Lo que pasa en un avión… y por qué casi nunca es motivo de preocupación
En mi último viaje a Porto Seguro, en Brasil, combiné varios vuelos, distintos aeropuertos y muchas horas mirando por la ventanilla. Como ocurre con tantos viajeros, hubo momentos en los que me descubrí haciéndome preguntas que rara vez tienen una respuesta durante el viaje. ¿Por qué el avión acelera tanto antes de despegar? ¿Qué significan esos ruidos que aparecen en pleno vuelo? ¿Por qué algunos aterrizajes apenas se sienten y otros parecen un fuerte golpe contra la pista?
¿Debemos preocuparnos cuando aparecen las turbulencias?
Días después, leyendo La Vanguardia, encontré una entrevista del periodista Víctor-M. Amela al comandante Ramón Vallès, piloto comercial con más de 25.000 horas de vuelo y autor del libro Bienvenidos a bordo. Sus respuestas despertaron todavía más mi curiosidad. Decidí profundizar en el tema consultando información de organismos internacionales de aviación y otras fuentes especializadas para comprender mejor qué sucede realmente en cada etapa de un vuelo.
El resultado es esta guía. No pretende convertir al lector en piloto, sino ayudar a mirar el próximo viaje con otros ojos. Porque muchas veces aquello que más nos inquieta es, precisamente, lo que demuestra que el avión está funcionando exactamente como fue diseñado para hacerlo.
Volar sin miedo: lo que pasa por nuestra cabeza… y lo que realmente ocurre en la cabina
Hay un momento que se repite en casi todos los vuelos. El avión comienza a acelerar por la pista y, aunque el pasajero frecuente apenas levanta la vista del libro o del celular, muchas personas sienten que el corazón late un poco más rápido.
"¿Y si algo falla justo ahora?"
Minutos después llega el aterrizaje. En algunos vuelos parece que el avión se posa sobre la pista con la suavidad de una pluma. En otros, el contacto con el suelo sorprende con un golpe seco que hace pensar que algo salió mal.
La realidad es muy distinta.
El comandante español Ramón Vallès, piloto comercial con más de 25.000 horas de vuelo, responde muchas de esas dudas en su libro Bienvenidos a bordo. Les escribe su comandante (Geoplaneta), una obra que busca explicar el mundo de la aviación desde la mirada de quien está sentado al otro lado de la puerta de la cabina.
Su mensaje es simple: conocer cómo funciona un avión reduce gran parte del miedo a volar.
El miedo comienza mucho antes de despegar
La psicología explica que el miedo a volar no suele estar relacionado con el avión en sí.
Está asociado a tres factores muy humanos:
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la pérdida de control;
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el desconocimiento de lo que ocurre;
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la imaginación.
Cuando conducimos un automóvil creemos que tenemos capacidad de reaccionar. En un avión entregamos completamente el control a otras personas.
Paradójicamente, es justamente esa profesión —la de piloto comercial— una de las más reguladas, entrenadas y supervisadas del mundo.
El momento del carreteo: ¿por qué acelera tanto?
Cuando el avión comienza a recorrer la pista, muchos pasajeros interpretan cada sonido como una posible avería.
Escuchan motores que aumentan de potencia.
Perciben vibraciones.
Sienten que el avión "rebota".
Incluso algunos imaginan que el aparato no logrará despegar.
En realidad ocurre exactamente lo contrario.
Durante esos segundos el avión está alcanzando la velocidad necesaria para que las alas generen sustentación. Antes del despegue, los pilotos ya han calculado el peso de la aeronave, la temperatura ambiente, la dirección del viento, la longitud de la pista y la velocidad exacta a la que el avión puede despegar con total seguridad.
Nada se improvisa.
¿Por qué sentimos que el avión "cae" después de despegar?
Es una de las sensaciones que más ansiedad produce.
Apenas despega, parece que el avión pierde altura durante unos segundos.
No está cayendo.
Lo que ocurre es que el piloto reduce la enorme potencia utilizada para despegar y adapta el régimen de ascenso al perfil normal de vuelo. Nuestro oído interno interpreta ese cambio de aceleración como una pérdida de altura.
Es una ilusión muy conocida.
