Uruguay: resiliencia energética, presión económica

Uruguay siente el impacto global, pero no desde el mismo lugar que Europa o economías altamente dependientes del gas. Aquí no se proyecta un colapso inmediato, sino un escenario más silencioso y persistente: aumento de costos, márgenes empresariales más ajustados y un mercado laboral que podría enfriarse si la tensión externa se prolonga.

El país llega con dos amortiguadores relevantes. Por un lado, una matriz eléctrica casi totalmente renovable, que evita una crisis energética interna. Por otro lado, niveles de inflación que, en términos recientes, se mantienen contenidos.

Sin embargo, la dependencia del petróleo sigue marcando el pulso de la economía real. Transporte, logística e industria continúan atados a ese insumo estratégico. Desde Administración Nacional de Combustibles, Alcohol y Portland recuerdan que el país consume más de 45.000 barriles diarios de crudo o derivados.

Ahí está la clave de la mirada local: Uruguay no enfrenta un shock energético directo, pero sí una presión constante sobre su estructura de costos, donde cada ajuste internacional termina filtrándose en la actividad cotidiana.

Ese escenario local, más de desgaste que de quiebre, no surge en el vacío. Responde a un clima global donde la incertidumbre dejó de ser una excepción para transformarse en regla.

En ese contexto, las palabras de Christine Lagarde, al frente del Banco Central Europeo, funcionan como termómetro más que como alarma.

“Estamos ante un entorno de profunda incertidumbre, en un mundo distinto, donde no es posible anticipar con claridad cómo evolucionarán los riesgos energéticos y geopolíticos”, señaló la titular del organismo en su última intervención.

No planteó un colapso inminente, pero sí algo igual de relevante: un escenario donde la incertidumbre pasa a ser estructural y condiciona cada decisión económica.

Traducido a la realidad uruguaya, el mensaje es directo: no se trata de una crisis puntual, sino de un período más largo de presión, donde los costos aumentan, las decisiones se vuelven más prudentes y el margen de error se reduce.

 El disparador global hoy es muy claro: la guerra en torno a Irán y la disrupción en el Estrecho de Ormuz. Reuters reportó este 31 de marzo que ese conflicto provocó la mayor suba histórica en sus pronósticos de precio del crudo para 2026, con Brent esperado en US$ 82,85 frente a US$ 63,85 en febrero, y con escenarios extremos que lo llevan mucho más arriba si el bloqueo persiste. Además, la zona euro ya volvió a sentir el golpe: la inflación de marzo subió a 2,5% impulsada por la energía.

¿Y Uruguay?

El impacto más inmediato ya se ve en los combustibles. El gobierno anunció el 27 de marzo un ajuste de 7% en naftas, gasoil y supergás a partir de abril, explicitando que responde al encarecimiento del petróleo por la guerra en Medio Oriente. A la vez, informó créditos blandos para sectores productivos más afectados y resolvió no trasladar esa suba al boleto de ómnibus. Eso muestra dos cosas: el shock ya llegó, y el gobierno intenta amortiguarlo antes de que se expanda a toda la economía.

Sobre el empleo, se está complicando, pero todavía más por fragilidad que por derrumbe. El INE informó una tasa de desempleo de 7,4% en febrero de 2026, con empleo en 59,8% y actividad en 64,6%. No es una cifra de crisis aguda, pero tampoco de mercado laboral holgado. Si a eso se le suma energía más cara, fletes más caros y menor dinamismo global, el riesgo es que las empresas frenen contrataciones antes de despedir masivamente. El empleo suele deteriorarse con rezago.

En turismo, el problema no es solo el combustible en sí, sino el efecto cadena. Uruguay recibió 3,6 millones de visitantes en 2025 y el turismo generó US$ 2.040 millones, por lo que sigue siendo una fuente grande de divisas. Pero un petróleo caro presiona sobre pasajes aéreos, paquetes, cruceros, transporte interno y consumo turístico. En otras palabras, el turismo no desaparece, pero puede volverse más caro y más selectivo: viajes más cortos, más cercanos, más compra de último momento y mayor sensibilidad al precio. Eso suele favorecer el turismo regional y castigar más al largo radio. Esta última parte es una inferencia económica a partir del peso del combustible y de la importancia del sector en la balanza de divisas uruguaya.

