Hay destinos que nacen del deseo. Otros, del accidente. Y algunos, como Ropoto, quedan suspendidos en una imagen que incomoda y fascina al mismo tiempo.

En la región de Tesalia, el pequeño pueblo de Ropoto se transformó en un símbolo inesperado: casas inclinadas, estructuras torcidas y una iglesia que parece desafiar cualquier lógica arquitectónica.

Cuando la tierra deja de sostener

Durante años, el terreno bajo Ropoto dio señales de inestabilidad. En 2012, tras intensas lluvias y acumulación de agua subterránea, el suelo cedió. El resultado fue inmediato: el pueblo comenzó a deslizarse lentamente colina abajo.

Algunas construcciones alcanzaron inclinaciones superiores a las de la famosa Torre de Pisa. Pero aquí no hay restauración ni turismo masivo planificado. Hay abandono.

Un paisaje que interpela

Caminar por Ropoto es recorrer un lugar detenido en el tiempo. Puertas abiertas, objetos aún en su sitio, escaleras que ya no conducen a ningún lugar. La iglesia, inclinada de forma extrema, se convirtió en la imagen más difundida.

No es un parque temático ni un destino preparado. Es, más bien, un recordatorio tangible de cómo la naturaleza redefine el territorio.

El turismo de lo inesperado

En los últimos años, Ropoto comenzó a atraer a viajeros curiosos, fotógrafos y creadores de contenido. No por su belleza tradicional, sino por su capacidad de contar una historia distinta.

Este tipo de lugares abre una conversación interesante:
el turismo ya no busca solo paisajes perfectos, también persigue relatos, huellas y experiencias que despierten preguntas.

Una reflexión necesaria

Ropoto no es solo una postal impactante. Es una advertencia sobre planificación, riesgos geológicos y la relación entre el ser humano y el entorno.

En un mundo donde los destinos compiten por atención, este pequeño pueblo griego lo logra sin proponérselo.

Desde Noticias y Destinos, una invitación a mirar más allá de lo evidente.
Porque a veces, los lugares que parecen derrumbarse… son los que más tienen para contar.

Acapulco vuelve: resiliencia, turismo y un 2026 que puede marcar un nuevo comienzo

Hay destinos que no se olvidan.
Acapulco es uno de ellos.

He estado allí tres veces. Y siempre queda algo: el atardecer sobre la bahía, la fuerza de su gastronomía, los clavadistas que se lanzan al vacío como si el tiempo no existiera.

Hoy, ese mismo destino vuelve a levantarse.

Acapulco busca reposicionarse en el turismo internacional tras la tormenta. El Tianguis Turístico 2026 y el respaldo de FIPETUR marcan un punto de inflexión para uno de los destinos más emblemáticos de México.


Después de la tormenta, una decisión: volver

Acapulco no enfrenta solo una reconstrucción.
Enfrenta algo más profundo: recuperar su lugar en el mapa del turismo internacional.

Y lo hace en un momento particular.

El turismo global cambió.
El viajero busca experiencias con sentido, destinos que transmitan historia, identidad y capacidad de reinventarse.

Acapulco tiene todo eso.


2026: el año en que vuelve a escena

En ese escenario aparece un actor clave: la Federación Iberoamericana de Periodistas de Turismo.

La organización confirmó su participación activa en el Tianguis Turístico Acapulco 2026, uno de los eventos más importantes del sector en México.

No se trata solo de cobertura.

Se trata de amplificar un mensaje.

Tras su presencia en FITUR 2026, FIPETUR llega con una red consolidada de medios y periodistas capaces de proyectar el destino a escala internacional.


Comunicar la recuperación también es parte del turismo

Yenny Polanco Lovera, presidenta de la federación, lo resume con claridad:
Acapulco representa mucho más que un evento. Representa resiliencia.

Desde la organización, la estrategia apunta a:

  • generar cobertura coordinada entre países
  • mostrar la transformación del destino
  • instalar una narrativa positiva y real

Fernando Milo, secretario general, agrega una clave: no alcanza con informar, hay que interpretar.

En turismo, esa diferencia define el impacto.


Un destino que vuelve con identidad

Acapulco no necesita inventarse.

Su valor está en lo que ya es:

  • cultura viva
  • gastronomía reconocible
  • experiencias auténticas
  • una historia que conecta con generaciones

Hoy, eso tiene más valor que nunca.

Porque el turismo ya no busca solo lugares.
Busca significado.


Mirada final

Acapulco está en un punto de inflexión.

El Tianguis Turístico 2026 puede marcar su regreso definitivo al escenario global.

Pero más allá de los eventos, lo que está en juego es algo más profundo:

la capacidad de un destino de reinventarse sin perder su esencia.