Turbulencias: incómodas, no peligrosas
Ramón Vallès insiste en una idea respaldada por los datos de la aviación comercial:
las turbulencias prácticamente nunca comprometen la integridad estructural de un avión moderno.
Los aviones están diseñados para soportar esfuerzos muy superiores a los que encuentran durante un vuelo normal.
Lo que sí provocan las turbulencias son lesiones cuando los pasajeros no llevan colocado el cinturón de seguridad.
Por eso la recomendación es sencilla:
Aunque se apague la señal luminosa, mantener el cinturón ligeramente ajustado mientras permanezcamos sentados.
Es una medida sencilla que evita la inmensa mayoría de las lesiones en vuelo.
¿Por qué algunos aterrizajes son tan suaves?
Cuando el viento es estable, la pista está seca y las condiciones meteorológicas acompañan, el piloto puede realizar un aterrizaje extremadamente progresivo.
Muchas veces apenas sentimos el contacto con la pista.
No significa necesariamente que sea un mejor piloto.
Simplemente las condiciones ayudan.
¿Y por qué otros aterrizajes parecen tan bruscos?
Aquí aparece una de las mayores sorpresas para muchos viajeros.
Un aterrizaje duro no siempre es un mal aterrizaje.
En determinadas circunstancias puede ser incluso el más seguro.
Por ejemplo:
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cuando la pista está mojada;
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cuando existe viento cruzado;
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cuando llueve intensamente;
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cuando el avión llega con fuertes rachas;
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cuando se necesita asegurar rápidamente el contacto con la pista.
En esos casos el piloto busca apoyar el avión con decisión para evitar rebotes y garantizar que los frenos y los sistemas de desaceleración trabajen correctamente.
En aviación existe un dicho muy conocido:
"Un buen aterrizaje es aquel del que puedes bajar caminando. Un excelente aterrizaje es aquel en el que el avión puede volver a utilizarse."
Ese ruido que siempre sorprende
Durante el vuelo escuchamos golpes, zumbidos, motores que cambian de sonido y mecanismos que parecen abrirse o cerrarse.
La mayoría corresponde al funcionamiento normal del avión:
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el tren de aterrizaje subiendo o bajando;
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los flaps modificando la sustentación;
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los spoilers ayudando a frenar;
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los cambios automáticos de potencia de los motores.
Lo extraordinario sería no escuchar ninguno.
¿Por qué el avión da tantas vueltas antes de aterrizar?
Muchas personas creen que ocurre porque existe un problema.
Generalmente no.
Los controladores aéreos organizan el tráfico de llegada igual que ocurre en una autopista muy transitada.
Cuando hay muchos vuelos, algunos deben esperar su turno mediante circuitos de espera o pequeñas modificaciones de la ruta.
Es un procedimiento habitual.
Lo que piensa el pasajero… y lo que piensa el piloto
Mientras muchos pasajeros observan cada movimiento con preocupación, en la cabina el trabajo se desarrolla siguiendo listas de comprobación, procedimientos estandarizados y comunicación permanente con el control aéreo.
La aviación moderna está diseñada para que la seguridad no dependa únicamente de la experiencia de una persona, sino de sistemas redundantes, entrenamiento continuo, simuladores y protocolos internacionales.
La intuición puede ayudar en situaciones excepcionales, pero la seguridad cotidiana nace de la disciplina.
Una mirada diferente desde la ventanilla
Quizá el mayor aprendizaje del libro de Ramón Vallès sea recordar que detrás de cada vuelo existe un equipo formado por pilotos, controladores, despachadores, técnicos de mantenimiento, meteorólogos y personal de tierra cuyo único objetivo es que cada pasajero llegue a destino.
La próxima vez que el avión acelere por la pista, tal vez aparezca nuevamente ese pequeño nudo en el estómago.
Será normal.
Pero también puede ser el momento de mirar por la ventanilla y recordar una cifra que ayuda a poner las cosas en perspectiva: cada día vuelan simultáneamente decenas de miles de aeronaves comerciales transportando millones de personas de forma segura.
Conocer cómo funciona ese enorme sistema quizá no elimine por completo el miedo.