En ganadería y agricultura, el impacto puede ser incluso más directo. No porque el ganado “use petróleo”, sino porque todo el sistema agroexportador consume gasoil, fertilizantes, transporte y financiamiento. Uruguay importa fertilizantes desde varios orígenes relevantes, entre ellos Argelia, China, Rusia, Estados Unidos y Marruecos. Si se encarece la energía global, también suben costos fabriles, fletes marítimos, seguros y muchas veces fertilizantes. El FMI ya advirtió que el conflicto en Medio Oriente puede elevar los precios de fertilizantes entre 15% y 20% además de frenar el crecimiento global. Para un país exportador de carne, soja y lácteos, la tensión es doble: vender al mundo puede seguir siendo posible, pero producir y embarcar cuesta más.

Esto importa mucho porque en 2025 las exportaciones uruguayas de bienes llegaron a US$ 13.493 millones, el mayor registro de la última década, y el crecimiento estuvo liderado por carne bovina, soja y lácteos. Si el shock se prolonga, Uruguay puede mantener demanda por alimentos, pero con márgenes más apretados por costos logísticos y de insumos. En una crisis global, los alimentos suelen resistir mejor que otros rubros, aunque no quedan inmunes.

En la industria del papel y la celulosa, el frente sensible es logístico-industrial. La celulosa llegó a desplazar a la carne bovina como principal producto de exportación en algunos tramos recientes, y sigue entre los grandes motores del comercio exterior uruguayo. UPM, por ejemplo, ha explicitado que su operativa en Paso de los Toros depende del ingreso de insumos químicos, fuel oil, terminal portuaria y transporte por rutas nacionales. En una crisis de energía y fletes, una planta no deja de operar de un día para otro, pero sí enfrenta mayores costos de abastecimiento, seguros y movimiento exportador.

La buena noticia para Uruguay es que no entra a esta fase tan desnudo como en otras épocas. ANCAP subraya que la electricidad uruguaya se genera casi en su totalidad con fuentes renovables, y esa diferencia importa mucho frente a Europa. Uruguay no depende del gas ruso ni del carbón importado para prender su sistema eléctrico. Eso no evita el golpe del petróleo en transporte y producción, pero sí reduce el riesgo de una crisis energética integral como la que vivieron otros países.

Entonces, ¿qué debemos esperar?

Primero, más inflación importada por combustibles, fletes e insumos, aunque con amortiguadores locales.

Segundo, crecimiento más lento y decisiones empresariales más cautelosas, sobre todo en sectores intensivos en transporte.

Tercero, un mercado laboral que probablemente se enfríe antes de romperse: menos contrataciones, más prudencia inversora y más presión en jóvenes y sectores de menor productividad. Lo de jóvenes ya es visible en la propia foto del INE: 23,7% de desempleo entre 14 y 24 años en febrero.

Cuarto, un agro que puede seguir vendiendo, pero con costos más altos y necesidad de financiamiento más fino.

Quinto, un turismo que no cae necesariamente, pero sí se vuelve más sensible al precio y al contexto regional.

Uruguay no está ante una catástrofe inevitable, pero sí ante un semestre en el que la eficiencia, la cobertura de costos y la lectura geopolítica van a pesar más que nunca. El país tiene mejores defensas que otros en energía eléctrica y estabilidad macro, pero sigue atado al mundo en petróleo, fertilizantes, fletes, tasas y demanda externa. La pregunta no es solo si estamos preparados, sino si reaccionamos a tiempo en tres frentes: financiamiento productivo, logística y protección del empleo.

Fuentes

  • Banco Central Europeo – Discursos oficiales de Christine Lagarde (2026)
  • Reuters – Proyecciones del petróleo y conflicto en Medio Oriente
  • Presidencia de la República Oriental del Uruguay – Ajuste de combustibles (marzo 2026)
  • Instituto Nacional de Estadística – Mercado laboral (2026)
  • Uruguay XXI – Exportaciones y comercio exterior
  • Observatory of Economic Complexity – Importación de fertilizantes
  • Fondo Monetario Internacional – Perspectivas globales y energía
  • Administración Nacional de Combustibles, Alcohol y Portland – Consumo energético y matriz

Sobre el autor: Jacobo Malowany es egresado en Estrategia Nacional del Centro de Altos Estudios Nacionales y diplomado por la Universidad de Montevideo en Innovación de Políticas Públicas.

