Ordenamiento territorial y turismo en Uruguay
Sábado, 12 Septiembre 2026 12:06

Ordenamiento territorial y turismo en Uruguay

Después de 15 años, Montevideo, Canelones y San José vuelven a planificar juntos. La revisión no habla solamente de territorio: puede definir cómo nos movemos, qué paisajes conservamos y qué nuevos circuitos turísticos podrán desarrollarse.

Ambiente, movilidad, espacios verdes y ruralidad aparecen como ejes de un proceso que puede tener efectos directos sobre el turismo, la recreación y la construcción de nuevos circuitos entre los tres departamentos.

Cuando pensamos en turismo, solemos hablar de hoteles, playas, bodegas, gastronomía, vuelos o eventos. Sin embargo, mucho antes de que un visitante llegue a un destino, existen decisiones que condicionan su experiencia: cómo se accede, qué paisajes se conservan, dónde se puede construir, cómo se conectan las localidades y qué sucede con los espacios rurales que rodean las ciudades.

Por eso, la revisión de las Estrategias Regionales de Ordenamiento Territorial y Desarrollo Sostenible del Área Metropolitana, iniciada por el Ministerio de Vivienda y Ordenamiento Territorial (MVOT), tiene una dimensión turística que merece ser observada.

Quince años después de la aprobación de las estrategias vigentes, Montevideo, Canelones y San José vuelven a mirar conjuntamente un territorio que cambió profundamente.

La Dirección Nacional de Ordenamiento Territorial (DINOT), junto con técnicos de las tres intendencias, el Ministerio de Ambiente y otros organismos nacionales, comenzó un proceso que tendrá cuatro grandes ejes: infraestructuras verdes, movilidad, ruralidades metropolitanas y gobernanza.

Los cuatro tienen relación directa o indirecta con el turismo.

Un visitante que no reconoce límites departamentales

Uno de los conceptos más interesantes planteados por la directora de DINOT, Paola Florio, es que las grandes infraestructuras verdes constituyen continuidades territoriales que no reconocen las fronteras administrativas.

El turismo tampoco las reconoce.

Quien sale de Montevideo rumbo a una bodega de Canelones, continúa hacia un establecimiento rural, visita una feria, recorre un parque o llega hasta San José no necesariamente piensa dónde termina un departamento y comienza otro. Percibe un recorrido.

Esa mirada puede ayudar a pasar de la promoción de atractivos aislados a la construcción de corredores turísticos metropolitanos.

El Área Metropolitana reúne una combinación poco habitual en distancias relativamente cortas: costa, humedales, cursos de agua, parques, viñedos, bodegas, producción rural, patrimonio, gastronomía, ciudades y pequeños centros poblados.

Planificados como una red, esos recursos pueden generar productos capaces de complementar la oferta tradicional de Montevideo y ampliar la circulación turística hacia Canelones y San José.

Movilidad: el mapa turístico también depende de cómo llegamos

La movilidad será otro de los grandes asuntos de la revisión.

Para el turismo es decisiva.

Un atractivo puede tener enorme valor cultural, natural o gastronómico, pero si llegar resulta complicado, si falta transporte público, señalización, infraestructura ciclista o conexión entre localidades, su capacidad para recibir visitantes disminuye.

La planificación metropolitana abre, por tanto, una discusión que debería incorporar también la movilidad turística.

No todo visitante dispone de automóvil. Pensar conexiones entre estaciones, terminales, playas, parques, bodegas, establecimientos rurales y centros históricos permitiría ampliar el acceso y distribuir mejor los flujos.

Aquí aparece además una oportunidad para desarrollar cicloturismo, senderismo y recorridos de baja velocidad vinculados al paisaje, siempre que exista infraestructura segura.

La ruralidad puede convertirse en protagonista

Quizás uno de los puntos de mayor interés para Canelones y San José sea que las nuevas estrategias incorporarán específicamente las ruralidades metropolitanas.

Durante décadas, el crecimiento urbano observó muchas veces al suelo rural como reserva para futuras expansiones. Sin embargo, ese territorio produce alimentos, conserva paisajes, sostiene formas de vida y contiene patrimonio e identidad.

También puede producir experiencias turísticas.

Enoturismo, turismo rural, gastronomía de origen, visitas a productores, fiestas tradicionales, caminos rurales y experiencias vinculadas a la producción encuentran allí un escenario natural.

Preservar la ruralidad no significa inmovilizarla. Significa evitar que el crecimiento urbano destruya precisamente aquello que puede diferenciar al territorio.

Los espacios verdes también son infraestructura turística

El primer taller del proceso está dedicado a identificar parques, espacios naturales públicos y áreas de interés para la conservación, además de conflictos y amenazas ambientales.

Ese mapa puede tener una segunda lectura: también puede convertirse en un mapa de recreación y turismo de naturaleza.

Los espacios verdes metropolitanos cumplen funciones ambientales, pero además generan lugares para caminar, observar aves, practicar deportes, pedalear, realizar actividades educativas o simplemente pasar unas horas fuera de la ciudad.

Después de años en los que el turismo de naturaleza y las actividades al aire libre ganaron protagonismo, proteger esos espacios también significa proteger activos que pueden formar parte de la oferta turística futura.

Tres departamentos, un territorio turístico posible

El desafío estará en la gobernanza.

Montevideo, Canelones y San José tienen administraciones, presupuestos y estrategias turísticas diferentes. El visitante, en cambio, puede atravesar los tres territorios durante una misma jornada.

La revisión que comienza el MVOT abre una posibilidad interesante: incorporar esa lógica a la planificación.

No significa crear una nueva marca turística ni borrar las identidades departamentales. Significa reconocer que existen problemas y oportunidades que funcionan mejor cuando se gestionan en conjunto.

Un corredor verde, una ruta cicloturística, un circuito de bodegas y productores, una conexión de transporte o un sistema común de señalización difícilmente alcance todo su potencial si termina en una frontera administrativa.

Ordenar hoy el destino que tendremos mañana

El ordenamiento territorial suele parecer un asunto técnico y lejano para quien trabaja en turismo. No debería serlo.

Las decisiones que se adopten sobre movilidad, expansión urbana, conservación ambiental y suelo rural determinarán buena parte del paisaje metropolitano de las próximas décadas.

Y el paisaje también es economía.

Un viñedo que desaparece bajo una urbanización, un humedal degradado, un camino rural transformado sin planificación o un parque desconectado del transporte representan pérdidas ambientales, pero también pueden significar experiencias turísticas que nunca llegarán a desarrollarse.

Después de 15 años, la revisión metropolitana permite volver a preguntarnos qué territorio queremos construir.

Para el turismo, la respuesta importa especialmente: antes de promocionar un destino, hay que conservar, conectar y ordenar aquello que algún día invitaremos a conocer.