Rocha protege sus cielos oscuros con una ordenanza pionera en Uruguay
Rocha protege la noche: primera ordenanza de cielos oscuros de Uruguay
La Junta Departamental aprobó por unanimidad una normativa que declara al cielo oscuro natural patrimonio departamental. La iniciativa regula la iluminación exterior, establece zonas con distintos niveles de protección y abre una nueva dimensión para el turismo de naturaleza y la observación astronómica.
Durante décadas iluminamos ciudades, rutas, paseos, hoteles y viviendas bajo una idea aparentemente indiscutible: más luz significaba mayor desarrollo y seguridad.
Pero existe otra pregunta: ¿cuánta luz necesitamos realmente y hacia dónde debe dirigirse?
Rocha acaba de llevar esa discusión al territorio.
La Junta Departamental aprobó por unanimidad la Ordenanza de Protección del Cielo Oscuro Natural, presentada desde el Ejecutivo departamental, convirtiendo al departamento en pionero en Uruguay en establecer una normativa específica para preservar sus cielos nocturnos frente a la contaminación lumínica.
No se trata de apagar Rocha.
Se trata de iluminar mejor.
La diferencia es enorme.
El cielo también puede ser patrimonio
El artículo primero de la ordenanza declara patrimonio departamental al cielo oscuro natural de Rocha.
La definición resulta especialmente interesante porque transforma algo que parecía infinito y garantizado en un recurso que necesita protección.
La normativa entiende por cielo oscuro el estado natural del cielo nocturno caracterizado por la ausencia o mínima incidencia de contaminación lumínica artificial, permitiendo observar el firmamento y conservar los procesos ecológicos, paisajísticos, culturales y científicos asociados a la noche.
La protección alcanza todo el territorio del departamento de Rocha, independientemente de las diferentes categorías de suelo establecidas por los instrumentos de ordenamiento territorial.
No todo Rocha tendrá la misma protección
Uno de los aspectos más importantes es la zonificación.
La ordenanza establece diferentes categorías según la calidad del cielo y las características territoriales: máxima protección, alta protección, protección moderada y protección menor, además de la posibilidad de establecer reservas de cielo oscuro en lugares con especial valor para la observación astronómica.
Para determinar esa calidad se utilizarán mediciones científicas del brillo del cielo nocturno.
Entre los territorios considerados aparecen áreas protegidas, suelo rural, zonas residenciales de baja intensidad y fraccionamientos como Cabo Polonio, Santa María de Rocha, San Antonio, San Bernardo, Oceanía del Polonio y Atlántica, entre otros espacios definidos por los instrumentos territoriales.
Las futuras reservas de cielo oscuro tendrán, además, una zona de amortiguación mínima de dos kilómetros.
¿Qué cambiará en la iluminación?
Aquí aparece una de las claves para comprender la ordenanza.
La contaminación lumínica no depende solamente de cuántas lámparas existen. También importa qué temperatura de color tienen, hacia dónde apuntan, durante cuánto tiempo permanecen encendidas y cuánta luz realmente necesitamos.
La filosofía que atraviesa la normativa puede resumirse en cuatro palabras: eficiente, adecuada, dirigida y cálida.
En las áreas protegidas se establecen límites de temperatura de color. En las zonas de máxima protección, por ejemplo, las lámparas admitidas no podrán superar los 2.700 Kelvin.
Las luminarias deberán dirigir la luz hacia el terreno y evitar la emisión innecesaria hacia la atmósfera.
También se prevén sensores de movimiento, regulación de intensidad y sistemas de dimerizado para reducir el alumbrado público durante determinados horarios.
En las zonas de alta protección, la altura de las luminarias públicas no podrá superar los cinco metros.
Y en las áreas de máxima protección directamente no se instalará alumbrado público, mientras que la iluminación exterior privada quedará limitada a situaciones justificadas y bajo determinadas condiciones técnicas.
Seguridad no significa iluminar el cielo
Este punto probablemente genere uno de los debates más interesantes.
Proteger la oscuridad no significa dejar calles, viviendas o establecimientos turísticos inseguros.
La ordenanza propone exactamente lo contrario: utilizar la luz donde resulta necesaria y evitar desperdiciarla hacia lugares donde no cumple ninguna función.
Una luminaria que apunta al cielo consume energía sin mejorar la visibilidad del peatón.
Por eso la discusión ya no pasa simplemente por iluminar más o iluminar menos. Pasa por iluminar correctamente.
Y allí también aparece el ahorro energético.
Cuando apagar una luz puede crear un producto turístico
Para Rocha existe además una dimensión particularmente atractiva: el turismo nocturno.
El departamento ya construyó buena parte de su identidad turística sobre recursos naturales extraordinarios: océano, dunas, lagunas, palmares, áreas protegidas, pequeños pueblos y extensos territorios rurales.
Ahora puede incorporar otro paisaje.
El que aparece cuando se pone el sol.
Panamá quiere dejar de ser una escala unicamente.
Panamá quiere dejar de ser una escala: “Anfitrión del Mundo”, su nueva marca país
Para los uruguayos, Panamá está mucho más cerca de lo que indican los kilómetros. La conexión aérea desde Montevideo y el hub de Copa Airlines convierten al país en una puerta hacia América y el Caribe. La posibilidad de transformar una conexión en una estadía de varios días agrega ahora un argumento turístico a una nueva estrategia de posicionamiento internacional.
Miles de viajeros pasan por Panamá camino a otro lugar. Miami, Nueva York, Cancún, Punta Cana, La Habana, Cartagena, San José o diferentes destinos del Caribe y América forman parte de ese enorme mapa de conexiones que tiene en el Aeropuerto Internacional de Tocumen uno de sus grandes nodos.
