242.086 oportunidades para vender mejor Uruguay
Lunes, 10 Agosto 2026 17:04

242.086 oportunidades para vender mejor Uruguay

Cruceros en Uruguay: el negocio no es que lleguen, sino lo que dejan

La temporada 2025–2026 cerró con 132 cruceros, 242.086 pasajeros desembarcados y un gasto estimado de US$ 13 millones. Detrás de las grandes cifras aparece un dato que merece atención: cada visitante dejó, en promedio, unos US$ 54. El desafío es transformar unas pocas horas en tierra en más consumo, experiencias y futuros turistas.

Ver un crucero entrando a Montevideo o fondeado frente a Punta del Este siempre impresiona.

Son verdaderas ciudades flotantes. Miles de pasajeros, restaurantes, tiendas, entretenimiento y servicios viajan dentro de ellas.

Pero para Uruguay el negocio empieza en otro momento.

Cuando el pasajero baja.

Los resultados de la temporada 2025–2026 permiten analizar ese negocio con mayor precisión.

Entre noviembre y marzo arribaron 132 cruceros a Uruguay. Montevideo recibió 98 y Punta del Este 34.

Desembarcaron 242.086 cruceristas y el gasto total estimado alcanzó los US$ 13 millones.

Hasta aquí, los grandes números.

Ahora hagamos otra cuenta.

US$ 54 por visitante

Dividir los US$ 13 millones entre los 242.086 cruceristas desembarcados arroja un gasto promedio aproximado de US$ 54 por persona.

Ese número me parece incluso más interesante que la cantidad de barcos.

Porque plantea una pregunta empresarial y turística muy sencilla:

¿Podemos conseguir que un crucerista gaste más durante las pocas horas que permanece en Uruguay?

Supongamos que lográramos incrementar ese promedio solamente US$ 10.

Con exactamente los mismos 242.086 visitantes, sin conseguir un barco adicional, ingresarían alrededor de US$ 2,4 millones más a la economía vinculada al turismo.

Con US$ 20 adicionales estaríamos cerca de otros US$ 4,8 millones.

Entonces descubrimos que crecer no significa solamente traer más turistas.

También significa generar más valor con quienes ya llegaron.

Dos puertos, dos públicos

Otro dato merece atención.

Montevideo concentró el 78,5 % de los desembarcos, mientras que Punta del Este recibió el 21,5 %.

Pero cuando observamos las nacionalidades aparecen dos perfiles bastante diferentes.

En Montevideo predominó claramente el mercado argentino, con el 37,5 %. Los estadounidenses representaron el 22,9 % y los brasileños el 20 %.

En Punta del Este cambia el orden.

Los brasileños representaron el 38,6 %, los estadounidenses el 22 % y los argentinos el 18,5 %.

Esto debería tener consecuencias comerciales.

Porque no existe “el crucerista”.

Existen diferentes cruceristas.

Con intereses, poder adquisitivo, idiomas, hábitos de consumo y expectativas diferentes.

Brasil merece una atención especial

Cuando pasamos de contar personas a contar dólares aparece otro dato.

Los visitantes brasileños generaron el 28 % de todo el gasto turístico realizado por los cruceristas.

Los estadounidenses aportaron el 25,7 % y los argentinos el 25,3 %.

Solamente estos tres mercados explican casi el 80 % del gasto.

Brasil, por lo tanto, no representa únicamente un mercado numeroso.

Representa el principal mercado por participación en el gasto de los cruceristas en Uruguay durante la temporada.

Esto debería reflejarse en nuestra comunicación, productos, personal capacitado en portugués, medios de pago, gastronomía y experiencias.

No alcanza con saber quién viene.

Hay que saber qué quiere comprar cuando llega.

Competimos contra el propio crucero

Hay además una particularidad extraordinaria en este segmento turístico.

Cuando un visitante llega en avión necesita alojamiento, alimentación, transporte y entretenimiento.

El crucerista ya tiene prácticamente todo eso.

Duerme en el barco.

Puede comer en el barco.

Tiene tiendas en el barco.

Tiene espectáculos.

Tiene piscinas.

Tiene actividades.

Incluso puede decidir no desembarcar.

Por eso el destino tiene que ofrecerle algo suficientemente atractivo como para abandonar durante unas horas esa enorme infraestructura flotante.

No estamos esperando simplemente a un turista.

Estamos compitiendo por su tiempo.

¿Qué hacemos con cinco horas?

