Turks and Caicos: el paraíso del Caribe que todavía pocos uruguayos conocen

Playas casi irreales, hoteles de lujo, pequeñas islas, arrecifes y una llamativa lista de visitantes famosos. Turks and Caicos recibió cerca de dos millones de turistas en 2025, pero continúa fuera del radar de buena parte del mercado sudamericano. Desde Montevideo, llegar requiere planificar conexiones y documentación. Noticias y Destinos prepara el camino para una próxima crónica desde este rincón del Caribe.

Hay destinos del Caribe cuyos nombres conocemos antes de haberlos visitado: Punta Cana, Cancún, Aruba, Jamaica o Bahamas. Y hay otros que aparecen inesperadamente frente a nosotros y provocan una pregunta inevitable: ¿cómo puede ser que no habláramos antes de este lugar?

Turks and Caicos pertenece a ese segundo grupo.

Al sudeste de Bahamas y a unos 145 kilómetros al norte de Haití y República Dominicana aparece un territorio formado por alrededor de 40 islas y cayos. Es un territorio británico de ultramar, el idioma oficial es el inglés y, curiosamente, la moneda utilizada es el dólar estadounidense.

Pero basta mirar Grace Bay para entender por qué el destino construyó su reputación.

Arena blanca, agua transparente con diferentes tonos de turquesa, escasa construcción sobre la playa y una hotelería que ha encontrado en la privacidad y el lujo buena parte de su posicionamiento.

No es una isla: es un archipiélago

Uno de los primeros errores es hablar simplemente de “la isla de Turks and Caicos”.

En realidad, existen dos grandes grupos: las islas Turks y las Caicos. Providenciales —o simplemente “Provo”, como se la conoce— concentra gran parte de la actividad turística y constituye la principal puerta de entrada internacional.

Grand Turk, donde se encuentra la capital Cockburn Town, tiene otro perfil y recibe además buena parte del turismo de cruceros.

North Caicos, Middle Caicos, South Caicos y las pequeñas islas y cayos permiten imaginar otro viaje, bastante diferente al de permanecer una semana en un resort.

El territorio posee además una extraordinaria riqueza marina y una extensa barrera de coral, que explica la importancia del buceo, el snorkel y las actividades náuticas.

Grace Bay, la postal que vende el destino

Providenciales tiene varias playas destacadas: Long Bay, Sapodilla Bay, Taylor Bay, Blue Hills y Pelican Beach, entre otras.

Pero Grace Bay es su gran carta de presentación.

La playa ha acumulado reconocimientos internacionales y alrededor de ella se desarrolló una parte importante de la oferta hotelera de alta gama.

No estamos ante un Caribe de grandes ciudades, edificios interminables, tránsito y turismo masivo concentrado en pocos kilómetros.

La propuesta apunta especialmente a playa, descanso, naturaleza, gastronomía, navegación, buceo, snorkel, pesca, kitesurf y experiencias privadas.

Y allí aparece una de las claves de su posicionamiento: exclusividad sin necesitar construir un destino artificial.

Messi, Shakira, Beyoncé y otros visitantes

Las celebridades ayudaron, naturalmente, a colocar el archipiélago en el mapa internacional.

Shakira ha vacacionado allí. Beyoncé y Jay-Z también lo han elegido, al igual que numerosas figuras del espectáculo, modelos, deportistas y empresarios.

El turismo oficial de Turks and Caicos incluso dedica información específica a las personalidades que han visitado el territorio.

Pero sería un error pensar que su atractivo depende de ellas.

Las estrellas funcionan como amplificadores de algo que ya existía: privacidad, hoteles y villas de alto nivel, buenas playas, clima tropical y cercanía con Estados Unidos.

¿Por qué conocemos tan poco Turks and Caicos en Uruguay?

Probablemente por una combinación de geografía, conectividad y posicionamiento comercial.

El mercado turístico uruguayo está mucho más familiarizado con Brasil, el Caribe mexicano, República Dominicana, Cuba, Colombia y algunos destinos caribeños conectados mediante Panamá.

Turks and Caicos, en cambio, mantiene una fuerte vinculación aérea con Norteamérica.

Providenciales recibe vuelos directos desde ciudades como Miami, Nueva York, Atlanta, Dallas, Houston, Charlotte, Toronto y Montreal, además de conexiones con Londres y otros puntos del Caribe.

Para un estadounidense, canadiense o británico, llegar puede resultar relativamente sencillo.

Para un uruguayo, cambia la historia.

Y quizás allí esté parte de la explicación de por qué este paraíso todavía nos resulta lejano.

¿Cómo llegar desde Montevideo?

No existen vuelos directos entre Montevideo y Providenciales.

Actualmente, una de las alternativas más claras es volar desde Carrasco hacia Miami y desde allí continuar a Providenciales. En determinados períodos es posible realizar el recorrido con American Airlines y una sola escala.

La conexión parece sencilla sobre el mapa, pero tiene un detalle fundamental: al ingresar o conectar por Estados Unidos hay que cumplir los requisitos migratorios estadounidenses correspondientes.

Otra posibilidad consiste en volar desde Montevideo a Panamá y desde allí construir una conexión caribeña. Copa conecta directamente Montevideo con Panamá, pero actualmente no existe un vuelo directo Panamá–Providenciales, por lo que esta alternativa exige una escala adicional, por ejemplo a través de República Dominicana u otro aeropuerto regional.