Para el pasajero uruguayo hay una pregunta que vale la pena hacerse: si ya llegamos hasta Panamá, ¿por qué no quedarnos unos días?
Esa posibilidad adquiere otra dimensión con el lanzamiento de “Panamá, Anfitrión del Mundo”, la nueva marca país presentada el 26 de agosto de 2026 por la Autoridad de Turismo de Panamá y PROMTUR.
No se trata simplemente de cambiar un logotipo o encontrar una nueva frase publicitaria. Panamá intenta construir una identidad internacional alrededor de algo que efectivamente forma parte de su historia: conectar.
Un país construido alrededor de las conexiones
Pocos países pueden apropiarse con tanta naturalidad del concepto de conexión.
Panamá une América del Norte y América del Sur. El Canal conecta el Atlántico con el Pacífico. Tocumen distribuye pasajeros hacia decenas de ciudades y su plataforma logística mueve personas, mercancías, empresas y capitales.
La nueva marca intenta transformar esa condición geográfica en posicionamiento.
“Panamá, Anfitrión del Mundo” integra turismo, inversión, exportaciones, cultura y sostenibilidad dentro de una misma plataforma de promoción internacional. Según la Autoridad de Turismo de Panamá, el proyecto es resultado de más de un año de investigación, estudios de percepción y consultas con representantes públicos, privados y de la sociedad.
El Gobierno incluso pretende darle continuidad institucional: el presidente José Raúl Mulino anunció que la estrategia será presentada ante la Asamblea Nacional con el objetivo de convertirla en ley y evitar que una marca concebida para representar al país desaparezca con un cambio de administración.
Ese punto merece atención. Uno de los problemas habituales del marketing territorial latinoamericano es precisamente la discontinuidad: cada gobierno cambia colores, eslóganes, campañas y conceptos, obligando a comenzar nuevamente la construcción de reconocimiento.
Panamá pretende que la marca pertenezca al país y no a un gobierno.
“Anfitrión del Mundo”
La expresión elegida tampoco es casual.
La estrategia identifica cuatro atributos: generosidad, conexión, diversidad y confianza, bajo un propósito definido como “recibir con generosidad, potenciar prosperidad”.
El vicecanciller Carlos Hoyos explicó que la propuesta está relacionada con la identidad panameña y con su histórica vocación de funcionar como puente para la cultura y el comercio.
La ministra de Turismo, Gloria de León, llevó esa idea directamente al terreno turístico al describir Panamá como un punto de encuentro de culturas, religiones, aves y ballenas, además de negocios, logística y navegación.
La biodiversidad entra así en la misma narrativa que el Canal, los servicios financieros, la logística y la conectividad aérea.
Y esa combinación puede ser uno de los principales activos de la nueva estrategia.
Desde Montevideo, Panamá puede ser algo más que PTY
Para Uruguay existe además un elemento práctico.
Copa Airlines conecta Montevideo con Ciudad de Panamá y utiliza Tocumen como centro de distribución de su red americana.
Eso hizo que muchos uruguayos conocieran primero las tres letras del aeropuerto —PTY— antes que el propio destino.
Se vuela a Panamá para seguir viaje.
Pero precisamente allí aparece una posibilidad interesante para la promoción turística panameña: convertir pasajeros en visitantes.
Copa dispone de su programa Panama Stopover, que permite incorporar una estadía en Panamá cuando se viaja hacia o desde otro destino de su red. De acuerdo con las condiciones publicadas por la compañía, la parada puede extenderse hasta siete días sin costo adicional en el pasaje aéreo por incorporar el stopover.
No significa alojamiento gratuito ni vacaciones sin costo. Significa algo mucho más sencillo: aprovechar un viaje que ya pasa por Panamá para abrir el itinerario y permanecer algunos días antes de continuar.
Para un uruguayo que vuela hacia el Caribe, Centroamérica, Estados Unidos u otro punto de la red, la ecuación cambia.
Ya no necesariamente es:
Montevideo → Panamá → destino final.
Puede convertirse en:
Montevideo → Panamá + algunos días → destino final.
Ese pequeño cambio transforma un aeropuerto de conexión en un destino turístico.
¿Qué hacer con tres o cuatro días?
Ciudad de Panamá permite una estadía corta bastante intensa.
El Canal de Panamá es inevitable, pero reducir el país al Canal sería cometer aproximadamente el mismo error que identificar Uruguay exclusivamente con Punta del Este.
El Casco Antiguo permite descubrir otra escala de la ciudad entre plazas, iglesias, edificios restaurados, gastronomía, terrazas y vida urbana. La Cinta Costera muestra el Panamá contemporáneo y su skyline, mientras que el área del Canal permite comprender una infraestructura que modificó el comercio mundial.
También están Panamá Viejo, la Calzada de Amador, los mercados, la gastronomía y una particular convivencia entre arquitectura histórica y enormes torres contemporáneas.
Con algunos días adicionales, el mapa puede ampliarse hacia naturaleza, playas, comunidades indígenas, observación de aves, café de especialidad y otros territorios.
Ese es probablemente uno de los desafíos de la nueva marca: conseguir que el visitante descubra que detrás del hub existe un país.
Dos océanos dentro de una letra
La identidad gráfica también intenta contar esa historia.
Las curvas incorporadas en las letras “A” representan los dos océanos, situando simbólicamente a Panamá entre ambos. El azul remite al agua y a esa condición de convergencia internacional, mientras el rojo representa la energía y el componente humano.
Puede parecer simplemente diseño gráfico, pero una marca país funciona cuando cada elemento ayuda a sostener una misma historia.
