Atlántida Jardín 2026: de los viejos chalets a una fiesta que cumple 13 ediciones
Lunes, 31 Agosto 2026 18:35

Atlántida Jardín 2026: de los viejos chalets a una fiesta que cumple 13 ediciones
 

Atlántida Jardín 2026: una fiesta que comenzó con un cumpleaños y ya forma parte de la ciudad

En octubre Atlántida cumplirá 115 años y Atlántida Jardín llegará a su 13.ª edición. Detrás de las plantas, los viveros, la gastronomía y los espectáculos existe una historia que comenzó antes del centenario y que fue construida por decenas de personas e instituciones.

Cada octubre vuelve a ocupar plazas y calles del microcentro con plantas, flores, huertas, viveros, gastronomía, espectáculos y familias caminando sin demasiada prisa. Para quien llega por primera vez puede ser una atractiva feria de primavera. Para Atlántida significa bastante más.

Su historia está ligada al cumpleaños de la ciudad, a sus antiguos jardines, al centenario, a las instituciones educativas y a una larga lista de personas que durante años dedicaron horas de trabajo para que aquella primera idea pudiera crecer.

En Noticias & Destinos nos gusta contar estas experiencias porque un evento turístico adquiere verdadero valor cuando consigue algo difícil: que la gente lo espere y lo incorpore a su calendario.

Atlántida Jardín ya lo consiguió.

Todo comenzó antes de los 100 años

Atlántida fue fundada el 19 de octubre de 1911. Cuando se acercaba el centenario, algunos vecinos comenzaron a preguntarse cómo celebrar una fecha que no podía pasar inadvertida.

Y decidieron empezar un año antes.

El 19 de octubre de 2010, cuando la ciudad cumplió 99 años, se organizó una celebración sencilla en Plaza Varela, frente al Municipio. Participaron instituciones educativas, vecinos y autoridades locales.

Aquello que inicialmente pretendía ser apenas un pequeño acto terminó funcionando como punto de partida.

Comenzó entonces la preparación del centenario y se convocó a las instituciones de Atlántida.

La respuesta fue enorme.

Las 104 Huellas que dejó el centenario

Las actividades preparadas para los 100 años recibieron un nombre que todavía conserva significado: Huellas.

Durante 2011 se realizaron 104 eventos.

Hubo actividades culturales, encuentros, publicaciones, presentaciones de libros, un sello conmemorativo y numerosas propuestas promovidas por instituciones y vecinos.

El 19 de octubre de 2011, día del centenario, Atlántida vivió una de sus grandes jornadas. Hubo desfile desde la Plaza de los Fundadores, música, autoridades, instituciones y gente celebrando en las calles.

Pero quizás una de las Huellas más curiosas todavía está esperando su momento.

En la Plaza de los Fundadores quedó una cápsula del tiempo que deberá abrirse en 2061.

¿Por qué cincuenta años y no cien?

Porque quienes entonces eran escolares podrán estar presentes cuando llegue el momento de descubrir qué mensajes dejó aquella Atlántida de 2011.

Después del centenario había que continuar

Terminaron los festejos, pero quedó una pregunta práctica: ¿qué hacer con todo lo que se había generado?

La experiencia había conseguido reunir instituciones y personas que habitualmente trabajaban desde lugares diferentes.

En 2012 continuaron las actividades vinculadas al aniversario. Hubo propuestas educativas, juegos y encuentros con niños.

Después apareció una nueva idea: crear una exposición de jardines, huertas y elementos asociados.

No nació como el gran acontecimiento que conocemos actualmente.

En aquella primera edición incluso costó conseguir suficientes viveros y expositores. Había estructuras disponibles en el Paseo Figari que quedaron vacías y hubo que completarlas con mesas, sillones y elementos decorativos.

Pero la semilla estaba plantada.

Había nacido Atlántida Jardín.

Cuatro nombres detrás de una marca y cientos detrás de la fiesta

La marca registrada Atlántida Jardín pertenece a cuatro personas que participaron de ese proceso: Alicia Pérez, Mireya Bracco, Darío Porta y María del Carmen Flores.

Pero reducir la historia a cuatro nombres tampoco explicaría lo sucedido.

María del Carmen, con quien conversamos para reconstruir estos recuerdos, fue especialmente clara en este punto: Atlántida Jardín fue posible porque mucha gente se involucró desde diferentes lugares y en diferentes momentos.

Entre quienes estuvieron vinculados a sus comienzos y a muchos años de trabajo aparecen Néstor Reciba, Olga Piriz, Juan Maciel, Gladys Cemperena, Wilson Mesa, Arinda González, Gabriela Barnech, Eliana Gianassa, Federico Bonsignore, Alberto Lastreto, Susana Pratz, Horacio Yánez, Daniel González, Fernando Pujol, Emiliano Fernández y Joaquín Arocha.

La lista podría continuar.

Porque detrás de cada edición también estuvieron quienes consiguieron un expositor, organizaron una actividad, colocaron un cartel, acompañaron a una escuela, gestionaron un apoyo o simplemente estuvieron cuando había que resolver un problema.

