Puntos Violeta en la costa: turismo, cuidado y una conversación pendiente

Durante la temporada de verano, los Puntos Violeta se hacen presentes en distintos puntos de la costa uruguaya como parte de una iniciativa impulsada por el Ministerio de Turismo, orientada a promover entornos turísticos seguros y libres de violencias.

Instalados en playas, ferias, ramblas y espacios de alta concurrencia, estos puntos acercan información, orientación y acompañamiento, integrando la dimensión del cuidado a la experiencia turística. La propuesta se despliega en destinos de alta afluencia, especialmente en departamentos como Maldonado y Rocha, donde el verano concentra una intensa movilidad de residentes y visitantes.

La iniciativa pone el acento en la prevención, la escucha activa y el acceso a canales de apoyo, reforzando la idea de que el turismo no es solo descanso y recreación, sino también convivencia, respeto y responsabilidad compartida. En ese marco, los Puntos Violeta buscan facilitar el acceso a información clara y cercana, en un entorno distinto al habitual, donde muchas veces las personas se encuentran lejos de sus redes de apoyo.


Turismo y enfoque social

Incorporar este tipo de dispositivos en destinos turísticos responde a una mirada más amplia del turismo, que reconoce su impacto social y cultural. La presencia de espacios de orientación en ámbitos abiertos y visibles contribuye a desnaturalizar situaciones de violencia y a generar mayor conciencia colectiva sobre los derechos y la protección de las personas.

Este enfoque también refuerza la imagen de los destinos como lugares comprometidos con el bienestar, un aspecto cada vez más valorado por quienes eligen dónde vacacionar.


Una reflexión necesaria

Al mismo tiempo, la iniciativa abre una conversación pertinente. Cuando el discurso institucional refiere a un turismo “para todas y todos”, surge el interrogante sobre el alcance real de estos espacios, actualmente dirigidos a mujeres, niñas, niños y adolescentes.

La inclusión plena supone garantizar el acceso a la orientación, la escucha y la asistencia sin distinciones. Un turismo verdaderamente seguro e inclusivo debería contemplar a todas las personas, entendiendo que las situaciones de vulnerabilidad no responden a un único perfil.

Plantear esta reflexión no busca cuestionar el valor del Espacio Violeta, sino aportar a su evolución, ampliando la mirada hacia modelos de cuidado más integrales y coherentes con una sociedad diversa.


Hacia un turismo más consciente

La presencia de los Puntos Violeta en la costa confirma una tendencia: el turismo del presente incorpora el cuidado, la prevención y la dimensión social como parte de su propuesta. El desafío, hacia adelante, está en seguir construyendo políticas que fortalezcan estos avances y amplíen su alcance, para que la promesa de un turismo seguro sea realmente compartida por todas las personas.

 

clave del calendario estival.


Fechas y puntos de presencia en la costa

Maldonado

  • 6 y 7 de febrero (15 a 19 h): Playa La Rinconada – Piriápolis

  • 13 de febrero (15 a 19 h): Playa La Rinconada

  • 14 de febrero (15 a 19 h): Playa Hermosa

  • 15 de febrero (19 a 23 h): Paseo La Pasiva – Rambla de los Argentinos

  • 16 y 17 de febrero (15 a 19 h): Playa San Francisco

  • 18 de febrero (15 a 19 h): Playa Hermosa

  • 28 de febrero (20 a 00 h): Rambla Show Uruguay y toda la costa

Rocha

  • 6 de febrero (19 a 23 h): Barra del Chuy

  • 7 de febrero (16 a 20 h): Barra del Chuy

  • 8 de febrero (9 a 13 h): Punta del Diablo

  • 13 de febrero (16 a 20 h): Aguas Dulces – Playa

  • 17 de febrero (19 a 23 h): Punta del Diablo – Feria de Artesanos

  • 18 de febrero (15 a 19 h): Punta del Diablo – Playa

  • 19 de febrero (15 a 19 h): La Pedrera – Playa

  • 20 de febrero (15 a 19 h): La Paloma – La Balconada

Ante situaciones de violencia: 0800 4141 | *4141 desde el celular

 
 

The Platters: segunda oportunidad para vivir una noche romántica en Montevideo

El 13 de febrero, en la víspera del Día de los Enamorados, Montevideo tiene una nueva oportunidad de reencontrarse con una de las bandas más románticas de todos los tiempos. La legendaria The Platters se presenta por única vez en el Teatro del Notariado, en una gala internacional pensada para emocionar, cantar y dejarse llevar por canciones que atraviesan generaciones.

