Atlántida vuelve a mostrar lo que produce: la Expo Feria 2026 crece y ya quedan pocos stands

La Liga de Fomento de Atlántida será nuevamente el gran punto de encuentro entre producción, alimentos, vinos, turismo, cultura, colectividades y conocimiento. La segunda edición, el 14 y 15 de noviembre, presenta un programa mucho más amplio y confirma una idea: LIFA también puede ser una vidriera para quienes producen, emprenden, trabajan e invierten. La producción de Roberto Matta Karam avanza en la organización y advierte que quedan pocos espacios disponibles para expositores.

Hay instituciones que forman parte de la historia de una ciudad y otras que, además, deciden intervenir en su presente. La Liga de Fomento de Atlántida (LIFA) vuelve a asumir ese segundo papel.

El sábado 14 y domingo 15 de noviembre de 2026, su histórico Country, en un punto estratégico junto a las rutas 11 e Interbalnearia, será sede de la 2ª Cata de Vinos, Muestra de Alimentos y Feria de la Producción.

Pero mirar el programa de este año permite descubrir algo diferente.

No será solamente ir a probar un vino, comprar un producto o recorrer stands. La propuesta busca poner cara, nombre y espacio a quienes producen, conectar el campo con la ciudad, acercar instituciones y empresas, mostrar alimentos, generar vínculos comerciales y, al mismo tiempo, incorporar turismo, cultura, gastronomía y entretenimiento.

Es, en definitiva, mostrar lo que hacemos y a quienes lo hacen.

LIFA: una institución que abre sus puertas a la producción

La Liga de Fomento tiene una extensa relación con el desarrollo de Atlántida. En esta oportunidad, sus instalaciones se transformarán durante dos jornadas en una especie de gran escaparate de la producción.

Y esa quizás sea una de las facetas más interesantes de la edición 2026.

El programa reúne en un mismo lugar a productores, pequeños artesanos, comerciantes, instituciones públicas y privadas, empresas, embajadas, colectividades, cooperativas, operadores turísticos, gastronomía, arte y libros. También habrá un espacio específico para la promoción del turismo rural y urbano.

La feria permite así que LIFA trascienda por un fin de semana su función tradicional para convertirse en un lugar donde Atlántida y Canelones pueden mostrar capacidad productiva, creatividad y posibilidades de desarrollo.

La Asociación Turística de Canelones (ATC) apoya esta iniciativa por su capacidad de integrar producción, gastronomía, enoturismo, cultura y turismo en un mismo espacio. La Expo Feria permite mostrar otra faceta de Atlántida y de Canelones: la de quienes producen, emprenden, invierten y generan experiencias durante todo el año. Para la ATC, fortalecer estos encuentros también significa impulsar el consumo local, acercar visitantes al territorio y consolidar a Canelones como un destino diverso los 365 días del año.

La feria comenzará hablando de producción, no de copas

Hay un detalle del programa que marca claramente el nuevo perfil.

La actividad del sábado no comienza con la cata.

Comienza a las 8 de la mañana con el Encuentro de la Producción Intensiva y el lanzamiento de la zafra 2026/27, con participación prevista del MGAP, asociaciones de productores, instituciones públicas y privadas y empresas. La apertura oficial será al mediodía.

Ese comienzo cambia el significado de la Expo Feria.

Antes de que lleguen las copas habrá productores hablando de producción. Antes de la música habrá empresas e instituciones encontrándose. Antes de la gastronomía estará presente el trabajo que permite que esos alimentos lleguen finalmente a una mesa.

La producción no aparece como decoración de una feria: es parte de su razón de ser.

¿Atlántida solamente para veranear?

Otra de las propuestas merece atención. Entre las 14:00 y las 18:00 del sábado se desarrollará “Atlántida, opción de vida, inversión y trabajo”.

La frase abre una conversación que Atlántida necesita.

Durante décadas la ciudad estuvo fuertemente asociada al verano, la playa y las vacaciones. Sin abandonar esa identidad, existe otra Atlántida que produce, estudia, emprende, trabaja, recibe inversiones y busca actividad durante los doce meses.

La Expo Feria puede ayudar a mostrar esa ciudad menos visible.

De los niños a las bodegas: una feria que mezcla públicos

El sábado habrá artes marciales chinas con dragones y leones, talleres de maridajes para niños y adolescentes, cocina en vivo y cierre artístico.

Y a las 20:00 llegará uno de los grandes momentos de la edición: la degustación de alimentos y Cata de Vinos.

La noche incorporará el desfile “Modas y Alimentos”, degustaciones hasta las 23:00 y un cierre musical que se extenderá hasta la 01:00.

La posibilidad de recomendar alojamiento en la zona para viernes y sábado agrega además una dimensión turística: quedarse en Atlántida, participar de la feria, realizar visitas y convertir el evento en una pequeña escapada. La organización también prevé coordinar transporte desde Montevideo para la degustación del sábado, de ser necesario.

El domingo, Atlántida mira al mundo

La segunda jornada agrega otra dimensión.

