La gestión basada en datos ya mejora competitividad y experiencia del visitante, según ONU Turismo y la OECD.
La revolución no hace ruido
El turismo inteligente no se presenta con grandes anuncios. Se instala en silencio. En la reserva que se confirma en segundos. En el mapa interactivo que guía al visitante. En el dato que permite decidir mejor.
Según ONU Turismo, los destinos que integran tecnología y gobernanza digital mejoran eficiencia operativa entre 15% y 25%. La OECD refuerza esa idea: la digitalización no es un lujo, es una condición de competitividad.
Pero ¿cómo se traduce eso en la práctica?
Veamos un ejemplo aplicable hoy mismo.
Caso hipotético: Atlántida decide gestionar con datos
Imaginemos una ciudad costera de escala media, con alta estacionalidad y picos fuertes en enero y febrero.
Problemas detectados:
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Saturación en ciertos puntos gastronómicos
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Baja ocupación entre semana
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Escasa permanencia promedio del visitante (1,8 noches)
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Poca circulación hacia zonas comerciales secundarias
Paso 1: integrar datos simples
Sin inversiones millonarias, el destino puede comenzar con:
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Datos de ocupación hotelera
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Transacciones promedio en restaurantes
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Flujo peatonal por zonas (mediante sensores básicos o análisis de movilidad)
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Interacción digital con mapas y códigos QR
Paso 2: interpretar patrones
Los datos revelan que:
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El 70% del gasto se concentra en 4 cuadras
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Los turistas no conocen propuestas culturales a 500 metros
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Los miércoles la ocupación cae 35%
Paso 3: acción estratégica
El destino implementa:
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Señalética inteligente con QR hacia zonas menos visitadas
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Promociones coordinadas miércoles y jueves
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Agenda cultural digital integrada
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Campañas segmentadas a visitantes recurrentes
Resultado estimado (según proyecciones de modelos aplicados en ciudades europeas bajo el marco SEGITTUR):
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Aumento de permanencia promedio a 2,3 noches
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Distribución del gasto más equilibrada
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Incremento del ticket promedio entre 8% y 15%
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Mejora en satisfacción del visitante
No se trata de tener más turistas. Se trata de gestionarlos mejor.
La clave no es tecnológica, es estratégica
El Banco Interamericano de Desarrollo sostiene que el 80% del tejido turístico latinoamericano está compuesto por PYMES. La digitalización permite que pequeños actores accedan a información antes reservada a grandes cadenas.
El turismo inteligente articula cinco dimensiones:
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Gobernanza
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Tecnología
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Innovación
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Sostenibilidad
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Accesibilidad
La ciudad que ordena información, coordina actores y analiza datos gana previsibilidad. Y previsibilidad significa inversión.
¿Qué cambia para el visitante?
Cambia la experiencia:
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Información clara y actualizada
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Menos congestión
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Más opciones visibles
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Mejor orientación
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Atención más rápida
El turista no percibe el algoritmo. Percibe eficiencia.
El impacto económico silencioso
Según la OECD Tourism Trends Report, los destinos que integran herramientas digitales avanzadas:
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Reducen costos operativos públicos
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Mejoran asignación presupuestal
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Aumentan competitividad regional
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Generan mejor reputación internacional
La reputación digital es hoy parte del activo turístico.
La oportunidad para Uruguay
Uruguay tiene escala manejable, buena conectividad y un ecosistema público-privado articulado. Esa combinación facilita la implementación progresiva de modelos inteligentes.
El desafío no es tecnológico. Es cultural.
Pasar de la intuición al dato.
De la promoción aislada a la estrategia integrada.
El turismo inteligente no reemplaza identidad. La potencia.
Fuentes
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ONU Turismo – Framework for Smart Destinations
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OECD Tourism Trends and Policies
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SEGITTUR – Modelo Destinos Turísticos Inteligentes