Ahí empieza una discusión que involucra mucho más que a los puertos.

¿Qué puede comprar una persona que dispone de cuatro, cinco o seis horas?

Una experiencia gastronómica.

Una visita a una bodega.

Un city tour diferente.

Una experiencia vinculada al tango o al candombe.

Compras.

Artesanías.

Un recorrido arquitectónico.

Una salida rural.

Una propuesta histórica.

Una experiencia premium.

Un almuerzo con productos uruguayos.

Incluso varias pequeñas experiencias combinadas.

Pero tienen que ser fáciles de encontrar, contratar y pagar.

El crucerista tiene algo que para cualquier estrategia comercial resulta fundamental: un tiempo limitado y una necesidad inmediata de decidir.

El teléfono debería vender Uruguay antes de desembarcar

Imaginemos otra escena.

El barco está llegando a Montevideo.

Un pasajero brasileño abre su teléfono y encuentra propuestas en portugués según el tiempo que tendrá disponible.

“Tengo cuatro horas”.

“Me interesa el vino”.

“Quiero gastronomía”.

“Busco compras”.

“Viajo con niños”.

“No quiero alejarme demasiado del barco”.

Tecnológicamente, esto ya es posible.

La inteligencia artificial permite personalizar recomendaciones y conectar intereses, ubicación, disponibilidad y tiempo.

Uruguay podría desarrollar un verdadero ecosistema digital alrededor del crucerista.

Y allí podrían participar desde grandes operadores hasta restaurantes, bodegas, comercios, guías, transportistas, artesanos y pequeños emprendimientos.

Eso es democratizar el beneficio económico del turismo.

Montevideo tiene otro desafío: sacar al visitante del puerto

Montevideo recibió aproximadamente ocho de cada diez cruceristas desembarcados durante la temporada.

Su ubicación portuaria ofrece una ventaja extraordinaria: el visitante prácticamente baja caminando a la ciudad.

Pero esa facilidad también puede convertirse en una limitación.

Si la experiencia termina exclusivamente en unas pocas cuadras alrededor de Ciudad Vieja, buena parte de Montevideo queda fuera del circuito económico del crucerista.

La Rambla, Prado, mercados, bodegas metropolitanas, barrios, gastronomía, patrimonio, cultura y diferentes experiencias podrían integrar propuestas diseñadas específicamente para pasajeros con pocas horas disponibles.

El objetivo debería ser ampliar el mapa de consumo.

Punta del Este juega otro partido

Punta del Este tiene una realidad diferente.

Recibió menos pasajeros, pero posee una concentración brasileña considerablemente mayor.

Además, el desembarco y las características territoriales generan otro tipo de experiencia.

Maldonado puede utilizar Punta del Este como puerta de entrada hacia propuestas que trasciendan la península.

Gastronomía, naturaleza, paisaje, cultura, bodegas, olivares y experiencias del departamento pueden competir por esas horas.

El crucerista no necesariamente tiene que conocer solamente aquello que observa al desembarcar.

El mejor negocio puede producirse después de que zarpe

Hay finalmente algo difícil de medir inmediatamente.

Entre esos 242.086 pasajeros hubo miles de personas que probablemente conocieron Uruguay por primera vez.

Llegaron durante unas horas.

Caminaron por Montevideo.

Conocieron Punta del Este.

Probaron nuestra gastronomía.

Conversaron con uruguayos.

Sacaron fotografías.

Después regresaron al barco y continuaron viaje.

¿Qué ocurre si una parte de ellos vuelve dentro de dos años durante una semana?

Ese pasajero deja de ser crucerista y se convierte en turista.

Entonces su gasto será alojamiento, gastronomía, transporte, compras, experiencias y servicios durante varios días.

Por eso quizás nos falta incorporar un indicador:

¿cuántos cruceristas conseguimos convertir posteriormente en visitantes de Uruguay?

Los US$ 13 millones son el comienzo

La temporada dejó 132 cruceros.

Dejó 242.086 pasajeros desembarcados.

Y dejó aproximadamente US$ 13 millones.

Son buenos números para analizar.

Pero no deberían conformarnos.

El desafío no consiste únicamente en conseguir que lleguen más barcos.

Consiste en lograr que cada persona que desembarca encuentre algo que quiera conocer, experimentar, comprar, comer, beber, llevarse o recordar.

Porque recibir 242.000 personas es una estadística.

Conseguir que 242.000 personas deseen consumir Uruguay —y algún día regresar— es una estrategia turística.

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