Y Panamá tiene una historia particularmente fácil de comprender: el lugar donde los caminos se encuentran.
Marca país no es un logo
Aquí aparece quizás la discusión más interesante.
Una marca territorial no se construye exclusivamente con publicidad.
Se construye cuando aquello que promete coincide con aquello que encuentra el visitante.
Si Panamá quiere ser el “Anfitrión del Mundo”, el concepto deberá sentirse en migraciones, aeropuertos, taxis, hoteles, restaurantes, señalización, información turística, seguridad, espacios públicos y atención al visitante.
El verdadero examen de una marca país comienza después de su presentación.
Un logotipo puede diseñarse en meses. Una reputación necesita años.
Por eso resulta relevante que la estrategia contemple una estructura de gobernanza, reglamentos de utilización, licencias y un programa de embajadores de la marca.
Del pasajero en tránsito al turista
Hay además un mercado extraordinario esperando dentro del propio aeropuerto.
No necesariamente hay que convencer a una persona en Montevideo, Buenos Aires, Santiago o São Paulo para que realice un viaje exclusivamente a Panamá.
Una parte del público ya está viajando hasta allí.
El desafío consiste en darle motivos para salir del aeropuerto.
En ese sentido, el Stopover y la nueva marca país pueden complementarse perfectamente: uno resuelve parte de la ecuación aérea y el otro debe construir el deseo de conocer el territorio.
Es una estrategia particularmente interesante porque convierte la conectividad en producto turístico.
Panamá lleva más de un siglo viviendo de conectar al mundo por agua. Tocumen hizo algo parecido por aire.
Ahora intenta dar el siguiente paso: que quienes atraviesan el país tengan ganas de quedarse.
Fuentes
Autoridad de Turismo de Panamá (ATP), lanzamiento oficial “Panamá, Anfitrión del Mundo”, 26 de agosto de 2026.
Ministerio de Relaciones Exteriores de Panamá, presentación y atributos de la nueva Marca País.
Ministerio de Comercio e Industrias de Panamá (MICI), estrategia y gobernanza de “Panamá, Anfitrión del Mundo”.
Copa Airlines, programa Panama Stopover y conexiones desde Montevideo.
Turks and Caicos: cómo llegar al paraíso del Caribe
Turks and Caicos: el paraíso del Caribe que todavía pocos uruguayos conocen
Playas casi irreales, hoteles de lujo, pequeñas islas, arrecifes y una llamativa lista de visitantes famosos. Turks and Caicos recibió cerca de dos millones de turistas en 2025, pero continúa fuera del radar de buena parte del mercado sudamericano. Desde Montevideo, llegar requiere planificar conexiones y documentación. Noticias y Destinos prepara el camino para una próxima crónica desde este rincón del Caribe.
Hay destinos del Caribe cuyos nombres conocemos antes de haberlos visitado: Punta Cana, Cancún, Aruba, Jamaica o Bahamas. Y hay otros que aparecen inesperadamente frente a nosotros y provocan una pregunta inevitable: ¿cómo puede ser que no habláramos antes de este lugar?
Turks and Caicos pertenece a ese segundo grupo.
Al sudeste de Bahamas y a unos 145 kilómetros al norte de Haití y República Dominicana aparece un territorio formado por alrededor de 40 islas y cayos. Es un territorio británico de ultramar, el idioma oficial es el inglés y, curiosamente, la moneda utilizada es el dólar estadounidense.
Pero basta mirar Grace Bay para entender por qué el destino construyó su reputación.
Arena blanca, agua transparente con diferentes tonos de turquesa, escasa construcción sobre la playa y una hotelería que ha encontrado en la privacidad y el lujo buena parte de su posicionamiento.
No es una isla: es un archipiélago
Uno de los primeros errores es hablar simplemente de “la isla de Turks and Caicos”.
En realidad, existen dos grandes grupos: las islas Turks y las Caicos. Providenciales —o simplemente “Provo”, como se la conoce— concentra gran parte de la actividad turística y constituye la principal puerta de entrada internacional.
Grand Turk, donde se encuentra la capital Cockburn Town, tiene otro perfil y recibe además buena parte del turismo de cruceros.
North Caicos, Middle Caicos, South Caicos y las pequeñas islas y cayos permiten imaginar otro viaje, bastante diferente al de permanecer una semana en un resort.
El territorio posee además una extraordinaria riqueza marina y una extensa barrera de coral, que explica la importancia del buceo, el snorkel y las actividades náuticas.
Grace Bay, la postal que vende el destino
Providenciales tiene varias playas destacadas: Long Bay, Sapodilla Bay, Taylor Bay, Blue Hills y Pelican Beach, entre otras.
Pero Grace Bay es su gran carta de presentación.
La playa ha acumulado reconocimientos internacionales y alrededor de ella se desarrolló una parte importante de la oferta hotelera de alta gama.
No estamos ante un Caribe de grandes ciudades, edificios interminables, tránsito y turismo masivo concentrado en pocos kilómetros.
La propuesta apunta especialmente a playa, descanso, naturaleza, gastronomía, navegación, buceo, snorkel, pesca, kitesurf y experiencias privadas.
Y allí aparece una de las claves de su posicionamiento: exclusividad sin necesitar construir un destino artificial.
Messi, Shakira, Beyoncé y otros visitantes
Las celebridades ayudaron, naturalmente, a colocar el archipiélago en el mapa internacional.
Shakira ha vacacionado allí. Beyoncé y Jay-Z también lo han elegido, al igual que numerosas figuras del espectáculo, modelos, deportistas y empresarios.
