Rocha protege sus cielos oscuros con una ordenanza pionera en Uruguay
Miércoles, 09 Septiembre 2026 09:52

Rocha protege sus cielos oscuros con una ordenanza pionera en Uruguay

Rocha protege la noche: primera ordenanza de cielos oscuros de Uruguay

La Junta Departamental aprobó por unanimidad una normativa que declara al cielo oscuro natural patrimonio departamental. La iniciativa regula la iluminación exterior, establece zonas con distintos niveles de protección y abre una nueva dimensión para el turismo de naturaleza y la observación astronómica.

Rocha dio dos pasos históricos para proteger uno de sus recursos naturales menos visibles: la noche. La Intendencia de Rocha impulsó una ordenanza, aprobada por unanimidad por la Junta Departamental, que protege los cielos oscuros del departamento y establece criterios concretos para reducir la contaminación lumínica.

Por otra parte, y a partir de la gestión de la Comisión Departamental de Patrimonio, los cielos oscuros de Rocha fueron declarados Patrimonio Natural Cultural Intangible Departamental, incorporando así el cielo nocturno al patrimonio que Rocha reconoce y protege.

La decisión no es solamente ambiental. También alcanza al ordenamiento territorial, la eficiencia energética, la biodiversidad y el turismo. En varios destinos, conservar las estrellas significa también conservar un recurso turístico. Esta ausencia de luces contaminantes permite que la noche sea parte de la experiencia del visitante en vastos sectores del departamento, donde al conservar el firmamento se significa conservar un recurso que al turismo le puede significar muchísimo.

Rocha demuestra una vez más que está a la vanguardia de la sustentabilidad.

Rocha se convierte así en pionera en Uruguay y genera un antecedente que puede servir a otros departamentos para comenzar a preguntarse algo que durante décadas casi no estuvo sobre la mesa: ¿cómo crecer, iluminar y desarrollar un territorio sin perder su cielo nocturno?  

Durante décadas iluminamos ciudades, rutas, paseos, hoteles y viviendas bajo una idea aparentemente indiscutible: más luz significaba mayor desarrollo y seguridad.

Pero existe otra pregunta: ¿cuánta luz necesitamos realmente y hacia dónde debe dirigirse?

Rocha acaba de llevar esa discusión al territorio.

La Junta Departamental aprobó por unanimidad la Ordenanza de Protección del Cielo Oscuro Natural, presentada desde el Ejecutivo departamental, convirtiendo al departamento en pionero en Uruguay en establecer una normativa específica para preservar sus cielos nocturnos frente a la contaminación lumínica.

No se trata de apagar Rocha.

Se trata de iluminar mejor.

La diferencia es enorme.

El cielo también puede ser patrimonio

El artículo primero de la ordenanza declara patrimonio departamental al cielo oscuro natural de Rocha.

La definición resulta especialmente interesante porque transforma algo que parecía infinito y garantizado en un recurso que necesita protección.

La normativa entiende por cielo oscuro el estado natural del cielo nocturno caracterizado por la ausencia o mínima incidencia de contaminación lumínica artificial, permitiendo observar el firmamento y conservar los procesos ecológicos, paisajísticos, culturales y científicos asociados a la noche.

La protección alcanza todo el territorio del departamento de Rocha, independientemente de las diferentes categorías de suelo establecidas por los instrumentos de ordenamiento territorial.

No todo Rocha tendrá la misma protección

Uno de los aspectos más importantes es la zonificación.

La ordenanza establece diferentes categorías según la calidad del cielo y las características territoriales: máxima protección, alta protección, protección moderada y protección menor, además de la posibilidad de establecer reservas de cielo oscuro en lugares con especial valor para la observación astronómica.

Para determinar esa calidad se utilizarán mediciones científicas del brillo del cielo nocturno.

Entre los territorios considerados aparecen áreas protegidas, suelo rural, zonas residenciales de baja intensidad y fraccionamientos como Cabo Polonio, Santa María de Rocha, San Antonio, San Bernardo, Oceanía del Polonio y Atlántica, entre otros espacios definidos por los instrumentos territoriales.

Las futuras reservas de cielo oscuro tendrán, además, una zona de amortiguación mínima de dos kilómetros.

¿Qué cambiará en la iluminación?

Aquí aparece una de las claves para comprender la ordenanza.

La contaminación lumínica no depende solamente de cuántas lámparas existen. También importa qué temperatura de color tienen, hacia dónde apuntan, durante cuánto tiempo permanecen encendidas y cuánta luz realmente necesitamos.

La filosofía que atraviesa la normativa puede resumirse en cuatro palabras: eficiente, adecuada, dirigida y cálida.

En las áreas protegidas se establecen límites de temperatura de color. En las zonas de máxima protección, por ejemplo, las lámparas admitidas no podrán superar los 2.700 Kelvin.

Las luminarias deberán dirigir la luz hacia el terreno y evitar la emisión innecesaria hacia la atmósfera.

También se prevén sensores de movimiento, regulación de intensidad y sistemas de dimerizado para reducir el alumbrado público durante determinados horarios.

En las zonas de alta protección, la altura de las luminarias públicas no podrá superar los cinco metros.