Por eso, antes de comprar, conviene comparar no solamente tarifas. Hay que mirar cantidad de escalas, equipaje, requisitos migratorios, si los pasajes están emitidos conjuntamente y qué ocurre ante una demora que provoque la pérdida de la siguiente conexión.

A veces el vuelo aparentemente más barato termina convirtiéndose en el viaje más complicado.

Atención con el pasaporte uruguayo

Este es probablemente el punto que más necesita planificación.

Uruguay no figura actualmente en la lista oficial de nacionalidades exentas de visa publicada por el Gobierno de Turks and Caicos.

Sin embargo, la normativa establece excepciones para determinados viajeros que sean residentes legales o posean visas válidas para Estados Unidos, Reino Unido o Canadá.

Por lo tanto, un uruguayo no debería comprar el viaje suponiendo simplemente que, por tratarse del Caribe, puede ingresar únicamente con el pasaporte.

La situación migratoria personal debe verificarse con las autoridades de Turks and Caicos antes de emitir el viaje, especialmente porque los requisitos pueden cambiar.

Un destino caro

Acá aparece la primera gran desventaja.

Turks and Caicos no compite por precio con República Dominicana o algunos destinos mexicanos.

La propia información turística del territorio reconoce que se trata de un destino caro.

Buena parte de lo que se consume debe importarse. Eso repercute sobre supermercados, restaurantes, combustible y servicios turísticos.

Una ventaja importante, sin embargo, es que muchas de sus grandes riquezas no requieren pagar entrada: playas, costas y numerosos espacios naturales tienen acceso gratuito.

Para recorrer Providenciales, alquilar un automóvil puede resultar conveniente. Como referencia, en 2026 un vehículo económico comienza aproximadamente en US$ 50 diarios con impuestos, aunque combustible y otros gastos elevan el presupuesto.

Hay además una curiosidad para el visitante latinoamericano: aunque se utiliza el dólar estadounidense y existe una fuerte influencia norteamericana, se conduce por la izquierda, herencia de su condición de territorio británico.

¿Cuál es la mejor época?

Para un primer viaje, febrero, marzo y abril ofrecen una combinación particularmente atractiva de clima, disponibilidad y condiciones para disfrutar de las playas.

Entre diciembre y abril se desarrolla la temporada alta y los alojamientos pueden costar entre 30% y 50% más que en otros períodos.

Viajar entre fines de agosto y comienzos de noviembre puede resultar considerablemente más barato.

Pero hay una razón.

La temporada de huracanes del Atlántico se extiende oficialmente entre junio y noviembre y, estadísticamente, el período de mayor atención para Turks and Caicos se concentra entre finales de agosto y septiembre.

Viajar barato en septiembre puede ser tentador; hacerlo sin seguro y sin condiciones flexibles de cancelación no parece una buena idea.

Casi dos millones de visitantes

El supuesto “destino desconocido” tiene una contradicción interesante.

En 2025 Turks and Caicos recibió aproximadamente 1,95 millones de visitantes, de acuerdo con las estadísticas gubernamentales.

Unos 640.000 fueron turistas que permanecieron al menos una noche, mientras que más de 1,3 millones correspondieron fundamentalmente al movimiento de cruceros.

La población permanente ronda apenas las 52.000 personas.

Es decir, desconocido para buena parte de Sudamérica no significa desconocido para el turismo mundial.

Significa que estamos mirando el Caribe desde mercados diferentes.

Lo mejor

Turks and Caicos ofrece algunas de las playas más atractivas del Caribe; aguas extraordinariamente transparentes; excelente oferta de snorkel, buceo y navegación; hoteles y villas de muy buen nivel; clima cálido durante prácticamente todo el año; idioma inglés y utilización del dólar; tranquilidad; privacidad y una escala territorial que permite alejarse rápidamente de los lugares más turísticos.

También resulta atractivo para parejas, lunas de miel, viajes de descanso y viajeros dispuestos a invertir más a cambio de exclusividad.

Lo que hay que pensar antes de viajar

El precio es probablemente su mayor barrera.

Desde Uruguay se suma una conectividad menos cómoda que la existente hacia otros destinos caribeños, los requisitos migratorios deben estudiarse antes de comprar y desplazarse entre diferentes islas exige organización.

Tampoco parece el destino indicado para quien busca grandes ciudades, intensa vida urbana, compras económicas o un modelo de vacaciones masivas basado exclusivamente en paquetes all inclusive baratos.

Y existe otro punto: fuera de las principales zonas turísticas, la capacidad de atención médica especializada es limitada. Para un viaje internacional de estas características resulta recomendable contar con un seguro que contemple asistencia y eventual evacuación médica.

¿Cuántos días dedicarle?

Para viajar desde Uruguay, cinco noches parecen poco después de tantas horas y conexiones.

Entre siete y diez días permitirían comprender mejor el destino.

Una primera parte podría dedicarse a Providenciales: Grace Bay, Long Bay, Chalk Sound, snorkel, gastronomía y navegación.

Después habría que abandonar por un momento la postal perfecta.

North Caicos y Middle Caicos permitirían buscar otra historia: pequeños poblados, naturaleza, caminos, cuevas, costas menos intervenidas y habitantes que viven lejos de la concentración hotelera de Grace Bay.

Porque conocer un destino no consiste solamente en fotografiar su playa más famosa.

Beneficios frente a otros destinos del Caribe

Turks and Caicos juega una carta diferente.