Desde las 9:00 habrá un Encuentro de Embajadas, mientras que las colectividades aportarán gastronomía, artesanías, música y danzas típicas.

Por la tarde está prevista una conferencia sobre turismo, enoturismo y turismo rural, con participación anunciada de MINTUR, CAMTUR, SUTUR y la Asociación Turística de Canelones. También habrá un espacio dedicado a las cooperativas, alimentación saludable para niños y adolescentes, huerta familiar y cocina en vivo.

Aquí vuelve a aparecer el diferencial de 2026: la feria intenta conectar mundos que muchas veces trabajan por separado.

Producción con turismo.
Alimentos con educación.
Cooperativismo con emprendimiento.
Campo con ciudad.
Instituciones con empresas.
Y Atlántida con visitantes que pueden descubrir que detrás de su conocida imagen turística existe mucho más.

Roberto Matta Karam y el trabajo detrás de la feria

Una propuesta de estas características no aparece espontáneamente.

Detrás de la organización está el trabajo de Roberto Matta Karam y su producción, articulando participantes, instituciones, empresas, expositores y actividades para construir una segunda edición considerablemente más ambiciosa.

El desafío no consiste solamente en llenar un salón de stands. Consiste en lograr que cada participante encuentre una razón para estar allí y que el visitante tenga motivos para permanecer, recorrer, probar, preguntar, aprender, comprar y regresar.

El programa 2026 refleja precisamente esa búsqueda.

Y hay un dato importante para quienes todavía estén evaluando participar como expositores:

Quedan pocos stands disponibles

La convocatoria entra en su etapa final y quedan pocos espacios para empresas, productores, emprendimientos y expositores interesados en formar parte de la Expo Feria Atlántida 2026.

Participar significa algo más que colocar un producto sobre una mesa: supone presentarlo frente a visitantes, instituciones, actores turísticos, productores y potenciales clientes durante un fin de semana que busca concentrar públicos diferentes en un mismo lugar.

Contacto para stands e información:
Roberto Matta Karam – 099 316 345
Correo: Esta dirección de correo electrónico está siendo protegida contra los robots de spam. Necesita tener JavaScript habilitado para poder verlo.
Instagram: @mundoagrario_rmattakaram

Dos días para descubrir otra Atlántida

La Expo Feria 2026 puede terminar siendo algo bastante más importante que una agenda de actividades.

Puede convertirse en una fotografía de lo que produce el territorio.

Porque una ciudad también se construye cuando ofrece un lugar para que sus productores sean conocidos, sus emprendedores vendan, las instituciones se encuentren, los jóvenes aprendan, el turismo dialogue con la producción y quienes llegan como visitantes descubran razones para quedarse.

Durante dos días, LIFA volverá a abrir sus puertas para mostrar esa otra Atlántida.

La que produce. La que emprende. La que recibe. La que trabaja.

Y también, por supuesto, la que sabe brindar por todo eso.

Canelones conecta turismo, diversidad y negocios en un encuentro internacional

Atlántida será sede los días 2 y 3 de septiembre de la XI edición del Congreso Internacional Uruguay LGBT+ Summit Pride Connection Canelones 2026. Espacio Dínamo reunirá turismo, empresas, organizaciones, políticas públicas, formación y oportunidades laborales en dos jornadas que también serán transmitidas internacionalmente por Antel TV.

Buenos Aires puso hace pocos días al turismo LGBTQ+ en la agenda regional con GNetwork360. Esta semana la conversación continúa en Uruguay y tiene a Canelones como anfitrión.

Los días miércoles 2 y jueves 3 de septiembre, el Espacio Dínamo de Atlántida recibirá las jornadas académicas de la XI edición del Congreso Internacional Uruguay LGBT+ Summit Pride Connection Canelones 2026, bajo una consigna que resume buena parte de su propuesta: “Uruguay que conecta”.

No se trata solamente de hablar de diversidad. El programa incorpora temas que atraviesan directamente al desarrollo económico y turístico: negocios, empleo, formación, emprendimientos, construcción de marcas, comunicación, medición de resultados y políticas públicas.

Y allí está uno de los aspectos interesantes del encuentro: llevar la inclusión desde el discurso hacia la gestión concreta.

Turismo y diversidad: una relación que crece

Para Canelones, recibir este encuentro también supone una oportunidad de posicionamiento.

El turismo LGBTQ+ ha ganado espacio dentro de las estrategias de destinos y empresas porque obliga a trabajar sobre algo esencial en cualquier experiencia turística: cómo recibe un territorio a quienes lo visitan.

La hotelería, la gastronomía, el comercio, los eventos, los servicios y los atractivos forman parte del producto. Pero también lo hacen la atención, el respeto y la capacidad de comprender diferentes necesidades.

En ese sentido, lo que ocurrirá en Atlántida conecta directamente con lo que analizábamos recientemente en Noticias y Destinos a partir de la experiencia de Alejandra Larrosa y Rocha en GNetwork360 Buenos Aires: promocionar un destino inclusivo requiere también capacitación, empresas preparadas y servicios capaces de convertir esa promesa en una experiencia real.Leer la nota de lo que se vivio 

Ahora esa discusión tendrá escenario uruguayo.