El vino es un embajador invisible.

Viaja y nos representa. Hasta conversa con los interlocutores  en cada copa servida. No necesita discursos: se presenta solo, abre conversaciones y despierta destinos. En cada mesa del mundo donde aparece una etiqueta uruguaya, comienza una historia que muchas veces termina en un viaje.

Con el paso del tiempo, esa conexión se vuelve evidente. El crecimiento del enoturismo confirma que detrás de cada botella hay territorio, identidad y experiencias que atraen visitantes de distintos países. Las grandes cartas de vinos ya no pertenecen solo a los clásicos de siempre: cada día suman nuevos orígenes, nuevas historias, nuevos paisajes.

En ese escenario, diferenciarse no es una opción, es una estrategia. Uruguay entendió ese camino. Y desde Noticias y Destinos, impulsamos esa mirada: contar el vino no solo como producto, sino como puerta de entrada a un país que se descubre, se recorre y se recuerda. 

Como expresó el presidente del Instituto Nacional de Vitivinicultura, Diego Spinoglio:

“Cada botella que Uruguay coloca en el mundo es también una invitación a conocer nuestro país. El vino abre puertas, conecta culturas y se transforma en una herramienta concreta para el desarrollo del turismo”.

Y reforzando el posicionamiento del sector:

“Uruguay no busca competir por volumen, sino por identidad. La calidad, la sostenibilidad y la historia de nuestras bodegas son hoy el verdadero diferencial en los mercados internacionales”.

Uruguay ya no participa en el mapa vitivinícola global: juega dentro de él. La presencia en ferias internacionales, el crecimiento exportador y una narrativa país bien construida posicionan al vino uruguayo en una etapa de madurez estratégica, donde cada acción responde a un objetivo claro: consolidarse como origen de calidad con identidad propia.

La reciente participación en Wine Paris 2026 no solo reafirma esa dirección, sino que expone una industria que entendió cómo competir en mercados exigentes sin perder su esencia.

Una presencia que trasciende la exhibición

Con  estas 20 bodegas representadas bajo la marca sectorial Uruguay Wine, el país mostró diversidad, coherencia y un relato común. El stand uruguayo funcionó como espacio de negocios, pero también como vitrina cultural.

El Instituto Nacional de Vitivinicultura (INAVI), como articulador de la estrategia, impulsa una visión de largo plazo. En palabras de su presidente:

“Uruguay ya no se presenta al mundo solo con vino, sino con una historia, una identidad y una forma de producir que conecta con las nuevas demandas globales”.

El Tannat continúa como bandera, pero el crecimiento del Albariño refleja una industria que diversifica sin perder coherencia. La clave está en el equilibrio entre tradición y adaptación.

Wine Paris: más que una feria, un termómetro global

La edición 2026 reunió a más de 112.000 profesionales del sector y registró cerca de 26.000 reuniones de negocios, con un aumento significativo en compradores de alto nivel . En ese proceso, la presencia internacional se vuelve clave. En Wine Paris 2026, Uruguay presentó una delegación sólida con 20 bodegas que reflejan la diversidad y el carácter del sector: Familia Deicas/Juanicó, Familia Dardanelli, Bodega Santa Rosa, Nakkal Wines, Bouza/Las Espinas, Pizzorno Family Estates, Montes Toscanini, Bodegas Carrau, Pisano, Viña Progreso, Bodega Castillo Viejo, El Capricho Winery, Bodega Cerro del Toro, Cavani Wines, Giménez Méndez, De Lucca, Bodega Cerro Chapeu, Bodega Bracco Bosca, Antigua Bodega y Familia Traversa. Una presencia que no solo exhibe vinos, sino que proyecta al país como destino.

Ese dato no es menor. Marca el contexto en el que Uruguay decide posicionarse: un mercado competitivo, dinámico y en transformación.