Pero, sin duda, ayuda a disfrutar mucho más del viaje.
Fuentes
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Entrevista de Víctor-M. Amela a Ramón Vallès, La Contra, La Vanguardia.
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Ramón Vallès. Bienvenidos a bordo. Les escribe su comandante. Todo lo que siempre quisiste saber sobre volar. Geoplaneta.
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Asociación Internacional de Transporte Aéreo (IATA).
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Organización de Aviación Civil Internacional (OACI/ICAO).
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Administración Federal de Aviación de Estados Unidos (FAA).
Samaná: naturaleza, playas y ecoturismo en el rincón más auténtico de República Dominicana
"PINTO Viajes nos acerca esta semana a SAMANÄ"
Entre playas de aguas turquesas, selvas tropicales, cascadas y una biodiversidad única, la península de Samaná ofrece una experiencia diferente dentro de República Dominicana. Cecilia Pinto, de PINTO Viajes, explica por qué es uno de los destinos que más recomienda a quienes buscan mucho más que unas vacaciones de playa.No hace falta recorrer miles de kilómetros para comprender por qué Samaná ocupa un lugar especial dentro de República Dominicana. Basta con navegar entre los islotes de Los Haitises, caminar hasta la fuerza del Salto El Limón o contemplar una playa donde la naturaleza sigue marcando el ritmo. Es un destino que no compite por tener los hoteles más grandes, sino por ofrecer experiencias que permanecen mucho después del regreso.
Por eso Cecilia Pinto, de PINTO Viajes, suele recomendar esta península del noreste dominicano a quienes desean descubrir un Caribe diferente. "Samaná sorprende porque cada día ofrece una experiencia distinta. No es solamente descansar frente al mar; es conectar con la naturaleza, recorrer paisajes únicos y vivir una República Dominicana mucho más auténtica."
Esa autenticidad comienza en el Parque Nacional Los Haitises, uno de los espacios naturales más emblemáticos del país. Sus manglares, cuevas con pictografías taínas e islotes cubiertos de vegetación forman un escenario que parece detenido en el tiempo y que solo puede descubrirse desde el agua.
A pocos kilómetros, el recorrido continúa hacia el Salto El Limón, una cascada de más de 40 metros rodeada de bosque tropical que invita a caminar, montar a caballo y disfrutar de uno de los paisajes más fotografiados del país.
Las playas también cuentan otra historia. Playa Rincón conserva un perfil natural que la ubica entre las más bellas del Caribe, mientras que Cayo Levantado ofrece aguas transparentes y un ambiente ideal para quienes buscan descanso lejos del movimiento de los grandes complejos turísticos.
Entre enero y marzo, la bahía de Samaná recibe la visita de miles de ballenas jorobadas que llegan para reproducirse. La observación responsable de estos gigantes del mar constituye uno de los espectáculos naturales más emocionantes del Caribe y atrae visitantes de todo el mundo.
¿Por qué elegir Samaná?
- Naturaleza preservada y paisajes de gran belleza.
- Playas paradisíacas con un ambiente relajado.
- Excursiones para todas las edades.
- Gastronomía dominicana con fuerte presencia de pescados y mariscos frescos.
- Hospitalidad local y un ritmo ideal para desconectarse.
Como ocurre en cualquier destino costero del Caribe, las condiciones del mar pueden variar según la época del año y los fenómenos naturales. Por eso, en PINTO Viajes se brinda asesoramiento personalizado para elegir la mejor fecha y las experiencias más adecuadas para cada viajero.
"Samaná es un destino que sorprende porque combina aventura, descanso y naturaleza en un mismo viaje. Quienes buscan conocer una República Dominicana diferente encuentran aquí una experiencia inolvidable", concluye Cecilia Pinto.
Con el respaldo y la experiencia de PINTO Viajes, recorrer Samaná es descubrir que el verdadero lujo del Caribe sigue siendo la naturaleza.