Dos días con una agenda que va mucho más allá del turismo

La primera jornada comenzará el miércoles 2 a las 9:00 con “Una red que conecta”.

A partir de allí se sucederán espacios dedicados a políticas que construyen inclusión y, a las 10:15, uno de los bloques directamente relacionados con nuestra actividad: “El negocio del turismo LGBT+: claves internacionales para empresas y emprendedores”.

La agenda continuará con finanzas inclusivas, construcción de comunidad y una temática especialmente interesante desde la mirada del marketing territorial: “Orgullo que conecta: comunidad, marca y territorio”.

Por la tarde aparecerán asuntos como las redes internacionales, turismo LGBT+ e interseccionalidad, destinos, indicadores para medir la inclusión y comunicación inclusiva.

Es decir, no solamente qué hacer, sino también cómo comunicarlo y cómo saber si realmente funciona.

Empresas, trabajo y formación entran en escena

El jueves 3 la mirada se ampliará hacia el interior de las organizaciones.

La jornada comenzará con “La red dentro de las organizaciones” y continuará con formación dual, liderazgo, talento, cuidados, búsqueda laboral e interseccionalidad.

Habrá además entregas de sellos a empresas inclusivas LGBT+ y la presentación del Ranking Empresa Inclusiva LGBT+.

La presencia del mundo laboral agrega otra dimensión al encuentro.

Una ciudad o un destino turístico no puede pretender proyectar hacia sus visitantes determinados valores si esos mismos principios no encuentran espacio dentro de las organizaciones y empresas que conforman su tejido económico.

La hospitalidad también empieza puertas adentro.

Una feria que busca generar oportunidades

Paralelamente a las conferencias funcionará durante ambas jornadas una gran feria laboral, junto con stands destinados al posicionamiento de marcas y una feria de emprendimientos.

Ese componente transforma al congreso en algo más que un espacio académico.

Quienes concurran podrán escuchar experiencias y tendencias, pero también establecer contactos, mostrar proyectos, acercarse a organizaciones y generar oportunidades profesionales y comerciales.

El networking vuelve a aparecer como una herramienta central.

Porque muchos congresos dejan buenas exposiciones. Los que consiguen además conectar personas, empresas e instituciones pueden dejar proyectos.

Canelones como territorio anfitrión

La elección de Atlántida tampoco es un detalle menor.

Espacio Dínamo, ubicado sobre la Ruta Interbalnearia en el kilómetro 45, vuelve a convertirse en lugar de encuentro para actividades que trascienden el ámbito departamental.

La Asociación Turística de Canelones acompaña la organización junto a la Cámara de Comercio & Negocios LGBT del Uruguay y la Dirección de Desarrollo Turístico de Canelones.

Para la Asociación, esta participación se integra a una visión del turismo en la que el desarrollo del territorio necesita sumar actores, construir vínculos y ampliar mercados.

Porque diversidad y turismo pueden encontrarse en un mismo punto: crear lugares donde distintas personas quieran llegar, permanecer, consumir, invertir y regresar.

Una señal que saldrá desde Atlántida al mundo

El encuentro tendrá además una particularidad que amplía considerablemente su alcance.

Las jornadas serán transmitidas en vivo por Antel TV, con señal internacional, permitiendo que conferencias y experiencias desarrolladas en Canelones puedan seguirse fuera del departamento y del país.

Es también una oportunidad de visibilidad para Atlántida y Canelones.

Durante dos días, desde un espacio ubicado sobre la Interbalnearia, se hablará de turismo, empresas, talento, marcas, territorio, empleo y políticas públicas ante una audiencia que no estará limitada a quienes ocupen las salas del Dínamo.

De hablar de inclusión a gestionarla

Hay una palabra que aparece varias veces en el programa: conectar.

Conectar destinos con viajeros. Empresas con talento. Emprendedores con oportunidades. Políticas públicas con territorio. Organizaciones con comunidades.

Quizás allí esté el verdadero valor de este encuentro.

La diversidad puede formar parte de una campaña de comunicación. Pero cuando se relaciona con capacitación, empleo, empresas, indicadores, turismo y políticas públicas comienza a transformarse en gestión.

El 2 y 3 de septiembre Canelones tendrá la oportunidad de mostrar que también quiere ocupar ese espacio.

Datos

XI Congreso Internacional Uruguay LGBT+ Summit Pride Connection Canelones 2026
Miércoles 2 y jueves 3 de septiembre
Espacio Dínamo – Ruta Interbalnearia km 45, Atlántida
Transmisión en vivo por Antel TV con señal internacional
Participación mediante inscripción previa en el sitio oficial del encuentro.

Organización y acompañamiento: Cámara de Comercio & Negocios LGBT del Uruguay, Pride Connection Uruguay, Ministerio de Turismo, Gobierno de Canelones y Asociación Turística de Canelones.