Porque Wine Paris funciona como un mercado concentrado del mundo del vino:

  • En un mismo lugar están los compradores de Europa, Asia y América
  • Se generan acuerdos comerciales reales
  • Se posicionan marcas país
  • Se construyen relaciones a largo plazo

No es casual que muchas regiones vitivinícolas planifiquen su estrategia internacional alrededor de esta feria.

Mucho más que vino: el cambio de época

Wine Paris ya no es solo vino. Es un reflejo del nuevo consumidor:

  • Espacios como Be Spirits (destilados)
  • Áreas como Be No (bebidas sin alcohol)
  • Nuevos productores emergentes
  • Tendencias de consumo más moderado y consciente

Esto marca algo clave: el negocio ya no se define solo por volumen, sino por experiencia, identidad y adaptación.

La inclusión de espacios como “Be No” (bebidas sin alcohol) y programas para productores emergentes evidencia hacia dónde se mueve el consumo global. Uruguay observa, interpreta y adapta.

Entre las variedades destacadas, el Tannat se mantiene como el emblema de la vitivinicultura uruguaya, mientras que el Albariño continúa consolidando su creciente reconocimiento internacional. La delegación contó con la presencia del Embajador de Uruguay en Francia, Enrique Loedel, y del Director General de la Organización Internacional de la Viña y el Vino (OIV), Dr. John Barker, cuya presencia reafirmó el lugar que Uruguay viene consolidando en el escenario vitivinícola mundial.

El programa de Master Classes, a cargo de la Master of Wine Amanda Barnes, permitió profundizar en el conocimiento técnico y conceptual de los vinos uruguayos, presentando un vino ícono de cada una de las bodegas participantes y facilitando que el público internacional explore la máxima expresión cualitativa de cada proyecto.

Marca país y sostenibilidad: el diferencial silencioso

Detrás del crecimiento no hay casualidad. Existe una estrategia clara que combina:

  • Marca país (Uruguay Wine y Uruguay Natural)
  • Narrativa de origen
  • Sostenibilidad certificada
  • Participación coordinada en mercados internacionales

El programa de Viticultura Sostenible, impulsado por INAVI junto a FUCREA y certificado por LSQA, introduce estándares ambientales, sociales y económicos que hoy funcionan como ventaja competitiva.

El presidente de INAVI lo resume así:

“Hoy el mundo no solo compra calidad enológica, compra valores. Y Uruguay tiene una historia auténtica para contar”.

Un modelo con identidad: pequeñas bodegas, gran impacto

Un dato clave: cerca del 70% de las bodegas uruguayas pertenecen a familias que atraviesan varias generaciones .

Ese factor, lejos de ser anecdótico, se transforma en valor de marca. En un mundo dominado por grandes volúmenes, Uruguay compite desde lo humano, lo cercano y lo trazable.

La experiencia del vino uruguayo no se limita a la botella: incluye territorio, historia y vínculo.

Desafíos: crecer sin perder escala ni identidad

El escenario también presenta tensiones:

  • Costos crecientes de internacionalización
  • Dificultad de acceso para pequeñas bodegas
  • Necesidad de abrir nuevos mercados
  • Competencia global cada vez más profesionalizada

Participar en ferias como Wine Paris implica inversión, pero también visión estratégica.

“El desafío no es solo estar, es sostenerse y crecer en esos mercados”, advierten desde el sector.

Estrategias de internacionalización y sostenibilidad

El éxito de la vitivinicultura uruguaya en el escenario internacional se fundamenta en una estrategia integral que combina la participación en ferias internacionales, el desarrollo de programas de sostenibilidad y la construcción de marca país. Uruguay Wine, gestionada por el Instituto Nacional de Vitivinicultura (INAVI) en colaboración con Uruguay XXI, es la marca sectorial oficial para la promoción internacional de los vinos uruguayos bajo el paraguas de la Marca País Uruguay Natural.

Esta iniciativa, lanzada en 2018 durante el 41° Congreso Mundial de la Viña y el Vino en Punta del Este, reúne a bodegas con orientación exportadora en una estrategia unificada que combina identidad cultural, sostenibilidad ambiental y excelencia enológica.