No pretende necesariamente ganarle a Punta Cana en precio ni a Cancún en cantidad de habitaciones.

Su valor está en otra parte: menos densidad, privacidad, naturaleza, mar y exclusividad.

Eso explica también la llegada de celebridades. Quien puede elegir prácticamente cualquier playa del planeta muchas veces busca justamente lo que aquí todavía es posible encontrar: espacio.

Próximo desafío: contarla desde allí

Por ahora observamos Turks and Caicos desde mapas, estadísticas, rutas aéreas y fotografías.

Pero una playa no se comprende completamente desde una pantalla.

Quedan preguntas que solamente pueden responderse caminando por sus calles: cuánto cuesta realmente comer, cómo se mueve un visitante sin permanecer encerrado en un resort, qué queda de la identidad local detrás del turismo de lujo, qué hablan sus habitantes, qué sabores distinguen a las islas y si ese azul que aparece en las fotografías existe realmente.

Esa será otra historia.

Noticias y Destinos ya tiene un nuevo punto marcado en el mapa: queremos que la próxima sea una crónica escrita desde Turks and Caicos, frente a ese Caribe que todavía nos queda por descubrir.

Fuentes: Gobierno de Turks and Caicos – Statistics Authority y Border Control; Experience Turks & Caicos, sitio oficial de turismo; Turks and Caicos Islands Airports Authority.

Turismo oficial de Turks and Caicos · Gobierno de Turks and Caicos – requisitos de visa

Me aburrí de los destinos de siempre: ocho lugares donde todavía viajar puede sorprendernos

De las Azores a Japón, pasando por las montañas de Georgia y una travesía por el Atlántico Norte. Busqué lugares capaces de devolverle al viaje algo que a veces perdemos entre aeropuertos, excursiones y fotografías repetidas: la sorpresa.

Me aburrí un poco de buscar destinos y encontrar siempre los mismos.

No porque París haya dejado de ser París, Roma tenga menos historia o las playas griegas hayan perdido su belleza. Simplemente porque, después de años escribiendo y hablando de turismo, también aparece el deseo de mirar el mapa hacia otro lado.

Así empezó esta búsqueda.

¿Qué lugares elegiría hoy para viajar si quisiera encontrar paisajes diferentes, pueblos pequeños, carreteras que merezcan ser recorridas lentamente y experiencias que no estén construidas solamente alrededor de aquello que todos fotografían?

Una publicación de VISA Free World me dio algunas pistas. A partir de allí fui investigando cada destino, contrastando información con sus organismos turísticos y agregando algo fundamental: qué haría yo allí y por qué valdría la pena viajar hasta ese lugar.

El resultado no pretende ser un ranking. Es más parecido a una libreta de futuros viajes.

São Miguel, Azores: empezar por un volcán en medio del Atlántico

Portugal tiene nueve islas en las Azores y São Miguel puede ser una magnífica puerta de entrada.

Aquí no buscaría monumentos. Buscaría caminos.

Sete Cidades ofrece uno de esos paisajes capaces de justificar un viaje: lagos instalados dentro de una enorme caldera volcánica. En Furnas, en cambio, el volcán se manifiesta mediante fumarolas, aguas calientes y actividad geotérmica. La propia promoción turística de Azores destaca que sus recursos hidrotermales se aprovechan desde hace siglos.

La experiencia: alquilar un automóvil y recorrer São Miguel sin obsesionarse con completar una lista. Miradores, lagos, termas, costa, pequeños pueblos y alguna caminata.

Tiene algo que me atrae particularmente: estar en Europa y, al mismo tiempo, sentirse geográficamente perdido en mitad del Atlántico.

Visit Azores – información oficial

Asturias: otra España mirando al Cantábrico

Asturias demuestra cuánto puede cambiar un país sin atravesar una frontera.

Hay más de 400 kilómetros de costa, más de 200 playas y 18 pueblos y villas marineras. Y en la zona oriental ocurre algo geográficamente extraordinario: apenas unos 20 kilómetros separan el Cantábrico de los Picos de Europa.

Cudillero, Llanes, Luarca o Lastres pueden formar parte del recorrido, pero reservaría varios días para entrar hacia los Picos de Europa, caminar, conocer pequeñas poblaciones y probar Cabrales y Gamonéu en el territorio donde nacen.

La experiencia: hacer un viaje de carretera entre mar y montaña. Comer pescado en un puerto y, unas horas después, encontrarse rodeado de cumbres.

Eso también es España. Pero no necesariamente la España que aparece primero cuando buscamos nuestras próximas vacaciones.

Turismo Asturias – portal oficial

Karpathos: Grecia después de Santorini y Mykonos

Aquí mi curiosidad aumentó.

Karpathos está entre Rodas y Creta y es la segunda isla más grande del Dodecaneso. Tiene montañas, bosques de pinos, pequeñas calas y playas de aguas transparentes. Parte del norte de la isla y de su área marina integra la red Natura 2000.

Pero hay algo que me interesa incluso más que sus playas: Olympos.

Su aislamiento permitió conservar costumbres, música, dialecto y tradiciones que le otorgan una personalidad cultural muy particular.

La experiencia: quedarse varios días, conocer Olympos, buscar playas menos concurridas y comprender que las islas griegas no terminan donde terminan las fotografías de Instagram.

Visit Greece – Karpathos

Bosnia y Herzegovina: cometer el error de ir solamente a Mostar

Mostar merece detenerse. Su puente es una de las imágenes emblemáticas de los Balcanes.