Y Acapulco, una vez más, está dispuesto a intentarlo.

Hay viajes que no requieren pasaporte. Solo tiempo, curiosidad y una conexión a internet. En ese mapa invisible, el Museo del Prado aparece como una puerta abierta a siglos de historia, ahora accesible desde cualquier lugar del mundo.

La institución española, una de las más importantes del planeta, transformó su colección en una experiencia digital que permite recorrer salas, detenerse en los detalles y descubrir obras con una profundidad que incluso la visita presencial no siempre permite.


Un museo entero, en 360°

La visita virtual del Prado no es una simple galería de imágenes. Es una reconstrucción completa del museo.

  • Recorrido por plantas baja, primera y segunda
  • Panorámicas inmersivas en 360°
  • 89 obras digitalizadas en calidad gigapíxel
  • 5 esculturas en formato 3D
  • Navegación libre o guiada

Todo esto permite caminar virtualmente por las salas, acercarse a centímetros de una pincelada y entender cómo dialogan las obras entre sí dentro del espacio.

La tecnología, basada en digitalización de altísima resolución, convierte cada obra en un territorio para explorar.


Las obras que sostienen la historia

El Prado no es solo un museo: es un relato visual de Europa.

Entre sus piezas más reconocidas —presentes en la experiencia digital— aparecen nombres que definen épocas:

  • Diego VelázquezLas Meninas
  • Francisco de GoyaEl 3 de mayo de 1808
  • El BoscoEl jardín de las delicias
  • Peter Paul Rubens – escenas mitológicas y religiosas
  • El Greco – espiritualidad y dramatismo

Cada obra, ampliada en gigapíxel, permite ver lo invisible: grietas, capas de pintura, gestos mínimos. Es otra forma de mirar.


Cómo hacer el recorrido (y disfrutarlo mejor)

La propia web del museo propone una experiencia ordenada. No es necesario improvisar.

1. Entrada libre al museo virtual

Accedé aquí:
Visita virtual del Museo del Prado

2. Elegí cómo recorrer

Podés moverte como en Google Street View o seguir rutas temáticas.

3. Probá los recorridos sugeridos

El Prado diseñó 10 itinerarios curatoriales:

  • Obras maestras
  • Un paseo por el Olimpo
  • La mirada del artista
  • El cuerpo
  • Música en el Prado
  • Flores del Prado
  • Sentados en el trono
  • Escrito está
  • Al fondo
  • Llega la muerte

Cada uno incluye introducciones narradas que guían la experiencia.


Una nueva forma de viajar

La visita virtual no reemplaza el viaje físico. Lo transforma.

Permite preparar un futuro recorrido, redescubrir obras ya vistas o simplemente detenerse en una pintura durante minutos, sin multitudes, sin apuro.

En tiempos donde el turismo redefine sus formas, el arte encuentra un camino propio: viajar desde casa, pero con la sensación de estar allí.

Manantiales Serranos: el proyecto de Uruguay que busca entrar en la UNESCO y transformar el turismo en Lavalleja

Entre sierras, historias rurales y paisajes que guardan millones de años, Lavalleja se posiciona ante el mundo. La candidatura de Manantiales Serranos a Geoparque Mundial de la UNESCO abre una oportunidad que va más allá del reconocimiento: redefine el turismo en Uruguay.

Uruguay avanza hacia un posible hito en su desarrollo turístico y territorial. El Geoparque Manantiales Serranos, ubicado en Lavalleja, transita las etapas finales de evaluación para integrarse a la red de Geoparques Mundiales de la UNESCO. La definición se espera para abril de 2026.

El proyecto, impulsado a nivel nacional y con fuerte anclaje local, combina conservación, identidad y desarrollo económico, en una lógica que empieza a ganar espacio en el turismo global. 


Un territorio que cuenta historias

Con una extensión cercana a los 2.000 km², Manantiales Serranos no es solo un área delimitada en el mapa. Es un territorio donde la geología dialoga con la cultura, la producción y la vida cotidiana.

Cerros, sierras, formaciones rocosas y paisajes abiertos construyen una identidad que se complementa con saberes locales, arquitectura rural y tradiciones que siguen vivas.


¿Por qué este proyecto importa?

La posible designación como Geoparque Mundial de la UNESCO representa mucho más que un reconocimiento simbólico.

  • Posicionamiento internacional: Uruguay ingresaría a una red global de destinos con alto valor geológico y turístico.
  • Modelo sostenible: El desarrollo económico se apoya en la conservación, no en la explotación.
  • Relato territorial: Se integran cultura, gastronomía, producción local y patrimonio natural.
  • Cooperación global: Acceso a redes de ცოდ (podés cambiar por “conocimiento” si querés neutralidad) e innovación en turismo.