La estrategia ha logrado posicionar al país como productor de "vinos con historias que se saborean", enfatizando el legado familiar de las bodegas (70% gestionadas por terceras a quintas generaciones) y su conexión con paisajes únicos como la costa atlántica. Y esto se traduce en que Uruguay entendió algo que muchos aún buscan: no competir por volumen, sino por valor.

La combinación de calidad, identidad, sostenibilidad y estrategia institucional le permite posicionarse como un origen confiable y atractivo en el mundo del vino.

La presencia en Wine Paris 2026 no es un punto de llegada. Es una señal clara de hacia dónde va el sector.

Y en ese camino, el vino uruguayo ya no busca reconocimiento: lo empieza a consolidar.

Fuentes y referencias

Este informe se construye a partir de información oficial del Instituto Nacional de Vitivinicultura (INAVI), datos de la organización de Wine Paris 2026, reportes sectoriales de comercio internacional del vino y análisis publicados por medios especializados del sector vitivinícola europeo.

 

Manejar una motoniveladora no es cosa de hombres: el cambio ya empezó

Manejar una motoniveladora no es cosa de hombres.
Nunca lo fue.

En las formaciones con mujeres del plan Uruguay Impulsa, esa inquietud aparecía una y otra vez. No como queja. Como diagnóstico.

“¿Cómo hago para acceder a ese tipo de trabajo si nunca nadie me enseñó y nadie me dice cómo empezar?”

La escuché repetida, con distintas palabras, en cada encuentro.
Y en esa pregunta hay más verdad que en muchos debates.

Porque cuando hablamos de género y oportunidades laborales, muchas veces la conversación queda en el aire. Se vuelve consigna. Pero una oportunidad sin herramientas, sin acceso y sin un punto de partida claro, es apenas una promesa.

Esta semana, en San José, la Oficina de Planeamiento y Presupuesto puso una respuesta concreta sobre la mesa: un programa de formación para mujeres en el manejo de maquinaria vial.

No es un gesto simbólico.

Dos mujeres por cada intendencia serán capacitadas, con prioridad para quienes ya tienen vínculo institucional. El programa incluye formación técnica, acompañamiento en trámites, costos y la obtención de la licencia categoría H. Al final, un diploma de validez nacional.

Pero lo más importante no está solo en el programa. Está en lo que reconoce.

El manejo de maquinaria vial fue históricamente masculino, no porque las mujeres no puedan hacerlo, sino porque las puertas de entrada nunca estuvieron pensadas para ellas.


El verdadero cambio

Cambió el paradigma.

Antes, estos oficios se aprendían en círculos cerrados, muchas veces dentro de una familia o un entorno laboral específico. Era conocimiento heredado, casi invisible para quien quedaba fuera.

Hoy eso ya no es así.

Existen programas, estructuras de formación, acompañamiento, certificaciones. Existen tutoriales, simulaciones, inteligencia artificial. Lo que antes llevaba años de observación y práctica informal, hoy puede aprenderse en menos tiempo y con mejores herramientas.

El problema ya no es la capacidad.

Es el acceso.


Más que aprender a manejar una máquina

Cuando desde la OPP se habla de “generar oportunidades”, se apunta a algo profundo: romper barreras culturales que durante años definieron quién podía y quién no podía ocupar ciertos espacios.

Y cuando se pone el foco en la autonomía económica, el eje cambia por completo.

No se trata solo de empleo.
Se trata de decidir.
De elegir.
De construir independencia.

Este tipo de programas no solo forman operadoras de maquinaria.

Forman confianza.
Rompen límites aprendidos.
Y abren caminos donde antes había silencio.


La pregunta que queda abierta

En esas aulas, donde las dudas son reales y no editadas, entendí algo simple.

No alcanza con abrir oportunidades si nadie enseña cómo tomarlas.

Hoy el conocimiento está más cerca que nunca.
Las herramientas existen.
El camino empieza a trazarse.

Ahora la pregunta ya no es si pueden.

La pregunta es cuántas se animan a dar el paso.

Hay decisiones que se sienten bien antes de concretarse. Elegir viajar fuera de los picos clásicos es una de ellas. Y cuando aparece una oportunidad concreta, el viaje deja de ser una idea para convertirse en plan.