El turismo oficial de Turks and Caicos incluso dedica información específica a las personalidades que han visitado el territorio.
Pero sería un error pensar que su atractivo depende de ellas.
Las estrellas funcionan como amplificadores de algo que ya existía: privacidad, hoteles y villas de alto nivel, buenas playas, clima tropical y cercanía con Estados Unidos.
¿Por qué conocemos tan poco Turks and Caicos en Uruguay?
Probablemente por una combinación de geografía, conectividad y posicionamiento comercial.
El mercado turístico uruguayo está mucho más familiarizado con Brasil, el Caribe mexicano, República Dominicana, Cuba, Colombia y algunos destinos caribeños conectados mediante Panamá.
Turks and Caicos, en cambio, mantiene una fuerte vinculación aérea con Norteamérica.
Providenciales recibe vuelos directos desde ciudades como Miami, Nueva York, Atlanta, Dallas, Houston, Charlotte, Toronto y Montreal, además de conexiones con Londres y otros puntos del Caribe.
Para un estadounidense, canadiense o británico, llegar puede resultar relativamente sencillo.
Para un uruguayo, cambia la historia.
Y quizás allí esté parte de la explicación de por qué este paraíso todavía nos resulta lejano.
¿Cómo llegar desde Montevideo?
No existen vuelos directos entre Montevideo y Providenciales.
Actualmente, una de las alternativas más claras es volar desde Carrasco hacia Miami y desde allí continuar a Providenciales. En determinados períodos es posible realizar el recorrido con American Airlines y una sola escala.
La conexión parece sencilla sobre el mapa, pero tiene un detalle fundamental: al ingresar o conectar por Estados Unidos hay que cumplir los requisitos migratorios estadounidenses correspondientes.
Otra posibilidad consiste en volar desde Montevideo a Panamá y desde allí construir una conexión caribeña. Copa conecta directamente Montevideo con Panamá, pero actualmente no existe un vuelo directo Panamá–Providenciales, por lo que esta alternativa exige una escala adicional, por ejemplo a través de República Dominicana u otro aeropuerto regional.
Por eso, antes de comprar, conviene comparar no solamente tarifas. Hay que mirar cantidad de escalas, equipaje, requisitos migratorios, si los pasajes están emitidos conjuntamente y qué ocurre ante una demora que provoque la pérdida de la siguiente conexión.
A veces el vuelo aparentemente más barato termina convirtiéndose en el viaje más complicado.
Atención con el pasaporte uruguayo
Este es probablemente el punto que más necesita planificación.
Uruguay no figura actualmente en la lista oficial de nacionalidades exentas de visa publicada por el Gobierno de Turks and Caicos.
Sin embargo, la normativa establece excepciones para determinados viajeros que sean residentes legales o posean visas válidas para Estados Unidos, Reino Unido o Canadá.
Por lo tanto, un uruguayo no debería comprar el viaje suponiendo simplemente que, por tratarse del Caribe, puede ingresar únicamente con el pasaporte.
La situación migratoria personal debe verificarse con las autoridades de Turks and Caicos antes de emitir el viaje, especialmente porque los requisitos pueden cambiar.
Un destino caro
Acá aparece la primera gran desventaja.
Turks and Caicos no compite por precio con República Dominicana o algunos destinos mexicanos.
La propia información turística del territorio reconoce que se trata de un destino caro.
Buena parte de lo que se consume debe importarse. Eso repercute sobre supermercados, restaurantes, combustible y servicios turísticos.
Una ventaja importante, sin embargo, es que muchas de sus grandes riquezas no requieren pagar entrada: playas, costas y numerosos espacios naturales tienen acceso gratuito.
Para recorrer Providenciales, alquilar un automóvil puede resultar conveniente. Como referencia, en 2026 un vehículo económico comienza aproximadamente en US$ 50 diarios con impuestos, aunque combustible y otros gastos elevan el presupuesto.
Hay además una curiosidad para el visitante latinoamericano: aunque se utiliza el dólar estadounidense y existe una fuerte influencia norteamericana, se conduce por la izquierda, herencia de su condición de territorio británico.
¿Cuál es la mejor época?
Para un primer viaje, febrero, marzo y abril ofrecen una combinación particularmente atractiva de clima, disponibilidad y condiciones para disfrutar de las playas.
Entre diciembre y abril se desarrolla la temporada alta y los alojamientos pueden costar entre 30% y 50% más que en otros períodos.
Viajar entre fines de agosto y comienzos de noviembre puede resultar considerablemente más barato.
Pero hay una razón.
La temporada de huracanes del Atlántico se extiende oficialmente entre junio y noviembre y, estadísticamente, el período de mayor atención para Turks and Caicos se concentra entre finales de agosto y septiembre.
Viajar barato en septiembre puede ser tentador; hacerlo sin seguro y sin condiciones flexibles de cancelación no parece una buena idea.
Casi dos millones de visitantes
El supuesto “destino desconocido” tiene una contradicción interesante.
En 2025 Turks and Caicos recibió aproximadamente 1,95 millones de visitantes, de acuerdo con las estadísticas gubernamentales.
Unos 640.000 fueron turistas que permanecieron al menos una noche, mientras que más de 1,3 millones correspondieron fundamentalmente al movimiento de cruceros.
La población permanente ronda apenas las 52.000 personas.
Es decir, desconocido para buena parte de Sudamérica no significa desconocido para el turismo mundial.
Significa que estamos mirando el Caribe desde mercados diferentes.
