En un rincón de las sierras de Maldonado, donde el viento baja limpio entre las lomas y el atardecer se vuelve dorado sobre los olivos, abre sus puertas “Buenos Vientos Casa de Campo”. No es solo un hotel boutique: es el resultado de una transformación paciente, casi artesanal, que comenzó hace más de catorce años con una chacra desnuda y un solo árbol.
El lunes 16 de febrero marcará el inicio formal de esta nueva etapa. Pero la historia empezó mucho antes, cuando los hermanos Gonzalo y Javier Martínez decidieron imaginar futuro donde apenas había campo abierto. Con visión a largo plazo, fueron sembrando árboles, diseñando espacios y dando forma a un entorno que hoy combina producción propia, hospitalidad y gastronomía de identidad.
De chacra familiar a refugio con carácter
Hace seis años surgió la idea de convertir la casa de fin de semana en un pequeño hotel con restaurante. El impulso definitivo llegó cuando uno de los hermanos —formado en arquitectura y gastronomía en Buenos Aires— regresó a Uruguay junto a su familia para concretar el proyecto.
El resultado es una casa de campo viva, productiva y coherente con su entorno. El predio alberga:
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1.000 plantas de vid (500 marcelán y 500 albariño)
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Cítricos y nueces pecán
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Cerca de 60 olivos
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Ovejas raza Dorper
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Huerta propia para abastecer la cocina
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Una forestación desarrollada durante más de una década
Aquí el paisaje no es escenografía: es parte del relato.
Escala íntima, experiencia personalizada
El hotel abre con cuatro habitaciones de diseño cuidado, pensadas para mantener una escala íntima y exclusiva. La proyección incluye sumar dos habitaciones más en una próxima etapa, sin perder el formato personalizado.
El espacio común funciona como living de casa de campo: biblioteca, juegos de mesa, conversación sin prisa. La propuesta invita a desacelerar, a escuchar el viento entre los árboles, a entender que el lujo puede ser silencio y horizonte.
Gastronomía de cercanía y producto propio
El restaurante funcionará inicialmente para huéspedes, con una carta acotada que prioriza el producto del predio y la temporalidad. Desde marzo abrirá los fines de semana al público general.
Los espacios interiores cálidos dialogan con áreas exteriores integradas al paisaje serrano. La cocina se nutre de la huerta, de los olivos, de la producción local y del saber gastronómico que regresa al origen.
Sinergia con el enoturismo
Buenos Vientos avanza en la creación de experiencias conjuntas con Bodegas Garzón, uno de los referentes del enoturismo nacional. Los packs incluirán estadía en la casa de campo, almuerzo en la bodega y cena en el restaurante del hotel, fortaleciendo la integración entre turismo rural y circuito vitivinícola en el este del país.
Durante la apertura, Bodegas Garzón acompañará el proyecto en esta etapa inicial, consolidando su inserción dentro del mapa gastronómico y enológico de la región.
Turismo rural: más que tendencia, transformación
El crecimiento del turismo de experiencias en Uruguay ya no es una promesa, es una realidad. Viajeros que buscan autenticidad, contacto con la naturaleza, producción propia, relatos familiares y propuestas de escala humana.
En una zona que diversifica su oferta más allá del verano tradicional, Buenos Vientos Casa de Campo se integra a una nueva generación de emprendimientos que entienden el territorio como valor central. No se trata solo de hospedarse: se trata de vivir el campo, de caminar entre viñas y olivos, de cenar mirando las sierras, de sentir que el tiempo vuelve a su ritmo natural.
En las sierras de Maldonado, el viento ahora trae una nueva historia. Y merece conocerse.
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