Cambio climático en Uruguay: preocupa, se siente, pero no está entre las prioridades
Una encuesta nacional muestra que el 61% está muy o bastante preocupado por el cambio climático. Sin embargo, cuando se pregunta espontáneamente por los principales problemas del país, ambiente y eventos climáticos apenas alcanzan el 2%. El estudio aporta datos importantes, pero también presenta aspectos metodológicos que deben considerarse al interpretar sus resultados.
Por Jacobo Malowany
El cambio climático ya no es un asunto ajeno al turismo: está modificando temporadas, destinos, paisajes y decisiones de viaje en todo el mundo, obligando al sector a repensar cómo crecer, adaptarse y proteger aquello que precisamente invita a conocer.
Hay un dato que resume buena parte de la nueva Encuesta de percepción social del impacto y las respuestas al cambio climático en Uruguay: nos preocupa el cambio climático, sentimos algunos de sus efectos, pero cuando aparecen los problemas cotidianos, deja de estar entre nuestras primeras prioridades.
El estudio, coordinado por el Ministerio de Ambiente y realizado por Equipos Consultores, entrevistó telefónicamente a 1.500 personas mayores de 18 años entre el 14 de enero y el 14 de febrero de 2026. Declara un margen máximo de error de ±2,5%, con un nivel de confianza del 95%.
El 61% está preocupado, pero solo el 2% lo menciona como prioridad.
El 61% de los consultados se declara muy o bastante preocupado por el cambio climático. Además, el 71% identifica la actividad humana como su principal causa y casi la mitad considera que afecta mucho o bastante su vida cotidiana.
Sin embargo, cuando la pregunta es espontánea y se consulta cuáles son los principales problemas de Uruguay, solamente 2% menciona ambiente o eventos climáticos entre los dos primeros lugares. Inseguridad y problemas económicos ocupan posiciones mucho más relevantes.
No necesariamente existe una contradicción. Una cosa es reconocer la importancia de un problema cuando nos preguntan específicamente por él y otra es recordarlo cuando debemos elegir qué nos preocupa primero.
Esa diferencia es, a mi entender, uno de los resultados más interesantes del estudio.
Del cambio climático a las guerras
También cambió la percepción de las amenazas mundiales.
En 2021, el cambio climático era considerado la principal amenaza para las próximas décadas por el 36%. En 2026 cae al 23%. En sentido contrario, las guerras pasan del 7% al 31%.
Esto no significa necesariamente que el cambio climático haya dejado de preocupar. Puede indicar que otras amenazas entraron con mucha más fuerza en la agenda de las personas.
Y el propio informe pide cautela: la encuesta de 2021 se realizó durante la pandemia, mientras la de 2026 se desarrolló en un contexto de fuerte inestabilidad geopolítica. También hubo modificaciones metodológicas y cambios en algunas preguntas.
Lo vivimos aunque no lo pongamos primero.
Los acontecimientos climáticos aparecen, en cambio, muy cerca de la experiencia de los uruguayos.
El 70% declara haber experimentado olas de calor en los últimos cuatro años; 53%, sequías; 43%, olas de frío; 41%, vientos fuertes o tornados; 24%, incendios forestales, y 21%, inundaciones o crecidas.
Para el turismo este capítulo resulta particularmente relevante. Clima y turismo ya no pueden analizarse por separado.
Una sequía afecta el agua y la producción; las temperaturas extremas modifican actividades; los incendios comprometen territorios naturales y las inundaciones afectan infraestructura, accesibilidad y destinos.
Un dato metodológico que merece explicación
La encuesta trabajó con 1.500 personas mayores de 18 años, mediante una muestra probabilística y posteriormente ponderada por sexo, edad, región y nivel educativo de acuerdo con el Censo 2023. El informe señala una tasa mínima de respuesta del 8,7%, calculada según el criterio más conservador de AAPOR.
Sobre este punto, María Fernanda Souza, directora nacional de Cambio Climático, precisó en la red social X y toma Noticias y Destinos que esa tasa debe interpretarse dentro de la metodología utilizada y que precisamente la ponderación busca ajustar la muestra a las características de la población.
Por tanto, el 8,7% no debería presentarse como una debilidad que por sí misma cuestione los resultados, sino como un elemento metodológico que corresponde conocer para interpretar correctamente el alcance de la encuesta.
También es importante corregir otra posible lectura: el 61% de preocupación y el 48% de afectación en la vida cotidiana no se contradicen. Son indicadores diferentes. Uno mide cuánto preocupa el cambio climático y el otro cuánto considera cada persona que afecta concretamente su vida.
La cuestión que sí resulta interesante para nuestro análisis permanece: mientras el 61% expresa preocupación, apenas el 2% menciona espontáneamente el ambiente o los eventos climáticos entre los principales problemas del Uruguay. No es una contradicción estadística, pero sí revela la distancia existente entre reconocer un problema y colocarlo entre las prioridades cotidianas.
Otra mirada sobre los resultados
Según su análisis, mujeres y hombres reportan una exposición similar a eventos climáticos, pero las mujeres atribuyen mayores consecuencias personales, especialmente sobre salud y bienestar. Ventura sostiene que para interpretar esas diferencias deben distinguirse peligro, exposición y vulnerabilidad, y considera que los resultados de la encuesta no permiten concluir por sí solos que las mujeres uruguayas sean objetivamente más afectadas por el cambio climático.
Queda una pregunta periodísticamente válida: ¿las personas que aceptaron responder una encuesta sobre cambio climático piensan igual que la enorme mayoría que no respondió?
El informe proporciona la tasa de respuesta, pero no permite responder esa pregunta.
También hay que tener cuidado con la comparación 2021-2026. Los propios autores reconocen diferencias metodológicas, modificaciones en preguntas y escalas e incluso la incorporación en 2026 de una categoría específica para quienes no creen en el cambio climático.
Por eso los porcentajes deben servir para observar tendencias, no para construir certezas que la propia investigación no pretende ofrecer.
Saber no siempre significa actuar.
Hay otra aparente contradicción.
La ciudadanía aparece como la principal responsable de enfrentar el cambio climático, con 32% de primeras menciones, por delante incluso del Gobierno nacional, con 22%.
Al mismo tiempo, el informe señala que ha crecido la sensación de impotencia y la percepción de que el problema está fuera del control individual.
Ahí encuentro una de las preguntas centrales que deja el estudio: si creemos que somos responsables, pero sentimos que poco podemos hacer, ¿cómo transformamos preocupación en acción?
Mi lectura
Uruguay parece conocer el problema. Lo reconoce, experimenta sus consecuencias y mayoritariamente acepta su origen humano.
Pero conocer, preocuparse y actuar son tres cosas diferentes.
La encuesta tiene valor precisamente porque también deja esas contradicciones a la vista. Y hay una que debería interesarnos especialmente desde los territorios y el turismo: el cambio climático puede no estar entre nuestras primeras preocupaciones, pero sus consecuencias no necesitan nuestra opinión para llegar a nuestras playas, ciudades, campos y destinos.