 

Atlántida Jardín 2026: una fiesta que comenzó con un cumpleaños y ya forma parte de la ciudad

En octubre Atlántida cumplirá 115 años y Atlántida Jardín llegará a su 13.ª edición. Detrás de las plantas, los viveros, la gastronomía y los espectáculos existe una historia que comenzó antes del centenario y que fue construida por decenas de personas e instituciones.

Cada octubre vuelve a ocupar plazas y calles del microcentro con plantas, flores, huertas, viveros, gastronomía, espectáculos y familias caminando sin demasiada prisa. Para quien llega por primera vez puede ser una atractiva feria de primavera. Para Atlántida significa bastante más.

Su historia está ligada al cumpleaños de la ciudad, a sus antiguos jardines, al centenario, a las instituciones educativas y a una larga lista de personas que durante años dedicaron horas de trabajo para que aquella primera idea pudiera crecer.

En Noticias & Destinos nos gusta contar estas experiencias porque un evento turístico adquiere verdadero valor cuando consigue algo difícil: que la gente lo espere y lo incorpore a su calendario.

Atlántida Jardín ya lo consiguió.

Todo comenzó antes de los 100 años

Atlántida fue fundada el 19 de octubre de 1911. Cuando se acercaba el centenario, algunos vecinos comenzaron a preguntarse cómo celebrar una fecha que no podía pasar inadvertida.

Y decidieron empezar un año antes.

El 19 de octubre de 2010, cuando la ciudad cumplió 99 años, se organizó una celebración sencilla en Plaza Varela, frente al Municipio. Participaron instituciones educativas, vecinos y autoridades locales.

Aquello que inicialmente pretendía ser apenas un pequeño acto terminó funcionando como punto de partida.

Comenzó entonces la preparación del centenario y se convocó a las instituciones de Atlántida.

La respuesta fue enorme.

Las 104 Huellas que dejó el centenario

Las actividades preparadas para los 100 años recibieron un nombre que todavía conserva significado: Huellas.

Durante 2011 se realizaron 104 eventos.

Hubo actividades culturales, encuentros, publicaciones, presentaciones de libros, un sello conmemorativo y numerosas propuestas promovidas por instituciones y vecinos.

El 19 de octubre de 2011, día del centenario, Atlántida vivió una de sus grandes jornadas. Hubo desfile desde la Plaza de los Fundadores, música, autoridades, instituciones y gente celebrando en las calles.

Pero quizás una de las Huellas más curiosas todavía está esperando su momento.

En la Plaza de los Fundadores quedó una cápsula del tiempo que deberá abrirse en 2061.

¿Por qué cincuenta años y no cien?

Porque quienes entonces eran escolares podrán estar presentes cuando llegue el momento de descubrir qué mensajes dejó aquella Atlántida de 2011.

Después del centenario había que continuar

Terminaron los festejos, pero quedó una pregunta práctica: ¿qué hacer con todo lo que se había generado?

La experiencia había conseguido reunir instituciones y personas que habitualmente trabajaban desde lugares diferentes.

En 2012 continuaron las actividades vinculadas al aniversario. Hubo propuestas educativas, juegos y encuentros con niños.

Después apareció una nueva idea: crear una exposición de jardines, huertas y elementos asociados.

No nació como el gran acontecimiento que conocemos actualmente.

En aquella primera edición incluso costó conseguir suficientes viveros y expositores. Había estructuras disponibles en el Paseo Figari que quedaron vacías y hubo que completarlas con mesas, sillones y elementos decorativos.

Pero la semilla estaba plantada.

Había nacido Atlántida Jardín.

Cuatro nombres detrás de una marca y cientos detrás de la fiesta

La marca registrada Atlántida Jardín pertenece a cuatro personas que participaron de ese proceso: Alicia Pérez, Mireya Bracco, Darío Porta y María del Carmen Flores.

Pero reducir la historia a cuatro nombres tampoco explicaría lo sucedido.

María del Carmen, con quien conversamos para reconstruir estos recuerdos, fue especialmente clara en este punto: Atlántida Jardín fue posible porque mucha gente se involucró desde diferentes lugares y en diferentes momentos.

Entre quienes estuvieron vinculados a sus comienzos y a muchos años de trabajo aparecen Néstor Reciba, Olga Piriz, Juan Maciel, Gladys Cemperena, Wilson Mesa, Arinda González, Gabriela Barnech, Eliana Gianassa, Federico Bonsignore, Alberto Lastreto, Susana Pratz, Horacio Yánez, Daniel González, Fernando Pujol, Emiliano Fernández y Joaquín Arocha.

La lista podría continuar.

Porque detrás de cada edición también estuvieron quienes consiguieron un expositor, organizaron una actividad, colocaron un cartel, acompañaron a una escuela, gestionaron un apoyo o simplemente estuvieron cuando había que resolver un problema.

El CCIFA acompañó el proceso a lo largo de los años y, en las dos últimas ediciones, CCIFA y LIFA asumieron conjuntamente la organización.

También han sido aliados permanentes el Municipio de Atlántida, la Intendencia de Canelones y el Ministerio de Turismo.