El impacto en el turismo

El cambio puede ser profundo, especialmente para Lavalleja.

  • Nuevos perfiles de visitantes: El geoturismo atrae viajeros interesados en experiencias auténticas y conocimiento.
  • Turismo todo el año: La propuesta rompe con la lógica estacional del verano.
  • Desarrollo local: Guías, productores, emprendedores y alojamientos se integran a una cadena de valor más amplia.
  • Marca país: Uruguay refuerza su posicionamiento como destino natural y sostenible.

Un proceso que ya dejó señales

La candidatura no surge de un impulso aislado. Incluye años de trabajo técnico, articulación institucional y participación en espacios internacionales, como la conferencia global de geoparques realizada en Chile.

Esto confirma que Uruguay no solo busca el reconocimiento, sino que construye una propuesta sólida.


Más que un título, un cambio de modelo

Si la aprobación se concreta, Manantiales Serranos marcará un punto de inflexión.

El turismo deja de ser solo una actividad económica para transformarse en una herramienta de conservación, identidad y desarrollo territorial.

Para el visitante, será la posibilidad de descubrir un Uruguay menos visible, más profundo.
Para Lavalleja, una oportunidad concreta de crecimiento con base en su propio patrimonio.


El futuro para Lavalleja

Mientras el mundo espera la decisión final, el territorio ya empezó a cambiar.
Manantiales Serranos no solo busca ingresar a la UNESCO: propone una forma distinta de entender el turismo.

Una donde el valor no está en consumir el paisaje, sino en comprenderlo. Si deseas saber más, aquí tienes todo lo que necesitas: https://manantialesserranos.uy/

Semana de turismo 2026: actividades en Uruguay y el origen de una tradición única

Por qué cambia de fecha la Semana de Turismo y qué actividades ofrece Uruguay en 2026. Un recorrido por todo el país, entre historia y experiencias.

Un caso único en el mundo

Uruguay es uno de los pocos países que adoptó oficialmente una denominación laica para esta semana.
Mientras en gran parte del mundo sigue predominando el concepto religioso, aquí conviven dos dimensiones:

  • Quienes mantienen la tradición espiritual

  • Quienes aprovechan la semana como tiempo de descanso, viaje o encuentro

Esa convivencia, lejos de generar tensión, se volvió parte de la identidad nacional.


Cada año cambia.
Y cada año moviliza a todo el país.

La Semana de Turismo no tiene una fecha fija porque su origen está en la antigua Semana Santa, que se define por un criterio móvil: el Domingo de Pascua se celebra el primer domingo después de la primera luna llena posterior al equinoccio de marzo.
Por eso el calendario se desplaza. Y por eso, en la práctica, muchos la entienden como parte de un ciclo más amplio: Carnaval, Cuaresma y, finalmente, esta semana que marca una pausa.

Uruguay tomó esa tradición y le dio un giro propio.
A comienzos del siglo XX, durante las reformas del Estado laico impulsadas por José Batlle y Ordóñez, la Semana Santa pasó a denominarse oficialmente Semana de Turismo. El cambio no eliminó su origen religioso, pero sí redefinió su carácter público: la abrió a toda la sociedad.

Con el tiempo, el nombre dejó de ser simbólico.
Se volvió real.


Un país en movimiento

Montevideo no arranca la semana: la despliega.
El Prado vuelve a convertirse en un territorio donde el tiempo parece correrse hacia atrás. Las jineteadas de la Semana Criolla del Prado no son solo espectáculo, son parte de una memoria viva que se transmite entre generaciones. El humo de los asados, el sonido de las guitarras, los puestos de artesanos y las familias que llegan temprano construyen una escena que se repite, pero nunca es igual.

A pocos minutos, la ciudad cambia de registro. Las salas de Cinemateca invitan a otro viaje con el Festival Cinematográfico Internacional del Uruguay. Películas que no siempre llegan al circuito comercial, directores presentes, debates, miradas distintas. Mientras en el Prado el cuerpo se mueve, en el cine se detiene.

Paysandú no se divide: se entrega por completo.
La Semana de la Cerveza toma la ciudad entera. Desde la tarde, la costanera se llena de gente caminando sin apuro, y cuando cae la noche, el anfiteatro concentra la energía. Es uno de esos eventos donde lo importante no es solo el escenario, sino lo que pasa alrededor.

En Treinta y Tres, el Festival del Olimar “Maestro Rubén Lena” conserva algo que no se puede forzar.
No hay artificio. Hay pertenencia. El río, el parque y la música construyen una experiencia que se transmite de generación en generación.