Pero el viaje interesante podría empezar después de haber tomado esa fotografía.

A poca distancia está Blagaj, junto al nacimiento del río Buna, donde la naturaleza kárstica, una antigua tekke derviche y siglos de historia ocupan prácticamente el mismo escenario. La región suma gastronomía, senderismo, kayak y recorridos por la cultura de Herzegovina.

Y Bosnia permite continuar hacia Sarajevo y el Parque Nacional Una en un itinerario mucho más ambicioso.

La experiencia: convertir lo que muchos venden como una excursión rápida desde Croacia en un verdadero viaje por Bosnia y Herzegovina.

Probablemente allí esté precisamente su atractivo.

Turismo de Bosnia y Herzegovina

Flores: Indonesia después de Bali

Bali consiguió algo extraordinario: convertirse casi en sinónimo turístico de Indonesia.

El problema es que Indonesia tiene muchísimo más.

Flores combina volcanes, lagos, cascadas, aldeas tradicionales, cuevas, costas, kayak, senderismo y algunos de los fondos marinos más interesantes de la región. La información turística oficial incluso registra alrededor de 50 lugares de buceo.

Kelimutu y sus lagos volcánicos serían una de mis prioridades, pero intentaría que el viaje no se redujera a llegar, fotografiarlos y marcharme.

La experiencia: atravesar parte de la isla por tierra, dormir en diferentes lugares, conocer comunidades locales y combinar paisaje, cultura y mar.

Flores parece uno de esos destinos donde todavía tiene sentido utilizar la palabra aventura.

Indonesia Travel – Flores

Svaneti: viajar hasta las torres del Cáucaso

Georgia ya resulta fascinante. Svaneti lleva esa sensación varios kilómetros más arriba.

Mestia funciona como punto de partida para internarse hacia Ushguli. Allí aparecen las famosas torres medievales de piedra entre montañas del Cáucaso.

Ushguli está aproximadamente a 2.200 metros de altitud y sus pequeños pueblos, torres y paisaje forman parte de un territorio de enorme valor histórico. La carretera desde Mestia es, además, parte de la experiencia; algunas conexiones dependen de la temporada porque la nieve puede impedir el tránsito durante buena parte del año.

La experiencia: no viajar solamente para llegar a Ushguli. El recorrido es el viaje.

Montañas, aldeas, caminos y una arquitectura nacida de siglos de aislamiento explican por qué Svaneti está en esta lista.

Georgia Travel – Svaneti

Shikoku: Japón sin hacer Tokio-Kioto-Osaka

Quizás sea uno de los que más me sorprendió investigando.

Millones de primeros viajes a Japón reproducen un itinerario perfectamente lógico: Tokio, Kioto y Osaka.

Shikoku propone cambiar el ritmo.

El valle de Iya conserva profundas gargantas montañosas, pequeñas poblaciones, casas tradicionales, aguas termales y los célebres puentes suspendidos construidos históricamente con lianas.

A eso se suma uno de los grandes recorridos espirituales japoneses: la peregrinación de Shikoku y sus templos.

La experiencia: hacer solamente una parte del camino. Caminar, dormir, comer localmente y observar un Japón rural que difícilmente aparece cuando nos movemos únicamente entre grandes estaciones ferroviarias.

Japan National Tourism Organization – Shikoku

Islas Feroe: mi elegida, y después seguir hacia Islandia

Aquí ya tengo candidato.

Dieciocho islas en el Atlántico Norte, acantilados enormes, fiordos, pequeñas poblaciones, casas con techos de césped, cascadas y un clima que puede modificar los planes cuando se le ocurra.

Feroe tiene más de 300 kilómetros de senderos señalizados. Entre las posibilidades están Sørvágsvatn, el faro de Kallur, los acantilados de Vestmanna, Saksun, Gjógv y Fossá, la cascada más alta del archipiélago.

Pero mi viaje no terminaría allí.

Quiero llegar a Feroe y continuar hacia Islandia en ferry.

Ese detalle cambia completamente el concepto del viaje. El traslado deja de ser ese tiempo muerto entre un destino y otro. Navegar por el Atlántico Norte pasa a formar parte de la historia que uno fue a buscar.

Y quizás esa sea mi verdadera elección de esta lista: Feroe no como destino final, sino como parte de una travesía.

Visit Faroe Islands – portal oficial

Volver a viajar por curiosidad

Después de investigar estos lugares encontré un denominador común.

Ninguno necesita competir con París, Roma, Nueva York, Bali o Santorini. Tampoco deberían convertirse en sus reemplazos.

Representan otra manera de elegir.

Viajar puede volver a empezar frente a un mapa. Ampliarlo. Alejar el zoom. Buscar esa isla cuyo nombre apenas conocemos, descubrir que existe un pueblo detrás de una montaña o preguntarnos qué habrá después de aquel puerto.

En São Miguel buscaría volcanes y aguas termales. En Asturias conduciría entre el Cantábrico y los Picos de Europa. En Karpathos iría hasta Olympos. En Bosnia seguiría camino después de Mostar. En Flores atravesaría la isla. En Svaneti querría llegar a Ushguli. En Shikoku caminaría parte de una peregrinación.

Y en Feroe me subiría al ferry.

Porque quizá la mejor recomendación de esta lista no sea ninguno de estos ocho lugares.

Es volver a elegir un viaje porque tenemos verdadera curiosidad por saber qué encontraremos al llegar.

