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De Montevideo a París: Valentino Monzeglio y la nueva generación de la hotelería uruguaya

En la sede del ITHU – Instituto Politécnico Uruguayo, durante la presentación de su nueva Carrera de Capacitación Turística, surgió una conversación que conecta generaciones de hoteleros uruguayos con el escenario internacional.

Allí dialogamos con Valentino Monzeglio, el menor de los hijos de Remo Monzeglio —fundador del instituto— y hermano de Martín y Bari. Con apenas 21 años, Valentino ya desarrolla su carrera en uno de los hoteles más prestigiosos de Europa.

Su historia mezcla tradición familiar, formación internacional y una curiosidad permanente por el mundo.


“Trabajo en el Park Hyatt Paris-Vendôme”

—Sabemos que desde hace un tiempo estás radicado en Europa. ¿Cómo es tu presente?

Actualmente trabajo en hotelería en un puesto que en Francia se denomina chef de rang. En español podría traducirse como “jefe de rango”.

Es una función intermedia entre el maître y el commis, que es el ayudante de camarero. En términos simples, es un mozo de mayor nivel responsable de una sección del restaurante y del servicio a los clientes dentro de ese espacio.

Trabajo en el Park Hyatt Paris-Vendôme, y el restaurante donde desarrollo mis funciones se llama Café Jeanne.


“Mi pasión por la hotelería empezó en ITHU”

—¿Dónde estudiaste y te capacitaste?

Me formé en distintas instituciones en Europa, pero el origen de mi pasión por la hotelería nació en ITHU.

Aquí cursé Técnico en Turismo y GDS, Técnico en Gerencia de Hoteles y también me formé en técnicas de barista. Además, fue el lugar donde tomé mis primeras clases de francés.


“Italia, Alemania y Francia fueron parte de mi formación”

—Te involucraste muy joven en la actividad. ¿Cómo te preparaste en Europa?

Después de estudiar en ITHU viajé a Italia para formarme en el Instituto Erminio Maggia de Stresa, el mismo donde estudió mi padre hace cincuenta años.

Allí adquirí una base muy sólida para trabajar en hotelería. Eso implicó algunos sacrificios. Por ejemplo, suspender vacaciones para volver a Uruguay y dedicar ese tiempo a pasantías en Italia, Alemania y especialmente Francia.

Era importante conocer la cultura de cada país, mejorar el idioma y entender su forma de trabajar. Todo eso resultó fundamental para llegar preparado cuando surgió la oportunidad de trabajar en el Hyatt de París.


“Mi familia siempre me apoyó”

—Provenís de una familia con una fuerte tradición hotelera en Uruguay. ¿Cómo influyó eso?

Influyó mucho y de forma muy positiva.

Mi familia siempre me apoyó y me aconsejó en cada etapa. Gracias a ese respaldo pude tomar decisiones que aceleraron mi formación profesional.


Viajar para entender al turista

—Has recorrido varios países de Europa. ¿Qué te dejan esos viajes?

Viajar te abre la mente.

Nunca imaginé que a los 21 años ya habría conocido tantos lugares. Hasta ahora llevo 20 países visitados, muchos con varias ciudades.

En turismo eso tiene un valor enorme porque permite ver el sector desde dos miradas: la del profesional y la del viajero. Esa experiencia ayuda a comprender qué detalles hacen realmente memorable una experiencia turística.


Budapest, la ciudad que más lo sorprendió

—¿Qué ciudades te impactaron más?

Muchos mencionan Roma, París o Barcelona, pero la ciudad que más me sorprendió fue Budapest.

El Danubio divide la ciudad en Buda y Pest, el Castillo de Buda domina el paisaje y el Parlamento iluminado por la noche es impresionante.

También me fascinan ciudades como Berlín, Luxemburgo o Positano, en la costa amalfitana.


Una vocación que exige, pero entusiasma

—¿Disfrutás lo que hacés?

Es una actividad exigente y a veces estresante, pero en general la disfruto mucho.

Lo que más valoro es el contacto con personas de diferentes países. Eso también me permite practicar idiomas y aprender de otras culturas.


Marketing y experiencia del cliente

—¿En qué área de la hotelería te gustaría especializarte?

Me interesa mucho el marketing, aunque también todo lo relacionado con la experiencia del cliente, que es uno de los pilares de la hotelería.


Próximos destinos profesionales

—¿Tus planes a corto y mediano plazo?

A corto plazo quiero aprovechar al máximo mi experiencia en el Hyatt de París y aprender todo lo posible.