Atlántida y su importancia para el desarrollo de Canelones: historia, turismo y futuro
Atlántida y su importancia para el desarrollo de Canelones
Atlántida nació mucho antes de convertirse en uno de los balnearios más queridos del Uruguay. Fue fundada oficialmente el 19 de octubre de 1911 sobre un trazado diseñado por el agrimensor Juan Pedro Fabini, en un territorio donde predominaban los bosques, los barrancos y el sonido del mar. Su nombre tampoco fue casual: un grupo de médicos y estudiantes de medicina que frecuentaban la zona propuso llamarla Atlántida, inspirados en el mítico continente perdido. Quizás sin saberlo, también estaban bautizando un lugar destinado a convertirse en un refugio para generaciones de uruguayos y visitantes argentinos que encontraron aquí mucho más que un sitio para pasar el verano.
Hay lugares que uno conoce por los mapas y otros que conoce por los recuerdos. Atlántida, para mí, siempre fue parte de las emociones que marcaron a mi familia. Quizás por eso, cada vez que camino por sus calles, no veo solamente un balneario. Veo una ciudad que lleva 115 años construyéndose gracias a la visión de sus fundadores y al compromiso de generaciones que nunca dejaron de pensar en el futuro.
Mis recuerdos
De niño esperaba las vacaciones con una ansiedad difícil de explicar. Mi abuelo materno era un enamorado de este balneario. Si el viento soplaba fuerte, nos llevaba a la playa Mansa; cuando el mar estaba tranquilo, prefería la Brava. Después de cada lluvia respiraba profundo y decía: "¿Sentís ese olor?". Yo no entendía qué tenía de distinto. Hoy, viviendo en Atlántida Serena, descubro que aquel perfume a pinos, arena húmeda y mar era, simplemente, el olor de mi infancia.
Hoy la Asociación Turística de Canelones trabaja precisamente con esa mirada. Promover el departamento significa fortalecer destinos capaces de recibir visitantes durante todo el año. En ese camino, Atlántida se prepara para recibir a periodistas y comunicadores especializados que recorrerán sus atractivos, conocerán a sus emprendedores y mostrarán al mundo una ciudad que ofrece mucho más que sol y playa.
Las últimas vacaciones de invierno confirmaron ese proceso. La buena ocupación hotelera, el movimiento gastronómico, las visitas a establecimientos turísticos y la creciente calidad de su oferta demostraron que Atlántida ya dejó de depender exclusivamente del verano. Caminar por su microcentro, disfrutar de una propuesta gastronómica cada vez más diversa, descubrir su patrimonio o simplemente recorrer sus bosques siguen siendo razones suficientes para visitarla en cualquier estación.
Empiezo a caminar pensando en qué le vamos a mostrar a estos comunicadores de Brasil.
La rambla sigue teniendo esa mezcla de nostalgia y futuro. El viejo Planeta Palace continúa allí, con su silueta de barco desafiando el paso del tiempo. No es solamente un edificio; es un símbolo de aquella arquitectura que soñó un balneario elegante para una clase media que comenzaba a descubrir el turismo.
Más adelante aparecen las casas de los fundadores. Me gusta detenerme unos minutos frente a ellas. No son solamente apellidos grabados en una plaza donde Neruda escribió algún poema. Son las personas que imaginaron una ciudad donde apenas había bosque y barrancos. Empresarios, comerciantes, médicos, profesionales y familias enteras apostaron cuando apostar era casi una aventura. Frente a la rambla aparece el Hotel Boutique Santoral, una casona centenaria cuidadosamente restaurada que conserva el encanto de la Atlántida de otros tiempos. Al contemplarla, es imposible no imaginar aquella época en que este balneario era conocido como la "playa de los Médicos". Su propuesta de gastronomía de autor y sus reconocidas meriendas invitan también a conocer el interior de una de las residencias más emblemáticas de la ciudad.También recomiendo conocer su interior a través de su gastronomía de autor y sus meriendas. Fueron ellos, junto a estudiantes de Medicina, quienes comenzaron a descubrir este rincón de la costa, impulsaron su forestación y hasta le dieron el nombre de Atlántida. Con el paso de los años llegaron las residencias de familias tradicionales, los hoteles de época y las casas de veraneo que transformaron este paisaje en el lugar elegido por generaciones de profesionales, especialmente médicos, que encontraban aquí el descanso que Montevideo no podía ofrecer.
Sigo caminando y la ciudad empieza a hablar sola.