300.000 seguidores y casi nadie escucha: la influencia entra en otra etapa

Una buena nota periodística puede necesitar horas de trabajo. En el teléfono del lector tendrá apenas segundos para demostrar que merece su atención. Influencers, medios, marcas y creadores están peleando por el mismo recurso y algo empieza a cambiar: tener seguidores ya no significa necesariamente tener influencia.

Los que editamos un portal de noticias conocemos una contradicción cada vez más evidente.

Buscamos información. Comparamos datos. Revisamos estadísticas. Consultamos antecedentes. Elegimos una fotografía correcta. Escribimos, corregimos y publicamos.

Después ponemos esa nota frente al público.

Y allí comienza otra competencia.

En la pantalla de un teléfono nuestro artículo comparte territorio con un video de ocho segundos, un influencer mostrando un restaurante, alguien vendiendo un producto, otro enseñando dónde pasó sus vacaciones, una promoción encubierta, un meme, una modelo derivando tráfico hacia OnlyFans y cientos de personas intentando conseguir algo todavía más difícil que seguidores: atención.

No necesariamente gana quien tiene algo mejor para contar.

Gana primero quien consigue detener el dedo.

El scroll cambió las reglas

Durante años asociamos influencia digital con cantidad de seguidores.

Un millón impresionaba. Cien mil convertían a alguien en una personalidad interesante para una marca. Las empresas comenzaron a incluir influencers en campañas, viajes, lanzamientos y presentaciones.

Pero el número empezó a mostrar sus limitaciones.

Un estudio de Sprout Social publicado en 2026 señala algo significativo: apenas el 17% de los consumidores consulta cuántos seguidores tiene un creador antes de decidir si interactúa con su contenido. Pesan más la relevancia del tema y el estilo del contenido.

Esto modifica bastante la ecuación.

Un creador con 18.000 seguidores profundamente interesado en gastronomía, turismo rural o vinos puede resultar mucho más interesante para una bodega que una cuenta de 400.000 seguidores cuya audiencia llegó por entretenimiento general.

El tamaño sigue importando.

Pero ya no alcanza.

La caída que comenzó a medirse

En agosto de 2026 apareció otro dato interesante.

El desarrollador Javi Niguez creó una plataforma para seguir la evolución de las audiencias de 35 grandes creadores hispanohablantes.

Los perfiles monitorizados reunían aproximadamente 311,5 millones de seguidores y suscripciones entre diferentes plataformas. En solamente siete días, 24 de los 35 habían perdido audiencia y el saldo conjunto era de aproximadamente 62.165 seguidores menos.

Uno de los casos analizados acumulaba una pérdida superior a 800.000 seguidores durante un mes.

Los números requieren prudencia: se suman distintas plataformas, no representan personas únicas y algunos contadores son aproximados.

Pero aportan una señal interesante.

El usuario también aprendió a dejar de seguir.

No todos los influencers son iguales

Quizás cometimos un error al reunir bajo una misma palabra actividades completamente diferentes.

Existe el creador que investiga, viaja, prueba, compara, explica y construye una especialización. Puede hablar de hoteles, gastronomía, aviación, tecnología, moda o destinos. Su comunidad lo sigue porque reconoce conocimiento o una mirada determinada.

Hay otro modelo basado principalmente en alcance. Tiene muchos seguidores y las marcas pagan por aparecer frente a ellos. Aquí aparece una pregunta que durante demasiado tiempo se evitó: ¿cuántos de esos seguidores reaccionan realmente?

Tener 300.000 seguidores y conseguir 700 interacciones debería provocar más preguntas que admiración.

Existe además una enorme categoría de aspirantes. Personas que trabajan todos los días, producen videos, aprenden edición, siguen tendencias y esperan que alguna publicación finalmente encuentre el algoritmo adecuado.

Algunos crecerán.

Muchísimos no.

Y existe otra economía completamente diferente: perfiles cuya exposición en redes abiertas funciona como puerta de entrada hacia servicios, suscripciones o plataformas como OnlyFans. En esos casos el objetivo económico no necesariamente es la influencia tradicional; la red social funciona como captadora de tráfico.

Llamarlos a todos "influencers" sirve para simplificar una conversación, pero explica muy poco.

La saturación también llegó

Cada persona puede seguir cientos o miles de cuentas, pero continúa disponiendo de las mismas 24 horas.

Y millones de creadores quieren una parte de ellas.

EMARKETER viene observando señales de fatiga digital y advierte que los contenidos genéricos, repetitivos, fabricados para perseguir viralidad o excesivamente artificiales tienen cada vez mayores posibilidades de ser ignorados.

La recomendación que surge parece paradójica para una época obsesionada con publicar permanentemente: producir menos contenido, pero de mayor calidad.

La saturación puede explicar también el agotamiento de determinados recursos narrativos.

Uno de ellos merece jubilación:

"¿Sabías que...?"

¿Sabías que existe esta playa?

¿Sabías que este restaurante...?

¿Sabías que Uruguay...?

¿Sabías que este hotel...?

Funcionó porque generaba curiosidad. Cuando miles de cuentas utilizan exactamente el mismo mecanismo, deja de provocar curiosidad y comienza a anunciar que probablemente viene otro contenido parecido al anterior.

El problema no son esas dos palabras.

Es la previsibilidad.

El algoritmo tampoco respeta demasiado las jerarquías

Hay otra transformación fundamental.

Seguir una cuenta ya no significa necesariamente ver sus publicaciones.