Eso ayuda a explicar su permanencia: Atlántida Jardín no depende de un único protagonista.

¿Por qué “Jardín”?

El nombre conduce hacia otra parte de la historia de Atlántida.

Hay que imaginar los chalets de la antigua Rambla, con terrenos amplios, árboles, flores y jardines integrados a las viviendas.

Ese paisaje formó parte de la imagen original del balneario.

Entre los recuerdos aparece también el entorno de la Casa del Barranco de los Michelizzi, próxima a El Águila, y aquellos espacios donde arquitectura, bosque y jardín convivían como parte de una misma idea de ciudad.

Atlántida nació mirando al mar, pero también creciendo entre árboles.

De alguna manera, Atlántida Jardín recuperó esa memoria verde.

Como explica brevemente María del Carmen Flores, la propuesta siempre buscó mantener “la conexión que tiene Atlántida, desde su propio ADN y desde su formación, con los jardines”.

Cuando el concurso entraba en los jardines de los vecinos

Hubo además una experiencia que merece ser recuperada.

Durante algunas ediciones se organizaron muestras y concursos de jardines y huertas particulares.

Una comisión recorría los espacios inscriptos, observaba el trabajo realizado, tomaba fotografías y posteriormente se reconocía y premiaba a los participantes en el local del CCIFA.

La actividad se hacía generalmente en noviembre.

La razón tenía que ver con los propios tiempos de la naturaleza: las condiciones para plantar mejoraban a partir de setiembre y octubre, por lo que noviembre permitía encontrar los jardines y huertas más desarrollados.

Aquello proponía otra forma de mirar la ciudad.

El visitante podía descubrir que detrás de una fachada existía un jardín extraordinario y que esos espacios privados también contribuían al paisaje de Atlántida.

Con el crecimiento del evento resultó difícil sostener simultáneamente todas las actividades. El concurso requería una comisión dedicada especialmente a recorrer y evaluar los jardines y finalmente dejó de realizarse.

Pero la puerta no está cerrada.

La posibilidad de recuperarlo continúa siendo una de esas ideas que podrían encontrar nuevamente personas dispuestas a tomarla y hacerla crecer.

La fiesta también se aprende y se come

Con los años aparecieron nuevos protagonistas.

Uno de ellos es la UTU Atlántida.

Los estudiantes de gastronomía participan con sus elaboraciones y especialmente con una paella que ya se convirtió en un clásico de Atlántida Jardín.

Tiene un valor que va más allá del plato servido.

Los jóvenes cocinan frente a vecinos y visitantes, trabajan en una situación real y muestran parte de lo que aprenden durante el año.

Es educación integrada a una celebración turística.

Y alrededor aparecen los viveros, las huertas, los productos naturales, los espectáculos, las actividades para niños y los espacios donde preguntar, aprender o simplemente conversar.

2026: tres días para celebrar Atlántida

La próxima edición tendrá además un calendario muy particular.

Atlántida Jardín celebrará su 13.ª edición el sábado 17 y domingo 18 de octubre de 2026.

Y al día siguiente, lunes 19 de octubre, Atlántida cumplirá 115 años desde su fundación en 1911.

Ese lunes volverán a tener protagonismo las instituciones educativas, manteniendo una relación con el aniversario que comenzó con aquel pequeño encuentro de escolares y vecinos de 2010.

Para quien llegue desde otro punto del departamento o del país, puede convertirse también en una buena oportunidad para mirar Atlántida más allá del verano.

Caminar por la muestra, probar su gastronomía, recorrer la rambla, visitar El Águila, conocer la Iglesia del Cristo Obrero de Eladio Dieste y descubrir una ciudad que tiene historias suficientes para justificar una escapada en octubre.

Lo que viene también depende de quienes se acerquen

Quizás la enseñanza más interesante de estos años esté precisamente en aquella primera edición que no conseguía llenar todos los espacios del Paseo Figari.

Hoy la realidad es diferente.

Pero las fiestas locales no se mantienen únicamente porque hayan alcanzado determinada cantidad de ediciones. Necesitan renovación, nuevas personas, empresas que acompañen, instituciones que participen y generaciones dispuestas a continuar lo que otras comenzaron.

La historia del concurso de jardines lo demuestra: hay buenas ideas esperando manos que quieran retomarlas.

Atlántida Jardín nació de esa manera.

Primero hubo vecinos pensando cómo festejar 99 años. Después llegaron las 104 Huellas del centenario. Más tarde aparecieron unas pocas plantas y viveros en el Paseo Figari. Luego se sumaron escuelas, comerciantes, instituciones, estudiantes, artistas y visitantes.

En octubre de 2026 volverán las flores.

Pero lo más interesante quizá siga siendo aquello que no se ve en ningún stand: una ciudad que encontró en sus jardines una forma de recordar de dónde viene y, al mismo tiempo, una excusa para volver a encontrarse.

