A partir de julio comenzaremos a comercializarlos de forma más amplia.

—Después de tantos años, ¿cuál considera que es el secreto de Renacimiento?

—Creo que hay dos factores. Primero, que nos gusta lo que hacemos. Lo disfrutamos genuinamente.

Y segundo, nuestro equipo humano. Tenemos personas que nos acompañan desde hace muchos años, que conocen el proyecto y trabajan con entusiasmo. Ellos son parte fundamental de todo lo que hemos logrado.

—¿Y en lo personal? Hoy también es abuela.

—Sí, y eso cambia la mirada sobre muchas cosas. Uno empieza a pensar más en el legado que deja, en los valores que transmite y en la importancia de construir algo que perdure.

Justamente ahora vine de Alemania, he visitado a una nieta por su cumpleaños. Ver crecer a la familia también forma parte de este camino.

—Si tuviera que resumir estos más de treinta años en una frase, ¿cuál sería?

—Que el éxito no es una línea recta. Hay aciertos, errores, momentos buenos y momentos difíciles. Lo importante es seguir aprendiendo, seguir creando y disfrutar el proceso.

Porque cuando uno ama lo que hace, esa pasión termina llegando a quienes trabajan contigo y también a quienes te visitan.

Datos para coordinar la visita

Hoy, Estancia Renacimiento ofrece una propuesta integral de turismo rural que combina alojamiento, restaurante, Ecoparque, granja interactiva, paseos en tractor, piscina y jacuzzi climatizado. La experiencia se completa con una gastronomía basada en productos naturales y recetas de elaboración propia, a la que recientemente se sumó Ecofood, una línea de comidas gourmet congeladas. La entrada general tiene un valor de $150, canjeables por productos o consumos dentro del establecimiento.

  • Dirección: Camino Américo Briano, Canelones S/N, Código Postal 15200, Atlántida, Departamento de Canelones, Uruguay. (Ubicada de forma muy accesible, a la altura del kilómetro 158 de la Ruta 11).

  • Teléfono / WhatsApp de contacto: +598 99 108 597

  • Sitio web oficial: www.estanciarenacimiento.com.uy

(Para pasar el día de campo o ir a almorzar los fines de semana, siempre abren de 12:00 a 18:00 y es fundamental que se realice su reserva previa a través de su número de contacto).

En tiempos donde muchas personas debieron reinventarse, algunas historias nacieron desde la incertidumbre y terminaron construyendo identidad. La de Mónica Bertoni, creadora de Dulce Karuna, comenzó en plena pandemia, entre recuerdos familiares, recetas guardadas y el deseo de volver a lo esencial.

Desde Atlántida, y como integrante de la Asociación Turística de Canelones, hoy representa una forma distinta de entender la gastronomía artesanal: menos artificios, más memoria, territorio y autenticidad.

“La pandemia nos obligó a reconvertirnos”

—¿Cómo nació Dulce Karuna?

“Surge en pandemia, cuando muchos nos tuvimos que reconvertir. Empecé recordando las cocinas de mis abuelas, esos sabores que quedaban en la memoria y algunas recetas que todavía conservaba. Ahí comenzó todo, primero con las conservas y después creciendo poco a poco.”

Lo que empezó como una búsqueda personal terminó convirtiéndose en un emprendimiento con sello propio. Conservas artesanales, mermeladas sin azúcar ni endulzantes artificiales, combinaciones naturales y una filosofía basada en respetar el sabor original de la fruta.

“Nos interesa ofrecer productos con identidad. Que rescaten sabores tradicionales y transmitan cuidado en cada proceso.”

El alfajor de gofio que sorprendió incluso a quienes desconfiaban

En 2021 apareció una idea que cambiaría el rumbo del proyecto.

“Conversando con una amiga empezamos a hablar de los alfajores de gofio. Conseguí una receta, la fui adaptando y terminé creando un alfajor con mi propio sello.”

El resultado fue mucho más que un producto artesanal. Fue una reinterpretación contemporánea de un alimento profundamente ligado a la inmigración canaria.

“El gofio tiene mucha identidad. Cuando los inmigrantes llegaron, no sabían cuánto tiempo les iba a llevar adaptarse ni qué iban a encontrar. Traían su saco de gofio porque era un alimento energético, noble y que les permitía sostenerse.”

En Atlántida, tierra marcada por la herencia canaria, la propuesta comenzó a despertar curiosidad.

“Muchos conocían el gofio, pero nunca habían probado un alfajor así. Algunos tenían el preconcepto de que se iban a atorar. Entonces yo les decía: probá uno y después me contás. Se daban una vuelta y volvían. Vuelven todos”, cuenta entre risas.

El dulce de leche y las variantes con membrillo terminaron haciendo el resto.

“Ahí aparece otra explosión de sabores.”

“No usamos colorantes ni espesantes artificiales”

Uno de los diferenciales de Dulce Karuna es su apuesta por lo natural en un mercado donde muchas veces predominan los productos ultraprocesados.

Las mermeladas se elaboran sin azúcar agregada, sin colorantes y sin espesantes artificiales. Solo fruta y combinaciones reales.

Manzana y mango.
Manzana y arándanos.
Manzana, naranja y chía.

“Solo la textura y el color vibrante que la fruta nos regala.”

La estética de sus productos también acompaña esa filosofía. Frascos simples, etiquetas artesanales y colores intensos que recuerdan más a una cocina familiar que a una producción industrial.

También reconoce que aparecer en el programa De la Tierra al Plato, conducido por Hugo Soca, marcó un antes y un después para Dulce Karuna. La difusión permitió que muchas personas descubrieran no solo sus conservas artesanales y alfajores de gofio, sino también la historia y la identidad cultural detrás de cada elaboración. “Fue muy importante porque ayudó a que la gente entendiera el valor de lo artesanal, de los sabores reales y de las recetas que tienen memoria”, señala Mónica Bertoni.

“Ser parte de la Asociación Turística de Canelones significa entender que nuestro emprendimiento también puede aportar a la identidad del departamento. No es solamente vender un producto, sino ayudar a que Canelones crezca mostrando sus sabores, su historia y su cultura. La gastronomía tiene que ser protagonista del turismo, porque cuando una persona prueba algo auténtico también se lleva un recuerdo del lugar. Desde Dulce Karuna sentimos que cada alfajor de gofio y cada conserva artesanal cuentan una parte de nuestra tierra.”

Gastronomía con identidad territorial

Desde la costa canaria, Dulce Karuna también representa un fenómeno que comienza a crecer en Uruguay: pequeños productores que transforman la gastronomía en experiencia turística.

No se trata únicamente de vender un producto. Se trata de contar una historia.

En un escenario donde el viajero busca autenticidad, el alfajor de gofio y las conservas artesanales dialogan con algo más profundo: la memoria migrante, la cocina heredada y la identidad local.

Por eso, emprendimientos como el de Mónica Bertoni empiezan a ocupar un lugar cada vez más visible dentro de la gastronomía regional y el turismo de cercanía.

Una marca que nació desde la memoria

En tiempos donde la velocidad domina casi todo, Dulce Karuna eligió otro camino: cocinar lento, recuperar recetas y convertir los recuerdos familiares en una propuesta contemporánea.

Tal vez por eso sus productos transmiten algo difícil de explicar.

No saben únicamente a fruta, dulce de leche o membrillo.

Saben a historias que sobrevivieron al tiempo.


Contacto

Dulce Karuna
Productora artesanal de conservas y alfajores de gofio
Atlántida, Canelones
099 607 834

Instagram: Dulce Karuna

 


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