300.000 seguidores y casi nadie escucha: la influencia entra en otra etapa
Sábado, 29 Agosto 2026 09:52

300.000 seguidores y casi nadie escucha: la influencia entra en otra etapa

300.000 seguidores y casi nadie escucha: la influencia entra en otra etapa

Una buena nota periodística puede necesitar horas de trabajo. En el teléfono del lector tendrá apenas segundos para demostrar que merece su atención. Influencers, medios, marcas y creadores están peleando por el mismo recurso y algo empieza a cambiar: tener seguidores ya no significa necesariamente tener influencia.

Los que editamos un portal de noticias conocemos una contradicción cada vez más evidente.

Buscamos información. Comparamos datos. Revisamos estadísticas. Consultamos antecedentes. Elegimos una fotografía correcta. Escribimos, corregimos y publicamos.

Después ponemos esa nota frente al público.

Y allí comienza otra competencia.

En la pantalla de un teléfono nuestro artículo comparte territorio con un video de ocho segundos, un influencer mostrando un restaurante, alguien vendiendo un producto, otro enseñando dónde pasó sus vacaciones, una promoción encubierta, un meme, una modelo derivando tráfico hacia OnlyFans y cientos de personas intentando conseguir algo todavía más difícil que seguidores: atención.

No necesariamente gana quien tiene algo mejor para contar.

Gana primero quien consigue detener el dedo.

El scroll cambió las reglas

Durante años asociamos influencia digital con cantidad de seguidores.

Un millón impresionaba. Cien mil convertían a alguien en una personalidad interesante para una marca. Las empresas comenzaron a incluir influencers en campañas, viajes, lanzamientos y presentaciones.

Pero el número empezó a mostrar sus limitaciones.

Un estudio de Sprout Social publicado en 2026 señala algo significativo: apenas el 17% de los consumidores consulta cuántos seguidores tiene un creador antes de decidir si interactúa con su contenido. Pesan más la relevancia del tema y el estilo del contenido.

Esto modifica bastante la ecuación.

Un creador con 18.000 seguidores profundamente interesado en gastronomía, turismo rural o vinos puede resultar mucho más interesante para una bodega que una cuenta de 400.000 seguidores cuya audiencia llegó por entretenimiento general.

El tamaño sigue importando.

Pero ya no alcanza.

La caída que comenzó a medirse

En agosto de 2026 apareció otro dato interesante.

El desarrollador Javi Niguez creó una plataforma para seguir la evolución de las audiencias de 35 grandes creadores hispanohablantes.

Los perfiles monitorizados reunían aproximadamente 311,5 millones de seguidores y suscripciones entre diferentes plataformas. En solamente siete días, 24 de los 35 habían perdido audiencia y el saldo conjunto era de aproximadamente 62.165 seguidores menos.

Uno de los casos analizados acumulaba una pérdida superior a 800.000 seguidores durante un mes.

Los números requieren prudencia: se suman distintas plataformas, no representan personas únicas y algunos contadores son aproximados.

Pero aportan una señal interesante.

El usuario también aprendió a dejar de seguir.

No todos los influencers son iguales

Quizás cometimos un error al reunir bajo una misma palabra actividades completamente diferentes.

Existe el creador que investiga, viaja, prueba, compara, explica y construye una especialización. Puede hablar de hoteles, gastronomía, aviación, tecnología, moda o destinos. Su comunidad lo sigue porque reconoce conocimiento o una mirada determinada.

Hay otro modelo basado principalmente en alcance. Tiene muchos seguidores y las marcas pagan por aparecer frente a ellos. Aquí aparece una pregunta que durante demasiado tiempo se evitó: ¿cuántos de esos seguidores reaccionan realmente?

Tener 300.000 seguidores y conseguir 700 interacciones debería provocar más preguntas que admiración.

Existe además una enorme categoría de aspirantes. Personas que trabajan todos los días, producen videos, aprenden edición, siguen tendencias y esperan que alguna publicación finalmente encuentre el algoritmo adecuado.

Algunos crecerán.

Muchísimos no.

Y existe otra economía completamente diferente: perfiles cuya exposición en redes abiertas funciona como puerta de entrada hacia servicios, suscripciones o plataformas como OnlyFans. En esos casos el objetivo económico no necesariamente es la influencia tradicional; la red social funciona como captadora de tráfico.

Llamarlos a todos "influencers" sirve para simplificar una conversación, pero explica muy poco.

La saturación también llegó

Cada persona puede seguir cientos o miles de cuentas, pero continúa disponiendo de las mismas 24 horas.

Y millones de creadores quieren una parte de ellas.

EMARKETER viene observando señales de fatiga digital y advierte que los contenidos genéricos, repetitivos, fabricados para perseguir viralidad o excesivamente artificiales tienen cada vez mayores posibilidades de ser ignorados.

La recomendación que surge parece paradójica para una época obsesionada con publicar permanentemente: producir menos contenido, pero de mayor calidad.

La saturación puede explicar también el agotamiento de determinados recursos narrativos.