Recuerdo las noches del Country Club, que todos los sábados nos hacían felices. Los bailes donde más de una historia de amor comenzó sobre una pista de madera. Las canchas de tenis, los partidos de fútbol, el movimiento permanente del microcentro cuando la temporada llenaba cada vereda.
Paso por Baipa y vuelven los aromas de una panadería que es un símbolo del destino que forma parte de la memoria colectiva de varias generaciones. Un poco más adelante aparecen los helados de La Fontaine, parada obligada de quienes crecimos aquí. La tienda El Abuelo, el casino del Estado, los hoteles Argentina y Centenario, que hacen parte a la historia viva actual y de muchos que pasaron sus vacaciones, recordando otros que ya son viviendas permanentes, como los que están sobre la rambla. Y no puedo dejar de pensar en aquel cine que durante años estrenaba películas antes que muchas salas de Montevideo. Atlántida no era solamente un balneario; también marcaba tendencias culturales.
El camino nos regala otra obra que ya forma parte de la identidad de Atlántida: El Sol, la escultura monumental concebida por Carlos Páez Vilaró y finalizada de manera póstuma por su familia y colaboradores, respetando el diseño original. Ubicada sobre la rambla, parece emerger del horizonte para recibir cada amanecer. Como tantas creaciones del artista, dialoga con la luz, el mar y el paisaje, convirtiéndose en un punto de encuentro para vecinos y visitantes. No es solo una obra de arte; es un símbolo de una ciudad que sigue incorporando patrimonio cultural sin perder el vínculo con su esencia.
Durante décadas llegaron familias de todos los rincones del Uruguay y muchísimos argentinos. Para unos era el descanso de enero. Para otros, el lugar donde construir una casa para toda la vida. Los médicos y profesionales de Montevideo encontraron aquí el equilibrio entre la ciudad y el mar. Quizás por eso Atlántida siempre tuvo un aire distinto.
La caminata continúa y casi sin darme cuenta llego a la Liga de Fomento. No entro por nostalgia. Entro porque ninguna caminata por Atlántida puede ignorar el lugar desde donde durante décadas se empujó buena parte del crecimiento de la ciudad. Mientras afuera los veraneantes disfrutaban del mar, aquí se discutía cómo traer agua potable, energía, educación, seguridad y nuevas oportunidades. Muchas veces olvidamos que las ciudades también tienen personas que las piensan cuando los demás duermen. La Liga fue, y sigue siendo, uno de esos lugares.
No es una parada cualquiera conocer la historia del Águila.
La silueta de El Águila en Villa Argentina sigue alimentando historias. Algunos hablan de un antiguo mirador, otros de un loco constructor que no tenía conocimientos y la hizo a su antojo; nunca faltan las leyendas que pasan de generación en generación. Tal vez ese sea parte de su encanto: permitir que cada visitante se lleve una versión distinta.
Y mientras avanzo, aparece también el Parque de AGADU, la casa de los autores de Uruguay, los escenarios de recitales, encuentros populares y noches que marcaron a varias generaciones. Allí la música encontró su lugar, del mismo modo que el cine, los concursos de belleza y tantas actividades culturales ayudaron a que Atlántida fuera mucho más que un destino de verano.
Terminó la caminata convencido de que la verdadera riqueza de Atlántida no está únicamente en sus playas ni en sus edificios emblemáticos. Está en una ciudad que nunca dejó de evolucionar. La impulsaron sus fundadores, la fortalecieron instituciones como la Liga de Fomento y hoy continúa creciendo gracias al compromiso de vecinos, emprendedores y autoridades que siguen imaginando el futuro.
Quizás dentro de otros cien años alguien vuelva a recorrer estas mismas calles. Encontrará nuevos edificios, nuevos desafíos y otra generación de protagonistas. Pero, si Atlántida conserva el espíritu de quienes siempre pensaron primero en la ciudad y después en ellos mismos, seguirá siendo ese lugar al que uno no solamente llega para descansar. También vuelve para sentirse en casa.
Atlántida siempre tuvo esa capacidad: combinar naturaleza, arquitectura, cultura y comunidad. Tal vez por eso, cuando uno vuelve, siente que no regresa solamente a un lugar. Regresa a una parte de su propia historia.