Será un viaje musical por clásicos eternos como Only You, The Great Pretender, Smoke Gets in Your Eyes y otros himnos que convirtieron a The Platters en sinónimo de elegancia, romanticismo y sensibilidad. En escena, el grupo llega liderado por el integrante original Barry Smith, acompañado por Lance Bernard Bryant, Omar Ross, Jovian K. Ford y Brittany Michelle Wallace, en una formación que mantiene vivo el espíritu del conjunto original.

Una historia que explica su vigencia

Para entender por qué The Platters siguen convocando público setenta años después, hay que volver a sus orígenes. Entre 1952 y 1953, el bajista Herb Reed fundó y dio nombre al grupo, convirtiéndose más tarde en miembro del Salón de la Fama del Rock and Roll, del Salón de la Fama Vocal y ganador del GRAMMY®. Fue, además, el único integrante que actuó de forma ininterrumpida con la banda desde su creación hasta su fallecimiento en 2012, participando en más de 400 grabaciones.

The Platters fueron el primer grupo afroamericano en alcanzar aceptación masiva a nivel mundial y el primero en transformarse en un fenómeno internacional. En 1955, Only You sonó en la radio estadounidense de la mano del legendario DJ Alan Freed, catapultando al grupo a la cima de los rankings y consolidando su lugar como la banda más romántica de los inicios del rock and roll: música hecha, literalmente, para besarse.

Un legado que continúa

Hoy, el legado de Reed se mantiene bajo los auspicios de Frederick J. Balboni Jr., su sucesor elegido personalmente, quien administra y produce la marca oficial de The Platters a nivel nacional e internacional. En ese marco, la banda continúa girando y llevando su repertorio a nuevos públicos, después de décadas marcadas por disputas legales, racismo y usos indebidos de su identidad artística.

La vigencia del grupo también se refleja en el cine y la televisión. Canciones como My Prayer siguen apareciendo en bandas sonoras contemporáneas, como ocurrió en El curioso caso de Benjamin Button, cuya música fue nominada al Oscar.

Una cita única en Montevideo

Esta segunda oportunidad de ver a The Platters en Uruguay no es solo un concierto: es una invitación a revivir una época, a compartir recuerdos y a comenzar el Día de los Enamorados con una banda sonora inolvidable.

? Lugar: Teatro del Notariado, Montevideo
? Fecha: 13 de febrero
?️ Entradas: a la venta en Red Tickets

Una noche para dejarse llevar por la nostalgia, el romance y la música que nunca envejece.

Atlántida celebró el Año del Caballo con una fiesta que une tradición, turismo y diplomacia

El pasado 7 de febrero, la ciudad de Atlántida volvió a ser escenario de una de las celebraciones más significativas del verano uruguayo: la llegada del Año Nuevo Chino, que en 2026 marca el inicio del Año del Caballo de Fuego. Dragones, tambores, trajes tradicionales, música ancestral y cientos de vecinos y visitantes convirtieron al balneario canario en un epicentro de encuentro entre culturas.

Esta festividad, que comenzó en los jardines y salones de la Liga de Fomento de Atlántida hace más de una década, ha crecido año a año hasta convertirse en una tradición local y un punto de referencia para el turismo cultural y el intercambio internacional.

El caballo galopa con fuerza: significados del nuevo ciclo

En la astrología china, el caballo simboliza energía vital, libertad, determinación y pasión. Este 2026, representado por el Caballo de Fuego, se asocia a un impulso renovador para avanzar con decisión, transformarse y superar obstáculos. Es un año propicio para proyectos audaces, para cuidar el cuerpo y el espíritu, y para reafirmar los lazos colectivos que dan sentido a la vida en comunidad.