A mediano plazo me gustaría explorar oportunidades laborales en Suiza, Estados Unidos o Arabia Saudita, aunque la situación internacional también influye en esas decisiones.


“Cada día se puede dar un paso hacia Europa”

—¿Qué consejo darías a los jóvenes que quieren trabajar en Europa?

Que se enfoquen con determinación.

Todos los días se puede avanzar un poco: aprender un idioma, estudiar la cultura del país, iniciar trámites o conectarse con personas del lugar. Cada paso suma.


El orgullo por la trayectoria de su padre

—Tu padre fue subsecretario de Turismo de Uruguay. ¿Qué representa eso para ti?

Es un gran orgullo.

Muchas personas me hablan de su trabajo y de su trayectoria. Ver ese reconocimiento hacia mi padre es algo muy especial.


“En diez años me imagino hablando seis idiomas”

—¿Cómo te ves dentro de diez años?

(Ríe).

Cuando tenga 31 años me imagino hablando seis idiomas, habiendo trabajado en distintos países y acumulando experiencia en varios sectores de la hotelería.


¿Un regreso a Uruguay?

—¿Pensás trabajar algún día en Uruguay?

Sí, lo he pensado. Mi familia ha contribuido mucho al desarrollo del turismo del país y me gustaría continuar ese camino.

Sería un orgullo trabajar más cerca de mi padre y de mis hermanos, aportando también la experiencia internacional que pueda adquirir.


Nota de redacción

La historia de Valentino Monzeglio muestra cómo una nueva generación de profesionales uruguayos se abre camino en la hotelería internacional.

Cuando ese recorrido lo traiga nuevamente al país, seguramente las puertas del ITHU estarán abiertas para recibir al más joven de los Monzeglio, ya no como estudiante, sino como parte de una tradición familiar que sigue escribiendo capítulos en el turismo uruguayo.

La ley del desdoblamiento del tiempo y la búsqueda de conciencia: entrevista a Graciela Cizin

La terapeuta uruguaya explica las diferencias entre la propuesta de Jean-Pierre Garnier Malet y la lógica global convergente difundida por Alejandra Casado. En el centro de su mirada aparece una idea fuerte: no se trata de controlar la vida, sino de observarla con otra conciencia.

En el universo de las terapias espirituales y las búsquedas interiores, la ley del desdoblamiento del tiempo despierta curiosidad, adhesiones y también preguntas. Para muchas personas, se presenta como una herramienta para mejorar la experiencia cotidiana. Para otras, es apenas la puerta de entrada a una comprensión más profunda.

Graciela Cizin, terapeuta holística, maestra de registros akáshicos y especialista en hipnosis clínica reparadora y terapia regresiva, propone una lectura más amplia. En esta entrevista, explica cómo entiende la diferencia entre la ley del desdoblamiento del tiempo y la lógica global convergente, y por qué insiste en que el verdadero cambio no pasa por pedir cosas, sino por transformar la percepción.

Entrevista

—Para empezar de forma clara, qué es la ley del desdoblamiento del tiempo

—La ley del desdoblamiento del tiempo, en la línea de Jean-Pierre Garnier Malet, plantea que todo en el universo tiene un doble. En el caso del ser humano, ese doble cuántico estaría proyectado hacia adelante en el tiempo, unos 38 días, y sería posible conectarse con él durante la noche. Desde esa mirada, uno podría acercar a su presente un mejor futuro.

—Y dónde aparece la diferencia con la lógica global convergente

—La diferencia es profunda. La ley del desdoblamiento del tiempo apunta, en gran medida, a mejorar la experiencia de vida: pedir un mejor trabajo, una mejor relación, una mejor situación económica. La lógica global convergente, en cambio, no busca solamente mejorar la experiencia, sino expandir la conciencia. No pone el foco en obtener, sino en comprender.

—Entonces no son lo mismo

—No. Comparten una base, pero no llegan al mismo lugar. Una cosa es intentar que la vida resulte más cómoda. Otra muy distinta es empezar a ver por qué se repiten los mismos patrones, por qué vuelven los mismos conflictos, por qué una persona siente vacío aun cuando consigue lo que desea.

—Por qué cree que este tema atrae a tantas personas

—Porque hay mucha gente cansada. Cansada de repetir. Cansada de sentirse atrapada en una vida que no termina de sentir propia. Hay personas que hicieron todo lo que se suponía que tenían que hacer y, aun así, sienten tristeza, aburrimiento o un vacío que no logran explicar. Ahí aparece esta búsqueda.

