El día comienza temprano, cuando el puerto de Piriápolis todavía conserva ese silencio previo a la actividad. Periodistas y comunicadores nos reunimos para una experiencia poco habitual dentro de una cobertura turística: pesca embarcada en mar abierto. Para muchos, una práctica conocida; para otros —como en mi caso—, la primera vez. La concentración se vuelve casi tangible. Las miradas se clavan en el horizonte y las cañas se sostienen con paciencia, como si el tiempo se midiera de otra manera.
La pesca embarcada, organizada junto a Barcos del Este, propone mucho más que una competencia. Durante dos horas, el mar marca el ritmo. El balanceo de la embarcación, el sonido del agua y los silencios compartidos construyen una escena que difícilmente se olvida. En mi primera experiencia logré capturar una sola pieza, suficiente para entender la esencia del momento: estar ahí, atento, compartiendo la espera con colegas, leyendo el mar.
Tras el regreso al puerto, el cambio de escenario llevó al grupo hacia La Caracola, en el Balneario Las Flores. El almuerzo, frente al océano, se convirtió en un espacio de encuentro distendido. Allí Luis Rodriguez y su equipo nos atienden de maravilla con unos ravioles de espinaca especiales y una pescadilla en marinada especial. El lugar, abierto al mar y a la luz, ofreció una pausa necesaria después de la mañana en el agua. En esa mesa compartida nos acompañó la subsecretaria de Turismo, Ana Claudia Caram, sumándose al intercambio informal, a las conversaciones sobre el destino y a la experiencia gastronómica, donde comer bien también forma parte del viaje.
La tarde invitó a descubrir el territorio más allá de la costa inmediata. El municipio de Solís Grande despliega una geografía cargada de historia. El Castillo Pittamiglio, con su arquitectura simbólica; la Estación Las Sierras, en Gregorio Aznárez, vestigio del pasado ferroviario y del ingenio azucarero RAUSA. Una pequeña muestra de lo que era la industria en Uruguay; el antiguo Hotel Solís, testigo de otra etapa del turismo; y el Paso Real sobre el Arroyo Solís Grande, donde el paisaje natural y la memoria se entrelazan. Cada sitio fue interpretado con cercanía y conocimiento por la guía local Luz María Espinosa, que supo convertir el recorrido en un relato vivo del lugar.
El cierre llegó al caer la tarde, cuando el Puerto de Piriápolis volvió a llenarse de gente. Una multitud se reunió para la edición 26 de la Fiesta de la Paella Gigante, evento que inaugura la temporada estival y que este año adquiere un valor especial: Piriápolis fue declarada Capital de la Paella. El fuego encendido, las enormes paelleras y el aroma que se expandía por el puerto marcaron el pulso de la celebración.
La paella, elaborada a la vista y con ingredientes de la región y mariscos de la costa, se fue armando lentamente, respetando tiempos y saberes. No es solo un plato: es un ritual colectivo. En el escenario y entre el público estuvieron presentes autoridades nacionales y departamentales, entre ellas el ministro de Turismo, Pablo Menoni, y la subsecretaria Ana Claudia Caram, acompañando una fiesta que combina gastronomía, identidad y promoción del destino. También participó el intendente de Maldonado, Miguel Abella, junto al director de Turismo, Edgar Silveira.
La organización, a cargo de APROTUR Piriápolis, sumó un detalle que fortaleció la experiencia: alojamiento en hotel para los comunicadores invitados, permitiendo vivir el destino sin apuros y acompañar todas las instancias del programa. No se trató únicamente de cubrir un evento, sino de habitarlo.
Estos días en Piriápolis dejaron una certeza. El turismo se construye cuando hay relato, cuando el mar, el territorio y la mesa se conectan. La pesca, el recorrido patrimonial y la paella forman parte de una misma historia que explica por qué este destino sigue convocando y renovándose cada temporada.
Agradecimiento especial por la invitación y la articulación a @ianruiz24, @aproturpiriapolis, @barcosdeleste, Club Náutico y Pesca Piriápolis y @destinopiriapolis, por abrir las puertas a experiencias locales y propiciar el encuentro entre colegas.