El CCIFA acompañó el proceso a lo largo de los años y, en las dos últimas ediciones, CCIFA y LIFA asumieron conjuntamente la organización.

También han sido aliados permanentes el Municipio de Atlántida, la Intendencia de Canelones y el Ministerio de Turismo.

Eso ayuda a explicar su permanencia: Atlántida Jardín no depende de un único protagonista.

¿Por qué “Jardín”?

El nombre conduce hacia otra parte de la historia de Atlántida.

Hay que imaginar los chalets de la antigua Rambla, con terrenos amplios, árboles, flores y jardines integrados a las viviendas.

Ese paisaje formó parte de la imagen original del balneario.

Entre los recuerdos aparece también el entorno de la Casa del Barranco de los Michelizzi, próxima a El Águila, y aquellos espacios donde arquitectura, bosque y jardín convivían como parte de una misma idea de ciudad.

Atlántida nació mirando al mar, pero también creciendo entre árboles.

De alguna manera, Atlántida Jardín recuperó esa memoria verde.

Como explica brevemente María del Carmen Flores, la propuesta siempre buscó mantener “la conexión que tiene Atlántida, desde su propio ADN y desde su formación, con los jardines”.

Cuando el concurso entraba en los jardines de los vecinos

Hubo además una experiencia que merece ser recuperada.

Durante algunas ediciones se organizaron muestras y concursos de jardines y huertas particulares.

Una comisión recorría los espacios inscriptos, observaba el trabajo realizado, tomaba fotografías y posteriormente se reconocía y premiaba a los participantes en el local del CCIFA.

La actividad se hacía generalmente en noviembre.

La razón tenía que ver con los propios tiempos de la naturaleza: las condiciones para plantar mejoraban a partir de setiembre y octubre, por lo que noviembre permitía encontrar los jardines y huertas más desarrollados.

Aquello proponía otra forma de mirar la ciudad.

El visitante podía descubrir que detrás de una fachada existía un jardín extraordinario y que esos espacios privados también contribuían al paisaje de Atlántida.

Con el crecimiento del evento resultó difícil sostener simultáneamente todas las actividades. El concurso requería una comisión dedicada especialmente a recorrer y evaluar los jardines y finalmente dejó de realizarse.

Pero la puerta no está cerrada.

La posibilidad de recuperarlo continúa siendo una de esas ideas que podrían encontrar nuevamente personas dispuestas a tomarla y hacerla crecer.

La fiesta también se aprende y se come

Con los años aparecieron nuevos protagonistas.

Uno de ellos es la UTU Atlántida.

Los estudiantes de gastronomía participan con sus elaboraciones y especialmente con una paella que ya se convirtió en un clásico de Atlántida Jardín.

Tiene un valor que va más allá del plato servido.

Los jóvenes cocinan frente a vecinos y visitantes, trabajan en una situación real y muestran parte de lo que aprenden durante el año.

Es educación integrada a una celebración turística.

Y alrededor aparecen los viveros, las huertas, los productos naturales, los espectáculos, las actividades para niños y los espacios donde preguntar, aprender o simplemente conversar.

2026: tres días para celebrar Atlántida

La próxima edición tendrá además un calendario muy particular.

Atlántida Jardín celebrará su 13.ª edición el sábado 17 y domingo 18 de octubre de 2026.

Y al día siguiente, lunes 19 de octubre, Atlántida cumplirá 115 años desde su fundación en 1911.

Ese lunes volverán a tener protagonismo las instituciones educativas, manteniendo una relación con el aniversario que comenzó con aquel pequeño encuentro de escolares y vecinos de 2010.

Para quien llegue desde otro punto del departamento o del país, puede convertirse también en una buena oportunidad para mirar Atlántida más allá del verano.

Caminar por la muestra, probar su gastronomía, recorrer la rambla, visitar El Águila, conocer la Iglesia del Cristo Obrero de Eladio Dieste y descubrir una ciudad que tiene historias suficientes para justificar una escapada en octubre.

Lo que viene también depende de quienes se acerquen

Quizás la enseñanza más interesante de estos años esté precisamente en aquella primera edición que no conseguía llenar todos los espacios del Paseo Figari.

Hoy la realidad es diferente.

Pero las fiestas locales no se mantienen únicamente porque hayan alcanzado determinada cantidad de ediciones. Necesitan renovación, nuevas personas, empresas que acompañen, instituciones que participen y generaciones dispuestas a continuar lo que otras comenzaron.

La historia del concurso de jardines lo demuestra: hay buenas ideas esperando manos que quieran retomarlas.

Atlántida Jardín nació de esa manera.

Primero hubo vecinos pensando cómo festejar 99 años. Después llegaron las 104 Huellas del centenario. Más tarde aparecieron unas pocas plantas y viveros en el Paseo Figari. Luego se sumaron escuelas, comerciantes, instituciones, estudiantes, artistas y visitantes.

En octubre de 2026 volverán las flores.

Pero lo más interesante quizá siga siendo aquello que no se ve en ningún stand: una ciudad que encontró en sus jardines una forma de recordar de dónde viene y, al mismo tiempo, una excusa para volver a encontrarse.

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