Bielsa analiza el fútbol desde el contrafactual; el resto del mundo lo evalúa desde los resultados.
Miércoles, 01 Julio 2026 13:13

Bielsa analiza el fútbol desde el contrafactual; el resto del mundo lo evalúa desde los resultados.

Uruguay, el Mundial y esa costumbre de vivir del "¿y si...?"

Uruguay quedó eliminado del Mundial. Dos puntos. Ningún partido ganado. Tres años de trabajo del cuerpo técnico para terminar exactamente donde uno no quiere terminar: haciendo cuentas que ya no sirven para nada.

Lo curioso no es la eliminación. Eso forma parte del deporte. Lo interesante es lo que viene después. En pocas horas el país se llena de directores técnicos, analistas tácticos, dirigentes honorarios y expertos en preparación física que descubren, con una precisión admirable, todo lo que había que hacer... cuando ya no se puede hacer.

Existe un concepto muy interesante en psicología y en la toma de decisiones: el pensamiento contrafactual.

El pensamiento contrafactual sirve para explicar derrotas. La gestión sirve para reducir la probabilidad de que ocurran.

Es esa maravillosa capacidad del ser humano para imaginar un pasado mejor que el que realmente ocurrió.

"Si aquel gol entraba..."

"Si el técnico hacía los cambios antes..."

"Si convocaban a otro jugador..."

"Si la pelota pegaba cinco centímetros más a la derecha..."

Es un ejercicio mental fascinante. Lástima que no suma puntos.

La historia también utiliza el pensamiento contrafactual. Se pregunta qué habría pasado si Napoleón ganaba Waterloo o si la Segunda Guerra Mundial terminaba de otra manera. Nosotros, más modestos, discutimos qué habría pasado si Uruguay hacía un gol más contra cualquiera.

El problema es que el contrafactual sirve para aprender, no para reescribir la realidad.

Porque los números son bastante tercos.

En Qatar 2022 Uruguay hizo cuatro puntos. Ganó un partido.

En este Mundial hizo dos puntos.

La evolución fue hacia atrás.

Y eso también debería formar parte del análisis.

Lo preocupante es que muchas veces confundimos estabilidad con progreso. Permanecer tres años en un proyecto no garantiza que ese proyecto avance. Un reloj detenido también permanece exactamente en el mismo lugar durante años.

En ciencia, el razonamiento contrafactual se utiliza para medir el impacto real de una política pública. Básicamente pregunta: ¿qué habría ocurrido si no hacíamos esto?

Quizás esa sea la pregunta que debería hacerse el fútbol uruguayo.

No para buscar culpables.

Sino para entender resultados.

Porque el deporte de alto rendimiento no premia las buenas intenciones. Premia los resultados.

Y mientras nosotros seguimos imaginando el Mundial que podríamos haber jugado, otros países, con menos historia y menos camisetas vendidas, siguen avanzando.

Tal vez el verdadero rival de Uruguay no sea otra selección.

Tal vez sea nuestra permanente necesidad de explicar el pasado en lugar de diseñar el futuro.

Pensar contrafactualmente es saludable cuando ayuda a aprender.

Se vuelve peligroso cuando reemplaza la autocrítica.

Porque existe una diferencia enorme entre decir "¿qué habría pasado si...?" y preguntarse "¿qué debemos hacer para que no vuelva a pasar?".

El fútbol es así.

Pero entonces aparece la gran contradicción.

Si el fútbol es solamente "así", si todo depende de una pelota que entra o sale por centímetros, ¿para qué Uruguay invirtió aproximadamente 13,6 millones de dólares en un entrenador durante más de tres años?

¿Para escuchar que el fútbol es así?

Marcelo Bielsa suele repetir que el objetivo era conseguir siete puntos.

Terminamos con dos.

Cinco menos.

Y ahí el debate deja de ser futbolístico para convertirse en una discusión sobre creación de valor.

En cualquier empresa, cuando se contrata al gerente mejor pago, nadie espera que explique las pérdidas diciendo que "los mercados son así".

Cuando un hospital incorpora al mejor cirujano, nadie acepta que diga: "las operaciones son así".

Cuando una empresa paga millones por un CEO, espera algo muy concreto: que agregue valor.

Eso mismo debería ocurrir en el fútbol.

Nadie puede garantizar un campeonato.

Nadie puede prometer que una pelota entrará.

Pero sí puede construir un equipo que tome mejores decisiones, reduzca errores, potencie talentos y aumente las probabilidades de ganar.

Eso es crear valor.

Porque, si al final todo se resume en que "el fútbol es así", entonces cualquier entrenador vale lo mismo.

Y sabemos que no.

Precisamente por eso algunos cobran millones.

No porque controlen el azar.

Sino porque deberían reducirlo.

El verdadero problema de Uruguay no es haber quedado eliminado.

Eso sucede.

Lo preocupante es conformarnos con explicaciones que sirven para cualquier resultado.

El pensamiento contrafactual pregunta qué habría pasado si las cosas hubieran sido diferentes.

Yo prefiero otra pregunta.

¿Qué debemos hacer para que dentro de cuatro años no estemos escribiendo exactamente el mismo artículo?