Dragones en las calles, tradición en movimiento

La organización estuvo a cargo de la Escuela Shaolin Chuan Uruguay, dirigida por Daniel Bogado, con el respaldo de la Embajada de la República Popular China, el Gobierno de Canelones, el Municipio de Atlántida,  la Liga de Fomento y el Centro Comercial e Industrial de Atlántida.

El tradicional desfile de dragones y leones danzantes se desplegó por el centro de la ciudad con más de 200 personas practicando kung fu, tai chi y chi kung. Una pantalla gigante instalada frente al circuito permitió que el público —que colmó veredas y graderías— pudiera seguir cada detalle.

Daniel Cervini, presidente de la Liga de Fomento, recordó con emoción que:

“Esta fiesta nació en los jardines y salones de la LIFA, y cada año crece, siendo ya una tradición en la ciudad”.

Voces de un encuentro que trasciende fronteras

Daniel Bogado, referente de Shaolin Chuan, abrió el acto agradeciendo al exalcalde Gustavo González:

“Fue el primero que confió en esta celebración. Hoy, el Año Nuevo Chino en Atlántida ya no es solo un espectáculo, es una forma de vida que promueve salud, armonía y comunidad. No somos un deporte solamente. Nuestro arte cuida el cuerpo y el alma, y este festejo es símbolo de eso”.

Pedro Irigoin, intendente en funciones, destacó el valor estratégico del evento:

“Para el Gobierno de Canelones significa mantener una tradición de intercambio cultural. Es una expresión canaria, sí, pero también una representación nacional ante una gran nación como China. Nos enorgullece ser parte de una política cultural que trasciende gobiernos y proyecta una imagen sólida hacia el exterior”.

Desde la representación diplomática, el consejero He Fei, en ausencia del embajador (quien acompañaba en China a la comitiva oficial uruguaya), expresó:

“Estamos dispuestos a trabajar junto a los amigos de Canelones para promover la cooperación e intercambios entre nuestras ciudades, y traer más beneficios a nuestros pueblos”.

Autoridades presentes y espíritu colectivo

La ceremonia contó con la participación de Ernesto Capano, alcalde de Atlántida; Ximena Costa, directora de Turismo de Canelones; Mauricio Martínez, del Centro Comercial e Industrial y referentes del ecosistema turístico y cultural del departamento.

Cada uno de ellos reafirmó el valor de esta fiesta como un activo turístico y diplomático, una experiencia que fortalece la identidad de Atlántida y consolida el balneario como anfitrión de grandes encuentros.


Un símbolo que se afirma con cada ciclo

La edición 2026 del Año Nuevo Chino dejó una vez más la sensación de que la tradición, cuando se cuida y se comparte, se convierte en marca cultural y motor de desarrollo local. En Atlántida, el Caballo de Fuego ya galopa, y con él la energía de una comunidad que apuesta por el entendimiento, el turismo con contenido y la celebración de la diversidad.

El Salón Internacional del Vino abrió su XXIII edición con esa mezcla tan particular de expectativa y celebración tranquila. Desde el ingreso, la escena se ordenó sola: copas brillando bajo la luz cálida, mesas ocupadas por botellas que viajaron desde distintos puntos del país y del mundo, y un público diverso que no llegó a correr, sino a quedarse. Con una convocatoria de más de 2500 personas cada año, se ha consolidado como uno de los eventos vitivinícolas más esperados de la región.

Más de 140 bodegas y unas 600 etiquetas marcaron el pulso de la noche. Caminé sin apuro. Un paso, una copa, una historia. Enólogos y sommeliers oficiaron de guías, no desde el discurso técnico, sino desde la cercanía: por qué ese vino, de dónde viene, en qué momento del año conviene volver a abrirlo. El salón general, con su propuesta gastronómica pensada para acompañar —pastas, pescados, carnes, opciones vegetarianas— sostuvo el clima de feria elegante y accesible, donde el intercambio vale tanto como la degustación.

