Carrasco abre su terraza: mirar aviones vuelve a ser un paseo
Sábado, 05 Septiembre 2026 00:46

Carrasco abre su terraza: mirar aviones vuelve a ser un paseo

 

Carrasco vuelve a ser un lugar para mirar aviones

De chico, ir al aeropuerto también era un paseo. Recuerdo quedarme mirando cómo llegaban y partían los aviones, cuando todavía no existían las mangas y los pasajeros caminaban por la plataforma para subir a aquellas aeronaves que parecían enormes ante nuestros ojos. Entre ellas estaban los Vickers de PLUNA, uno de cuyos ejemplares forma hoy parte de la memoria aeronáutica uruguaya.

Pasaron los años. Cambió Carrasco, cambió la aviación y cambió nuestra manera de viajar. El viejo aeropuerto dio paso a una terminal moderna, las mangas sustituyeron aquellas caminatas por la pista y volar dejó de tener buena parte de aquel ritual que fascinaba incluso a quienes no tenían un pasaje en el bolsillo.

Pero algo de aquella costumbre puede recuperarse.

Desde este 5 de setiembre, el Aeropuerto de Carrasco abre al público su terraza del tercer nivel los sábados y domingos, de 10:00 a 14:00 horas, con acceso libre. Ya no hace falta viajar para tener una buena razón para acercarse al aeropuerto.

La propuesta incorpora además a BRAVA, con café de especialidad y opciones para acompañar la experiencia. Pero el verdadero espectáculo está del otro lado del vidrio: observar la plataforma, reconocer aeronaves, esperar un despegue y ver cómo un avión comienza a ganar altura sobre Canelones.

Y allí aparece algo interesante desde el punto de vista turístico. Un aeropuerto no tiene por qué ser solamente el lugar donde comienza o termina un viaje. También puede convertirse en un lugar para visitar.

Para quienes tenemos algunos años, quizás sea la oportunidad de recuperar aquella sensación de infancia. Para los niños de hoy, puede ser la primera vez que descubran que detrás de cada avión que despega hay un destino, una historia y, posiblemente, unas enormes ganas de viajar.

Carrasco suma un nuevo destino sin necesidad de tomar un avión: el propio aeropuerto.

Y confieso que tengo ganas de volver. Esta vez no para mirar aquellos Vickers de PLUNA,  que  hoy está en el museo de enfrente, sino para tomar un café y comprobar si todavía sentimos lo mismo cuando un avión acelera, levanta la nariz y se despega de la pista