Lo mejor
Turks and Caicos ofrece algunas de las playas más atractivas del Caribe; aguas extraordinariamente transparentes; excelente oferta de snorkel, buceo y navegación; hoteles y villas de muy buen nivel; clima cálido durante prácticamente todo el año; idioma inglés y utilización del dólar; tranquilidad; privacidad y una escala territorial que permite alejarse rápidamente de los lugares más turísticos.
También resulta atractivo para parejas, lunas de miel, viajes de descanso y viajeros dispuestos a invertir más a cambio de exclusividad.
Lo que hay que pensar antes de viajar
El precio es probablemente su mayor barrera.
Desde Uruguay se suma una conectividad menos cómoda que la existente hacia otros destinos caribeños, los requisitos migratorios deben estudiarse antes de comprar y desplazarse entre diferentes islas exige organización.
Tampoco parece el destino indicado para quien busca grandes ciudades, intensa vida urbana, compras económicas o un modelo de vacaciones masivas basado exclusivamente en paquetes all inclusive baratos.
Y existe otro punto: fuera de las principales zonas turísticas, la capacidad de atención médica especializada es limitada. Para un viaje internacional de estas características resulta recomendable contar con un seguro que contemple asistencia y eventual evacuación médica.
¿Cuántos días dedicarle?
Para viajar desde Uruguay, cinco noches parecen poco después de tantas horas y conexiones.
Entre siete y diez días permitirían comprender mejor el destino.
Una primera parte podría dedicarse a Providenciales: Grace Bay, Long Bay, Chalk Sound, snorkel, gastronomía y navegación.
Después habría que abandonar por un momento la postal perfecta.
North Caicos y Middle Caicos permitirían buscar otra historia: pequeños poblados, naturaleza, caminos, cuevas, costas menos intervenidas y habitantes que viven lejos de la concentración hotelera de Grace Bay.
Porque conocer un destino no consiste solamente en fotografiar su playa más famosa.
Beneficios frente a otros destinos del Caribe
Turks and Caicos juega una carta diferente.
No pretende necesariamente ganarle a Punta Cana en precio ni a Cancún en cantidad de habitaciones.
Su valor está en otra parte: menos densidad, privacidad, naturaleza, mar y exclusividad.
Eso explica también la llegada de celebridades. Quien puede elegir prácticamente cualquier playa del planeta muchas veces busca justamente lo que aquí todavía es posible encontrar: espacio.
Próximo desafío: contarla desde allí
Por ahora observamos Turks and Caicos desde mapas, estadísticas, rutas aéreas y fotografías.
Pero una playa no se comprende completamente desde una pantalla.
Quedan preguntas que solamente pueden responderse caminando por sus calles: cuánto cuesta realmente comer, cómo se mueve un visitante sin permanecer encerrado en un resort, qué queda de la identidad local detrás del turismo de lujo, qué hablan sus habitantes, qué sabores distinguen a las islas y si ese azul que aparece en las fotografías existe realmente.
Esa será otra historia.
Noticias y Destinos ya tiene un nuevo punto marcado en el mapa: queremos que la próxima sea una crónica escrita desde Turks and Caicos, frente a ese Caribe que todavía nos queda por descubrir.
Fuentes para colocar al final de la nota: Gobierno de Turks and Caicos – Statistics Authority y Border Control; Experience Turks & Caicos, sitio oficial de turismo; Turks and Caicos Islands Airports Authority.
Turismo oficial de Turks and Caicos · Gobierno de Turks and Caicos – requisitos de visa
Destinos alternativos: lugares para volver a sorprenderse viajando
Me aburrí de los destinos de siempre: ocho lugares donde todavía viajar puede sorprendernos
De las Azores a Japón, pasando por las montañas de Georgia y una travesía por el Atlántico Norte. Busqué lugares capaces de devolverle al viaje algo que a veces perdemos entre aeropuertos, excursiones y fotografías repetidas: la sorpresa.
Me aburrí un poco de buscar destinos y encontrar siempre los mismos.
No porque París haya dejado de ser París, Roma tenga menos historia o las playas griegas hayan perdido su belleza. Simplemente porque, después de años escribiendo y hablando de turismo, también aparece el deseo de mirar el mapa hacia otro lado.
Así empezó esta búsqueda.
¿Qué lugares elegiría hoy para viajar si quisiera encontrar paisajes diferentes, pueblos pequeños, carreteras que merezcan ser recorridas lentamente y experiencias que no estén construidas solamente alrededor de aquello que todos fotografían?
Una publicación de VISA Free World me dio algunas pistas. A partir de allí fui investigando cada destino, contrastando información con sus organismos turísticos y agregando algo fundamental: qué haría yo allí y por qué valdría la pena viajar hasta ese lugar.
El resultado no pretende ser un ranking. Es más parecido a una libreta de futuros viajes.
São Miguel, Azores: empezar por un volcán en medio del Atlántico
Portugal tiene nueve islas en las Azores y São Miguel puede ser una magnífica puerta de entrada.
Aquí no buscaría monumentos. Buscaría caminos.
Sete Cidades ofrece uno de esos paisajes capaces de justificar un viaje: lagos instalados dentro de una enorme caldera volcánica. En Furnas, en cambio, el volcán se manifiesta mediante fumarolas, aguas calientes y actividad geotérmica. La propia promoción turística de Azores destaca que sus recursos hidrotermales se aprovechan desde hace siglos.
La experiencia: alquilar un automóvil y recorrer São Miguel sin obsesionarse con completar una lista. Miradores, lagos, termas, costa, pequeños pueblos y alguna caminata.
Tiene algo que me atrae particularmente: estar en Europa y, al mismo tiempo, sentirse geográficamente perdido en mitad del Atlántico.
Visit Azores – información oficial
Asturias: otra España mirando al Cantábrico
Asturias demuestra cuánto puede cambiar un país sin atravesar una frontera.