 
 
 
 

“Hilos del alma”: el flamenco contemporáneo invita a detener el tiempo en Montevideo

Mariana Alanís presenta el 12 de setiembre, en el Teatro Antonio Larreta del Lawn Tennis Club, una única función de una obra que une flamenco, música en vivo, memoria y la fuerza visual de los mantones de Manila.

Una de esas propuestas culturales que justifican reservar una noche para el teatro. La bailaora uruguaya Mariana Alanís llegará al Teatro Antonio Larreta, en el Lawn Tennis Club, con “Hilos del alma, danza bordada de memorias”, una obra de flamenco contemporáneo que propone mirar hacia adentro a través de la danza.

No se trata solamente de asistir a un espectáculo flamenco. La propuesta utiliza el movimiento, la música en vivo, la voz, los gestos y también los silencios para recorrer recuerdos y vínculos que atraviesan generaciones.

La obra fue seleccionada por el programa Fortalecimiento de las Artes de la Intendencia de Montevideo, un respaldo que suma valor a una creación concebida e interpretada por Alanís desde una mirada propia.

El mantón también cuenta una historia

Uno de los elementos centrales de “Hilos del alma” son los mantones de Manila.

En el flamenco, el mantón deja de ser simplemente una prenda. El movimiento de sus flecos, su peso, sus bordados y la forma en que acompaña al cuerpo lo convierten en parte de la coreografía y de la expresión de la bailaora.

Alanís toma esa potencia visual para construir un lenguaje escénico contemporáneo sin desprenderse del linaje flamenco.

Los hilos adquieren entonces otro significado.

Son los del mantón, pero también los que unen a madres, abuelas, maestras y ancestras. Mujeres que transmitieron gestos, aprendizajes y maneras de sentir que permanecen incluso cuando ya no somos conscientes de su origen.

De allí surge la idea de una “danza bordada de memorias”.

Flamenco para una época hiperconectada

Hay otro elemento especialmente contemporáneo en la propuesta.

Vivimos pendientes de pantallas, mensajes, notificaciones y estímulos que reclaman permanentemente nuestra atención. “Hilos del alma” plantea casi el movimiento contrario: detenerse, escuchar y recuperar la memoria que guarda el cuerpo.

El escenario se transforma en un espacio para ese encuentro.

La música en vivo sostiene el recorrido de Mariana Alanís y permite que el flamenco conserve algo esencial de su naturaleza: la comunicación que se produce entre música, ritmo, cuerpo y emoción.

Tradición y contemporaneidad no aparecen enfrentadas. Dialogan.

La cultura también invita a viajar

Para Noticias y Destinos, este tipo de propuestas también forma parte de la experiencia de una ciudad.

Quien visita Montevideo no encuentra solamente arquitectura, rambla, gastronomía, museos o patrimonio. La agenda cultural permite entrar en contacto con otra dimensión del destino: la de sus artistas y creadores.

Y para quienes vivimos en Uruguay existe otra invitación igualmente válida: convertirnos, alguna vez, en visitantes de nuestra propia ciudad.

Salir, elegir un teatro, conocer una obra que se presenta por única vez y descubrir una expresión artística diferente también es una forma de recorrer Montevideo.

“Hilos del alma” ofrece precisamente esa posibilidad.

Una noche para encontrarse con el flamenco desde Uruguay, pero también con una creación que habla de algo mucho más universal: los hilos invisibles que nos conectan con quienes estuvieron antes que nosotros.

Hilos del alma, danza bordada de memorias se presentará en una única función el 12 de setiembre, en la sala del Lawn Tennis Club – Teatro Antonio Larreta, Montevideo.

La Tomatina: 150 toneladas de tomate y una pequeña ciudad que conquistó al mundo

Buñol reúne este miércoles a unas 22.000 personas para arrojarse 150 toneladas de tomates durante apenas una hora. Detrás de esa imagen que recorre el planeta existe algo mucho más interesante para el turismo: cómo una tradición nacida casi por accidente consiguió transformar a una pequeña localidad española en una marca internacional.

Estamos eufóricos. Lo estamos pasando genial.

Es difícil encontrar una descripción más sencilla de lo que ocurre este miércoles 26 de agosto en Buñol. Hay tomates por el suelo, por las paredes, en la ropa, en el pelo y volando de una punta a otra de la calle.

Pero hay una regla que conviene conocer antes de lanzar el primero: hay que aplastarlo con la mano antes de tirarlo.

No es un detalle menor.

Los tomates deben llegar suficientemente maduros y blandos para reducir la fuerza del impacto. Este año fueron preparados 150.000 kilos, distribuidos en siete camiones. Proceden de Don Benito, en Badajoz, y su maduración fue controlada para que soportaran aproximadamente 550 kilómetros de transporte y llegaran a Buñol en el punto adecuado para romperse fácilmente.

Durante una hora, la ciudad se vuelve roja.

Y durante unas horas ocurre algo todavía más extraordinario desde el punto de vista turístico: una localidad de menos de 10.000 habitantes recibe unas 22.000 personas solamente dentro del recinto de la Tomatina.

Buñol cambia de escala.