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Gracias por leer.
Jacobo Malowany
Seguime en redes sociales: @jacobomalowany
Motorhome en Uruguay: el turismo sobre ruedas que crece y abre nuevas oportunidades
No son vehículos: son turistas. El fenómeno de las autocaravanas o motorhome ya llegó a Uruguay
Cada día, al recorrer Atlántida, donde resido, aparece una postal que hasta hace pocos años era excepcional: autocaravanas, campers, minibuses adaptados y furgonetas recicladas permanecen en estacionamientos durante 24 horas o más.
Algunas llegan con turistas extranjeros. Otras son uruguayas: antiguas ambulancias, vehículos de organismos públicos, buses pequeños o furgones transformados en casas rodantes. No se trata solo de una moda. Es una industria turística que avanza.
Quienes viajan en ellas no hablan únicamente de vacaciones. Muchos jubilados dicen vivir una nueva adolescencia: una etapa de libertad, movimiento y descubrimiento. Viajan sin apuro, consumen en los comercios locales y permanecen más tiempo que el turista tradicional.
¿Está preparado Uruguay para el boom de las autocaravanas?
La oportunidad para Uruguay no está solamente en permitir estacionar. Está en comprender el derrame económico que generan: supermercados, panaderías, estaciones de servicio, restaurantes, lavanderías, talleres mecánicos, farmacias, veterinarias, museos, bodegas y paseos turísticos.
España acaba de dar una señal fuerte. La modificación del Reglamento General de Circulación reconoce que las autocaravanas pueden estacionar en igualdad de condiciones con otros vehículos, siempre que no desplieguen elementos fuera del perímetro, no viertan fluidos y permanezcan apoyadas sobre sus neumáticos.
El dato español ayuda a dimensionar el fenómeno: el país cuenta con unos 365.000 vehículos de caravaning, entre ellos 96.000 autocaravanas y 26.000 campers. Además, las áreas específicas crecieron de 280 en 2010 a unas 1.400 en 2025.
Uruguay todavía no tiene una estadística pública consolidada sobre motorhomes y campers, pero referentes del sector estiman que ya existen más de 1.000 vehículos de este tipo en funcionamiento en el país. También hay empresas nacionales dedicadas a la venta, alquiler, mantenimiento y adaptación de casas rodantes, lo que confirma que no hablamos de una rareza, sino de un mercado en crecimiento.
El país tiene condiciones ideales: seguridad, distancias cortas, rutas accesibles, playas, termas, bodegas, pueblos tranquilos y naturaleza. Pero necesita infraestructura específica: agua potable, descarga de aguas grises y negras, electricidad, conectividad, lavanderías, información turística y normas claras.
El desafío es dejar de ver a las autocaravanas como un problema de estacionamiento y empezar a verlas como una oportunidad turística. Detrás de cada vehículo hay personas que compran, comen, recorren, recomiendan y vuelven.
Atlántida, Piriápolis, Rocha y las zonas termales ya lo están viendo. Uruguay debería planificarlo.
Fuentes: BOE de España sobre el Real Decreto 465/2025 y el estacionamiento de autocaravanas; Aseicar para datos del caravaning español; El Observador para la estimación de más de 1.000 vehículos en Uruguay; empresas uruguayas del sector como Todo Camping y Sur Campers como evidencia del mercado local.
Conchillas representará a Uruguay en Best Tourism Villages 2026 de ONU Turismo
Conchillas representará a Uruguay en Best Tourism Villages 2026: un reconocimiento al patrimonio, la identidad y el turismo sostenible
La histórica localidad del departamento de Colonia será la única representante uruguaya en uno de los programas más prestigiosos de ONU Turismo, que distingue a los pueblos rurales que mejor conservan su identidad y transforman el turismo en una herramienta de desarrollo.