Hay más de 400 kilómetros de costa, más de 200 playas y 18 pueblos y villas marineras. Y en la zona oriental ocurre algo geográficamente extraordinario: apenas unos 20 kilómetros separan el Cantábrico de los Picos de Europa.
Cudillero, Llanes, Luarca o Lastres pueden formar parte del recorrido, pero reservaría varios días para entrar hacia los Picos de Europa, caminar, conocer pequeñas poblaciones y probar Cabrales y Gamonéu en el territorio donde nacen.
La experiencia: hacer un viaje de carretera entre mar y montaña. Comer pescado en un puerto y, unas horas después, encontrarse rodeado de cumbres.
Eso también es España. Pero no necesariamente la España que aparece primero cuando buscamos nuestras próximas vacaciones.
Turismo Asturias – portal oficial
Karpathos: Grecia después de Santorini y Mykonos
Aquí mi curiosidad aumentó.
Karpathos está entre Rodas y Creta y es la segunda isla más grande del Dodecaneso. Tiene montañas, bosques de pinos, pequeñas calas y playas de aguas transparentes. Parte del norte de la isla y de su área marina integra la red Natura 2000.
Pero hay algo que me interesa incluso más que sus playas: Olympos.
Su aislamiento permitió conservar costumbres, música, dialecto y tradiciones que le otorgan una personalidad cultural muy particular.
La experiencia: quedarse varios días, conocer Olympos, buscar playas menos concurridas y comprender que las islas griegas no terminan donde terminan las fotografías de Instagram.
Bosnia y Herzegovina: cometer el error de ir solamente a Mostar
Mostar merece detenerse. Su puente es una de las imágenes emblemáticas de los Balcanes.
Pero el viaje interesante podría empezar después de haber tomado esa fotografía.
A poca distancia está Blagaj, junto al nacimiento del río Buna, donde la naturaleza kárstica, una antigua tekke derviche y siglos de historia ocupan prácticamente el mismo escenario. La región suma gastronomía, senderismo, kayak y recorridos por la cultura de Herzegovina.
Y Bosnia permite continuar hacia Sarajevo y el Parque Nacional Una en un itinerario mucho más ambicioso.
La experiencia: convertir lo que muchos venden como una excursión rápida desde Croacia en un verdadero viaje por Bosnia y Herzegovina.
Probablemente allí esté precisamente su atractivo.
Turismo de Bosnia y Herzegovina
Flores: Indonesia después de Bali
Bali consiguió algo extraordinario: convertirse casi en sinónimo turístico de Indonesia.
El problema es que Indonesia tiene muchísimo más.
Flores combina volcanes, lagos, cascadas, aldeas tradicionales, cuevas, costas, kayak, senderismo y algunos de los fondos marinos más interesantes de la región. La información turística oficial incluso registra alrededor de 50 lugares de buceo.
Kelimutu y sus lagos volcánicos serían una de mis prioridades, pero intentaría que el viaje no se redujera a llegar, fotografiarlos y marcharme.
La experiencia: atravesar parte de la isla por tierra, dormir en diferentes lugares, conocer comunidades locales y combinar paisaje, cultura y mar.
Flores parece uno de esos destinos donde todavía tiene sentido utilizar la palabra aventura.
Svaneti: viajar hasta las torres del Cáucaso
Georgia ya resulta fascinante. Svaneti lleva esa sensación varios kilómetros más arriba.
Mestia funciona como punto de partida para internarse hacia Ushguli. Allí aparecen las famosas torres medievales de piedra entre montañas del Cáucaso.
Ushguli está aproximadamente a 2.200 metros de altitud y sus pequeños pueblos, torres y paisaje forman parte de un territorio de enorme valor histórico. La carretera desde Mestia es, además, parte de la experiencia; algunas conexiones dependen de la temporada porque la nieve puede impedir el tránsito durante buena parte del año.
La experiencia: no viajar solamente para llegar a Ushguli. El recorrido es el viaje.
Montañas, aldeas, caminos y una arquitectura nacida de siglos de aislamiento explican por qué Svaneti está en esta lista.
Shikoku: Japón sin hacer Tokio-Kioto-Osaka
Quizás sea uno de los que más me sorprendió investigando.
Millones de primeros viajes a Japón reproducen un itinerario perfectamente lógico: Tokio, Kioto y Osaka.
Shikoku propone cambiar el ritmo.
El valle de Iya conserva profundas gargantas montañosas, pequeñas poblaciones, casas tradicionales, aguas termales y los célebres puentes suspendidos construidos históricamente con lianas.
A eso se suma uno de los grandes recorridos espirituales japoneses: la peregrinación de Shikoku y sus templos.
La experiencia: hacer solamente una parte del camino. Caminar, dormir, comer localmente y observar un Japón rural que difícilmente aparece cuando nos movemos únicamente entre grandes estaciones ferroviarias.
Japan National Tourism Organization – Shikoku
Islas Feroe: mi elegida, y después seguir hacia Islandia
Aquí ya tengo candidato.
Dieciocho islas en el Atlántico Norte, acantilados enormes, fiordos, pequeñas poblaciones, casas con techos de césped, cascadas y un clima que puede modificar los planes cuando se le ocurra.
Feroe tiene más de 300 kilómetros de senderos señalizados. Entre las posibilidades están Sørvágsvatn, el faro de Kallur, los acantilados de Vestmanna, Saksun, Gjógv y Fossá, la cascada más alta del archipiélago.
Pero mi viaje no terminaría allí.
Quiero llegar a Feroe y continuar hacia Islandia en ferry.
