¿Es posible traer muchos más pasajeros a Uruguay y qué tenemos que hacer para conseguirlo?
Martes, 22 Septiembre 2026 04:54

¿Es posible traer muchos más pasajeros a Uruguay y qué tenemos que hacer para conseguirlo?

Más visitantes para Uruguay y que lleguen en avión

Con motivo del desayuno de trabajo que Aeropuertos Uruguay ofreció a la delegación de periodistas y comunicadores de la Federación de Periodistas de Turismo de Brasil, en el marco del encuentro organizado por la Asociación Turística de Canelones, tuve la oportunidad de conocer un poco más sobre la estrategia de conectividad aérea que está impulsando Uruguay. La presencia de comunicadores brasileños también daba sentido a la conversación: conseguir más vuelos importa, pero conseguir que más extranjeros quieran ocupar esos asientos es el verdadero desafío.

A partir de ese encuentro me interesó profundizar en una herramienta que acaba de entrar en escena: el Decreto 219/026, del 9 de septiembre de 2026, que aprobó el Reglamento del Régimen de Incentivo a la Conectividad Aérea Internacional.

No se trata solamente de conseguir nuevas rutas. El Ministerio de Turismo y Aeropuertos Uruguay crearon un fondo conjunto de hasta US$ 2,5 millones anuales para incentivar a las compañías que aumenten la cantidad de turistas extranjeros transportados hacia Uruguay y apoyar nuevas conexiones internacionales.

Y allí aparece la pregunta que vale la pena analizar: ¿es posible traer muchos más pasajeros a Uruguay y qué tenemos que hacer para conseguirlo?

Uruguay acaba de poner en marcha un régimen que premia a las aerolíneas que aumenten la llegada de turistas extranjeros y desarrollen nuevas conexiones internacionales. El fondo podrá alcanzar los US$ 2,5 millones anuales. La medida abre una oportunidad, pero también una pregunta: conseguir más vuelos, ¿alcanza para conseguir más turistas?

Uruguay quiere más pasajeros internacionales y decidió poner dinero detrás de ese objetivo.

El Decreto 219/026, aprobado el 9 de septiembre de 2026, reglamentó el Régimen de Incentivo a la Conectividad Aérea Internacional, previsto originalmente en el artículo 308 de la Ley 20.446 de Presupuesto Nacional. La norma había encomendado al Ministerio de Turismo instrumentar incentivos para empresas nacionales o extranjeras que operaran servicios internacionales regulares y contribuyeran, mediante la venta de pasajes, al aumento del turismo receptivo.

La implementación incorpora además a Aeropuertos Uruguay. El Ministerio de Turismo y el concesionario aeroportuario conformaron un esquema de cofinanciación de hasta US$ 2,5 millones anuales para estimular tanto el crecimiento de pasajeros extranjeros como la incorporación de nuevas rutas internacionales.

La lógica parece sencilla: premiar el crecimiento.

Pero detrás aparece una discusión turística bastante más importante.

 

Primero: ¿es posible traer más pasajeros?

Sí, aunque disponer del incentivo no significa automáticamente que aparezcan nuevas rutas.

Una compañía aérea decide abrir o aumentar una conexión cuando estima que podrá sostener suficientes pasajeros durante un período razonable. El incentivo puede ayudar a disminuir el riesgo inicial, especialmente durante los primeros meses de una nueva operación, pero no sustituye la demanda.

La propia reglamentación apunta en esa dirección: además de premiar el crecimiento de turistas transportados, contempla apoyos para conexiones internacionales que no hayan tenido operación regular durante los doce meses anteriores. Esas nuevas rutas deberán disponer de frecuencias establecidas y publicadas y mantenerse al menos seis meses consecutivos durante el año.

Esto importa.

Una ruta aérea no se consolida el día en que aterriza el primer avión. Se consolida cuando, meses después, continúa existiendo.

Uruguay tiene además una ventaja regulatoria. Desde 2025 mantiene abiertos los derechos de tráfico —las llamadas libertades del aire— para servicios regulares y no regulares que operen en los aeropuertos integrantes del Sistema Nacional de Aeropuertos Internacionales, respetando los acuerdos internacionales vigentes. Es una señal favorable para facilitar operaciones y atraer compañías.

Por lo tanto, existe infraestructura, existe un régimen más abierto y ahora existe un incentivo económico.

Falta lo más difícil: generar pasajeros.

¿Qué significa realmente traer un pasajero más?

Para el turismo, un pasajero internacional adicional puede significar mucho más que un asiento ocupado.

Si viene por vacaciones y permanece varios días, necesitará alojamiento, alimentación, transporte, actividades, compras y entretenimiento. Su gasto comienza en el aeropuerto pero se distribuye potencialmente entre hoteles, restaurantes, comercios, bodegas, guías, transportistas y atractivos turísticos.

Por eso sería un error medir el éxito de esta política solamente contando vuelos.

Hay que mirar cuántos extranjeros adicionales llegaron, cuánto permanecieron, cuánto gastaron y hacia qué lugares del país se desplazaron.

Un avión lleno de uruguayos viajando al exterior mejora conectividad y tiene otros efectos económicos, pero no produce el mismo resultado para el turismo receptivo que un avión que trae visitantes extranjeros. Y precisamente por eso el régimen fue diseñado alrededor del incremento del turismo extranjero transportado hacia Uruguay.

El problema del asiento vacío

Aquí aparece una realidad que muchas veces queda escondida detrás de los anuncios de nuevas rutas.