El sector VIP, ya agotado, funcionó como un mundo aparte. No por distancia, sino por detalle. Caviar, jamón ibérico, risotto Venere, productos que invitan a bajar la voz y afinar los sentidos. Aun así, la frontera fue simbólica: el vino, como siempre, tendió puentes.

No tomé notas de inmediato. Preferí mirar. Ver cómo la gente se movía, cómo elegía una copa y cómo, después del primer sorbo, algo cambiaba en el gesto. Hay experiencias que se comprenden mejor así, sin la urgencia de describirlas mientras suceden.

La escena se repitió varias veces a lo largo de la noche, siempre con pequeñas variaciones. Alguien se acercaba a una mesa, escuchaba con atención, tomaba la copa, giraba el vino con un gesto aprendido —o intuitivo— y probaba. Luego venía la pausa. Ese instante breve en el que el cuerpo decide si lo que acaba de pasar merece quedarse un poco más.

En Enjoy Punta del Este, la noche se ordenó alrededor de la degustación. No como acto técnico ni como desfile de etiquetas, sino como una forma de estar. Las copas rara vez se llenaron del todo. Se servía poco, lo justo. Quien sirve así espera algo del otro lado: atención.

Observé copas que buscaban la luz, miradas concentradas en el color, silencios que decían más que una explicación larga. Algunos cerraban los ojos apenas un segundo antes de probar. Otros iban directo al gusto, sin rodeos. Había quienes escuchaban con detalle al enólogo y quienes preferían callar y decidir solos. Ninguna forma parecía incorrecta. El vino admitía todas.

El recorrido fue amplio, casi inabarcable. Más de un centenar de bodegas, cientos de etiquetas, historias distintas detrás de cada botella. Imposible probar todo, y quizás ahí estuvo uno de los mayores aciertos del Salón Internacional del Vino: no invitó a acumular sabores, sino a elegir. Cada stand funcionó como un pequeño territorio, con su propio relato, donde la información estuvo disponible pero nunca impuesta.

La gastronomía apareció como un acompañamiento consciente, nunca como un desvío. Pastas, pescados, carnes y opciones vegetarianas ofrecieron un soporte equilibrado para la degustación, pensadas para sostener el paladar y no para distraerlo. Comer no interrumpió el recorrido: lo acompañó. Cada plato dialogó con la copa sin levantar la voz, recordando que el maridaje también es una forma de conversación.

Las charlas no giraron en torno a precios ni rankings. Se habló de cosechas, de lugares, de recuerdos asociados a un sabor. “Este lo tomé una vez en…”, “este me sorprendió”, “a este hay que volver más tarde”. La degustación no terminó en la copa; continuó en la palabra y, a veces, en el silencio compartido.

Como comunicador, me interesó especialmente el comportamiento del público. No hubo apuro ni ruido excesivo. Se caminó despacio, se volvió sobre una etiqueta ya probada, se compararon sensaciones. La experiencia se vivió como práctica cultural más que como espectáculo.

Entre las mesas, hubo un punto que concentró miradas y conversaciones con otro peso simbólico: el stand del Instituto Nacional de Vitivinicultura (INAVI). No funcionó solo como espacio informativo, sino como lugar de encuentro. Por allí pasó el presidente de Cámara Uruguaya de Turismo (CAMTUR), Fernando Tapia, acompañado por la subsecretaria de Turismo, Ana Claudia Caram, en una visita breve pero significativa, marcada más por el intercambio directo que por los gestos formales. En la foto, Rosita Moreno, síntesis de ese cruce entre producción, turismo y personas que entienden al vino como parte viva del territorio.

Al final de la noche, me llevé una copa. No como souvenir, sino como memoria tangible. Hoy ya ocupa su lugar en mi vitrina. Cada vez que la vea, sabré que no guarda solo vidrio y diseño, sino un momento preciso: el de una noche en la que el vino logró detener el tiempo y dejar una marca silenciosa.

Lo demás —fechas, cifras, entradas— llegará después. Esto no. Esto sucede una sola vez: el instante exacto en el que una copa logra que alguien se detenga y mire distinto.

