Cuando la noche también contaba el verano
Recordamos las fiestas, los personajes y esos encuentros que marcaron temporadas enteras en Punta del Este. Historias, presencia de la prensa y la vuelta de la tradicional Fiesta de la Prensa bajo el legado de Diego Fonsalía.

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Una lectura de ficción propia  a partir de una película inspirada en hechos reales y su eco en el presente uruguayo.

El robo como relato cultural y la inspiración detrás de The Bank Job

Hay una aclaración necesaria antes de entrar en la película.
En Noticias y Destinos no hacemos policiales ni bajamos línea política. Contamos cultura. Y dentro de la cultura, la ficción —cuando está bien construida— suele decir más sobre una época que muchos discursos formales. Este es uno de esos casos.

The Bank Job no inspira por el delito, sino por lo que revela: cómo una ciudad, una década y un sistema se reflejan en una historia que combina túneles, silencios y poder. Es desde ahí que esta nota encuentra su lugar.

Un plan que empezó mucho antes

Uno de los detalles más elocuentes del relato es que todo comienza en una tienda vacía, alquilada meses antes del robo. No como una coartada improvisada, sino como una estrategia de largo aliento. El local se integra al barrio, nadie pregunta demasiado y, mientras la ciudad sigue su pulso cotidiano, debajo se excava con paciencia.

Ese punto de partida no es solo británico. La lógica de ocupar un espacio anodino, alquilarlo con tiempo y convertirlo en base operativa remite también a estrategias utilizadas por comandos urbanos en Montevideo, Uruguay, donde la normalidad aparente funcionó históricamente como camuflaje. No se trata de equiparar hechos, sino de reconocer una misma gramática: el tiempo, el silencio y la espera como aliados.

Un Londres subterráneo

Ambientada en el Londres de 1971, la película reconstruye el famoso robo de Baker Street: un banco asaltado desde abajo, excavando un túnel que conecta esa tienda alquilada con la bóveda. No hay épica ruidosa ni persecuciones interminables. Hay método, cálculo y una ciudad que parece sostener secretos bajo tierra.

El giro aparece cuando el botín deja de ser dinero y pasa a ser información: fotografías, documentos, nombres. En ese instante, la historia deja de pertenecer a los ladrones y pasa a incomodar a otros. A muchos otros.

El libro y la historia real

El guion se apoya en investigaciones periodísticas y libros de no ficción que reconstruyeron el caso real años después, cuando el tema dejó de estar silenciado en el Reino Unido. Durante décadas, el robo permaneció bajo censura oficial, lo que dio lugar a una bibliografía fragmentaria, hecha de datos comprobados y vacíos deliberados.

Esa base documental explica el tono del film: no busca cerrar el relato, sino mostrar cómo funcionan los silencios cuando lo que emerge resulta incómodo para el poder.

La ciudad como relato

Mientras avanzaba la película, la idea se volvía insistente: las ciudades también se cuentan desde abajo. Desde sus túneles, sus cañerías, sus capas invisibles.
Sigo sosteniendo —con media sonrisa y convicción plena— que bajar a las alcantarillas de Arteaga, entender su ingeniería, su historia y su vínculo con la vida urbana, podría convertirse en un atractivo turístico singular. No por morbo, sino por relato. Porque el turismo también es interpretación del territorio.

Cuando la lógica también aparece en Montevideo

La estrategia que muestra The Bank Job —alquilar con tiempo un local vacío, pasar desapercibido, trabajar desde la normalidad— no resulta ajena a nuestra región. En Montevideo, existió un intento de robo planificado bajo una lógica similar, donde la ocupación previa de un local y el trabajo silencioso formaban parte del plan.

No importa aquí el desenlace ni el expediente. Lo relevante es la matriz narrativa:
la ciudad como escenario cotidiano,
la espera como método,
y la información —o el acceso— como objetivo final.

Ese paralelismo refuerza la idea central de esta nota: no se trata de geografías ni de épocas, sino de una forma de entender el poder, el control y el silencio.

