Queremos más turistas, pero ¿estamos preparados para recibirlos?
Domingo, 04 Octubre 2026 07:48

Queremos más turistas, pero ¿estamos preparados para recibirlos?

Turismo de masas: queremos más turistas, pero ¿dónde los vamos a poner?

“Uno de los problemas del turismo en este momento es que es lo opuesto a regenerativo. Es extractivo, y esto no puede continuar por mucho más tiempo”.
Darrell Wade, cofundador de Intrepid Travel.

Volví de la FIT con una sensación que todavía me acompaña. Prácticamente todos los destinos quieren más turistas.

Más argentinos, más brasileños, más europeos, más vuelos, más frecuencias, más cruceros. Las aerolíneas necesitan llenar sus aviones, las compañías marítimas sus barcos, los hoteles sus habitaciones y los destinos necesitan generar actividad económica.

Es lógico. El turismo vive de personas que se desplazan.

Pero hay una pregunta que aparece mucho menos en los discursos: ¿cuántos turistas puede recibir realmente un destino sin comenzar a perjudicar aquello que precisamente los atrae?

Y agregaría otra: ¿estamos preparados para alojarlos?

Uruguay todavía está lejos de Barcelona o Venecia

Uruguay todavía está lejos de sufrir el sobreturismo de grandes destinos internacionales. Pero mientras busca más visitantes, vuelos y pasajeros, aparece una pregunta necesaria: ¿crecen al mismo ritmo el alojamiento, la infraestructura y la capacidad de nuestros destinos?

Cuando hablamos de sobreturismo, podemos cometer el error de trasladar automáticamente los problemas de Barcelona, Venecia, Ámsterdam o algunas islas mediterráneas a nuestra realidad.

Uruguay no está allí.

Punta del Este puede saturarse en determinados momentos. Colonia recibe fuertes concentraciones de visitantes. Montevideo puede tener dificultades de disponibilidad cuando coinciden grandes espectáculos, congresos o acontecimientos deportivos. Pero son situaciones puntuales.

En buena parte del país sucede incluso lo contrario: necesitamos más turistas.

El verdadero problema podría estar en cómo estamos preparando el crecimiento que deseamos tener.

Porque aumentar las llegadas sin aumentar simultáneamente la capacidad del destino puede convertirse mañana en nuestro propio problema.

Queremos crecer más rápido de lo que invertimos

Uruguay viene trabajando para mejorar su conectividad aérea, captar mercados, generar eventos, desarrollar nuevos productos y distribuir visitantes por el territorio.

Todo eso es necesario.

Sin embargo, hay una variable que debería formar parte de la misma conversación: la inversión en alojamiento turístico y en infraestructura de los destinos.

No alcanza con conseguir un nuevo vuelo si después determinados lugares tienen dificultades para alojar visitantes. Tampoco alcanza con promocionar una localidad si el crecimiento termina presionando el saneamiento, el tránsito, los residuos, el agua, el estacionamiento o la vida cotidiana de quienes viven allí.

El turismo puede crecer mucho todavía. Precisamente por eso este es el momento de discutirlo.

No cuando tengamos el problema encima.

El apartamento que fue mi hotel en Buenos Aires

Durante mi estadía por la FIT tuve una experiencia que también forma parte de esta discusión.

Me alojé en un apartamento a corta distancia de La Rural de Palermo. Estaba muy bien equipado, tenía comodidades superiores a las que necesitaba y su precio era sensiblemente menor al de muchas alternativas hoteleras.

Como turista, la propuesta era difícil de rechazar.

Y ahí aparece otra cara del turismo contemporáneo.

Una vivienda puede convertirse rápidamente en alojamiento turístico. Para el propietario puede representar una oportunidad económica y para el visitante una alternativa excelente. Pero cuando miles de viviendas recorren ese mismo camino, comienzan a competir con quienes necesitan alquilar para vivir.

Entonces el turismo deja de ser solamente una actividad entre visitantes y empresas turísticas. Entra directamente al mercado de la vivienda.

Ese fenómeno ya obligó a muchas ciudades del mundo a discutir regulaciones para los alquileres turísticos de corta duración.

No se trata simplemente de prohibirlos. Se trata de entender qué efectos producen y encontrar un equilibrio entre el propietario, el turista, la hotelería y, fundamentalmente, el residente.

Quizás estamos midiendo mal

El trabajo de Rotem Mashkov y Noam Shoval que acompaña esta reflexión plantea algo interesante: utilizar datos GPS de alta resolución para medir no solamente cuántos turistas llegan, sino dónde están, durante cuánto tiempo y con qué intensidad utilizan determinados espacios.

Ahí cambia la conversación.

Un destino puede recibir muchos visitantes sin estar saturado y otro puede tener muchos menos, pero concentrados durante pocas horas en apenas unas calles.

Por eso contar llegadas ya no alcanza.

Necesitamos conocer la densidad turística, la distribución territorial, las horas de mayor presión, las pernoctaciones, el gasto, la movilidad y la relación entre visitantes y residentes.

La tecnología hoy permite saber mucho más que cuántas personas cruzaron una frontera.

La contradicción que dejó la FIT

Después de caminar la FIT me quedó una contradicción.

Todos queremos turistas.

Queremos nuevas rutas aéreas. Queremos barcos más grandes. Queremos aumentar las frecuencias. Queremos eventos internacionales. Queremos hoteles llenos. Queremos romper récords.

Y seguramente Uruguay todavía tiene muchísimo margen para crecer.

Pero precisamente porque queremos crecer deberíamos empezar a preguntarnos qué turismo queremos recibir, dónde queremos que se aloje, cuánto queremos que permanezca y cuánto valor queremos que deje en el territorio.

El objetivo no debería ser frenar el turismo.

Debería ser evitar que el éxito de mañana se transforme en el problema de pasado mañana.

Porque tal vez el verdadero récord turístico no sea alcanzar determinado número de visitantes.

Sea lograr que lleguen más, permanezcan más tiempo, gasten mejor, recorran más territorio y que quienes viven en esos destinos sigan queriendo vivir allí.