Podemos conseguir que una aerolínea vuele a Uruguay.

Otra cosa es conseguir que el extranjero quiera venir.

Una compañía puede recibir un estímulo para comenzar una ruta, pero si seis meses después los aviones no alcanzan una ocupación económicamente sostenible, difícilmente esa conexión tenga futuro.

Por eso, conectividad y promoción turística no deberían caminar por carriles separados.

No alcanza con negociar la ruta. Hay que trabajar el mercado que está en el otro extremo de esa ruta.

Si queremos una conexión con determinada ciudad brasileña, hay que promocionar Uruguay allí.

Si buscamos crecer desde Estados Unidos, debemos identificar qué producto uruguayo puede movilizar a ese consumidor.

Si queremos más europeos, necesitamos entender por qué alguien que dispone de múltiples alternativas para sus vacaciones elegiría cruzar el Atlántico para venir a Uruguay.

El avión resuelve cómo llegar.

El turismo tiene que resolver por qué venir.

Segundo: ¿Cómo conseguirlo?

Ahí comienza la parte más compleja de esta política.

Uruguay debería relacionar cada nueva ruta o frecuencia con una estrategia específica sobre el mercado de origen.

No promocionamos lo mismo a un brasileño de Porto Alegre que puede llegar rápidamente, a un estadounidense que busca Sudamérica o a un europeo que dispone de dos semanas para recorrer la región.

Brasil ofrece posibilidades enormes por cercanía, tamaño y conectividad. Argentina seguirá siendo esencial. Pero crecer significativamente en turismo aéreo exige también ampliar mercados.

La estrategia oficial ya identifica, además de los mercados regionales —especialmente sur de Brasil y oeste argentino—, ciudades y mercados extrarregionales como Miami, Nueva York, Barcelona y Madrid, junto con otros puntos de Europa y Asia.

Eso permite empezar a trabajar con una lógica diferente: ruta + mercado + producto + promoción.

No simplemente ruta.

El aeropuerto puede ser la puerta de todo Uruguay

Existe además una oportunidad territorial.

Un turista que aterriza en Carrasco no necesariamente tiene que quedarse en Montevideo o Punta del Este.

A menos de una hora puede encontrar bodegas, costa, gastronomía, patrimonio y establecimientos rurales de Canelones. En pocas horas puede estar en Colonia, Rocha o Maldonado. Y mediante conexiones terrestres o aéreas puede continuar hacia otros departamentos.

La conectividad aérea debería pensarse entonces como una herramienta nacional y no exclusivamente aeroportuaria.

Cada pasajero nuevo plantea una pregunta: ¿cómo hacemos para que conozca más Uruguay?

Porque distribuir visitantes también significa distribuir gasto.

No todos los pasajeros valen lo mismo para una estrategia turística

Esto tampoco debería interpretarse literalmente en términos económicos individuales.

Para una política turística importa conocer el comportamiento de los diferentes mercados.

Un visitante que permanece diez noches produce un impacto distinto al de quien permanece dos. Uno que recorre tres departamentos distribuye su gasto de manera diferente al que permanece en una sola ciudad. Un turista que visita bodegas, restaurantes, museos o espacios naturales activa cadenas económicas diferentes.

Por eso el objetivo final no debería ser solamente superar un determinado número de llegadas.

Deberíamos preguntarnos qué visitantes queremos captar, en qué épocas del año, cuánto tiempo permanecen y qué partes del territorio pueden beneficiarse.

Más turistas durante febrero pueden ser importantes.

Más turistas durante mayo, junio, agosto u octubre pueden ser estratégicos.

Ahí la conectividad también puede ayudar a combatir uno de los problemas históricos del turismo: la estacionalidad.

US$ 2,5 millones: gasto o inversión

El fondo conjunto podrá alcanzar los US$ 2,5 millones anuales y el régimen tendrá inicialmente un año de vigencia, con posibilidad de prórroga automática hasta un máximo de cuatro años.

La discusión interesante no debería reducirse a si es mucho o poco dinero.

La pregunta debería ser qué retorno produce.

Si el incentivo consigue pasajeros que no hubieran venido, nuevas rutas sostenibles, mayor gasto turístico, más noches de hotel y actividad fuera de temporada, puede convertirse en una inversión con efectos que superen ampliamente su costo.

Pero debería poder medirse.

¿Cuántos pasajeros adicionales?

¿De qué países?

¿En qué meses?

¿Cuántas nuevas rutas sobrevivieron después del período inicial?

Cuánto gastaron esos visitantes y cuánto permanecieron.

Ese seguimiento permitirá saber si estamos pagando simplemente por asientos o construyendo conectividad.

Uruguay ya abrió la puerta. Ahora tiene que generar el viaje

El Decreto 219/026 agrega una herramienta que Uruguay necesitaba: permite intervenir sobre uno de los principales obstáculos que enfrenta un destino pequeño y distante de los grandes mercados emisores.

Pero ninguna norma puede crear por sí sola el deseo de viajar.

La aerolínea necesita razones económicas para volar.

El turista necesita razones para venir.

Y el destino necesita productos para conseguir que permanezca, gaste, recorra y quiera regresar.

Ahí está probablemente el verdadero desafío de esta nueva política.

Conseguir el vuelo es el comienzo. Conseguir que se llene, que permanezca y que después de los incentivos siga volando será la verdadera medida del éxito.

Fuentes: 

Ley 20.446 — artículo 308 en IMPO
Ministerio de Turismo — anuncio oficial del régimen
Uruguay XXI — funcionamiento y nuevas rutas