Y no seguirla tampoco significa que no aparecerá en nuestra pantalla.

Los sistemas de recomendación distribuyen contenidos fuera de las comunidades originales. Por eso una pequeña cuenta puede alcanzar cientos de miles de reproducciones mientras una cuenta enorme puede publicar algo que apenas movilice a una fracción de sus seguidores.

Sprout Social lo resume con un dato contundente de su investigación de 2026: el número de seguidores dejó de ser un indicador confiable del alcance.

Para las marcas esto debería cambiar la manera de seleccionar a quién invitan, contratan o patrocinan.

Y para los destinos turísticos también.

Turismo: cuidado con comprar seguidores disfrazados de influencia

Un hotel, restaurante, intendencia, asociación turística o destino debería mirar bastante más que la cifra ubicada debajo del nombre del creador.

¿Quiénes componen su audiencia?

¿Desde dónde lo siguen?

¿Cuántas personas guardan sus publicaciones?

¿Cuántas las comparten?

¿Genera comentarios reales?

¿Puede explicar aquello que visita?

¿Su contenido aparece en búsquedas semanas después?

¿La gente confía en sus recomendaciones?

¿Puede demostrar alguna conversión?

Y agregaría una pregunta especialmente importante para turismo:

¿Dejó algo en el destino después de marcharse?

Una buena cobertura debería construir memoria digital, generar búsquedas, despertar curiosidad y eventualmente transformar esa curiosidad en una visita.

Los pequeños empiezan a resultar grandes

Hay otra señal que merece atención.

Los llamados nano y microinfluencers están consiguiendo mejores niveles de interacción proporcional que muchas cuentas gigantes.

Sprout Social sitúa a los nano-influencers de Instagram, entre 1.000 y 10.000 seguidores, con una tasa promedio de engagement cercana al 2,19%, mientras los segmentos de mayor tamaño presentan porcentajes inferiores.

No significa que una cuenta pequeña sea automáticamente mejor.

Significa que comunidad e influencia no son sinónimos de volumen.

Y aparece nuevamente una palabra que las métricas nunca consiguieron medir completamente: confianza.

Una investigación citada por EMARKETER encontró que un 34% de los usuarios sería más proclive a comprar a partir de recomendaciones de creadores si las reseñas fueran más auténticas e incluyeran también aspectos negativos.

Decir alguna vez "esto no me gustó" puede generar más credibilidad que recomendar absolutamente todo.

¿Y dónde quedamos los medios?

Aquí aparece nuestro propio desafío.

Los medios digitales tampoco podemos refugiarnos detrás de la frase "hacemos buen periodismo".

Podemos escribir una excelente nota que nadie abra.

Podemos tener los mejores datos con un título incapaz de despertar interés.

Podemos investigar durante cuatro horas y perder frente a un video de doce segundos.

Que sea injusto no cambia el resultado.

Por eso un portal como Noticias y Destinos necesita trabajar simultáneamente en dos territorios: profundidad y capacidad de atraer atención.

No convertir el periodismo en TikTok.

Aprender de TikTok cómo comienza una conversación y utilizar después las ventajas que todavía tiene el periodismo: contexto, fuentes, estadísticas, memoria, comparación, análisis y credibilidad.

Una red social puede conseguir que alguien descubra un lugar.

Una buena nota puede conseguir que lo comprenda, lo recuerde, lo busque y finalmente decida viajar.

La nueva medida de la influencia

Quizás dentro de poco resulte extraño presentar profesionalmente a una persona diciendo simplemente:

"Tiene 500.000 seguidores".

La cifra estará incompleta.

Necesitaremos saber cuántos escuchan, cuántos interactúan, quiénes confían, qué conversación genera, qué capacidad tiene para movilizar una decisión y cuánto permanece su contenido después de publicado.

Porque podemos acumular seguidores y perder influencia.

También podemos tener una comunidad relativamente pequeña y ejercer una enorme influencia dentro de ella.

Los influencers no están desapareciendo. El mercado global continúa destinando enormes cantidades de dinero al sector y las recomendaciones de creadores siguen influyendo en decisiones de compra.

Lo que parece estar terminando es algo diferente:

la época en que confundíamos popularidad con influencia.

Y eso, para los buenos creadores y también para el buen periodismo, puede terminar siendo una excelente noticia.

En mi último viaje a Porto Seguro, en Brasil, combiné varios vuelos, distintos aeropuertos y muchas horas mirando por la ventanilla. Como ocurre con tantos viajeros, hubo momentos en los que me descubrí haciéndome preguntas que rara vez tienen una respuesta durante el viaje. ¿Por qué el avión acelera tanto antes de despegar? ¿Qué significan esos ruidos que aparecen en pleno vuelo? ¿Por qué algunos aterrizajes apenas se sienten y otros parecen un fuerte golpe contra la pista?

¿Debemos preocuparnos cuando aparecen las turbulencias?

Días después, leyendo La Vanguardia, encontré una entrevista del periodista Víctor-M. Amela al comandante Ramón Vallès, piloto comercial con más de 25.000 horas de vuelo y autor del libro Bienvenidos a bordo. Sus respuestas despertaron todavía más mi curiosidad. Decidí profundizar en el tema consultando información de organismos internacionales de aviación y otras fuentes especializadas para comprender mejor qué sucede realmente en cada etapa de un vuelo.

