El turismo ya no puede evitar la incertidumbre, pero puede aprender a gestionarla
Viernes, 02 Octubre 2026 08:16

El turismo ya no puede evitar la incertidumbre, pero puede aprender a gestionarla

Turismo: cuando saber más cambia la decisión de viajar

El otro día me invitaron a un conversatorio sobre inteligencia artificial, sostenibilidad y resiliencia en turismo. Se habló de destinos inteligentes, datos, modelos, anticipación y de cuánto está cambiando la inteligencia artificial nuestra actividad.

Me dejó muchas cosas. Pero sobre todo una pregunta.

¿Qué hacemos los turistas cuando sabemos cada vez más sobre lo que puede ocurrir antes de viajar?

Hace algunos años reservábamos un hotel, mirábamos más o menos el pronóstico y salíamos. Hoy el sistema de decisión es mucho más complejo.

Si tengo reservado un fin de semana y me dicen que existe un 89% de probabilidad de lluvia, tengo dos opciones básicas: voy igual o cambio mis planes.

Si aparece un estudio que advierte sobre la calidad del agua de una playa, puedo decidir si me baño, busco otra playa o directamente cambio mi paseo.

Si voy al Caribe y puedo saber cuánto sargazo probablemente encontraré, esa información también pesa en mi decisión.

Y mañana habrá todavía más datos disponibles.

Ese es, para mí, uno de los cambios importantes que trae la inteligencia artificial al turismo. No porque pueda decirnos exactamente qué va a pasar, sino porque puede ayudarnos a ordenar información, reconocer patrones, anticipar escenarios y decidir mejor.

Saber más no significa conocer el futuro

El encuentro Turismo 2035: Inteligencia Artificial, sostenibilidad y resiliencia, organizado por UTEC, puso precisamente estos temas sobre la mesa.

Marcelo Mautone habló del pasaje del turismo digital hacia un turismo inteligente, sostenible y regenerativo. Lydia Garrido planteó una pregunta provocadora: ¿puede un destino turístico aprender? Luego llegaron el uso de datos y la modelación para comprender impactos complejos y una pregunta todavía más directa: ¿qué está cambiando realmente la IA en turismo?

No salí pensando en robots.

Salí pensando en decisiones.

Porque existe una diferencia enorme entre anticipar y adivinar. Un pronóstico meteorológico, una proyección climática o un modelo generado a partir de miles de datos trabajan con probabilidades. No ofrecen certezas.

Y aprender a convivir con esa diferencia será también parte del turismo que viene.

El Niño nos pone el problema delante

Uruguay tiene ahora un ejemplo concreto.

El Sistema Nacional de Emergencias viene trabajando ante el posible desarrollo de un episodio fuerte de El Niño 2026-2027. La información oficial difundida en agosto señalaba una probabilidad superior al 80% de una fase muy fuerte durante octubre, noviembre y diciembre, aunque también advertía algo fundamental: los impactos concretos dependerán de múltiples factores. (SINAE)

Es decir: sabemos más, podemos prepararnos mejor, pero seguimos hablando de escenarios.

Para un país turístico esto importa mucho.

El ministro de Turismo, Pablo Menoni, ha planteado la posibilidad de establecer diferentes niveles de emergencia turística según el grado de afectación de los destinos y también ha puesto sobre la mesa la necesidad de mayor flexibilidad ante cancelaciones provocadas por situaciones climáticas excepcionales.

Y aquí la discusión se vuelve mucho más interesante.

Si sabemos que determinadas situaciones pueden ocurrir, ¿podemos seguir manejando las reservas exactamente igual que antes?

Un turista que conoce un riesgo importante quizás no reserve si sabe que perderá todo su dinero ante una cancelación. Pero tampoco parece razonable pedirle a un pequeño hotel, restaurante o emprendimiento turístico que cargue solo con las consecuencias.

Habrá que construir nuevas respuestas: reprogramaciones, seguros, políticas de cancelación diferentes o mecanismos de apoyo cuando un destino resulte realmente afectado.

Uruguay ya dio un paso al incorporar legalmente la posibilidad de declarar una Emergencia Turística Nacional frente a acontecimientos extraordinarios que afecten significativamente al sector. (IMPO)

Tal vez no tenga que cancelar

Pero hay otra parte que me interesa todavía más.

Supongamos que reservé una semana en Canelones y el pronóstico indica que mañana será un pésimo día para la playa.

La tecnología podría limitarse a decirme: mañana llueve.

O podría decirme algo mucho más útil.

Mañana no parece un buen día de playa, pero a pocos kilómetros tengo una bodega, un restaurante, un museo, una propuesta cultural, turismo rural o alguna experiencia que ni siquiera conocía.

Entonces la información no cancela el viaje: cambia el viaje.

Ahí aparece para mí el verdadero destino inteligente.

No es solamente acumular datos ni colocar códigos QR. Es utilizar la información para reaccionar, ofrecer alternativas y distribuir mejor al visitante por el territorio.

Y quizás también allí esté una oportunidad para Uruguay. Tenemos playa, pero no somos solamente playa. Tenemos gastronomía, vino, cultura, patrimonio, naturaleza, turismo rural, eventos y pequeñas experiencias que muchas veces el visitante descubre recién cuando alguien se las muestra.

La decisión seguirá siendo humana

Durante mucho tiempo el turismo vendió certezas: cielo azul, agua transparente y vacaciones perfectas.

Hoy el turista lleva en el bolsillo un dispositivo que le permite comprobar casi todo.

Puede mirar el tiempo, comparar precios, conocer la calidad del agua, leer cientos de opiniones, observar una playa en tiempo real y preguntarle a una inteligencia artificial qué alternativas tiene.

Ocultar información ya no parece una estrategia posible. El desafío será utilizarla mejor.

Por eso aquel conversatorio me dejó pensando mucho más allá de la tecnología.

La inteligencia artificial podrá anticipar escenarios, cruzar miles de datos y mostrarnos alternativas que quizás nosotros no habíamos considerado.

Pero finalmente, frente a una pantalla, seguirá estando una persona tomando una decisión:

¿voy igual, cambio mis planes o elijo otro destino?

Quizás el turismo inteligente empiece justamente ahí: no en saber exactamente qué va a pasar, sino en estar mejor preparados para decidir cuando las cosas cambian.