Desde Noticias & Destinos sostenemos que un destino turístico exitoso no es solamente aquel que atrae visitantes, sino aquel que mejora la calidad de vida de quienes lo habitan. El turismo regenerativo y sostenible parte precisamente de esa premisa: crear comunidades más fuertes, preservar la identidad local y generar oportunidades para las futuras generaciones. La nominación de Conchillas a Best Tourism Villages 2026 es el resultado de esa visión. Si bien la iniciativa de presentar la candidatura surgió del director de Turismo de Colonia, Martín Álvarez, el logro es fruto del trabajo colectivo de todo el equipo de la Dirección de Turismo, del aporte de referentes de la propia comunidad y del respaldo del Municipio. Una construcción compartida que hoy permite que este histórico pueblo coloniense represente a Uruguay ante el mundo.
Uruguay volverá a estar presente en el escenario internacional del turismo rural. La localidad de Conchillas, en el oeste del departamento de Colonia, fue seleccionada para representar al país en la edición 2026 de Best Tourism Villages, la iniciativa de ONU Turismo que reconoce a los pueblos que destacan por la preservación de su patrimonio cultural y natural, su identidad comunitaria y sus estrategias de desarrollo sostenible.
La nominación tiene un significado especial: Conchillas será la única localidad uruguaya que competirá este año en el certamen internacional, una distinción que coloca nuevamente a Colonia en el mapa de los destinos rurales con mayor proyección turística.
Un pueblo único en Uruguay
Conchillas es uno de esos lugares que parecen detenidos en el tiempo. Fundado a fines del siglo XIX por la empresa británica C.H. Walker & Co., surgió como base de operaciones para la extracción de piedra destinada a la construcción del Puerto Madero de Buenos Aires. Su legado arquitectónico inglés, sus casas de piedra con techos rojos, sus calles prolijamente conservadas y su atmósfera tranquila lo convierten en uno de los conjuntos patrimoniales más singulares del país.
La localidad ha logrado preservar gran parte de su fisonomía original, manteniendo viva una identidad que combina historia industrial, tradición rural y una fuerte relación con el paisaje natural del Río de la Plata.
Visitar y evaluar el entorno
Encontrarás:
- Casas de piedra de estilo británico.
- La plaza principal.
- El antiguo Hotel Evans.
- El puerto y las vistas sobre el Río de la Plata.
- Calles históricas y edificios patrimoniales.
¿Qué evalúa ONU Turismo?
El programa Best Tourism Villages reconoce a pueblos rurales con baja densidad poblacional que promueven modelos turísticos sostenibles y respetuosos con las comunidades locales. Entre los criterios considerados se encuentran la conservación del patrimonio cultural y natural, la sostenibilidad económica, social y ambiental, la gestión turística, la conectividad, la infraestructura y la calidad de vida de los residentes.
Para ser elegibles, las localidades deben tener menos de 15.000 habitantes y estar estrechamente vinculadas a actividades tradicionales y al entorno rural.

"Las históricas construcciones de piedra y la identidad patrimonial de Conchillas fueron claves para que la localidad fuera seleccionada como candidata uruguaya al programa Best Tourism Villages 2026 de ONU Turismo."
Una oportunidad para Colonia y para Uruguay
La nominación de Conchillas llega en un momento en que el turismo busca experiencias más auténticas, conectadas con la cultura local y alejadas de los grandes centros urbanos. El reconocimiento de ONU Turismo no solo genera visibilidad internacional, sino que también impulsa inversiones, mejora la promoción de los destinos y fortalece el orgullo de las comunidades anfitrionas.
Para Uruguay, además, supone una nueva oportunidad para posicionar su oferta de turismo rural y patrimonial, un segmento que gana cada vez más relevancia entre viajeros que valoran la sostenibilidad, la historia y el contacto con la vida local.
Más que una candidatura
Más allá del resultado final, la presencia de Conchillas en Best Tourism Villages 2026 confirma una tendencia que se consolida en el turismo mundial: los pequeños pueblos con identidad propia son hoy protagonistas de las nuevas experiencias de viaje.
En un país que ha sabido construir una imagen basada en la calidad de vida, la autenticidad y la cercanía, Conchillas representa precisamente esos valores. Su nominación es también un reconocimiento a décadas de conservación patrimonial y al trabajo de una comunidad que ha entendido que el desarrollo turístico puede crecer sin perder la esencia que la hace única.
Los ganadores de la edición 2026 serán anunciados por ONU Turismo hacia finales de este año.
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