El resultado es esta guía. No pretende convertir al lector en piloto, sino ayudar a mirar el próximo viaje con otros ojos. Porque muchas veces aquello que más nos inquieta es, precisamente, lo que demuestra que el avión está funcionando exactamente como fue diseñado para hacerlo.

Volar sin miedo: lo que pasa por nuestra cabeza… y lo que realmente ocurre en la cabina

Hay un momento que se repite en casi todos los vuelos. El avión comienza a acelerar por la pista y, aunque el pasajero frecuente apenas levanta la vista del libro o del celular, muchas personas sienten que el corazón late un poco más rápido.

"¿Y si algo falla justo ahora?"

Minutos después llega el aterrizaje. En algunos vuelos parece que el avión se posa sobre la pista con la suavidad de una pluma. En otros, el contacto con el suelo sorprende con un golpe seco que hace pensar que algo salió mal.

La realidad es muy distinta.

El comandante español Ramón Vallès, piloto comercial con más de 25.000 horas de vuelo, responde muchas de esas dudas en su libro Bienvenidos a bordo. Les escribe su comandante (Geoplaneta), una obra que busca explicar el mundo de la aviación desde la mirada de quien está sentado al otro lado de la puerta de la cabina.

Su mensaje es simple: conocer cómo funciona un avión reduce gran parte del miedo a volar.

El miedo comienza mucho antes de despegar

La psicología explica que el miedo a volar no suele estar relacionado con el avión en sí.

Está asociado a tres factores muy humanos:

  • la pérdida de control;

  • el desconocimiento de lo que ocurre;

  • la imaginación.

Cuando conducimos un automóvil creemos que tenemos capacidad de reaccionar. En un avión entregamos completamente el control a otras personas.

Paradójicamente, es justamente esa profesión —la de piloto comercial— una de las más reguladas, entrenadas y supervisadas del mundo.

 

El momento del carreteo: ¿por qué acelera tanto?

Cuando el avión comienza a recorrer la pista, muchos pasajeros interpretan cada sonido como una posible avería.

Escuchan motores que aumentan de potencia.

Perciben vibraciones.

Sienten que el avión "rebota".

Incluso algunos imaginan que el aparato no logrará despegar.

En realidad ocurre exactamente lo contrario.

Durante esos segundos el avión está alcanzando la velocidad necesaria para que las alas generen sustentación. Antes del despegue, los pilotos ya han calculado el peso de la aeronave, la temperatura ambiente, la dirección del viento, la longitud de la pista y la velocidad exacta a la que el avión puede despegar con total seguridad.

Nada se improvisa.

¿Por qué sentimos que el avión "cae" después de despegar?

Es una de las sensaciones que más ansiedad produce.

Apenas despega, parece que el avión pierde altura durante unos segundos.

No está cayendo.

Lo que ocurre es que el piloto reduce la enorme potencia utilizada para despegar y adapta el régimen de ascenso al perfil normal de vuelo. Nuestro oído interno interpreta ese cambio de aceleración como una pérdida de altura.

Es una ilusión muy conocida.

Turbulencias: incómodas, no peligrosas

Ramón Vallès insiste en una idea respaldada por los datos de la aviación comercial:

las turbulencias prácticamente nunca comprometen la integridad estructural de un avión moderno.

Los aviones están diseñados para soportar esfuerzos muy superiores a los que encuentran durante un vuelo normal.

Lo que sí provocan las turbulencias son lesiones cuando los pasajeros no llevan colocado el cinturón de seguridad.

Por eso la recomendación es sencilla:

Aunque se apague la señal luminosa, mantener el cinturón ligeramente ajustado mientras permanezcamos sentados.

Es una medida sencilla que evita la inmensa mayoría de las lesiones en vuelo.

¿Por qué algunos aterrizajes son tan suaves?

Cuando el viento es estable, la pista está seca y las condiciones meteorológicas acompañan, el piloto puede realizar un aterrizaje extremadamente progresivo.

Muchas veces apenas sentimos el contacto con la pista.

No significa necesariamente que sea un mejor piloto.

Simplemente las condiciones ayudan.

¿Y por qué otros aterrizajes parecen tan bruscos?

Aquí aparece una de las mayores sorpresas para muchos viajeros.

Un aterrizaje duro no siempre es un mal aterrizaje.

En determinadas circunstancias puede ser incluso el más seguro.

Por ejemplo:

  • cuando la pista está mojada;

  • cuando existe viento cruzado;

  • cuando llueve intensamente;

  • cuando el avión llega con fuertes rachas;

  • cuando se necesita asegurar rápidamente el contacto con la pista.

En esos casos el piloto busca apoyar el avión con decisión para evitar rebotes y garantizar que los frenos y los sistemas de desaceleración trabajen correctamente.

En aviación existe un dicho muy conocido:

"Un buen aterrizaje es aquel del que puedes bajar caminando. Un excelente aterrizaje es aquel en el que el avión puede volver a utilizarse."

Ese ruido que siempre sorprende

Durante el vuelo escuchamos golpes, zumbidos, motores que cambian de sonido y mecanismos que parecen abrirse o cerrarse.

La mayoría corresponde al funcionamiento normal del avión:

  • el tren de aterrizaje subiendo o bajando;

  • los flaps modificando la sustentación;

  • los spoilers ayudando a frenar;

  • los cambios automáticos de potencia de los motores.

Lo extraordinario sería no escuchar ninguno.

¿Por qué el avión da tantas vueltas antes de aterrizar?

Muchas personas creen que ocurre porque existe un problema.