Colonia encuentra su propio tono bajo una consigna clara: “Viví Colonia en otoño”.
El Bastión del Carmen funciona como referencia cultural en Colonia del Sacramento, pero la agenda se expande hacia otras localidades. En Colonia Valdense, los juegos camperos se combinan con feria gastronómica y espectáculos, con la presencia de Lucas Sugo y Soledad Pastorutti, ampliando el alcance de la propuesta.

El litoral termal tiene su centro en Salto.
Las Termas de Daymán y Arapey se consolidan como refugio para quienes buscan descanso, agua caliente y tiempo sin apuro. Es otra forma de vivir la semana.

Entre tantas rutas, crece con fuerza el enoturismo en Canelones, Montevideo rural, Colonia y Maldonado.
Las bodegas abiertas y experiencias entre viñedos combinan degustaciones, recorridos y gastronomía. El vino deja de ser solo producto para transformarse en experiencia.

Artigas propone una mirada distinta con el turismo minero.
Las visitas a minas de amatistas y ágatas permiten conocer un territorio desde su base productiva y geológica, generando una experiencia diferente dentro del mapa turístico nacional.

En Rivera, el protagonismo lo tiene el Valle del Lunarejo.
Excursiones, caminatas y naturaleza en estado puro para quienes buscan un contacto más profundo con el paisaje.

Rocha mantiene su identidad con propuestas como la Semana del Fruto Nativo en Aguas Dulces y la Semana del Camarón en Valizas.
Gastronomía, cultura y territorio se combinan en una versión más íntima de la costa.

Maldonado suma cultura con actividades en el Museo de Arte Contemporáneo Atchugarry (MACA) y eventos como la Fiesta de la Yerba Mate en Aiguá. También el Festival Mediaval en el Castillo Pitamiglio. 

En Lavalleja, Minas incorpora el arte urbano como atractivo con el Festival Wang de Muralismo, que deja obras permanentes en la ciudad.

Canelones confirma que muchas veces la escapada está cerca, con propuestas como la Fiesta de la Cerveza Artesanal en Parque del Plata, que combina música, gastronomía y entorno costero.

Y en todo el territorio, la 81ª Vuelta Ciclista del Uruguay atraviesa rutas y ciudades, generando encuentros en cada llegada de etapa.

  
 

Rutas que se descubren

Hay un Uruguay que no entra en la primera mirada.
Aparece cuando uno decide salirse del camino más evidente.

En Canelones, Montevideo rural, Colonia y Maldonado, el vino marca una ruta silenciosa pero firme. No se trata solo de visitar bodegas: se trata de entrar en el ritmo del viñedo, de entender el tiempo de la tierra. Las mesas se alargan, las charlas también. El Tannat aparece como excusa, pero lo que queda es la experiencia.

Más al norte, Artigas propone algo que sorprende incluso a quienes conocen el país. El turismo minero abre la puerta a un mundo poco visible: el de las amatistas y ágatas que nacen bajo tierra. No es una visita más. Es un cambio de perspectiva.

En Rivera, el Valle del Lunarejo y Minas de Corrales no compite, no busca imponerse. Se deja descubrir. Caminatas, quebradas, monte nativo. Hay una sensación que se repite: la de estar lejos, aun cuando no lo estamos.

Rocha baja la intensidad sin perder identidad.
Aguas Dulces, con los frutos nativos, y Valizas, con su cultura costera, ofrecen otra versión del destino. Menos urgencia, más conexión. El paisaje sigue ahí, pero cambia la forma de habitarlo.

En Maldonado, el arte se integra al recorrido. El entorno del MACA propone una pausa distinta, donde la escala del paisaje dialoga con la obra.
Y en Lavalleja, Minas suma una capa contemporánea: el muralismo transforma muros en relato y convierte a la ciudad en un circuito abierto.

Canelones, una vez más, juega su mejor carta: la cercanía. Parque del Plata, con su movida de cerveza artesanal, demuestra que muchas veces el plan no está lejos, sino mejor pensado. Imperdible visitar los parajes del interior por el Oeste y pequeñas ciudades desconocidas como Montes, Migues, Tapia, Tala y Piedras de afilar. 

Y mientras todo esto sucede, hay algo que atraviesa el país sin detenerse: la Vuelta Ciclista del Uruguay. No es solo una competencia. Es una excusa para que la gente salga a la ruta, se junte, espere, mire. Cada llegada construye una escena distinta.


Cierre

La Semana de Turismo no necesita explicación.

Se entiende cuando uno sale.
Cuando elige un camino, incluso sin saber bien a dónde lleva.

Uruguay no cambia en esos días.
Se muestra.

Y en ese gesto, simple y repetido cada año, aparece algo que no siempre vemos:
la posibilidad de redescubrir lo cercano con ojos nuevos.


? Fuentes y agenda


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