Cuando la inflación baja también incomoda: lo que revela la experiencia internacional
Viernes, 30 Enero 2026 23:05

Cuando la inflación baja también incomoda: lo que revela la experiencia internacional

El video de Telemundo me obligó a detenerme, repensar el debate y poner en palabras una opinión que suele quedar atrapada en consignas simplificadas. La inflación no es buena ni mala por sí misma: depende del contexto, del crecimiento y de cómo se la usa —o se la disimula— en la economía. Por eso sentí la necesidad de escribir y aportar una mirada más amplia, con experiencia internacional y sin dogmas, a una discusión que merece algo más que titulares rápidos.

Cuando la inflación baja también incomoda

Durante años, el problema de Uruguay fue claro: inflación alta, pérdida de poder adquisitivo y salarios que corrían detrás de los precios. En ese contexto, bajar la inflación no solo era deseable, era una prioridad. Por eso sorprende —y genera confusión— que hoy el Banco Central busque evitar que la inflación siga cayendo.

La pregunta es legítima: ¿por qué una inflación baja puede ser un problema si durante décadas fue el enemigo a derrotar?
La respuesta corta es esta: porque una inflación demasiado baja no es lo mismo que estabilidad, y porque las economías modernas funcionan sobre equilibrios más frágiles de lo que suele creerse.

El objetivo no es “baja inflación”, es inflación estable

Uruguay, como la mayoría de las economías que utilizan metas de inflación, no apunta a cero. El objetivo del Banco Central del Uruguay es 4,5%, con un rango de tolerancia entre 3% y 6%. Estar fuera de ese rango —por arriba o por abajo— implica desvíos que requieren corrección.

Con una inflación en 3,6% y riesgo de perforar el piso, la preocupación no es ideológica ni técnica: es macroeconómica.

Lo que el razonamiento acierta

El planteo tiene tres puntos correctos:

  1. Inflación baja + crecimiento débil es una mala combinación
    La experiencia internacional es clara. Cuando la inflación cae por debajo de lo esperado y la economía no acelera, se enfrían decisiones de consumo e inversión. No porque la gente “quiera ahorrar más”, sino porque se posterga: si los precios no suben, no hay apuro. Japón convivió décadas con ese problema.

  2. El salario real sube… y eso no siempre es neutro
    Con salarios pactados sobre una inflación mayor, una inflación efectiva más baja eleva el salario real. Para los trabajadores, es una mejora. Para las empresas, puede ser un aumento de costos no previsto, especialmente en sectores con márgenes ajustados. En economías con baja productividad, eso sí puede tensionar empleo.

  3. La inflación también es una variable fiscal
    Muchos impuestos están indexados o crecen en términos nominales con la inflación. Con inflación baja, la recaudación crece menos, mientras varios gastos permanecen rígidos. En países con cuentas fiscales ajustadas, eso importa.

Hasta acá, el razonamiento no es absurdo. Es incompleto, pero no falso.

Donde el argumento se vuelve débil

El problema aparece cuando se sugiere que la inflación baja “es mala en sí misma”. No lo es.
Es un problema solo si no está acompañada por crecimiento, productividad y políticas adecuadas.

Ahí es donde entra la comparación internacional.

¿Cómo viven los países de baja inflación?

Antes de 2020, Europa y el Reino Unido convivían con inflaciones cercanas a cero sin colapso económico. ¿Por qué? Porque compensaban con:

  • políticas fiscales activas,

  • mercados financieros profundos,

  • crédito barato,

  • productividad creciente.

La pandemia rompió ese equilibrio. El shock de oferta, el gasto público masivo y la guerra en Ucrania llevaron la inflación europea a niveles no vistos en 40 años. El Banco de Inglaterra y el Banco Central Europeo endurecieron política monetaria con fuerza, aun sabiendo que provocarían desaceleración.

¿La lección?
No que la inflación baja sea peligrosa, sino que la inflación desanclada —alta o baja— es el verdadero problema.

El punto clave que falta en el debate uruguayo

El verdadero riesgo para Uruguay no es que la inflación esté en 3% o 4%.
El riesgo es usar la inflación como variable de ajuste encubierto: para salarios, para empresas deficitarias o para cuentas fiscales.

Una economía sana no necesita inflación para funcionar.
Necesita productividad, inversión, competencia y reglas claras.

En definitiva, es un problema desde distintas perspectivas

La inflación baja no es una mala noticia por definición. Es incómoda solo cuando deja al descubierto problemas que estaban escondidos: baja productividad, márgenes frágiles, rigideces fiscales.

Subir la inflación no soluciona esos problemas. Solo los disimula.

La estabilidad no debería preocupar.
Lo que debería preocupar es qué tan dependientes somos de la inflación para que el sistema cierre.

Fuentes y referencias

  • Banco Central del Uruguay (BCU) – Metas de inflación y política monetaria
    Comunicaciones oficiales y Reportes de Política Monetaria.

  • Fondo Monetario Internacional (FMI) – Inflación baja y riesgos macroeconómicos
    Low Inflation: What Should Policymakers Do?

  • Banco Central Europeo (BCE) – Inflación, crecimiento y política monetaria
    Informes sobre inflación en la zona euro (pre y post pandemia).

  • Banco de Inglaterra – Impacto de inflación baja y alta en salarios y actividad
    Monetary Policy Reports (2021–2023).

  • OECD / World Bank – Inflación, cuentas fiscales y crecimiento
    Estudios sobre política fiscal en contextos de baja inflación.

 

 

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