—Usted habla mucho de repetición de patrones. A qué se refiere

—A que muchas veces cambiamos de escenario, pero no de conciencia. Cambia la pareja, cambia el trabajo, cambia la ciudad, pero se repite la experiencia emocional. Aparecen los mismos vínculos, los mismos miedos, las mismas carencias. Desde mi mirada, eso ocurre porque seguimos reaccionando desde el mismo programa interno.

—Y qué propone la lógica global convergente frente a eso

—Propone observar. Dejar de querer resolver todo desde la mente y empezar a sentir qué me muestra cada evento. Si algo me genera enojo, tristeza, angustia o carga, la pregunta no es solamente qué hago con esto, sino qué me está mostrando de mí. Esa es la diferencia central: el evento no llega para ser combatido de inmediato, sino para ser visto.

—Eso puede sonar difícil para quien busca soluciones rápidas

—Claro, porque va en sentido contrario a lo que nos enseñaron. Nos formaron para reaccionar, defendernos, controlar, corregir, sostener personajes. Esta mirada invita a frenar. A hacer una pausa. A registrar qué pasa en el cuerpo, qué emoción aparece, qué patrón se activa. Y recién después actuar.

—Usted suele decir que no se trata de controlar la vida. Por qué

—Porque, desde esta perspectiva, el control es una ilusión. La personalidad cree que maneja todo, pero en realidad solo ve una parte muy pequeña. Cuando una persona se entrega a observar con más conciencia, empieza a entender que hay un orden más amplio, un sentido más profundo, aunque todavía no pueda explicarlo del todo.

—Entonces, para usted, pedirle cosas al doble cuántico no alcanza

—Puede servir para mejorar algo puntual, pero no necesariamente transforma la raíz. Uno puede conseguir ciertas cosas y, sin embargo, seguir sufriendo. Puede tener lo que deseaba y seguir sintiendo carencia. Por eso digo que no alcanza. El cambio verdadero aparece cuando se modifica la percepción.

—Qué pasa con la identidad en ese proceso

—Se mueve. Y mucho. Porque cuando una persona empieza a despertar, deja de sostener automáticamente creencias viejas, mandatos familiares, formas de vincularse que antes parecían normales. Eso duele. Duele porque la identidad vieja no quiere irse. Pero también es lo que permite que aparezca una forma más auténtica de vivir.

—En sus palabras, despertar no parece un camino cómodo

—No lo es. No es un camino decorativo. No es una frase linda para repetir. Es un proceso que puede desordenar la vida conocida, porque obliga a ver incoherencias, dependencias, apegos, miedos y autoengaños. Pero también abre una posibilidad muy grande: dejar de vivir en automático.

—Cómo se inicia ese camino, según su enfoque

—Primero, reconociendo que uno está cansado de la repetición. Después, haciendo una conexión nocturna sencilla, no para pedir cosas, sino para disponerse. Y luego, durante el día, observar los eventos, sentir lo que generan, hacer pausa y actuar en coherencia. Esa coherencia es central. Porque ver algo y no actuar en consecuencia suele traer más dolor.

—Qué significa actuar en coherencia

—Significa no seguir sosteniendo lo que ya vi que me daña o me vacía. Puede ser un vínculo, un trabajo, una dinámica familiar, una manera de hablar, una dependencia emocional. Actuar en coherencia no siempre es romper con todo; a veces es cambiar la forma de estar. Pero implica dejar de traicionarse.

—Usted también cuestiona la idea tradicional del amor romántico

—Sí, porque muchas veces se confunde amor con necesidad, apego o sustitución de un vacío. Desde esta mirada, el amor en distorsión aparece cuando buscamos en el otro lo que no encontramos en nosotros mismos. Por eso tantas relaciones oscilan entre idealización, dolor y dependencia.

—Y qué lugar ocupa la serenidad en todo esto

—Un lugar central. La meta no es una felicidad permanente, como si la vida fuera una promesa de satisfacción constante. La meta es la serenidad. Poder atravesar lo que sucede sin quedar destruido por cada evento. Poder sentir, pero no quedar atrapado. Poder vivir con más paz interior.

—Qué le diría a alguien que escucha esto por primera vez

—Que no tiene que creer ciegamente. Tiene que observar su vida. Si siente que todo se repite, que vive con vacío, que algo no termina de cerrar, tal vez sea momento de mirar hacia adentro. No para escapar del mundo, sino para habitarlo de otra manera.