JetSMART acaba de lanzar una promoción que invita a mirar el calendario con otros ojos: vuelos entre Montevideo y Río de Janeiro desde USD 124 por tramo, con descuentos de hasta el 38%. La ventana es clara: comprar hasta el 30 de marzo y viajar entre el 14 de abril y el 30 de septiembre de 2026.

Una oportunidad que cambia el mapa del año

Más allá de Semana de Turismo, aparece una lógica distinta: anticipar, elegir mejor y pagar menos. Río, que muchos asocian al verano o al carnaval, muestra otra cara en estos meses: clima amable, menos multitudes y una ciudad que se deja recorrer con otro ritmo.

En lo personal, ya tomé la decisión: viajar en familia para cortar el invierno. No es solo un destino, es una pausa necesaria.

Por qué ahora

  • Precio competitivo real en una ruta muy demandada
  • Flexibilidad de fechas en temporada media
  • Conectividad consolidada desde Montevideo
  • Experiencia adaptada: incluso opciones como viajar con mascotas

Río, siempre vigente

Hablar de Río es hablar de sensaciones conocidas y, a la vez, renovadas. Desde el Cristo Redentor hasta el Pan de Azúcar, pasando por barrios que combinan historia, música y gastronomía, la ciudad mantiene su magnetismo durante todo el año.

Una mirada Noticias & Destinos

Este tipo de oportunidades no solo responden a una promoción puntual. Reflejan un cambio en el viajero: más estratégico, más informado, más consciente del valor del tiempo y del dinero.

Viajar ya no es esperar el momento. Es detectarlo.

Y cuando aparece, como en este caso, conviene no dejarlo pasar.

Semana de turismo: el mapa de viajes vuelve a moverse

El movimiento empezó temprano.
En las primeras horas del día y con picos al mediodía, el Aeropuerto de Carrasco volvió a mostrar una imagen conocida: valijas, filas y destinos que se repiten, pero también otros que empiezan a ganar lugar.

Entre sábado y domingo, se estima que más de 13.500 pasajeros partirán desde la principal terminal aérea del país, marcando el pulso de una Semana de Turismo que confirma cambios en los hábitos de viaje.


Brasil, el destino que no pierde el liderazgo

No hay sorpresas en el primer lugar.

Brasil se mantiene como el destino más elegido por los uruguayos, con una oferta amplia que se adapta a distintos perfiles de viajero. Desde playas clásicas hasta escapadas más específicas, las opciones se multiplican:

  • Río de Janeiro
  • Florianópolis
  • Recife
  • Curitiba
  • Maceió
  • Cabo Frío

La cercanía, la conectividad y la diversidad siguen siendo factores decisivos.


El Caribe gana terreno con una novedad clave

El segundo lugar trae una señal interesante.

El Caribe se consolida como alternativa fuerte y suma un diferencial: por primera vez, se opera un vuelo chárter directo a Punta Cana, lo que acorta distancias y facilita el acceso a uno de los destinos más demandados en formato all inclusive.

Esta nueva conexión marca un cambio en la lógica del viajero uruguayo, que cada vez mira más allá de la región en períodos cortos.


Más vuelos, más demanda

El crecimiento no es solo percepción.

Durante marzo, la operativa aérea muestra un incremento concreto:

  • 27 vuelos más que en el mismo mes del año anterior
  • Un aumento aproximado del 15% en la actividad
  • Refuerzo especial en la programación para este fin de semana

A esto se suman vuelos adicionales y servicios chárter que acompañan la demanda de la temporada.


Otros destinos que se mantienen en el radar

Aunque Brasil y el Caribe concentran la mayor atención, también aparecen opciones como Bariloche, que continúa siendo una alternativa elegida por quienes buscan otro tipo de experiencia.


Una señal que va más allá del dato

Los números confirman algo más profundo:
el viaje dejó de concentrarse en un solo formato.

Hoy conviven escapadas cortas, paquetes all inclusive, destinos regionales y propuestas internacionales. La decisión ya no responde solo al precio, sino a la experiencia.

Y en esa transformación, el aeropuerto se convierte en el primer indicador.

Porque antes de cualquier estadística, el turismo se ve en movimiento.


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