Uno de ellos merece jubilación:

"¿Sabías que...?"

¿Sabías que existe esta playa?

¿Sabías que este restaurante...?

¿Sabías que Uruguay...?

¿Sabías que este hotel...?

Funcionó porque generaba curiosidad. Cuando miles de cuentas utilizan exactamente el mismo mecanismo, deja de provocar curiosidad y comienza a anunciar que probablemente viene otro contenido parecido al anterior.

El problema no son esas dos palabras.

Es la previsibilidad.

El algoritmo tampoco respeta demasiado las jerarquías

Hay otra transformación fundamental.

Seguir una cuenta ya no significa necesariamente ver sus publicaciones.

Y no seguirla tampoco significa que no aparecerá en nuestra pantalla.

Los sistemas de recomendación distribuyen contenidos fuera de las comunidades originales. Por eso una pequeña cuenta puede alcanzar cientos de miles de reproducciones mientras una cuenta enorme puede publicar algo que apenas movilice a una fracción de sus seguidores.

Sprout Social lo resume con un dato contundente de su investigación de 2026: el número de seguidores dejó de ser un indicador confiable del alcance.

Para las marcas esto debería cambiar la manera de seleccionar a quién invitan, contratan o patrocinan.

Y para los destinos turísticos también.

Turismo: cuidado con comprar seguidores disfrazados de influencia

Un hotel, restaurante, intendencia, asociación turística o destino debería mirar bastante más que la cifra ubicada debajo del nombre del creador.

¿Quiénes componen su audiencia?

¿Desde dónde lo siguen?

¿Cuántas personas guardan sus publicaciones?

¿Cuántas las comparten?

¿Genera comentarios reales?

¿Puede explicar aquello que visita?

¿Su contenido aparece en búsquedas semanas después?

¿La gente confía en sus recomendaciones?

¿Puede demostrar alguna conversión?

Y agregaría una pregunta especialmente importante para turismo:

¿Dejó algo en el destino después de marcharse?

Una buena cobertura debería construir memoria digital, generar búsquedas, despertar curiosidad y eventualmente transformar esa curiosidad en una visita.

Los pequeños empiezan a resultar grandes

Hay otra señal que merece atención.

Los llamados nano y microinfluencers están consiguiendo mejores niveles de interacción proporcional que muchas cuentas gigantes.

Sprout Social sitúa a los nano-influencers de Instagram, entre 1.000 y 10.000 seguidores, con una tasa promedio de engagement cercana al 2,19%, mientras los segmentos de mayor tamaño presentan porcentajes inferiores.

No significa que una cuenta pequeña sea automáticamente mejor.

Significa que comunidad e influencia no son sinónimos de volumen.

Y aparece nuevamente una palabra que las métricas nunca consiguieron medir completamente: confianza.

Una investigación citada por EMARKETER encontró que un 34% de los usuarios sería más proclive a comprar a partir de recomendaciones de creadores si las reseñas fueran más auténticas e incluyeran también aspectos negativos.

Decir alguna vez "esto no me gustó" puede generar más credibilidad que recomendar absolutamente todo.

¿Y dónde quedamos los medios?

Aquí aparece nuestro propio desafío.

Los medios digitales tampoco podemos refugiarnos detrás de la frase "hacemos buen periodismo".

Podemos escribir una excelente nota que nadie abra.

Podemos tener los mejores datos con un título incapaz de despertar interés.

Podemos investigar durante cuatro horas y perder frente a un video de doce segundos.

Que sea injusto no cambia el resultado.

Por eso un portal como Noticias y Destinos necesita trabajar simultáneamente en dos territorios: profundidad y capacidad de atraer atención.

No convertir el periodismo en TikTok.

Aprender de TikTok cómo comienza una conversación y utilizar después las ventajas que todavía tiene el periodismo: contexto, fuentes, estadísticas, memoria, comparación, análisis y credibilidad.

Una red social puede conseguir que alguien descubra un lugar.

Una buena nota puede conseguir que lo comprenda, lo recuerde, lo busque y finalmente decida viajar.

La nueva medida de la influencia

Quizás dentro de poco resulte extraño presentar profesionalmente a una persona diciendo simplemente:

"Tiene 500.000 seguidores".

La cifra estará incompleta.

Necesitaremos saber cuántos escuchan, cuántos interactúan, quiénes confían, qué conversación genera, qué capacidad tiene para movilizar una decisión y cuánto permanece su contenido después de publicado.

Porque podemos acumular seguidores y perder influencia.

También podemos tener una comunidad relativamente pequeña y ejercer una enorme influencia dentro de ella.

Los influencers no están desapareciendo. El mercado global continúa destinando enormes cantidades de dinero al sector y las recomendaciones de creadores siguen influyendo en decisiones de compra.

Lo que parece estar terminando es algo diferente:

la época en que confundíamos popularidad con influencia.

Y eso, para los buenos creadores y también para el buen periodismo, puede terminar siendo una excelente noticia.