Menos cruceros, más estrategia: Uruguay mira hacia 2027 y apuesta a jugar en equipo
El XI Encuentro Regional de Cruceros realizado en Punta del Este dejó una señal que va mucho más allá de contar barcos. Uruguay enfrenta una temporada 2026/2027 con cambios en las escalas y un mercado cada vez más competitivo. La respuesta que propone el sector es regional: vender Sudamérica como un gran destino y lograr que cada crucerista deje más valor en tierra.
Hay números turísticos que pueden engañarnos.
Contamos cruceros, pasajeros, escalas y temporadas. Celebramos cuando llegan más barcos y nos preocupamos cuando llegan menos. Pero quizá la verdadera pregunta para Uruguay debería ser otra: ¿cuánto valor somos capaces de generar cada vez que un crucerista pisa nuestro territorio?
Pensaba en esto mientras seguía las conclusiones del XI Encuentro Regional de Cruceros, realizado en Punta del Este los días 6 y 7 de agosto.
Autoridades, puertos, operadores y representantes de la industria de Argentina, Brasil, Chile, Panamá y Uruguay volvieron a sentarse alrededor de una misma mesa.
Y esta vez el encuentro llega en un momento especialmente interesante.
Una temporada que obliga a mirar los números
La temporada 2025/2026 había comenzado con una previsión oficial de 139 escalas de cruceros en Uruguay: 100 en Montevideo y 39 en Punta del Este, además de unas 35 escalas técnicas previstas para el puerto capitalino.
Punta del Este esperaba, por sí sola, alrededor de 115.000 cruceristas.
Son cifras importantes para un país de nuestra escala.
Pero el escenario hacia 2026/2027 presenta cambios y obliga a mirar con atención las decisiones de las compañías.
No todos los barcos que dejan de tocar un puerto significan necesariamente turistas perdidos para Uruguay. También existen modificaciones de itinerarios y redistribuciones entre Montevideo y Punta del Este.
Ese detalle es fundamental.
El desafío no consiste únicamente en preguntarnos cuántos cruceros vienen, sino también dónde desembarcan, cuánto tiempo permanecen, qué consumen y cuánto territorio conocen.
Montevideo y Punta del Este no deberían competir entre sí
Aquí aparece uno de los grandes asuntos que Uruguay deberá resolver.
Montevideo y Punta del Este ofrecen experiencias completamente diferentes.
Montevideo tiene patrimonio, gastronomía, cultura, Ciudad Vieja, mercados, arquitectura, tango, candombe y una terminal situada prácticamente dentro de la ciudad.
Punta del Este aporta playa, paisaje, naturaleza, gastronomía, compras y la posibilidad de construir excursiones hacia otros puntos de Maldonado.
Por eso resulta poco inteligente pensar ambos destinos únicamente como competidores por una escala.
Pueden funcionar como puertas diferentes de entrada al mismo país.
Y desde cualquiera de ellas existe otro desafío todavía pendiente: llevar al visitante más lejos del puerto.
El crucerista necesita motivos para quedarse
Edgar Silveira, director de Turismo de Maldonado, puso sobre la mesa uno de los asuntos que considero centrales: aumentar el tiempo de permanencia del visitante y ampliar las oportunidades de excursión y consumo.
Ahí está buena parte del negocio.
Un crucero puede traer miles de personas. Pero si desembarcan, caminan unas pocas cuadras, toman una fotografía, compran un recuerdo y regresan al barco, el impacto económico para el destino es limitado.
El verdadero desafío empieza cuando transformamos esas horas disponibles en experiencias.
Una bodega.
Un restaurante.
Un establecimiento rural.
Un recorrido histórico.
Una experiencia cultural.
Compras.
Artesanías.
Naturaleza.
Gastronomía.
Un guía local.
Transporte.
Cada hora adicional que conseguimos que ese visitante permanezca recorriendo Uruguay abre una cadena de oportunidades para pequeñas y medianas empresas.
No alcanza con recibir al barco. Hay que recibir al pasajero.
“Acá nadie se salva solo”
La frase utilizada por el ministro de Turismo, Pablo Menoni, durante el encuentro resume probablemente el principal mensaje político y comercial de las jornadas:
“Acá nadie se salva solo”.
Y tiene sentido.
Una compañía de cruceros no diseña su programación pensando exclusivamente en Montevideo o Punta del Este.
Piensa rutas.
Piensa distancias.
Piensa combustible.
Piensa tiempos de navegación.
Piensa puertos.
Piensa excursiones.