La clave que une todo

No va de un robo.
Va de qué pasa cuando alguien accede a información que otros prefieren mantener oculta.
El dinero es apenas la excusa.
El verdadero botín son los nombres, las imágenes, las ideas.
Todo empieza mucho antes, en un local vacío, alquilado con tiempo, cuando nadie mira.
Y cuando esa información aparece, el sistema reacciona. No para explicarla, sino para contenerla.

Del cine al presente

Visto hoy, ese mecanismo dialoga con dos referencias que la película deja asomar y que el mundo contemporáneo volvió a poner sobre la mesa.

Por un lado, la mención a Malcolm X, símbolo de una época en la que las ideas eran vigiladas, archivadas y utilizadas como amenaza. No importaba solo lo que alguien hacía, sino lo que pensaba y a quién podía influir. Tener registros era tener poder.

Por otro, el paralelismo inevitable con el caso de Jeffrey Epstein. No por la naturaleza de los hechos, sino por la misma lógica estructural: redes de protección, información sensible, silencios prolongados y la sospecha persistente de que el chantaje puede convertirse en herramienta de extorsión y control.

La ficción lo muestra sin subrayarlo. La realidad lo confirma con crudeza.

Atención: el llamado “Robo del Siglo” a unos días de sucedido el descubrimiento parece que  no tenía como objetivo los bancos de la zona. Según fuentes de X, diarios  y pistas que maneja la policía, el túnel descubierto formaba parte de una estrategia más amplia: conectar con un tramo de la red de cloacas para acceder luego a un segundo túnel, que conduciría directamente a un depósito portuario. El dato refuerza la hipótesis de una planificación de largo aliento, donde la infraestructura urbana funcionaba como pieza clave del recorrido.

Por qué esta nota encaja aquí

Porque The Bank Job no es un policial clásico ni una proclama ideológica. Es una pieza cultural que habla de memoria, de ciudades y de las capas que las sostienen.
Y porque Noticias y Destinos también se mueve ahí: en los cruces entre cultura, territorio e imaginación.

A veces, el verdadero viaje empieza bajando unos metros.

Te dejo m ipost para X https://x.com/jacobomalowany/status/2019379612644409463

Hoy escribo desde un lugar distinto.
Hoy empiezo mi tratamiento de quimioterapia.

No es una fecha elegida al azar: coincide con el Día Mundial de Lucha contra el Cáncer, y esa coincidencia me obliga —casi me empuja— a poner en palabras algo que hasta hace poco solo transitaba en silencio.

Cuando el cuerpo avisa y no siempre escuchamos

¿Por qué llega una enfermedad como esta?
No hay una sola respuesta. Hay múltiples causas, factores que se cruzan, diagnósticos que a veces se demoran. En mi caso, un cáncer de esófago de origen multifactorial, sin una causa única ni evidente. Y eso también ocurre: no todo encaja en una explicación simple.

Por eso la prevención deja de ser un concepto abstracto y se vuelve concreta, urgente.
Dolor en el pecho, acidez persistente, molestias digestivas, dificultad al tragar. Señales que muchas veces se normalizan, se minimizan o se postergan. Y no deberían. Ante el menor indicio, la consulta con un gastroenterólogo y los estudios correspondientes no son una exageración: son una oportunidad.

El cáncer en Uruguay: una realidad que interpela

Hoy, 4 de febrero, se conmemora el Día Mundial contra el Cáncer, una fecha clave para sensibilizar sobre la prevención, el control y el impacto real de esta enfermedad en la sociedad. Su importancia radica en un dato contundente: al menos un tercio de los casos de cáncer son prevenibles si se actúa a tiempo sobre los factores de riesgo y se fortalece el diagnóstico precoz.

A nivel global, esta jornada busca movilizar a gobiernos, instituciones y ciudadanía para reducir el impacto del cáncer mediante acciones concretas: evitar conductas de riesgo, mejorar los sistemas de detección temprana, garantizar tratamientos oportunos y reforzar los cuidados paliativos. La prevención continúa siendo la estrategia más costo-eficaz a largo plazo.