Y en las áreas de máxima protección directamente no se instalará alumbrado público, mientras que la iluminación exterior privada quedará limitada a situaciones justificadas y bajo determinadas condiciones técnicas.

Seguridad no significa iluminar el cielo

Este punto probablemente genere uno de los debates más interesantes.

Proteger la oscuridad no significa dejar calles, viviendas o establecimientos turísticos inseguros.

La ordenanza propone exactamente lo contrario: utilizar la luz donde resulta necesaria y evitar desperdiciarla hacia lugares donde no cumple ninguna función.

Una luminaria que apunta al cielo consume energía sin mejorar la visibilidad del peatón.

Por eso la discusión ya no pasa simplemente por iluminar más o iluminar menos. Pasa por iluminar correctamente.

Y allí también aparece el ahorro energético.

Cuando apagar una luz puede crear un producto turístico

Para Rocha existe además una dimensión particularmente atractiva: el turismo nocturno.

El departamento ya construyó buena parte de su identidad turística sobre recursos naturales extraordinarios: océano, dunas, lagunas, palmares, áreas protegidas, pequeños pueblos y extensos territorios rurales.

Ahora puede incorporar otro paisaje.

El que aparece cuando se pone el sol.

La observación de estrellas y de la Vía Láctea, la fotografía nocturna, los recorridos interpretativos, alojamientos vinculados al astroturismo y experiencias guiadas pueden convertirse en productos turísticos.

Y poseen una característica económica interesante: la noche amplía el tiempo de experiencia del visitante sin construir una nueva atracción.

El recurso ya estaba allí.

Había que conservarlo.

Un viajero puede elegir un alojamiento rural para observar las estrellas, contratar una experiencia astronómica, cenar, permanecer una noche adicional y desplazarse hacia lugares alejados de los centros tradicionales.

De esta manera, proteger el cielo también puede ayudar a distribuir actividad turística hacia el interior del departamento.

Cuatro años de trabajo

La aprobación no surgió de un día para otro.

Detrás existe un proceso de aproximadamente cuatro años, iniciado por un equipo multidisciplinario y posteriormente transformado en una herramienta jurídica y de ordenamiento territorial.

El proyecto contó con respaldo del intendente Alejo Umpiérrez y con el trabajo del CURE de la Universidad de la República, especialistas externos, referentes turísticos y técnicos departamentales.

El primer equipo estuvo integrado, entre otros, por Florencia Reichmann, licenciada en Gestión Ambiental; Camila Gianotti, antropóloga y arqueóloga; Andrea Sosa, astrónoma; Fabiana Guadalupe, magíster en Dirección y Consultoría Turística; Susana Colmegna, arquitecta; Hugo Horacio Acardi, médico veterinario, agrónomo y operador turístico; Silvia Esquivel, arquitecta y presidenta de la Comisión de Patrimonio; Aldana Machain, vinculada al CURE; y Lorena Rodríguez, directora del CURE en Rocha.

Posteriormente, el director de Ordenamiento Territorial, Dr. Santiago Martínez Morales, asumió la tarea de llevar aquel trabajo técnico hacia su formulación jurídica y culminación normativa.

También se reconoce la colaboración del exdirector de Iluminación del Gobierno de Rocha Jorge Santos.

La composición del equipo explica buena parte del resultado: astronomía, ambiente, arqueología, arquitectura, turismo, territorio y administración pública trabajando sobre un mismo problema.

Es, además, un buen ejemplo de algo que muchas veces reclamamos cuando hablamos de destinos turísticos: la academia investigando, el territorio aportando conocimiento y el gobierno convirtiendo ese conocimiento en políticas públicas.

“Somos pioneros en Uruguay”

La arquitecta Silvia Esquivel, presidenta de la Comisión de Patrimonio Departamental de Rocha y de la Corporación Rochense de Turismo, fue una de las impulsoras del proceso desde sus comienzos.

Tras la aprobación destacó el trabajo multidisciplinario realizado junto al CURE y recordó a quienes participaron en aquella primera etapa.

Su definición resume el significado que sus impulsores atribuyen a la decisión: 

Y probablemente allí se encuentre otro aspecto relevante de esta historia.

Si la experiencia funciona, Rocha puede convertirse en un laboratorio para otros departamentos del país.

Un nuevo patrimonio que solamente vemos cuando apagamos la luz

Uruguay ha aprendido a proteger edificios, paisajes, humedales, montes, costas y bienes culturales.

Rocha acaba de introducir otra dimensión.

Proteger aquello que está arriba de nosotros.

La ordenanza tendrá ahora su verdadero desafío: transformar los artículos, temperaturas de color, mapas, mediciones y categorías de protección en cambios concretos sobre el territorio.

Habrá que adaptar iluminación, controlar instalaciones, informar a residentes y empresarios, medir resultados y explicar que oscuridad y seguridad no son conceptos enfrentados.

Pero existe algo especialmente poderoso detrás de esta decisión.

En tiempos en que muchos destinos buscan construir nuevas atracciones para diferenciarse, Rocha decidió proteger una que existe desde mucho antes que nosotros.

La noche.

Y quizá dentro de algunos años viajar hasta Rocha para levantar la mirada y volver a contemplar miles de estrellas sea, precisamente, una de sus experiencias turísticas más valiosas.