La manada que conquistó el Puerto, Calle 20 y José Ignacio entra en su gran subasta final
Hubo algo distinto este verano en el Este.
No fue solo el clima ni la agenda social. Fue esa escena repetida cientos de veces: personas rodeando esculturas, buscando el mejor ángulo, esperando que la luz cambiara para capturar la imagen perfecta.
En el Puerto, entre embarcaciones y horizonte abierto.
En Calle 20, corazón vibrante del balneario.
En José Ignacio, donde el paisaje y la sofisticación dialogan en silencio.
Miles pasaron.
Miles fotografiaron.
Miles compartieron.
Lobos Art Punta no fue solo una muestra. Fue una experiencia colectiva.
La subasta ya comenzó.
En silencio. A ritmo pausado. Como suelen empezar las decisiones importantes.
Mientras muchos todavía revisan las fotos del verano, los primeros aficionados al arte ya están ingresando sus ofertas. La plataforma está activa, las piezas están disponibles y la manada empezó su transición del espacio público al patrimonio privado.
No hay apuro aparente.
Pero quienes conocen el pulso de una subasta saben que la calma inicial es apenas el preludio.
Acceso directo para ofertar: https://www.remotes.com.uy/participar/remate/5834
Una subasta pública y transparente que puede convertir las esculturas más fotografiadas del verano en piezas de colección privada.
Una exhibición que se vivió
Desde el primer día, las preguntas fueron constantes:
“¿Está en venta?”
“¿Cuánto vale?”
“Quiero este lobo para mi hotel.”
La respuesta siempre fue clara:
Todos se subastan. Transparencia absoluta.
Esa decisión marcó la diferencia.
No hubo ventas reservadas ni acuerdos privados anticipados. Cada obra tuvo su tiempo de exhibición pública. Cada artista tuvo su espacio. Cada visitante pudo acercarse sin barreras.
Eso construye legitimidad.
Y también construye valor.
Catorce piezas, catorce relatos
Cada lobo partió de la escultura matriz creada por Laren Bálsamo y fue intervenido por artistas con trayectoria y lenguaje propio.
Hubo obras vibrantes y espirituales, como el lobo cósmico que parecía absorber el cielo del puerto en su superficie.
Hubo piezas profundamente territoriales, como el lobo paisaje que transformó la anatomía del animal en horizonte esteño.
Hubo intervenciones contemporáneas, como el lobo geométrico que convirtió volumen y color en arquitectura visual.
Ninguna fue indiferente.
Todas generaron conversación.
El momento decisivo
La base parte desde USD 2.000.
Pero quienes caminaron la muestra entienden que esa cifra es apenas el punto de partida.
Por la visibilidad pública, por la repercusión en redes, por la calidad de los artistas y por el carácter irrepetible de esta edición, el valor promedio final podría situarse razonablemente entre USD 8.000 y USD 15.000, con piezas que superen ese rango en una puja sostenida.
No como proyección fría.
Como lectura emocional de mercado.
El reconocimiento a quienes preguntaron primero
Muchos interesados intentaron adquirir obras durante la exhibición.
Este es el reconocimiento a ellos.
Ahora pueden ofertar formalmente.
Ahora pueden convertir esa primera intuición en una decisión concreta.
Para desarrolladores inmobiliarios, hoteles, marcas, organismos culturales y coleccionistas privados, esta subasta representa algo más que una compra: es la posibilidad de integrar a su patrimonio una pieza que ya forma parte del relato visual del verano 2026.
Una confesión elegante
En toda gran subasta hay movimientos silenciosos.
Podemos decir —sin revelar cuál— que Noticias & Destinos ya realizó su primera puja.
No corresponde anunciar la pieza.
Pero cuando uno acompaña una muestra desde su nacimiento, cuando ve cómo dialoga con el público y se transforma en símbolo, entiende que algunas obras no se dejan ir sin intentar quedarse.
Eso también es creer en el arte.
El final de la película
Las luces del verano empiezan a bajar.
La manada se prepara para dispersarse.
Cuando la última oferta quede firme, no solo cambiará la titularidad de una escultura.
Se cerrará un capítulo que miles vivieron en el Puerto, en Calle 20 y en José Ignacio.
Algunos se quedarán con las fotos.
Otros, con una obra que marcó la temporada.
Y quienes estuvieron atentos desde el primer día sabrán que la emoción no estuvo solo en la exhibición.
Estuvo en la decisión.
La plataforma ya está abierta. Las primeras ofertas comenzaron a moverse y el ritmo —todavía contenido— anticipa lo que suele suceder cuando se acerca el final: la calma se transforma en pulso, y el pulso en decisión.
Cada lobo está disponible en subasta pública y transparente. Participar es simple: ingresar, registrarse y ofertar. Lo verdaderamente complejo no es el mecanismo. Es elegir quedarse con una obra que marcó un verano entero.
Participá de la subasta aquí:
https://www.remotes.com.uy/participar/remate/5834
Cuando el último segundo cierre la puja y la pantalla confirme la oferta ganadora, no será solo una operación. Será el instante en que una pieza deje el paisaje del Este para comenzar una nueva historia.
El verano 2026 quedará en la memoria colectiva.
Algunos lo recordarán por las fotos.
Otros, por haber levantado la mano en el momento exacto.
Y en las grandes subastas, el momento exacto lo es todo.
Jacobo Malowany
Aficionado al arte y testigo de una temporada que ya es memoria.
