Rocha protege la noche: primera ordenanza de cielos oscuros de Uruguay
La Junta Departamental aprobó por unanimidad una normativa que declara al cielo oscuro natural patrimonio departamental. La iniciativa regula la iluminación exterior, establece zonas con distintos niveles de protección y abre una nueva dimensión para el turismo de naturaleza y la observación astronómica.
Durante décadas iluminamos ciudades, rutas, paseos, hoteles y viviendas bajo una idea aparentemente indiscutible: más luz significaba mayor desarrollo y seguridad.
Pero existe otra pregunta: ¿cuánta luz necesitamos realmente y hacia dónde debe dirigirse?
Rocha acaba de llevar esa discusión al territorio.
La Junta Departamental aprobó por unanimidad la Ordenanza de Protección del Cielo Oscuro Natural, presentada desde el Ejecutivo departamental, convirtiendo al departamento en pionero en Uruguay en establecer una normativa específica para preservar sus cielos nocturnos frente a la contaminación lumínica.
No se trata de apagar Rocha.
Se trata de iluminar mejor.
La diferencia es enorme.
El cielo también puede ser patrimonio
El artículo primero de la ordenanza declara patrimonio departamental al cielo oscuro natural de Rocha.
La definición resulta especialmente interesante porque transforma algo que parecía infinito y garantizado en un recurso que necesita protección.
La normativa entiende por cielo oscuro el estado natural del cielo nocturno caracterizado por la ausencia o mínima incidencia de contaminación lumínica artificial, permitiendo observar el firmamento y conservar los procesos ecológicos, paisajísticos, culturales y científicos asociados a la noche.
La protección alcanza todo el territorio del departamento de Rocha, independientemente de las diferentes categorías de suelo establecidas por los instrumentos de ordenamiento territorial.
No todo Rocha tendrá la misma protección
Uno de los aspectos más importantes es la zonificación.
La ordenanza establece diferentes categorías según la calidad del cielo y las características territoriales: máxima protección, alta protección, protección moderada y protección menor, además de la posibilidad de establecer reservas de cielo oscuro en lugares con especial valor para la observación astronómica.
Para determinar esa calidad se utilizarán mediciones científicas del brillo del cielo nocturno.
Entre los territorios considerados aparecen áreas protegidas, suelo rural, zonas residenciales de baja intensidad y fraccionamientos como Cabo Polonio, Santa María de Rocha, San Antonio, San Bernardo, Oceanía del Polonio y Atlántica, entre otros espacios definidos por los instrumentos territoriales.
Las futuras reservas de cielo oscuro tendrán, además, una zona de amortiguación mínima de dos kilómetros.
¿Qué cambiará en la iluminación?
Aquí aparece una de las claves para comprender la ordenanza.
La contaminación lumínica no depende solamente de cuántas lámparas existen. También importa qué temperatura de color tienen, hacia dónde apuntan, durante cuánto tiempo permanecen encendidas y cuánta luz realmente necesitamos.
La filosofía que atraviesa la normativa puede resumirse en cuatro palabras: eficiente, adecuada, dirigida y cálida.
En las áreas protegidas se establecen límites de temperatura de color. En las zonas de máxima protección, por ejemplo, las lámparas admitidas no podrán superar los 2.700 Kelvin.
Las luminarias deberán dirigir la luz hacia el terreno y evitar la emisión innecesaria hacia la atmósfera.
También se prevén sensores de movimiento, regulación de intensidad y sistemas de dimerizado para reducir el alumbrado público durante determinados horarios.
En las zonas de alta protección, la altura de las luminarias públicas no podrá superar los cinco metros.
Y en las áreas de máxima protección directamente no se instalará alumbrado público, mientras que la iluminación exterior privada quedará limitada a situaciones justificadas y bajo determinadas condiciones técnicas.
Seguridad no significa iluminar el cielo
Este punto probablemente genere uno de los debates más interesantes.
Proteger la oscuridad no significa dejar calles, viviendas o establecimientos turísticos inseguros.
La ordenanza propone exactamente lo contrario: utilizar la luz donde resulta necesaria y evitar desperdiciarla hacia lugares donde no cumple ninguna función.
Una luminaria que apunta al cielo consume energía sin mejorar la visibilidad del peatón.
Por eso la discusión ya no pasa simplemente por iluminar más o iluminar menos. Pasa por iluminar correctamente.
Y allí también aparece el ahorro energético.
Cuando apagar una luz puede crear un producto turístico
Para Rocha existe además una dimensión particularmente atractiva: el turismo nocturno.
El departamento ya construyó buena parte de su identidad turística sobre recursos naturales extraordinarios: océano, dunas, lagunas, palmares, áreas protegidas, pequeños pueblos y extensos territorios rurales.
Ahora puede incorporar otro paisaje.
El que aparece cuando se pone el sol.
