Eventos masivos y derrama económica en Atlántida: claves de gestión territorial
Domingo, 01 Febrero 2026 13:26

Eventos masivos y derrama económica en Atlántida: claves de gestión territorial

Los tres niveles de gobierno y la lógica de los eventos territoriales

Uruguay organiza su gestión pública en tres niveles de gobierno, cada uno con competencias claras y complementarias.
El primer nivel, el nacional, define políticas de alcance país, marcos normativos y grandes lineamientos presupuestales.
El segundo nivel, departamental, a cargo de las intendencias, gestiona el territorio, diseña políticas culturales y turísticas propias y cuenta con autonomía para asignar recursos, articular actores y ejecutar proyectos.
El tercer nivel, el municipal, actúa en escala local: barrios y ciudades. Su rol se centra en la cercanía con la comunidad, la logística, el uso del espacio público y la articulación cotidiana con vecinos y comercios.

En este esquema, Canelones Suena Bien depende del segundo nivel de gobierno, mientras que la ciudad de Atlántida se gestiona desde su municipio, el tercer nivel. Esta distinción no es menor cuando se analizan resultados, impactos y retornos.

Un evento masivo no es casualidad

La generación de un evento que convoca multitudes responde a una decisión estratégica. El segundo nivel de gobierno dispone de la autonomía necesaria para asignar un presupuesto, generalmente compartido con otros actores públicos y privados, y para diseñar un modelo de gestión que combine cultura, turismo y economía local.
A esto se suma la venta de espacios como formato de ingresos y, en contextos actuales, la posibilidad de monetizar contenidos digitales, como transmisiones por plataformas de video, ampliando el alcance y el retorno.

Desde esta mirada, resulta clave diferenciar inversión de gasto. El posicionamiento de Atlántida durante la semana del evento, medido en minutos de exposición mediática en formatos tradicionales y digitales, superó ampliamente la inversión realizada. No se trató de un gasto: se disfrutaron cuatro shows de primer nivel, se brindó escenario a dos bandas locales y se activó una cadena de valor que excede la noche del concierto.

Públicos, microsegmentación y derrama

Los datos de asistencia muestran diferencias claras según día y propuesta. El sábado, miles de personas participaron con segmentaciones diversas: en Canelones Suena Bien, el promedio superó los 30 años, mientras que el primer día la franja fue más amplia, entre 15 y 50 años. La microsegmentación explica estos resultados: propuestas, horarios y artistas convocan públicos distintos y generan impactos distintos.

En paralelo, otros espacios de la ciudad ofrecían alternativas simultáneas. La LIFA, el fútbol con presencia de un equipo europeo y actividades recreativas atrajeron principalmente a jóvenes y familias. Todos los sábados la dinámica se repite: el baile convoca a los jóvenes; el 31 de enero, con DJ y Luana, volvio a suceder. La piscina recibe excursiones a diario y completa un ecosistema activo. El Camping Ancap, alquileres por el fin de semana y el tiempo acompaño por supuesto. 

Público y privado: dos lógicas, un territorio

La diferencia entre un emprendimiento público y uno privado no es ideológica, es funcional. El primero prioriza el impacto territorial y favorece a las mypes mediante espacios de venta y circulación de personas. El segundo persigue fines empresariales y mide su éxito en rentabilidad directa.
Desde la experiencia local, los jóvenes dejan menos consumo inmediato en los comercios, mientras que eventos como Canelones Suena Bien redistribuyen ingresos en momentos de baja estacional y, como suele decirse, traen gente al pueblo.

Esta primera parte propone una lectura técnica y neutra: los eventos bien diseñados son herramientas de marketing de ciudades, capaces de posicionar, activar economías locales y construir identidad, siempre que se los analice como inversión estratégica y no como gasto aislado.

Desde la Dirección de MIPYMES, de la Intendencia de Canelones, se instrumentó un proceso ordenado y transparente: se realizó un llamado abierto, se convocó, se recibieron más de 100 postulaciones y se seleccionaron 60 emprendimientos, todos formalizados. Muchos de ellos ya contaban con comercios en la zona, por lo que el beneficio no se limitó a la venta puntual, sino también a ganar visibilidad, ampliar públicos y reforzar marca. Cuando estos eventos se trabajan con método, los resultados se proyectan durante el resto del año: se fijan objetivos, se mide impacto y se construye continuidad. No se trata de un hecho aislado ni de un gesto ocasional, sino de gestión aplicada, lejos de la lógica del “baño del Papa”.

Desde la Asociación Turística de Canelones, integrante de la Cámara Uruguaya de Turismo, se entendió que lo gestionado respondió a una estrategia clara. Los vouchers de $500 por pernoctar dos noches activaron consumo en toda la franja costera y también beneficiaron a comercios fuera del microcentro, que sumaron movimiento en un período de alta demanda. Si se aplica el principio de Pareto, ese 20 % de los cerca de 100.000 asistentes generó una derrama relevante, siempre condicionada a la existencia de una oferta atractiva. Durante las aproximadamente cuatro horas del evento, la multitud no consume en el microcentro: la gente está concentrada en el predio y se produce una pausa comercial inevitable. La derrama real ocurre antes y después, y ahí aparecen las decisiones de gestión. Atlántida, aun sin el evento, ya estaba desbordada; el CSB ordenó tiempos, concentró públicos y extendió la permanencia en destino. Las recorridas por la ciudad mostraron entusiasmo genuino, incluso de personas que salieron a disfrutar la noche sin participar del concierto. De cara al próximo año, la ATC buscará potenciar este fenómeno con nuevas ideas y estrategias; quienes cuestionan la sede olvidan que el único que pierde es quien renuncia a un momento de visibilidad que no resulta efímero: el próximo año puede ser mejor.

La Asociación Turística de Canelones, además del esquema general de vouchers, subió la promoción con un 10 % adicional dirigido a asociados del corredor gastronómico, reforzando el vínculo entre evento, operadores y territorio. La ATC entiende estas acciones como herramientas de mediano plazo y no como estímulos aislados. En ese sentido, su presidente remarcó que “estos eventos no tienen un objetivo de fin de semana: el verdadero cometido es publicitar y posicionar el destino; quien no consumió anoche, vuelve en la brevedad”, y confirmó el compromiso de la asociación para potenciar el próximo año, reafirmar alianzas y generar nuevos incentivos que permitan mayor captación de consumo durante el evento. Desde otros ámbitos de la Intendencia de Canelones también se expresó que el impacto trasciende lo económico inmediato: Atlántida y Canelones ganan agenda nacional y regional. La llegada de ómnibus desde Treinta y Tres y visitantes de Rivera —no habituales del verano— confirma ese posicionamiento. A la derrama económica para operadores se suma una derrama publicitaria sostenida en el tiempo. En palabras del presidente de la ATC, el balance resulta claro: apoyo pleno a Canelones Suena Bien, por su valor cultural, turístico y estratégico, y por un estándar organizativo profesional en producción, audio y seguridad que deja una señal inequívoca del rumbo elegido.

Jacobo Malowany