Datos generales: qué pasa en Uruguay

En Uruguay, el cáncer representa aproximadamente el 25% de las defunciones anuales, y se mantiene como una de las principales causas de muerte junto con las enfermedades cardiovasculares.
En 2023, se registraron cerca de 8.000 fallecimientos por cáncer, y el país presenta una de las tasas más altas de la región: 158,8 muertes cada 100.000 habitantes, según datos de la Organización Panamericana de la Salud.

Cada año se diagnostican alrededor de 15.000 nuevos casos, con un fenómeno que preocupa a los especialistas: el aumento de la incidencia en personas jóvenes, especialmente entre los 25 y 50 años, en patologías como cáncer de mama y cáncer colorrectal.

Los cánceres más frecuentes

En términos de incidencia y mortalidad, el panorama muestra diferencias según sexo:

  • Hombres:

    • Mayor incidencia: próstata, pulmón y colorrectal

    • Mayor mortalidad: pulmón y colorrectal

  • Mujeres:

    • Mayor incidencia: mama, colorrectal y pulmón

    • Mayor mortalidad: mama, pulmón y colorrectal

El cáncer de mama es el más frecuente en cifras absolutas, con unos 1.860 casos nuevos por año, mayoritariamente en mujeres.

Causas y factores de riesgo: lo que sí se puede evitar

Entre las principales causas prevenibles se destacan:

  • Tabaquismo, responsable de unas 2.464 muertes anuales, especialmente por cáncer de pulmón

  • Consumo de alcohol

  • Obesidad y sedentarismo

  • Dieta inadecuada

  • Infecciones como el virus del papiloma humano (VPH) y la hepatitis B

Existen también factores no modificables, como la edad, el sexo y la carga genética. Sin embargo, el envejecimiento de la población y los cambios hormonales asociados a la obesidad en edades tempranas están agravando el escenario y adelantando la aparición de la enfermedad.

Informarse también es una forma de cuidado

En este Día Mundial contra el Cáncer, la información vuelve a ocupar un lugar central. No reemplaza a los tratamientos, pero puede adelantarse a la enfermedad. Reconocer síntomas, consultar a tiempo y no naturalizar señales persistentes sigue siendo una de las herramientas más efectivas para cambiar historias.

Porque, muchas veces, el cáncer no aparece de golpe.
Avanza despacio.
Y llegar a tiempo todavía marca la diferencia

Soledad Pastorutti, treinta años después: cuando una canción resume una vida

A tres décadas de aquel debut que parecía imposible, Soledad Pastorutti sigue conectando con el público desde la emoción genuina. Brindis no funciona solo como una canción, sino como una síntesis de recorrido, identidad y agradecimiento. Su historia personal, marcada por la perseverancia y la fidelidad al folclore, resignifica cada verso y confirma por qué su voz atraviesa generaciones.

Hace treinta años, Soledad Pastorutti subía a un escenario siendo apenas una adolescente. Ella misma lo ha contado: no podía cantar en muchos ámbitos por su edad, no encajaba en los moldes previstos, y aun así avanzó. No llegó desde la autorización, llegó desde la insistencia. Desde una voz joven, todavía en formación, pero con una identidad clara.

Aquel debut marcó mucho más que el inicio de una carrera artística. Señaló un momento bisagra para el folclore argentino, que volvía a conectar con nuevas generaciones sin perder raíz. Soledad no apareció como promesa construida, sino como presencia auténtica: cantó como quien sabe que ese lugar también le pertenece.

Tres décadas después, Brindis funciona casi como una síntesis íntima de ese recorrido. No es una canción de balance grandilocuente ni de celebración ruidosa. Es una pausa. Un gesto sencillo que mira hacia atrás sin nostalgia forzada y hacia adelante sin promesas exageradas. Brindar, en esta canción, no implica olvidar lo duro, sino integrarlo.