 
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La Semana del Mar 2026: cuando el océano marca el pulso cultural de Punta del Este

Cada verano, Punta del Este vuelve a mirar hacia el mar no solo como paisaje, sino como origen de preguntas, memorias y relatos compartidos. Entre el 2 y el 8 de febrero de 2026, la Semana del Mar celebra su 24ª edición y confirma un lugar singular dentro del calendario cultural del balneario: una propuesta que invita a detenerse, observar y reflexionar sobre el vínculo profundo entre la sociedad y el océano.

La Semana del Mar no busca el espectáculo inmediato. Propone otra velocidad. Una cadencia donde el arte, la ciencia y la palabra se entrelazan para recordar que el mar también piensa, enseña y transforma.

Un proyecto nacido del compromiso cultural

La iniciativa nació en 2001, impulsada por la profesora María Luisa Cordone junto a la comunicadora Adriana Expósito, con una idea clara: construir un espacio veraniego que combinara creación artística, divulgación científica y conciencia ambiental. A lo largo de más de dos décadas, ese espíritu se sostuvo con coherencia y sensibilidad.

Tras el fallecimiento de Cordone en 2024, Adriana Expósito asumió la conducción del evento, cuidando su identidad original y reafirmando el mar como patrimonio natural y cultural. No como consigna abstracta, sino como experiencia concreta, cercana y compartida.

Edición 2026: una semana para escuchar al mar

La 24ª edición se desarrolla con entrada gratuita en dos espacios clave del balneario: el Salón Benito Stern del Municipio de Punta del Este y la Caja de Arte de Punta Shopping. La programación articula muestras visuales, música, presentaciones de libros y charlas que cruzan arte, biodiversidad y relatos de navegación.

Lunes 2 de febrero
La apertura oficial tiene lugar a las 19:00, con la presencia de autoridades y participantes. La música del pianista Guillermo Querejazu acompaña la inauguración de una muestra fotográfica realizada por alumnos del Centro Cultural Kavlin, una mirada joven sobre el mar como territorio de aprendizaje.

Martes 3 de febrero
A las 18:30 se realiza el vernissage de la Muestra del Mar 2026 en la Caja de Arte, con obras de Karina Carrara, Agó Páez Vilaró, Pascual Freda, Guillermo Querejazu, Verónica Beznozko y Theodore Grossman. La jornada integra arte visual y gastronomía, con el acompañamiento de proyectos locales y la curaduría culinaria del chef Pedro Young.
A las 19:00, la charla En el camino de las ballenas: la mirada desde Uruguay reúne al equipo de Ballenas Uy, con material audiovisual y un corto documental que conecta ciencia, territorio y conservación.

Miércoles 4 de febrero
La palabra escrita ocupa el centro con la presentación del libro El Capitán Miranda recorriendo los mares del mundo, de Agó Páez Vilaró y Zunilda Borsani, un recorrido por la historia naval y la memoria marítima uruguaya.

Viernes 6 de febrero
El conversatorio El mar como fuente de inspiración propone un diálogo entre artistas y creadores. Karina Carrara, Pablo Suárez y Noé Leforestier exploran cómo el océano se filtra en la obra, en la mirada y en el proceso creativo.

Sábado 7 de febrero
La Semana del Mar acompaña al Festival Internacional de Cine de Punta del Este, integrándose al ecosistema cultural del balneario sin superponer actividades.

Domingo 8 de febrero
El cierre, a las 19:00, llega de la mano de Sergio Puglia con una charla que funciona como síntesis sensible de la semana: vivir Punta del Este desde el mar, desde la experiencia personal y desde el respeto por un entorno que define al destino.

El mar como relato compartido

Lejos de la lógica del evento efímero, la Semana del Mar construye continuidad. Año tras año, convoca a públicos diversos y genera un espacio donde el conocimiento circula sin estridencias. El mar aparece como recurso natural, pero también como archivo vivo de historias, oficios y miradas.

En tiempos de consumo acelerado, esta propuesta sostiene una idea simple y poderosa: escuchar al mar también es una forma de entendernos. Y Punta del Este, durante una semana, vuelve a hacerlo desde la cultura.


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