Piensa rentabilidad.
Y, finalmente, piensa qué experiencia puede venderle al pasajero.
Por eso Menoni planteó fortalecer la presencia conjunta de Sudamérica en los grandes encuentros internacionales de la industria.
Uruguay, Argentina, Brasil y Chile pueden competir por determinadas escalas, pero al mismo tiempo necesitan unos de otros para construir itinerarios atractivos.
Sudamérica tiene que vender una ruta
El ministro de Turismo de Brasil, Gustavo Costa Feliciano, profundizó precisamente esa idea: promover itinerarios combinados, facilitar la circulación de los turistas y ampliar la conectividad marítima.
La lógica comercial es sencilla.
Para un turista europeo, norteamericano o asiático resulta mucho más potente comprar Sudamérica que comprar solamente un puerto.
Buenos Aires, Montevideo, Punta del Este, puertos brasileños, Chile y eventualmente los recorridos hacia la Antártida pueden integrar un producto extraordinariamente atractivo.
La competencia internacional no es solamente entre Montevideo y Buenos Aires.
Sudamérica compite con el Caribe, el Mediterráneo, Alaska, el norte de Europa, Asia y otros grandes circuitos mundiales de cruceros.
Ahí cambia completamente la escala del desafío.
Los puertos también forman parte del producto turístico
Otro de los aspectos tratados fue la infraestructura.
El vicepresidente de la Administración Nacional de Puertos, Constante Mendiondo, destacó el compromiso de la ANP con la fidelización y el crecimiento de los destinos uruguayos.
El director nacional de Hidrografía, Mauro Toledo, señaló además las dificultades que pueden generar las condiciones climáticas en Punta del Este.
No es un asunto menor.
Para una naviera cuentan el atractivo turístico, pero también los costos, la seguridad, los tiempos, la infraestructura y la eficiencia de cada operación.
El puerto es parte de la experiencia turística aunque el turista apenas piense en él.
La inteligencia artificial también subió al barco
Hubo otro tema que me resultó especialmente interesante.
La agenda incorporó la conferencia “Inteligencia Artificial: preparando el talento humano de la industria de cruceros”, presentada por Guimara Tuñón, de Panamá.
Es una señal de hacia dónde se mueve el sector.
La inteligencia artificial permitirá conocer mejor al pasajero, anticipar comportamientos, personalizar excursiones, gestionar flujos de visitantes, mejorar operaciones y conectar la oferta disponible en tierra con los intereses de quienes llegan a bordo.
Para Uruguay esto abre una oportunidad enorme.
Imaginemos que antes de desembarcar el pasajero pueda conocer experiencias adaptadas a sus intereses y al tiempo real del que dispone.
“Tengo cinco horas y me interesa el vino”.
“Tengo cuatro horas y quiero conocer patrimonio”.
“Viajo con niños”.
“Busco gastronomía”.
“Quiero naturaleza”.
Ahí dejamos de vender solamente una excursión estándar y empezamos a gestionar experiencias.
Menos barcos no debería significar necesariamente menos turismo.
Por eso la temporada 2026/2027 merece analizarse con algo más que una calculadora.
Si finalmente Uruguay recibe menos escalas en determinados puertos, será una señal que deberá estudiarse seriamente.
Pero contar barcos no puede convertirse en el único indicador.
Deberíamos medir también pasajeros desembarcados, gasto promedio, excursiones contratadas, permanencia en tierra, empresas beneficiadas y capacidad de conseguir que esos viajeros regresen posteriormente a Uruguay como turistas tradicionales.
Porque un crucerista también puede convertirse en nuestro próximo visitante.
Ese debería ser uno de los grandes objetivos.
De puerto de escala a puerta de entrada
El XI Encuentro Regional de Cruceros dejó muchas fotografías, autoridades, paneles y declaraciones.
Pero detrás de todo eso apareció una idea mucho más importante.
Uruguay es demasiado pequeño para pretender ganar esta batalla solo.
Y Sudamérica es demasiado atractiva para seguir vendiéndose como una colección de puertos separados.
Quizá 2027 no deba ser simplemente el año en que discutamos si llegaron más o menos cruceros.
Podría ser el momento de empezar a preguntarnos algo diferente:
¿qué hacemos con cada barco que llega?
Porque el éxito no debería medirse solamente cuando divisamos un crucero entrando a la bahía.
El verdadero turismo comienza cuando sus pasajeros bajan.
Y mucho mejor todavía si, después de conocernos durante unas horas, deciden volver.
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