La emoción de Brindis está en su tono contenido. Habla de lo vivido, de lo aprendido, de las personas que dejaron huella y siguen presentes de otro modo. No busca explicar una historia puntual, sino abrir un espacio donde cada oyente pueda colocar la propia. Tal vez por eso llega tan hondo: porque no impone un sentimiento, lo acompaña.

Escuchar hoy esta canción sabiendo de dónde viene Soledad —esa niña que no podía cantar y terminó cantándole a varias generaciones— le suma una capa de sentido. La voz ya no necesita demostrar nada. Se apoya en el camino recorrido y en la serenidad de quien entiende que la música también puede ser agradecimiento.

 

 

Bad Bunny y los Grammy 2026: cuando la memoria le ganó a la moda

Por qué un álbum en español se llevó el premio mayor y qué dice eso también de Uruguay

En la 68.ª edición de los Premios Grammy, Bad Bunny no ganó por tendencia. Ganó por memoria colectiva. Debí Tirar Más Fotos (DTMF) se convirtió, por primera vez en la historia de la gala, en Álbum del Año para un trabajo completamente en español. No fue un gesto de corrección cultural: fue el reconocimiento a una verdad emocional que cruzó fronteras sin pedir permiso.

DTMF mira hacia adentro y hacia atrás. Mezcla plena, bomba, salsa y capas urbanas no para sorprender, sino para anclarse en la identidad puertorriqueña y, desde ahí, hablarle al mundo. El título lo explica todo: “Debí tirar más fotos” nombra el arrepentimiento cotidiano de no haber estado lo suficiente cuando la vida pasaba. En tiempos de historias efímeras, el disco pregunta qué queda de lo que no registramos; de lo que dimos por sentado; de quienes creímos eternos.

Por eso conectó. No idealiza el pasado ni cae en la nostalgia fácil. Dice algo más incómodo y honesto: el pasado fue real y no lo cuidé como debía. Ese gesto —adulto, sereno— llegó en el momento exacto: pospandemia, duelos sin cerrar, migraciones, familias partidas, vidas aceleradas. Millones revisan hoy su archivo emocional: a quién no llamaron, qué normalizaron y ya no está.

Musicalmente, el álbum evita el golpe inmediato. No persigue el hit; suena a memoria. Tiene silencios, atmósferas, texturas. En el fondo, Bad Bunny ganó porque habló de tiempo, el único tema que nos iguala. Y cuando un álbum logra decir eso sin gritarlo ni venderlo, no se vuelve viral por algoritmo: se vuelve inolvidable.

Una noche que marcó época

La gala también quedó en la historia por otros motivos. Fue la primera en más de una década sin el clásico “mano a mano” entre Taylor Swift, Beyoncé o Adele. El gran ganador de la noche fue Kendrick Lamar, que convirtió cinco de sus nueve nominaciones —incluida Grabación del Año— y se consolidó como el rapero más premiado en la historia de la gala.
Billie Eilish y Finneas hicieron historia al ganar Canción del Año por tercera vez. Y el K-pop celebró su primer Grammy con “Golden” de Las Guerreras, como Mejor canción escrita para medios visuales. En total, se evaluaron lanzamientos publicados entre el 31 de agosto de 2024 y el 30 de agosto de 2025, en 95 categorías.

¿Y Uruguay? La memoria también habla en rioplatense

Aunque esta edición no tuvo un ganador uruguayo en el premio mayor, el mensaje del año dialoga de lleno con la sensibilidad local. La tradición rioplatense —del candombe a la murga, de la canción de autor a la nueva escena urbana— trabaja desde hace décadas con tiempo, ausencia, pertenencia y memoria. No es casual que figuras como Jorge Drexler hayan construido reconocimiento global desde esa honestidad: canciones que no corren detrás del ruido, sino que permanecen.

Lo que premió la Academia en 2026 fue una forma de decir: la identidad no es un límite; es un puente. Para Uruguay, país pequeño y musicalmente diverso, la señal resulta clara. Cuando el arte se anima a mirar lo propio sin disfrazarlo, puede hablarle al mundo entero.


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