Mujeres rurales y turismo: saberes que construyen futuro
Viernes, 16 Octubre 2026 10:22

Mujeres rurales y turismo: saberes que construyen futuro

El futuro del turismo también se construye desde sus saberes

En el marco del Día Internacional de las Mujeres Rurales, una reflexión sobre el valor del patrimonio vivo y las condiciones necesarias para que el turismo genere oportunidades para quienes lo sostienen.

Cada 15 de octubre, el Día Internacional de las Mujeres Rurales invita a reconocer un trabajo que atraviesa la producción de alimentos, las economías familiares y la vida comunitaria. Para el turismo, la fecha también abre una pregunta: ¿qué lugar ocupan las mujeres rurales en las decisiones y en los beneficios de una actividad que encuentra en sus saberes parte de su identidad?

En una mesa regional, un queso artesanal, un tejido o una técnica de cultivo hay mucho más que un producto para ofrecer al visitante. Hay conocimientos transmitidos entre generaciones, horas de trabajo y formas de relacionarse con el territorio. Ese patrimonio está vivo porque hay personas que lo practican, lo enseñan y lo transforman.

Las mujeres rurales sostienen una parte fundamental de esa continuidad. Sin embargo, su presencia en una experiencia turística no garantiza que su aporte reciba una remuneración justa ni que puedan decidir cómo se presenta. Una cocinera puede ser protagonista del relato de un destino y tener escasa participación en el precio de la experiencia. Una artesana puede aparecer en la promoción turística sin intervenir en las condiciones de comercialización de su trabajo.

Por eso, poner en valor el patrimonio exige preguntarse quién recibe ese valor.

El turismo tiene posibilidades concretas de contribuir: una visita a un establecimiento productivo, un taller de oficios o un recorrido gastronómico pueden generar ingresos por la venta de productos, la atención al visitante y la transmisión de conocimientos. Para que esas oportunidades sean significativas, hace falta reconocer cada tarea, acordar su remuneración y dar lugar a quienes reciben visitantes en el diseño de la propuesta.

También es necesario mirar el tiempo. Cuando el turismo se suma a las responsabilidades productivas, domésticas y de cuidado, puede ampliar la jornada de las mujeres sin mejorar suficientemente sus ingresos. Evaluar un emprendimiento requiere observar tanto lo que factura como el trabajo que demanda y la manera en que se distribuye.

De cara al futuro, otro desafío es la continuidad generacional. Los saberes necesitan espacios de aprendizaje, pero también condiciones para que las jóvenes puedan elegir desarrollarlos como una actividad con perspectivas. La conectividad, la formación, el acceso al financiamiento y los servicios de cuidado forman parte de esa posibilidad.

El patrimonio vivo, además, tiene derecho a cambiar. Las nuevas generaciones pueden incorporar diseños, herramientas y formas de comercialización propias. Esperar que una comunidad permanezca inmóvil para satisfacer la imagen que busca el visitante limita su capacidad de construir futuro.

Hay, por último, una decisión que debe permanecer en el territorio: qué se comparte y bajo qué condiciones. Las comunidades deben poder establecer límites, cuidar sus espacios y participar de la forma en que se cuenta su historia. La hospitalidad tiene sentido cuando nace de una elección y se desarrolla en términos acordados.

En este Día Internacional de las Mujeres Rurales, el turismo tiene la oportunidad de revisar sus prácticas. Escuchar a las productoras, contratar sus servicios, comprar a precios justos e incorporarlas a los espacios de decisión son pasos concretos que pueden dar contenido al reconocimiento.

El futuro del turismo rural se juega también allí: en que una mujer pueda vivir mejor de lo que sabe, decidir sobre su trabajo y encontrar condiciones para transmitirlo. Ese es un horizonte de desarrollo que merece convertirse en parte de la agenda de los destinos.