Una búsqueda que va más allá de mejorar la vida

El planteo de Graciela Cizin corre del centro la idea de “conseguir” para poner el foco en “comprender”. En lugar de prometer soluciones instantáneas o fórmulas de bienestar, su discurso invita a un proceso más incómodo, pero también más hondo: mirar la propia vida con otros ojos.

En tiempos donde abundan las recetas rápidas para ser feliz, su mirada apuesta por otra cosa: menos control, más observación; menos personaje, más conciencia; menos ansiedad por obtener, más serenidad para entender.

Vivir más tranquilo para encontrar paz: la propuesta espiritual de Graciela Cizin

En tiempos de ansiedad, saturación y ruido mental, la pregunta por una vida más tranquila vuelve a instalarse con fuerza. No como consigna vacía ni como moda pasajera, sino como una necesidad concreta. En esa búsqueda se inscribe la mirada de Graciela Cizin, terapeuta holística, maestra de registros akáshicos, especialista en hipnosis clínica reparadora y terapia regresiva, quien plantea un camino de regreso hacia el interior para dejar de sufrir y recuperar serenidad.

Durante una conferencia difundida por Mindalia, Cizin presentó una especie de segunda parte de su reflexión sobre el despertar de la conciencia. Su propuesta gira en torno a una idea central: la paz no se encuentra afuera, ni en el éxito, ni en los vínculos, ni en la acumulación de logros, sino en un proceso profundo de observación, aceptación y conexión con la propia esencia.

La paz no estaría afuera, sino adentro.

Uno de los conceptos más fuertes de su exposición apunta a desmontar una creencia muy extendida: pensar que la serenidad depende de alcanzar algo externo. Para Cizin, gran parte del sufrimiento humano nace de esa persecución constante de “algo más” que, supuestamente, traerá plenitud.

Según su enfoque, llega un momento en la vida en que muchas personas sienten cansancio de repetir patrones, vínculos, frustraciones y búsquedas que no terminan de llenar el vacío. Ese hartazgo, lejos de ser una derrota, puede convertirse en el inicio de una transformación interior.

La terapeuta sostiene que ese giro implica dejar de mirar únicamente hacia afuera para empezar a mirar hacia adentro. Allí, afirma, aparecen respuestas que no llegan desde la lógica cotidiana, sino desde una conexión más profunda con el ser.

Despertar de la conciencia: observar en vez de controlar

En el centro de su mensaje aparece el llamado “despertar de la conciencia”, entendido como un proceso en el que la persona deja de identificarse por completo con su personaje social, sus dolores, sus automatismos y sus reacciones repetidas.

Desde esa visión, vivir con más paz no significa evitar la tristeza, el enojo o el dolor, sino dejar de pelearse con lo que sucede. La clave estaría en observar, comprender y atravesar la experiencia sin quedar atrapado en ella.

Cizin insiste en que el gran cambio aparece cuando se abandona la ilusión del control absoluto. Para ella, aceptar que no todo puede manejarse no debilita: alivia. Y en ese alivio empieza a disminuir el sufrimiento.

Serenidad antes que felicidad

Otro punto que atraviesa su discurso es la diferencia entre felicidad y serenidad. Mientras la felicidad suele asociarse a situaciones externas, cambiantes y pasajeras, la serenidad aparece como un estado más profundo y estable.

No se trata, en su planteo, de vivir eufórico ni de negar los conflictos, sino de habitar la vida con menos resistencia interna. Esa paz, dice, nace cuando la persona deja de exigirse que todo ocurra como lo había imaginado y empieza a confiar más en el proceso de su propia existencia.

La propuesta, entonces, no pasa por “mejorar la experiencia” en un sentido superficial, sino por transformar la manera de mirar lo que se vive.

Del drama a la trama

Uno de los pasajes más potentes de la conferencia aparece cuando propone pasar del “drama” a la “trama”. Es decir, dejar de ubicarse únicamente en el lugar de la víctima de lo que sucede para intentar descubrir qué aprendizaje, movimiento o transformación puede estar pidiendo esa experiencia.

En esa línea, muchas de las situaciones difíciles dejan de ser vistas como castigos o injusticias sin sentido, y comienzan a interpretarse como partes de un recorrido mayor. Esa perspectiva no elimina el dolor, pero puede modificar el modo en que se atraviesa.

Para Cizin, ese cambio de mirada vuelve la vida “más liviana, más aceptativa y más consciente”.

