León XIV recibió la llave de Montevideo: un gesto de bienvenida que unió historia, fe y convivencia
Mario Bergara entregó al papa León XIV la llave de la capital en el histórico Cabildo. La ceremonia, acompañada por el candombe y el afecto de los uruguayos, precedió a un mensaje en la Catedral Metropolitana sobre la solidaridad, el servicio y la importancia de escuchar a los demás.
Nota de Mónica Lorenzo y Jacobo Malowany
Montevideo vivió este viernes 6 de noviembre una jornada que quedará en su memoria. Después de 38 años, la capital uruguaya volvió a recibir a un pontífice. Pero entre las ceremonias oficiales y los protocolos diplomáticos hubo momentos que mostraron algo más cercano: una ciudad que salió a sus calles para saludar, observar y compartir un acontecimiento excepcional.
El papa León XIV caminó desde la zona del Palacio Estévez hasta la Puerta de la Ciudadela y continuó su recorrido hacia el Cabildo a bordo de un pequeño papamóvil construido por técnicos uruguayos. Lo acompañaron los aplausos del público y el sonido de una cuerda de tambores, expresión de una tradición cultural profundamente montevideana.
En el Cabildo, uno de los edificios más representativos de nuestra historia, lo esperaba el intendente Mario Bergara para entregarle la llave de Montevideo.
Una llave que representa mucho más que un reconocimiento
La distinción fue entregada al pontífice en su condición de jefe de Estado de la Ciudad del Vaticano, conforme al protocolo municipal que reconoce a autoridades extranjeras que visitan oficialmente la capital.
La pieza, elaborada artesanalmente en bronce con baño de níquel, mide 25 por 8 centímetros. Lleva grabados el escudo de Montevideo y una representación de la Puerta de la Ciudadela, dos símbolos de la identidad de la ciudad.
León XIV correspondió con una medalla y firmó el libro de honor.
En su dedicatoria expresó su deseo de que Montevideo encuentre caminos de paz, fraternidad y esperanza.
La entrega adquiere un significado especial en un país laico. Como destacó Bergara, Montevideo es una ciudad donde conviven distintas culturas, religiones y formas de pensar. Recibir al papa no supone renunciar a esa identidad, sino reconocer que el respeto y la convivencia también se expresan mediante gestos institucionales.
El Cabildo y la Ciudad Vieja, protagonistas de una jornada histórica
La elección del Cabildo como escenario aporta una dimensión patrimonial a la visita.
Situado frente a la Plaza Constitución, el edificio fue testigo de acontecimientos fundamentales de la historia política y social de Montevideo. Hoy es también un espacio cultural que permite acercarse a la memoria de la ciudad.
El recorrido del papa conectó Plaza Independencia, la Puerta de la Ciudadela, la peatonal Sarandí, el Cabildo y la Catedral Metropolitana.
Son lugares que forman parte de los circuitos turísticos más representativos de Montevideo y que, durante esta visita, recibieron una exposición internacional excepcional.
La presencia del mini papamóvil fabricado en Uruguay a partir de un carro de golf y donado por AYAX S.A añadió otro elemento de interés: el trabajo de técnicos nacionales al servicio de un acontecimiento mundial. Una demostración de capacidades industriales que merece reconocimiento.
En la Catedral, un mensaje sobre las personas y el valor de servir
La jornada continuó en la Catedral Metropolitana, donde León XIV presidió la celebración de las Vísperas ante obispos, sacerdotes, diáconos, religiosos y seminaristas.
Allí recordó que el templo conserva la pila bautismal de José Gervasio Artigas, una referencia que vinculó la historia religiosa con la memoria nacional.
También evocó al beato Jacinto Vera, primer obispo de Montevideo, cuya vida estuvo dedicada a recorrer el territorio y acompañar a las comunidades.
Sin embargo, uno de los pasajes más humanos de su homilía estuvo dedicado a las personas que ayudan a otras sin esperar reconocimiento.
Habló de quienes escuchan confidencias difíciles, acompañan a los enfermos, preparan alimentos o sostienen a alguien que ya no puede caminar. Recordó que el paso de los años puede transformar las manos y los rostros, pero también fortalecer la capacidad de comprender y consolar.
El mensaje tuvo un contenido pastoral dirigido especialmente a los integrantes de la Iglesia. No obstante, la importancia de escuchar, cuidar y acompañar al prójimo constituye una reflexión que puede alcanzar también a quienes no comparten la fe católica.
El pontífice se refirió además a la necesidad de nuevas vocaciones religiosas. Recordó que en 2024 el seminario interdiocesano uruguayo no recibió nuevos candidatos y destacó las iniciativas de oración que surgieron posteriormente. Desde Montevideo invitó a otras diócesis del mundo a desarrollar experiencias similares.
Fue uno de los momentos en que una realidad particular de la Iglesia uruguaya adquirió proyección internacional.
Una ciudad que recibió al papa desde su propia identidad
La visita tuvo también una dimensión ciudadana.
En las calles estuvieron los fieles que esperaban desde hacía décadas una nueva visita papal, las familias que llevaron a sus hijos, los curiosos que quisieron presenciar el recorrido y quienes reconocen la importancia histórica del acontecimiento sin profesar una religión.
La ceremonia reunió al representante de una institución religiosa mundial con las autoridades de una capital que construyó su identidad sobre la libertad de conciencia.
Montevideo mostró su patrimonio, su música, su hospitalidad y su capacidad de recibir a una personalidad internacional sin perder su carácter propio.
La llave que Bergara entregó a León XIV quedará como recuerdo protocolar. Pero la imagen de un papa que atravesó la Ciudad Vieja entre aplausos y tambores representa algo que va más allá de un obsequio.
Una ciudad no se distingue solamente por los monumentos que conserva, sino también por la forma en que recibe a quienes llegan y por el respeto con el que conviven sus habitantes.
Montevideo abrió sus puertas al papa León XIV. Y, al hacerlo, también mostró al mundo una parte de su historia y de su identidad.