Los números de una fiesta mundial

La edición 2026 permite dimensionar el fenómeno:

  • 22.000 participantes.
  • 150.000 kilos de tomates.
  • 7 camiones.
  • 150 toneladas frente a las 120 toneladas utilizadas en 2025.
  • 15.000 plazas destinadas a visitantes, mientras el resto corresponde a vecinos.
  • Más de 400 periodistas, fotógrafos, cámaras y creadores de contenidos acreditados.
  • 45 medios nacionales e internacionales cubriendo la celebración.
  • Cerca de 1.000 efectivos vinculados al dispositivo de seguridad.
  • 1.700 plazas ferroviarias adicionales dispuestas por Renfe para facilitar los desplazamientos.

La internacionalización es enorme. Australianos, japoneses, estadounidenses, europeos y, cada vez más, viajeros procedentes de India llegan hasta esta pequeña ciudad situada unos 40 kilómetros al oeste de Valencia. AP señala que aproximadamente el 40% de los participantes de los últimos tres años procedía del extranjero.

No estamos solamente ante una fiesta.

Estamos ante un producto turístico internacional construido alrededor de una experiencia que prácticamente no puede reproducirse en ningún otro lugar sin perder su autenticidad.

De una pelea callejera a una marca internacional

La historia resulta todavía más atractiva porque nadie diseñó inicialmente un producto turístico.

En agosto de 1945, durante un desfile de gigantes y cabezudos, unos jóvenes intentaron incorporarse a la celebración. Uno de los participantes cayó, comenzó una pelea y la presencia cercana de un puesto de verduras proporcionó una munición inesperada: tomates.

Al año siguiente los jóvenes repitieron la experiencia y llevaron sus propios tomates.

La autoridad intentó prohibirla durante los años cincuenta. Los vecinos insistieron. Finalmente la celebración fue autorizada e institucionalizada.

Décadas después, aquella pelea improvisada terminaría convirtiéndose en una de las imágenes turísticas más reconocibles de España. En 2002, La Tomatina fue declarada oficialmente Fiesta de Interés Turístico Internacional.

En 2027 llegará su 80ª edición, una fecha que Buñol ya está preparando especialmente.

Cuando la televisión cambió la historia

Hay otro dato extraordinario para quienes trabajamos en turismo y marketing territorial.

La Tomatina no siempre fue mundial.

Una investigación académica sobre su internacionalización identifica un momento decisivo: la cobertura televisiva de comienzos de los años ochenta.

En 1983 se calculaban unos 3.000 participantes. Después de la repercusión televisiva, al año siguiente se acercaron a 10.000.

En apenas un año la asistencia prácticamente se triplicó.

El Ayuntamiento incluso duplicó la cantidad de tomates disponibles, pasando de 20.000 a 40.000 kilos.

Internet hizo después el resto.

La declaración de Fiesta de Interés Turístico Internacional en 2002 terminó de impulsar su internacionalización.

Y llegó un momento en que el éxito comenzó a convertirse en problema.

En 2012 se estimaron más de 50.000 participantes. La masificación era peligrosa para una localidad de esas dimensiones. Desde 2013 se estableció un sistema de entradas y control de aforo.

Es una enseñanza interesante para cualquier destino: crecer también exige aprender dónde colocar el límite.

¿150 toneladas de comida desperdiciada?

Es probablemente la crítica más evidente a la Tomatina.

Sin embargo, en 2026 hay un dato que modifica bastante esa discusión.

Los tomates utilizados este año no proceden de excedentes ni son tomates descartados por una mala comercialización.

Fueron plantados expresamente para la celebración.

La empresa responsable planificó el cultivo pensando desde el comienzo en la Tomatina. Se controla incluso cuándo se recolectan para conseguir el equilibrio entre resistencia para viajar y maduración suficiente para que puedan aplastarse con facilidad.

Las 150 toneladas tuvieron un coste aproximado de 63.000 euros.

Esto también permite corregir una idea repetida durante años: no estamos simplemente ante camiones cargados con tomates que iban a terminar en la basura.

Son parte de la producción necesaria para organizar el espectáculo.

La discusión ética sobre utilizar alimentos para una fiesta seguirá existiendo, naturalmente, pero debe hacerse sobre los datos reales.

¿Cuánto vale una hora de Tomatina?

Aquí aparece la verdadera dimensión turística.

La batalla dura aproximadamente 60 minutos.

Pero alrededor de esos 60 minutos trabajan transportes, restaurantes, bares, alojamientos, agencias, comercios, seguridad, proveedores, medios de comunicación y servicios turísticos.

Una estimación publicada en 2019 calculó un impacto económico de alrededor de dos millones de euros para Buñol. Aquel año participaron unas 20.000 personas y se utilizaron 145 toneladas de tomate.

No encontré una estimación oficial equivalente actualizada para 2026, por lo que sería incorrecto trasladar automáticamente aquella cifra al presente.

Pero hay algo cuyo valor resulta mucho más difícil de calcular: la exposición internacional de la marca Buñol.

