En el marco de una jornada que combinó visión estratégica y experiencia en territorio, se presentó el lanzamiento del proyecto de mujeres rurales, una iniciativa que Sociedad Uruguaya de Turismo Rural y Natural desarrollará en conjunto con el Ministerio de Turismo de Uruguay, orientada a fortalecer su rol en la cadena de valor del turismo. La instancia también marcó un hito con el lanzamiento del turismo rural durante todo el año, acompañado por la presentación de un video institucional, una nueva página web de SUTUR y una propuesta gastronómica que puso en escena los sabores del territorio como parte central de la experiencia.
Uruguay comienza a escribir una nueva página en su modelo de desarrollo turístico. El lanzamiento del Programa de Liderazgo de las Mujeres Rurales en el Turismo no es solo una política sectorial: es una señal clara de hacia dónde se proyecta el país cuando decide integrar territorio, cultura y equidad en una misma estrategia.
Detrás de esta iniciativa aparece una idea que trasciende la promoción de destinos. El turismo se posiciona como una herramienta concreta para resolver dos desafíos históricos: la pérdida de población en el medio rural y la necesidad de generar autonomía económica para las mujeres.
Una estrategia que va más allá del turismo
El programa propone fortalecer la participación de mujeres rurales en toda la cadena de valor turística, con foco en su profesionalización, visibilidad y capacidad de generar productos comercializables.
Sin embargo, el verdadero valor está en su enfoque: no busca crear estructuras artificiales ni modelos importados. La apuesta consiste en reconocer lo que ya existe en el territorio y transformarlo en experiencia.
Recetas heredadas, técnicas productivas, saberes transmitidos de generación en generación y formas de vida vinculadas al campo pasan a ocupar un lugar central en la oferta turística. Lo cotidiano se convierte en diferencial.
En ese proceso, el turismo deja de ser accesorio para convertirse en un componente estructural de la economía rural.
El rol de las mujeres: clave para sostener el territorio
El mensaje del ministro Alfredo Fratti resume con claridad el trasfondo del programa: cuando las mujeres abandonan el campo, muchas veces lo hace toda la familia.
Esa afirmación no es retórica. Define el problema y, al mismo tiempo, orienta la solución. Invertir en liderazgo femenino no es solo una política de género, es una estrategia de arraigo.
La subsecretaria Ana Claudia Caram refuerza esta visión al plantear que el turismo debe entenderse como motor de transformación social, integrado a la matriz productiva del país y no como una actividad complementaria.
El cambio de paradigma es profundo: la experiencia, la cultura y la identidad adquieren el mismo valor estratégico que los productos tradicionales del agro.
Redes, identidad y valor agregado
El programa incorpora varios ejes operativos que marcan su alcance:
- Identificación de emprendimientos liderados por mujeres rurales
- Desarrollo de capacidades técnicas y de gestión
- Articulación con actores territoriales
- Promoción y comercialización a escala nacional
- Medición del impacto económico y social
Además, se proyecta la creación de una red nacional de mujeres rurales vinculadas al turismo hacia 2029, con una implementación progresiva que comenzará en el Norte y Litoral Norte.
Aquí aparece uno de los puntos más relevantes: la construcción de redes. El desarrollo deja de ser individual y se convierte en colectivo.
La experiencia como producto: del campo al mercado
Durante el lanzamiento, la experiencia gastronómica “Sabores del territorio” sintetizó el espíritu del programa: cocina en vivo, productos locales, fuego, tradición y relato.
No fue solo una demostración culinaria. Funcionó como un modelo de lo que el turismo rural puede ofrecer cuando se organiza con identidad: experiencias auténticas, sin artificios, donde el visitante no consume un servicio, sino que se integra a una historia.
La presidenta de Sociedad Uruguaya de Turismo Rural y Natural, Andrea Baracco, ofreció una intervención que combinó relato y visión estratégica. Invitó a imaginar el sonido del viento entre los árboles, el mate recién servido y una tranquera que se abre con nombre propio para definir qué significa el turismo rural: cercanía, tiempo y encuentro. Sostuvo que el lanzamiento del turismo rural todo el año no responde a una consigna, sino a una convicción: en el campo no hay temporada porque la vida sucede todos los días. Subrayó que SUTUR representa una red diversa y viva, con emprendimientos que nacen de la tierra y de la historia familiar, y que hoy abren sus tranqueras para compartir mucho más que un servicio: su forma de vida. En esa línea, definió al turismo rural como una actividad productiva y estratégica, que genera trabajo, desarrollo territorial y oportunidades para jóvenes y mujeres, integra a productores, artesanos y cocineros, y fortalece el arraigo en el interior. También puso el acento en lo intangible: la hospitalidad, la comunidad y ese “nuevo lujo” que es el tiempo, la calma y la conexión con la naturaleza. Finalmente, destacó la importancia del trabajo en red junto al Ministerio de Turismo de Uruguay, cámaras y actores del sector, y planteó este lanzamiento como una decisión de apostar al territorio, su gente y su futuro.
Un modelo más resiliente para el Uruguay productivo
El valor estratégico de esta política aparece con claridad al observar su impacto potencial:
- Diversifica la economía rural
- Genera ingresos complementarios sostenibles
- Reduce la migración hacia centros urbanos
- Fortalece la identidad cultural
- Promueve liderazgo femenino con impacto real
Se trata de un modelo que no depende exclusivamente de commodities, sino que construye valor agregado a partir de lo intangible: cultura, territorio y experiencia.
Una señal de futuro
En un contexto global donde los destinos compiten por autenticidad y diferenciación, Uruguay da un paso que combina desarrollo económico con sentido social.
El turismo rural, liderado por mujeres, deja de ser una promesa para convertirse en una política pública con capacidad de transformar comunidades.
No se trata solo de atraer visitantes. Se trata de generar oportunidades donde antes solo había resistencia.
Y en ese camino, el país encuentra una de sus fortalezas más profundas: su gente, su historia y su forma de habitar el territorio.