Una misión personal que no siempre es grandiosa

La conferencia también aborda una inquietud frecuente: cómo descubrir la misión de vida. Frente a la idea de que toda misión debe ser grandiosa o visible, la terapeuta propone una visión más íntima.

A veces, sostiene, el propósito no pasa por cambiar el mundo de manera espectacular, sino por aprender a confiar, sanar vínculos, salir del apego, recibir amor, perdonar o vivir con coherencia. En ese sentido, la misión no siempre sería externa ni heroica; muchas veces es silenciosa, interior y profundamente transformadora.

Una voz que conecta con quienes buscan sentido

Más allá de las creencias de cada persona, el planteo de Graciela Cizin conecta con una sensibilidad contemporánea: la necesidad de frenar, revisar la propia vida y encontrar una manera más habitable de estar en el mundo.

Su mensaje interpela a quienes sienten que el ritmo cotidiano, las exigencias y los viejos mandatos ya no alcanzan para sostener una vida con sentido. Y pone sobre la mesa una idea sencilla, pero contundente: tal vez vivir más tranquilo no sea retirarse del mundo, sino dejar de luchar todo el tiempo contra uno mismo.

En un escenario marcado por la incertidumbre, esa búsqueda de paz interior aparece, para muchos, no como un lujo espiritual, sino como una forma urgente de recuperar seguridad emocional.

¿Quién es Graciela Cizin?

Graciela Cizin se presenta como terapeuta holística, maestra de registros akáshicos, terapeuta en hipnosis clínica reparadora y terapia regresiva. Desde Uruguay y también en el exterior, brinda consultas y cursos enfocados en espiritualidad, conciencia y procesos de transformación personal.

Su recorrido, según expresa, nació de una búsqueda profunda por comprender el sentido de la existencia, proceso que la llevó a explorar el mundo espiritual, la ley del desdoblamiento del tiempo y la lógica global convergente de Alejandra Casado.

“El enoturismo necesita orden, datos y menos fricción”

Entrevista a Andrés Varela, cofundador de WinesOf

https://www.winesof.wine/uruguay

 

Después de la pandemia, cuando el turismo y la gastronomía intentaban recomponerse, Andrés Varela tomó una decisión estratégica: unir educación, cocina, vino y tecnología en un mismo proyecto.

El resultado fue WinesOf, una plataforma que busca convertirse en la infraestructura digital del enoturismo, conectando bodegas, restaurantes, profesionales y viajeros en un mismo ecosistema.

Conversamos con él sobre modelo de negocio, accesibilidad, fidelización y las oportunidades que se abren para Uruguay.


— ¿Cómo nace WinesOf?

WinesOf surge después de la pandemia. Yo venía de 15 años trabajando en alfabetización digital con adultos mayores y, al mismo tiempo, formándome como cocinero y sommelier.

En distintas ciudades veía el mismo problema: información dispersa, cartas desactualizadas, eventos que dependían del algoritmo de redes sociales y experiencias difíciles de reservar.

Ahí me hice una pregunta simple: ¿cómo puede una industria que vende experiencia funcionar con datos fragmentados?

WinesOf nace para ordenar y conectar. Para que alguien en Montevideo o Barcelona pueda descubrir una bodega, entender su propuesta, reservar una visita y tomar mejores decisiones con menos fricción.


— ¿Es una app más o es algo diferente?

No es una app aislada. Es un ecosistema digital SaaS freemium que conecta bodegas, restaurantes y profesionales del vino con enoturistas a nivel global.

Del lado profesional ofrecemos funciones básicas sin costo y herramientas avanzadas —cartas digitales dinámicas, gestión de contenidos, analítica— a medida que el negocio madura.

La lógica es acompañar al negocio sin forzarlo a dar grandes saltos. Que un restaurante que hoy trabaja con una carta en PDF pueda, con dos clics, actualizar precios, comunicar alérgenos o marcar un vino sin stock en tiempo real.

El impacto está en la eficiencia y en la coherencia.


— ¿Dónde está el beneficio concreto para bodegas y restaurantes?

En tres puntos.

Primero, orden. Si una bodega crea una ficha técnica, esa información viaja intacta a la carta del restaurante o a la web de una vinoteca. El productor comunica, el restaurante replica sin errores y el consumidor recibe claridad.

Segundo, reducción de fricción. Quien haya pedido cuatro vinos y escuchado cuatro veces “no hay” entiende la frustración. Con stock en tiempo real eso se resuelve.