¿Cuánto tendría que invertir una localidad de menos de 10.000 habitantes para conseguir aparecer simultáneamente en televisiones, diarios, agencias, redes sociales y teléfonos móviles de todo el mundo?

Probablemente mucho más que el coste de los tomates.

Bollywood también descubrió Buñol

Hay otro ejemplo formidable de promoción turística indirecta.

La película india Zindagi Na Milegi Dobara, estrenada en 2011, recreó La Tomatina y mostró la experiencia a millones de espectadores.

Desde entonces aumentó especialmente el interés procedente de India. AP vuelve a señalar en su cobertura de 2026 el peso creciente de los visitantes indios y la influencia de aquella película.

Una fiesta local se convirtió así en escenario cinematográfico y el cine terminó alimentando nuevamente al turismo.

Es un círculo de promoción difícil de comprar mediante publicidad convencional.

¿Se puede copiar La Tomatina?

Sí y no.

Fiestas inspiradas en el lanzamiento de tomates han aparecido en otros lugares del mundo. AP menciona experiencias en Florida, Londres, Ámsterdam, Hyderabad, en India, y Sutamarchán, Colombia.

Pero existe una diferencia fundamental entre copiar la mecánica y poseer la historia.

Cualquiera puede organizar una batalla de tomates.

Nadie puede inventarse retrospectivamente aquel agosto de 1945 en Buñol.

Y existe además una cuestión jurídica importante.

El Ayuntamiento de Buñol registró LA TOMATINA como marca para diferentes clases de productos y servicios, incluida la organización de fiestas populares. Los derechos sobre la denominación incluso fueron objeto de litigios judiciales.

Por tanto, inspirarse en el concepto de una fiesta gastronómica o participativa es posible. Utilizar comercialmente la denominación La Tomatina requiere tener en cuenta esos derechos marcarios.

La verdadera lección para nuestros destinos

Tal vez aquí esté lo más interesante para Uruguay y América Latina.

No necesitamos copiar tomates.

Necesitamos observar el mecanismo que convirtió algo profundamente local en algo deseado internacionalmente.

Una historia sencilla. Una identidad reconocible. Una fecha fija. Participación de los vecinos. Una experiencia imposible de contemplar pasivamente. Una imagen espectacular para fotografías y televisión. Reglas claras. Seguridad. Capacidad limitada. Transporte. Comercialización. Continuidad durante décadas.

Y, fundamentalmente, algo que no parece fabricado para turistas.

Primero perteneció al pueblo.

Después quiso conocerlo el mundo.

Ese orden importa.

Buñol demuestra que una pequeña localidad no necesita tener un monumento universal, un gran aeropuerto o millones de habitantes para construir notoriedad turística internacional.

Puede necesitar simplemente una razón extraordinariamente clara para viajar hasta allí en una fecha determinada.

Hoy esa razón pesa 150 toneladas.

Durante una hora vuela por los aires.

Y cuando termina la batalla, el tomate desaparece con las mangueras, pero las fotografías, los videos, las historias y el nombre de Buñol vuelven a recorrer el planeta.

Quizás esa sea la verdadera cosecha de La Tomatina.

Mientras Buñol convierte 150 toneladas de tomate en una experiencia turística que recorre el mundo, Uruguay vivió en 2025 la paradoja opuesta: productores de Canelones y Montevideo tuvieron que desechar toneladas y dejar parte de la cosecha en las plantas porque una sobreoferta deprimió los precios hasta hacer antieconómico cosechar y transportar el producto.

La comparación no significa que Uruguay deba organizar su propia Tomatina. Plantea una pregunta bastante más interesante: ¿cuántas veces un excedente, una tradición, un producto o incluso un problema local puede transformarse, con creatividad, organización y continuidad, en una experiencia capaz de generar valor?

La zafra uruguaya 2024-2025 registró cerca de 1.800 toneladas más de tomate que el período comparable anterior, un incremento del 22%. En algunos establecimientos se descartaron cajones enteros y en otros directamente se dejó de cosechar.

Buñol ofrece el contraste: no vende tomates. Vende el derecho a vivir durante una hora algo que solamente sucede allí. Y alrededor de esa hora viajan personas, trabajan restaurantes, se ocupan alojamientos, circulan trenes y autobuses y cientos de periodistas proyectan el nombre de una localidad de menos de 10.000 habitantes hacia el mundo.

Quizás esa sea una de las grandes enseñanzas de La Tomatina para nuestros destinos: el valor de un territorio no siempre está en lo que produce, sino también en lo que es capaz de hacer con aquello que produce.

Fuentes consultadas

Ayuntamiento de Buñol – Turismo: historia y reconocimiento oficial de La Tomatina.
RTVE: producción, procedencia, maduración y coste de los tomates utilizados en 2026.
EFE: datos de participación, medios acreditados, seguridad y transporte de la edición 2026.
Associated Press: internacionalización, participación extranjera e influencia del cine indio.
Gran Tour / investigación turística y estudio académico sobre la internacionalización de La Tomatina.
Resolución de la Secretaría General de Turismo de España de 2002.


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