Ese detalle cambia completamente el concepto del viaje. El traslado deja de ser ese tiempo muerto entre un destino y otro. Navegar por el Atlántico Norte pasa a formar parte de la historia que uno fue a buscar.
Y quizás esa sea mi verdadera elección de esta lista: Feroe no como destino final, sino como parte de una travesía.
Visit Faroe Islands – portal oficial
Volver a viajar por curiosidad
Después de investigar estos lugares encontré un denominador común.
Ninguno necesita competir con París, Roma, Nueva York, Bali o Santorini. Tampoco deberían convertirse en sus reemplazos.
Representan otra manera de elegir.
Viajar puede volver a empezar frente a un mapa. Ampliarlo. Alejar el zoom. Buscar esa isla cuyo nombre apenas conocemos, descubrir que existe un pueblo detrás de una montaña o preguntarnos qué habrá después de aquel puerto.
En São Miguel buscaría volcanes y aguas termales. En Asturias conduciría entre el Cantábrico y los Picos de Europa. En Karpathos iría hasta Olympos. En Bosnia seguiría camino después de Mostar. En Flores atravesaría la isla. En Svaneti querría llegar a Ushguli. En Shikoku caminaría parte de una peregrinación.
Y en Feroe me subiría al ferry.
Porque quizá la mejor recomendación de esta lista no sea ninguno de estos ocho lugares.
Es volver a elegir un viaje porque tenemos verdadera curiosidad por saber qué encontraremos al llegar.
300.000 seguidores y casi nadie escucha: la influencia entra en otra etapa
300.000 seguidores y casi nadie escucha: la influencia entra en otra etapa
Una buena nota periodística puede necesitar horas de trabajo. En el teléfono del lector tendrá apenas segundos para demostrar que merece su atención. Influencers, medios, marcas y creadores están peleando por el mismo recurso y algo empieza a cambiar: tener seguidores ya no significa necesariamente tener influencia.
Los que editamos un portal de noticias conocemos una contradicción cada vez más evidente.
Buscamos información. Comparamos datos. Revisamos estadísticas. Consultamos antecedentes. Elegimos una fotografía correcta. Escribimos, corregimos y publicamos.
Después ponemos esa nota frente al público.
Y allí comienza otra competencia.
En la pantalla de un teléfono nuestro artículo comparte territorio con un video de ocho segundos, un influencer mostrando un restaurante, alguien vendiendo un producto, otro enseñando dónde pasó sus vacaciones, una promoción encubierta, un meme, una modelo derivando tráfico hacia OnlyFans y cientos de personas intentando conseguir algo todavía más difícil que seguidores: atención.
No necesariamente gana quien tiene algo mejor para contar.
Gana primero quien consigue detener el dedo.
El scroll cambió las reglas
Durante años asociamos influencia digital con cantidad de seguidores.
Un millón impresionaba. Cien mil convertían a alguien en una personalidad interesante para una marca. Las empresas comenzaron a incluir influencers en campañas, viajes, lanzamientos y presentaciones.
Pero el número empezó a mostrar sus limitaciones.
Un estudio de Sprout Social publicado en 2026 señala algo significativo: apenas el 17% de los consumidores consulta cuántos seguidores tiene un creador antes de decidir si interactúa con su contenido. Pesan más la relevancia del tema y el estilo del contenido.
Esto modifica bastante la ecuación.
Un creador con 18.000 seguidores profundamente interesado en gastronomía, turismo rural o vinos puede resultar mucho más interesante para una bodega que una cuenta de 400.000 seguidores cuya audiencia llegó por entretenimiento general.
El tamaño sigue importando.
Pero ya no alcanza.
La caída que comenzó a medirse
En agosto de 2026 apareció otro dato interesante.
El desarrollador Javi Niguez creó una plataforma para seguir la evolución de las audiencias de 35 grandes creadores hispanohablantes.
Los perfiles monitorizados reunían aproximadamente 311,5 millones de seguidores y suscripciones entre diferentes plataformas. En solamente siete días, 24 de los 35 habían perdido audiencia y el saldo conjunto era de aproximadamente 62.165 seguidores menos.
Uno de los casos analizados acumulaba una pérdida superior a 800.000 seguidores durante un mes.
Los números requieren prudencia: se suman distintas plataformas, no representan personas únicas y algunos contadores son aproximados.
Pero aportan una señal interesante.
El usuario también aprendió a dejar de seguir.
No todos los influencers son iguales
Quizás cometimos un error al reunir bajo una misma palabra actividades completamente diferentes.
Existe el creador que investiga, viaja, prueba, compara, explica y construye una especialización. Puede hablar de hoteles, gastronomía, aviación, tecnología, moda o destinos. Su comunidad lo sigue porque reconoce conocimiento o una mirada determinada.
Hay otro modelo basado principalmente en alcance. Tiene muchos seguidores y las marcas pagan por aparecer frente a ellos. Aquí aparece una pregunta que durante demasiado tiempo se evitó: ¿cuántos de esos seguidores reaccionan realmente?
Tener 300.000 seguidores y conseguir 700 interacciones debería provocar más preguntas que admiración.
Existe además una enorme categoría de aspirantes. Personas que trabajan todos los días, producen videos, aprenden edición, siguen tendencias y esperan que alguna publicación finalmente encuentre el algoritmo adecuado.
Algunos crecerán.
Muchísimos no.
Y existe otra economía completamente diferente: perfiles cuya exposición en redes abiertas funciona como puerta de entrada hacia servicios, suscripciones o plataformas como OnlyFans. En esos casos el objetivo económico no necesariamente es la influencia tradicional; la red social funciona como captadora de tráfico.