Tercero, calidad de servicio. Tipografía ampliable, lectura de alérgenos, traducción inmediata. La accesibilidad no es un detalle estético, es estándar de calidad.

Si la mesa es amable, el servicio respira, el comensal confía y la venta fluye.


— También desarrollaron WinesOf PASS. ¿Qué cambia con este pase digital?

WinesOf PASS es una membresía digital orientada a atraer y fidelizar clientes en toda la cadena enogastronómica.

Para las empresas que se suman —bodegas, restaurantes y espacios gastronómicos— no tiene costo de adhesión ni permanencia. La validación es simple: el usuario muestra su pase digital activo.

Para usuarios, en cambio, la membresía tendrá un costo de acceso, ya que se trata de una credencial con beneficios reales y curados en distintos destinos.

No es una cuponera tradicional. Es una herramienta de fidelización inteligente, pensada para atraer público segmentado, aumentar ticket promedio y generar recurrencia.

Es fidelización sin burocracia.


— La plataforma ya reúne más de 500 profesionales de distintos países. ¿Cómo lograron esa validación?

Participamos como oradores en la 1ª Cumbre de Enoturismo Responsable en Punta del Este en 2024

 

A partir de ahí el crecimiento fue orgánico. Más de 500 profesionales y comunicadores de diez países y tres continentes se sumaron sin campañas masivas.

Eso confirmó algo: hay hambre de herramientas concretas, de estándares y de datos útiles.


Sinergias estratégicas

— Desde Noticias y Destinos vemos a WinesOf como una herramienta potente para el sector. ¿Cómo podríamos colaborar con la plataforma?

Nos interesa trabajar en red. WinesOf no quiere ser una isla tecnológica.

Un medio especializado puede integrarse conectando contenidos: las notas sobre bodegas y experiencias pueden enlazarse a fichas dentro del ecosistema, generando tráfico cruzado y ordenando información.

También como generador de contenido verificado dentro de la comunidad, aportando curaduría y autoridad.

Y coordinando agenda de eventos. Un medio que comunica y una plataforma que estructura pueden crear un circuito virtuoso.

La colaboración no es solo difusión. Es construcción de estándar.


— Como miembro de la Asociación Turística de Canelones, que nuclea a una de las mayores concentraciones de bodegas del país, nos gustaría explorar un convenio. ¿Cómo podrían generarse sinergias concretas?

Canelones tiene masa crítica. Y eso es una ventaja competitiva enorme.

Un convenio puede trabajar en tres niveles.

Primero, integración digital del territorio. Si las bodegas comparten fichas estandarizadas y agenda unificada, el visitante percibe coherencia. Deja de ver bodegas aisladas y empieza a ver una ruta integrada.

Segundo, datos para la toma de decisiones. El ecosistema permite entender búsquedas, intereses y comportamiento del visitante. Eso ayuda a diseñar estrategias más precisas.

Tercero, fidelización cruzada. Con el pase digital, un visitante que conoce una bodega puede acceder a beneficios en otra o en restaurantes asociados. Eso extiende la estadía y aumenta el impacto económico local.

Y en lo personal, Canelones no es un territorio ajeno. Nací en Montevideo, pero me crié y viví veinte años en el kilómetro 19.500. Me mueve profundamente aportar desde la tecnología a un departamento con tanto potencial vitivinícola y turístico.

Si el territorio actúa en red, la experiencia mejora y el destino se fortalece.


— ¿El objetivo es consolidarse en Uruguay o escalar rápidamente?

Primero consolidar Uruguay con el pase digital. Luego escalar con socios locales y desplegar versiones marca blanca para asociaciones y clústers internacionales.

Queremos tejer una red donde cada nodo haga más fuerte al resto. Que lo aprendido en Uruguay sirva también en Mendoza, Cataluña o el Alentejo.


Me dejó la entrevista que: 

WinesOf no es simplemente una app de vino. Es una arquitectura que ordena información, conecta actores y reduce fricciones en toda la cadena del enoturismo.

Integra bodegas, restaurantes, profesionales y viajeros bajo un mismo lenguaje, con datos consistentes, accesibilidad real y un modelo de fidelización sostenible.

En una industria basada en experiencias, la eficiencia empieza a ser el nuevo diferencial competitivo.

Desde Uruguay hacia el mundo, el desafío ya no es solo atraer visitantes, sino construir ecosistemas capaces de sostenerlos, fidelizarlos y hacerlos volver.

 

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