Generalmente no.

Los controladores aéreos organizan el tráfico de llegada igual que ocurre en una autopista muy transitada.

Cuando hay muchos vuelos, algunos deben esperar su turno mediante circuitos de espera o pequeñas modificaciones de la ruta.

Es un procedimiento habitual.

Lo que piensa el pasajero… y lo que piensa el piloto

Mientras muchos pasajeros observan cada movimiento con preocupación, en la cabina el trabajo se desarrolla siguiendo listas de comprobación, procedimientos estandarizados y comunicación permanente con el control aéreo.

La aviación moderna está diseñada para que la seguridad no dependa únicamente de la experiencia de una persona, sino de sistemas redundantes, entrenamiento continuo, simuladores y protocolos internacionales.

La intuición puede ayudar en situaciones excepcionales, pero la seguridad cotidiana nace de la disciplina.

Una mirada diferente desde la ventanilla

Quizá el mayor aprendizaje del libro de Ramón Vallès sea recordar que detrás de cada vuelo existe un equipo formado por pilotos, controladores, despachadores, técnicos de mantenimiento, meteorólogos y personal de tierra cuyo único objetivo es que cada pasajero llegue a destino.

La próxima vez que el avión acelere por la pista, tal vez aparezca nuevamente ese pequeño nudo en el estómago.

Será normal.

Pero también puede ser el momento de mirar por la ventanilla y recordar una cifra que ayuda a poner las cosas en perspectiva: cada día vuelan simultáneamente decenas de miles de aeronaves comerciales transportando millones de personas de forma segura.

Conocer cómo funciona ese enorme sistema quizá no elimine por completo el miedo.

Pero, sin duda, ayuda a disfrutar mucho más del viaje.

Fuentes

  • Entrevista de Víctor-M. Amela a Ramón Vallès, La Contra, La Vanguardia.

  • Ramón Vallès. Bienvenidos a bordo. Les escribe su comandante. Todo lo que siempre quisiste saber sobre volar. Geoplaneta.

  • Asociación Internacional de Transporte Aéreo (IATA).

  • Organización de Aviación Civil Internacional (OACI/ICAO).

  • Administración Federal de Aviación de Estados Unidos (FAA).

"PINTO Viajes nos acerca esta semana a SAMANÄ"

Entre playas de aguas turquesas, selvas tropicales, cascadas y una biodiversidad única, la península de Samaná ofrece una experiencia diferente dentro de República Dominicana. Cecilia Pinto, de PINTO Viajes, explica por qué es uno de los destinos que más recomienda a quienes buscan mucho más que unas vacaciones de playa.No hace falta recorrer miles de kilómetros para comprender por qué Samaná ocupa un lugar especial dentro de República Dominicana. Basta con navegar entre los islotes de Los Haitises, caminar hasta la fuerza del Salto El Limón o contemplar una playa donde la naturaleza sigue marcando el ritmo. Es un destino que no compite por tener los hoteles más grandes, sino por ofrecer experiencias que permanecen mucho después del regreso.

Por eso Cecilia Pinto, de PINTO Viajes, suele recomendar esta península del noreste dominicano a quienes desean descubrir un Caribe diferente. "Samaná sorprende porque cada día ofrece una experiencia distinta. No es solamente descansar frente al mar; es conectar con la naturaleza, recorrer paisajes únicos y vivir una República Dominicana mucho más auténtica."

Esa autenticidad comienza en el Parque Nacional Los Haitises, uno de los espacios naturales más emblemáticos del país. Sus manglares, cuevas con pictografías taínas e islotes cubiertos de vegetación forman un escenario que parece detenido en el tiempo y que solo puede descubrirse desde el agua.

A pocos kilómetros, el recorrido continúa hacia el Salto El Limón, una cascada de más de 40 metros rodeada de bosque tropical que invita a caminar, montar a caballo y disfrutar de uno de los paisajes más fotografiados del país.

Las playas también cuentan otra historia. Playa Rincón conserva un perfil natural que la ubica entre las más bellas del Caribe, mientras que Cayo Levantado ofrece aguas transparentes y un ambiente ideal para quienes buscan descanso lejos del movimiento de los grandes complejos turísticos.

Entre enero y marzo, la bahía de Samaná recibe la visita de miles de ballenas jorobadas que llegan para reproducirse. La observación responsable de estos gigantes del mar constituye uno de los espectáculos naturales más emocionantes del Caribe y atrae visitantes de todo el mundo.

¿Por qué elegir Samaná?

  • Naturaleza preservada y paisajes de gran belleza.
  • Playas paradisíacas con un ambiente relajado.
  • Excursiones para todas las edades.
  • Gastronomía dominicana con fuerte presencia de pescados y mariscos frescos.
  • Hospitalidad local y un ritmo ideal para desconectarse.

Como ocurre en cualquier destino costero del Caribe, las condiciones del mar pueden variar según la época del año y los fenómenos naturales. Por eso, en PINTO Viajes se brinda asesoramiento personalizado para elegir la mejor fecha y las experiencias más adecuadas para cada viajero.

"Samaná es un destino que sorprende porque combina aventura, descanso y naturaleza en un mismo viaje. Quienes buscan conocer una República Dominicana diferente encuentran aquí una experiencia inolvidable", concluye Cecilia Pinto.

Con el respaldo y la experiencia de PINTO Viajes, recorrer Samaná es descubrir que el verdadero lujo del Caribe sigue siendo la naturaleza.


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