Llamarlos a todos "influencers" sirve para simplificar una conversación, pero explica muy poco.
La saturación también llegó
Cada persona puede seguir cientos o miles de cuentas, pero continúa disponiendo de las mismas 24 horas.
Y millones de creadores quieren una parte de ellas.
EMARKETER viene observando señales de fatiga digital y advierte que los contenidos genéricos, repetitivos, fabricados para perseguir viralidad o excesivamente artificiales tienen cada vez mayores posibilidades de ser ignorados.
La recomendación que surge parece paradójica para una época obsesionada con publicar permanentemente: producir menos contenido, pero de mayor calidad.
La saturación puede explicar también el agotamiento de determinados recursos narrativos.
Uno de ellos merece jubilación:
"¿Sabías que...?"
¿Sabías que existe esta playa?
¿Sabías que este restaurante...?
¿Sabías que Uruguay...?
¿Sabías que este hotel...?
Funcionó porque generaba curiosidad. Cuando miles de cuentas utilizan exactamente el mismo mecanismo, deja de provocar curiosidad y comienza a anunciar que probablemente viene otro contenido parecido al anterior.
El problema no son esas dos palabras.
Es la previsibilidad.
El algoritmo tampoco respeta demasiado las jerarquías
Hay otra transformación fundamental.
Seguir una cuenta ya no significa necesariamente ver sus publicaciones.
Y no seguirla tampoco significa que no aparecerá en nuestra pantalla.
Los sistemas de recomendación distribuyen contenidos fuera de las comunidades originales. Por eso una pequeña cuenta puede alcanzar cientos de miles de reproducciones mientras una cuenta enorme puede publicar algo que apenas movilice a una fracción de sus seguidores.
Sprout Social lo resume con un dato contundente de su investigación de 2026: el número de seguidores dejó de ser un indicador confiable del alcance.
Para las marcas esto debería cambiar la manera de seleccionar a quién invitan, contratan o patrocinan.
Y para los destinos turísticos también.
Turismo: cuidado con comprar seguidores disfrazados de influencia
Un hotel, restaurante, intendencia, asociación turística o destino debería mirar bastante más que la cifra ubicada debajo del nombre del creador.
¿Quiénes componen su audiencia?
¿Desde dónde lo siguen?
¿Cuántas personas guardan sus publicaciones?
¿Cuántas las comparten?
¿Genera comentarios reales?
¿Puede explicar aquello que visita?
¿Su contenido aparece en búsquedas semanas después?
¿La gente confía en sus recomendaciones?
¿Puede demostrar alguna conversión?
Y agregaría una pregunta especialmente importante para turismo:
¿Dejó algo en el destino después de marcharse?
Una buena cobertura debería construir memoria digital, generar búsquedas, despertar curiosidad y eventualmente transformar esa curiosidad en una visita.
Los pequeños empiezan a resultar grandes
Hay otra señal que merece atención.
Los llamados nano y microinfluencers están consiguiendo mejores niveles de interacción proporcional que muchas cuentas gigantes.
Sprout Social sitúa a los nano-influencers de Instagram, entre 1.000 y 10.000 seguidores, con una tasa promedio de engagement cercana al 2,19%, mientras los segmentos de mayor tamaño presentan porcentajes inferiores.
No significa que una cuenta pequeña sea automáticamente mejor.
Significa que comunidad e influencia no son sinónimos de volumen.
Y aparece nuevamente una palabra que las métricas nunca consiguieron medir completamente: confianza.
Una investigación citada por EMARKETER encontró que un 34% de los usuarios sería más proclive a comprar a partir de recomendaciones de creadores si las reseñas fueran más auténticas e incluyeran también aspectos negativos.
Decir alguna vez "esto no me gustó" puede generar más credibilidad que recomendar absolutamente todo.
¿Y dónde quedamos los medios?
Aquí aparece nuestro propio desafío.
Los medios digitales tampoco podemos refugiarnos detrás de la frase "hacemos buen periodismo".
Podemos escribir una excelente nota que nadie abra.
Podemos tener los mejores datos con un título incapaz de despertar interés.
Podemos investigar durante cuatro horas y perder frente a un video de doce segundos.
Que sea injusto no cambia el resultado.
Por eso un portal como Noticias y Destinos necesita trabajar simultáneamente en dos territorios: profundidad y capacidad de atraer atención.
No convertir el periodismo en TikTok.
Aprender de TikTok cómo comienza una conversación y utilizar después las ventajas que todavía tiene el periodismo: contexto, fuentes, estadísticas, memoria, comparación, análisis y credibilidad.
Una red social puede conseguir que alguien descubra un lugar.
Una buena nota puede conseguir que lo comprenda, lo recuerde, lo busque y finalmente decida viajar.
La nueva medida de la influencia
Quizás dentro de poco resulte extraño presentar profesionalmente a una persona diciendo simplemente:
"Tiene 500.000 seguidores".
La cifra estará incompleta.
Necesitaremos saber cuántos escuchan, cuántos interactúan, quiénes confían, qué conversación genera, qué capacidad tiene para movilizar una decisión y cuánto permanece su contenido después de publicado.
Porque podemos acumular seguidores y perder influencia.
También podemos tener una comunidad relativamente pequeña y ejercer una enorme influencia dentro de ella.
Los influencers no están desapareciendo. El mercado global continúa destinando enormes cantidades de dinero al sector y las recomendaciones de creadores siguen influyendo en decisiones de compra.
Lo que parece estar terminando es algo diferente:
la época en que confundíamos popularidad con influencia.
Y eso, para los buenos creadores y también para el buen periodismo, puede terminar siendo una excelente noticia.
.
